La sociedad formada por el gran Rafael Azcona y el más que irregular y casi siempre equivocado José Luis García Sánchez quiere ser fructífera pero no se salda más que con comedias mediocres, de dudosa coralidad y gracia, de desperdigado talento y a veces tan desafortunadas que más que caricaturizar, ironizar o como se quiera llamar aquello que es objeto de las mismas casi acaba por conseguir lo contrario. Y es que esta segunda parte de la ya limitadísima "Suspiros de España (y Portugal)", en poco se diferenciaría de las entrañables, folclóricas, primitivas y nefastas películas con que cada sábado nos regalaba el grimoso, petulante y autosuficiente Parada en su inefable "Cine de barrio". Tratan extremos contrarios, sí, pero lo hacen aportando parecidas señas de identidad: un argumento basicamente insostenible; un humor obvio, chusco y demasiado grueso; unos actores intentando salvar a sus personajes-naufrágo en medio de una coralidad ineficiente; una puesta en escena impersonal, servilista y despreocupada.
Quiere ser una crítica a la telebasura (y no lo consigue por casi ser ella basura cinematográfica indefendible); quiere ser una caricatura de unos pobres palurdos en base a continuas referencias al sexo, a lo escatológico o a lo más obvio (y no lo logra tampoco, casi ofende más que entretiene o divierte); quiere ser, parece, una comedia al corte berlanguiano, no siendo más que un simulacro mediocre de comedia desmadejada e indefendible.
Francamente, el matrimonio Azcona/Sánchez está solicitando el divorcio a gritos, sobre todo por el primero, que está manchando su gran curriculum con películas de semejantes bajos vuelos. Y francamente también, lo único salvable es la exuberancia de Adriana Davidova, que tiene un desnudo en la película delicioso para el voyeur. Y se agradece. Pero que triste.
Un joven (Noriega) que acaba de quedarse en paro y que está a punto de casarse, encuentra accidentalmente a un hombre muerto en un coche que tiene consigo una gran cantidad de joyas. Decide quedarse con ellas y alquila un apartamento en la zona cercana a La Francesa (Galiena), mujer madura de turbio pasado -relacionado con las joyas precisamente- para guardar allí su alijo. Todo, evidentemente, comenzará a enredarse...
Una película interesante y bien resuelta, que navega constantemente por el Cine Negro clásico, al que añade ráfagas de indisimulado erotismo y ciertas dosis psicologistas. El fatalismo, el destino, el azar, la suerte del título desfilan como los elementos claves de una película que propone un argumento jugoso que plantea un triángulo de cuatro lados (Noriega, Galiena, Berrocal como la novia de Noriega y Belaustegui como la hermana de Berrocal, y mucho más enamorada que ésta de su propio novio), que debe romperse, inevitablemente, por alguno de ellos para que el triángulo sea lo que su nombre indica y no algo amorfo.
Muy buena interpretación de Marta Belaustegui en el mejor papel de la película también y notorios de Anna Galiena aportando mórbido erotismo maduro y Leire Berrocal, actriz sin duda hermosa y desprendedora de comunicación con la pantalla, así como de un Simón Andreu en un papel secundario. Eduardo Noriega y el guión están por debajo del resto, sin embargo.
Un actor de segunda fila (Wasson) que está trabajando en una película de terror de serie B y que padece claustrofobia, observa diariamente desde la ventana de su alquilado apartamento el "striptease" de su vecina (Shelton). Uno de los días, sin embargo, se da cuenta que la mujer va a ser asesinada, lo cual acaba por consumarse. Sus pesquisas le llevan hasta una actriz de cine porno (Griffith)... De Palma volviendo al thriller erótico-cinéfilo de su "Vestida para matar", remitiéndose directamente a dos títulos de su admirado Hitchcock: "Vértigo" y "La ventana indiscreta". Resulta una película sin duda hábil y con una historia rica en fetichismo, obsesiones, sensualidad, fobias (la claustrofobia del protagonista, el vértigo de Stewart) y un toque romántico plasmado en la música y en el enamoramiento de Wasson, que logra aceptablemente su última condición de broma de intriga psicológica, lográndolo particularmente gracias al tono bien desenfadado de la puesta en escena.
Una película que pudo ser mejor pero que resulta entretenida y un título que visto el lamentable estado de forma, ideas y demás de su director, casi parece una joya. Eso sí, sigamos viendo "Misión imposible" claro.
Sin lugar a dudas, una de las mejores y más estimulantes películas americanas de los últimos tiempos, que sin ser perfecta, trasluce en su trama, más compleja de lo que al principio pudiera parecer, un reguero de cine clásico del que más gusta, lleno de sugerencia y estilo, apoyado en una atmósfera oscura, que mezcla sin capricho alguno la amargura con el pesimismo, la melancolía reconfortante con la tragedia tatuada.
Me recuerda a la extraordinaria "L.A. Confidential" y me reconcilia con el gran cine negro americano de los 40 y 50, todo en su conjunto racionalmente violento, equilibradamente emocional, suficientemente complejo en su plasmación, amplia y sólida, de temas como la venganza, la amistad, la traición o la familia, con el magnánimo destino en el horizonte final.
Sombría, triste, con unas interpretaciones soberbias (por esta sí que creo que Hanks puede obtener un Oscar) y una puesta en escena magnífica de un valor real llamado Sam Mendes.
Esta película será con el paso del tiempo y el (re)poso de la mirada mejor cada día.
Aceptable aunque intrascendente película de Urbizu, basada en la obra de Carmen Rico Godoy, que ya diese lugar a una poco recordada película de Ana Belén.
Es la historia de una periodista que enviuda repentinamente, entrando en estado dónde se mezcla la tristeza, la desorientación y una poco esperable capacidad para atraer al sexo masculino. Carmen Maura lleva el asunto bien, bajo el mando de un Urbizu llamado a grandes cotas posteriores.