Antes de analizar La hora... me gustaría hacer mención al respecto de cierta tendencia común en las críticas de F.A. sobre el "cine/arte" y el "cine/entretenimiento"...
Juicios de valor aparte, creo que vale destacar que ambos estilos de cine no pueden convivir sin el otro. El espectador podrá levantarse un día con ganas de despejarse y esa misma noche volverse exigente y probar algo más sofisticado. Vivir consumiendo mero "cine/arte" deriva en el tedio y la pesadez, mientras que ver solo "cine/entretenimiento" nos lleva indefectiblemente a la sensación de vacío. Quizás la forma más sana fuera encarar al cine sin juicios de valor previos, limitarse a observar lo que una peli propone y determinar (con el intelecto o con la mera sensación) si esa propuesta está funcionando mientras la idea se plasma en la pantalla. Para ser sintéticos: ¿funciona una película desde lo que pretende transmitir? Luego vendrá la toma de posición ideológica sobre la importancia de lo transmitido, pero en la previa sería preferible abrir la cabeza, porque de lo contrario ya nos condicionamos sin sentido.
Partiendo de esta base: La hora más oscura es cine para la diversión. Pues bien: ¿esa diversión funciona? ¿Qué funciona y que no?
Gorak bebe directamente del cine de clase b: ahorra recursos, subordina la ampulosidad en pro de la búsqueda de una atmósfera. No le importa tanto el diseño de los invasores (estelas borrosas de luz amarilla) sino como repercuten sus actos en el entorno. El sostén de La hora más oscura es el apocalipsis visual y desértico inmediatamente posterior a un ataque escondido tras una elipsis. O sea, La hora más oscura hace hincapié en tomas generales de una ciudad consumida. Busca, y en cierta forma lo logra, calarnos esa ruina general en el ánimo.
Pero hay otro sostén en la peli, un sostén que no funciona: ese afán cientificista del delirio presentado. Se busca una explicación para todo, esas estelas amarillas deben sí o sí ser analizadas. Al querer darse maña en medio de ese descontrol las explicaciones para satisfacer "nuestras preguntas" terminan por sonarnos más delirantes todavía. Y la peli bordea, a veces cae, en un absurdo no buscado. Porque si en medio de planes sofisticados para enfrentar a meros "impulsos eléctricos" aparece un tío con una bazooka y dale al gatillo, pues ya todo suena a bruto desmadre. Eso sin tener en cuenta que en apenas tres días ya todo el mundo sabe que son esas cosas, como atacan y como deben ser atacadas.
Entonces todo es volátil y ligero. No es que La hora más oscura pretenda quedar en la historia, pero patina claramente en ciertas decisiones argumentales que pretenden solidificar un guión que termina por ser aún más anárquico.
Sí, es irónico el título. Pero la peli no es irónica, y Anderson curte bien la tensión, el suspenso y demases (¿vieron El maquinista? ¿Qué esperan?). Transsiberian es un thriller de esos que pueden provocar verguenza ajena hasta que de pronto sientes que no todo es tan previsible. O sea, sí, pareja rara y sospechosa, par de protagonistas más inocentes que la leche: unión de opuestos complementarios y viva la joda. Hasta ahí, lo curtimos con otras fuentes...
El tema es que conforme avanza la trama, de forma gradual y prolija, se suceden hechos que te atrapan por su mera imprevisibilidad: ¿qué ella haría eso? ¿Qué el esposo había desaparecido, pero no? ¿Quién es Kingsley en realidad? El secreto pasa por un encadenamiento nada previsible y un manejo de las situaciones que realmente te lo crees. Buen uso de la nieve, del frío, del clima hostil. Rusia parece por momentos el problema, ni la pareja sospechosa ni los polis raros, ese maldito ambiente te cala hondo. Tiritas de frío con ella, o solo tiritas.
La clave es el director, que no le gusta tomarse nada en soda. Y sin hacer aspavientos ni despeinar el status quo de los-directores-famosos igual va dejando huella. La suya.
César es la punta de lanza de un edificio tan particular que...o no te lo crees o no te importa no creértelo, porque por una de esas extrañas cuestiones en lo que respectan al ser humano ese pequeño conventillo resulta, si no creíble, sí extrañamente familiar. Humano demasiado humano.
El capataz sorete; la pendeja extorsionadora; la vieja solitaria; el portero con sonrisita Gioconda y un par de obsesiones ocultas bajo la cama. Ese edificio está vivo, es un organismo activo que toma partida y cobra forma a través de las expresiones curiosas de cada uno de sus habitantes. Al lograr la atmósfera (estilo El quimérico inquilino, de Polanski, pero menos surrealista u onírica y más asentada en la tierra), sólo hacía falta entonces delinear a su columna vertebral. El resultado es César: máximo exponente de un entorno enfermizo. Porque uno puede sentirse repelido por su accionar, su resentimiento desproporcionado, pero él no está solo, forma parte de un todo coherente, bien definido, bien carnal. Balagueró se supera con el tiempo, siempre tuvo chispa, ahora empieza a darle forma a ese fuego porque Mientras duermes es cruenta sin despeinarse (la escena de la ducha, en una combinación perfecta de mesura visual con desborde de violencia implícita: un asesinato tal como podría darse en cualquier lugar); posee un estilo concreto, realista y poco preciosista.
Luis Tosar, si bien no es EL papel de su vida, nuevamente demuestra su versatilidad así como también va desnudando de a poco la tendencia de sus papeles: un santo bastardo que alcanza lo angelical desenterrando lo peor de sí mismo.
La chispa de la vida intenta emular a aquellos coliseos en donde los esclavos de Roma defendían sus vidas en pro del entretenimiento de la chusma popular. Si bien es cierto que Álex de la Iglesia transforma un poco el mensaje, adecuándolo a estos tiempos con sus propias miserias e intereses, el mensaje, el trasfondo sigue siendo el mismo. Toda la obra actúa como una suerte de metáfora lindante con la alegoría, en donde una situación particular sirve para expresar otra cosa.
El director opta por meterse dentro de un tono inusual en su filmografía: el género dramático basado en los lazos familiares. Diría que sale parado a medias. No se si a ustedes les habrá pasado lo mismo, pero en mi caso miré toda la película teniendo la sensación de que algo faltaba, algo no cuajaba del todo.
Esta es una peli que exige a gritos una revisión, una re lectura. Y creo que al hacer tanto hincapié en esa obligación del espectador, en lo que respecta a la decodificación del mensaje, La chispa de la vida termina por hacer demasiado evidentes los hilos que la sostienen. Hay una preponderancia de la idea por sobre la forma: de allí que estemos ante una de las estéticas visuales más sucias y descuidadas por parte del director. Algo debe cumplirse en la obra y para ello hace falta tensar los hilos que la construyen. Por eso los personajes parecen, si bien no planos, sí meras abstracciones, meros prototipos éticos (el empleado-cosa/la esposa noble/el empresario codicioso). Buscándolo o no, Álex de la Iglesia termina generando un desparramo de situaciones maniqueistas que modelan la película con un tufillo moralista totalmente unidimensional, ausente de matices.
El espectador puede notar la dimensión trágica del protagonista, pero la percibe como una bajada de linea ideológica que subordina al sujeto en cuestión para priorizar una pancarta humanista, una toma de posición que en cierta forma se independiza de la situación extrema que presenciamos. Entonces en La chispa de la vida queda dañado el lado humano, sufriente y sanguíneo de un grupo de personas atrapadas en un carrusel sin control.
No es que le falte coherencia conceptual (le sobra), ni pulso en la dirección. Le falta más humanidad (sí, es paradójico), más contingencia. La chispa de la vida se preocupa más por demostrar la miseria humana en forma de ecuación matemática que en forma de verdadero drama humano.
Las drogas destruyen al individuo y al entorno que lo rodea, eso se sabe. Como tantas otras, Ecstasy parte desde esa premisa para corroborar con el avance de la trama que esto es, fue y será así, por y para siempre. Hasta ahí, perfecto. Lo demás es sobremesa sobre condimentada.
No hay desarrollo de personajes. A Lux no le importa descubrir o dejar ver sus motivaciones personales a la hora de autoflagelarse. Esto sucede porque cada personaje no posee vida propia en la trama: desde el momento en que consumen las drogas pasan a ser meras cosas que comienzan su etapa de degradación. Una de ellas se resiente, dice que está gorda. Es la única que posee un "móvil", por así decirlo, pero esa justificación funciona a modo de recurso "enriquecedor"(?) del guión, para que éste no tenga ese gusto insípido y moraloide que lo traspasa de principio a fin.
Porque, vayamos más al grano, no hay desarrollo ficcional verdadero. La droga es el único protagonista y avanza hasta lograr la destrucción total. No hay construcción de atmósfera, ni matices narrativos. Ecstasy parece uno de esos solapados documentales truchos que intentan testimoniar lo obvio con el mínimo de recursos posibles. Tiene serias semejanzas con esas pelis explotation de los 70 que buscan aleccionar al público, guiándolo por el sendero de la rectitud y el bienestar. Este trasfondo pacato y conservador encuentra su gloria en el mensaje religioso que irrumpe en la trama (ese montaje paralelo sobre el ojo derecho del bien y el ojo izquierdo de la oscuridad es el colmo). La peli parece construida desde la mirada aterrada de un cura que percibe como ya nadie visita su iglesia: la culpa es de la falta de fe ocasionada por las drogas. Y se acabó.
Las drogas son malas, ya se sabe. Pero este tipo de propagandas ideológicas no contribuyen a solucionar el dilema. No con semejante chatura conceptual.