Pat Brennan (Randolph Scott), un recto y duro cowboy que ha perdido su caballo en una apuesta (buenas escenas con cabalgadura de un toro por medio) es recogido, cuando iba a pie dirección a su rancho, por un coche de caballos en el que viaja una rica heredera (Maureen O'Sullivan, ya saben, la Jane de Tarzan) recién casada con un trepa cazafortunas (Arthur Hunnicutt), para poco más adelante del camino ser asaltados por 3 crueles facinerosos, que los secuestran con la intención de cobrar un rescate por la recién casada, al ser cobardemente informados por su marido, con la intención de salvar la vida, de la identidad de su esposa.
Segundo de los 7 western de serie B rodados entre 1956 y 1960 con el especialista en el género, Budd Boetticher en la dirección y Randolph Scott como protagonista, en el que como no podía ser menos estando el también fiable director Burt Kennedy detrás del guión que adapta la primera historia adaptada a la gran pantalla del maestro Elmore Leonard (le seguiría ese mismo año la reflejada en la excelente "El tren de las 3:10", y toda una pléyade de joyitas – siempre entretenidas y vacilonas - por el medio, hasta la reciente serie de TV, "Justified") resulta toda una muy entretenida y absorbente función en el que con tan solo áridos paisajes envolviendo la fuerte carga psicológica de los personajes, logra mantenerte atento durante su corto metraje (apenas hora y cuarto) a la pantalla siguiendo el enfrentamiento Leonardiano de esos 2 tipos en el fondo tan semejantes como son el honesto y duro cowboy y el resabiado villano (Richard Boone).
Súmese un precioso Tecnicolor fotografiado por Charles Lawton Jr, una banda sonora acentuando de maravilla la acción y diálogos, y a la buena actuación de los arriba mencionados, un joven Henry Silva componiendo de forma brillante uno de esos papeles de cruel asesino tan frecuentes en su posterior filmografía, y tenemos todo un Señor western psicológico de serie B realmente redondo que a mi juicio ningún aficionado al buen western debería perderse (la atmosfera, situaciones y diálogos son puritito Leonard).
Son varias y de diferente calidad las películas rodadas sobre los celebres asesinos decimonónicos Burke y Hare, ya que a mi juicio el tema este de ladrones de cadáveres para la venta a profesional de la medicina que ante lo cada vez más difícil de obtener cuerpos recientes (llego a existir tal psicosis ciudadana ante la abundancia de casos que los familiares llegaban a dormir largas temporadas junto a la tumba de sus finados) decidieron fabricarlos ellos mismos, resulta muy atractivo, macabro, e inquietante, plasmado en imágenes.
Mas o menos fiel adaptación de las andanzas reales de Burke y Hare (salvo el primer y último cadáver fabricado, la mayoría de los demás son licencias cinematográficas bien traídas para sostener el desarrollo dramático de los personajes que acompañan a la pareja de asesinos y al Dr. Knox, cosa que no se puede decir lo mismo con el ficticio final redentor dado al personaje del mad doctor), dirigida y guionizada por el especialista en cine de terror John Gilling (luego director de cabecera de la Hammer, cuya última película fue aquella mezcla de leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer con Carmen Sevilla, llamada "La Cruz del diablo 1975") y protagonizada en sus principales papeles por un soberbio Peter Cushing dando vida a ese también soberbio y deshumanizado profesor de anatomía enfrentado con sus colegas de profesión médica debido a su superioridad técnica, que aun intuyendo la procedencia de los cuerpos que le traían Burke y Hare, no hacía preguntas y pagaba generosamente los buenos cuerpos en aras del progreso de la medicina, Donald Pleasance dotando a su personaje de Hare de una maldad y amoralidad realmente escalofriante, y George Rose sacando adelante con dignidad el papel del cortito compinche Burke que acaba comiéndose solo todo el marrón, estamos ante un buen film tan macabro e inquietante como los hechos principales que relata, en el que las subtramas dramáticas con hija (June Laverick) del Dr. Knox y enamorado mano derecha de este (Dermot Walsh), y desaventajado estudiante de la facultad (John Cairney) enamorado de prostituta alcohólica (Billie Whitelaw) acompañan y aportan fuerte intensidad dramática a las andanzas de la pareja de asesinos.
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Súmese una excelente ambientación de esa portuaria Edimburgo de principios del siglo XIX (exteriores y prostibularias tabernas mostradas con crudeza, e inusuales para la época desnudos orgiásticos femeninos), una fotografía en blanco y negro acentuando magníficamente la sordidez de ciertos ambientes (especialmente en las escenas nocturnas), lo macabro de las escenas con cadáveres de por medio, lo descriptivo e inquietante de la mayoría de asesinatos que vemos en pantalla, una buena banda sonora, y buen trabajo del resto del casting, y tenemos una macabra, inquietante y muy entretenida función, que junto "El ladrón de cuerpos 1945" (la notable adaptación del relato corto escrito por R.L. Stevenson 50 años después de los hechos con Boris Karloff y Bela Lugosi que dirigió Robert Wise) son a mi juicio referencia indiscutible (además con aire de familia) en tema tan localizado en tiempo histórico.
Por último, recomendar si estas interesado en el tema y te atrae poder escuchar en un archivo de mp3 la historia real de lo contado en esta película, que no deberías perderte los 21 minutos del pasaje de "Historias del Terror" del programa radiofónico, "La rosa de los vientos" (fácilmente localizable en la red), relatado por el malogrado Juan Antonio Cebrián, y por otra parte señalar la reciente aparición, dirigida por John Landis, de la enésima versión cinematográfica con Burke, Hare y Dr. Knox de por medio ("Burke & Hare 2011").
Siendo mayormente muchas y muy buenas las producciones de cine negro rodadas principalmente durante el segundo tercio del siglo pasado, y teniendo a "El último refugio 1941" como una de las 2 películas que encabezarían esa hipotética lista de films que me llevaría a una isla desierta (la otra seria "Al rojo vivo 1949", también del genial tuerto Walsh), y sabiendo hace ya tiempo la existencia de este autoremake en clave western, por unas cosas u otras iba postergando la visión del mismo, hasta que por fin me la he enchufado (algo ha tenido que ver con ello, y con la reciente revisión de obras maestras del western – y bastantes que no había visto –, el comprobar si el mal sabor de boca que me ha dejado ese calco perpetrado por los Coen de "Valor de ley", era producto de una equivocada visión, o por el contrario – como así está siendo – descubrir que hasta me he pasado con el "pasable" con el que la califique).
Pues bien, aun estando a mi juicio por debajo de la obra maestra que fue aquella, a pesar de reconocer entre los sutiles cambios de la trama el mismo espíritu fatalista de la misma, y quizá a causa de ser otra vez Raoul Walsh en encargado de contar la historia, la he disfrutado como un excelente western noir mas que como remake.
Joel McCrea imbuyendo de fatalismo y recia dureza a su personaje de fuera de la ley metido por amistad y respeto a ese "Old man" en un golpe que apesta, y una excelente y muy guapa y sensual Virginia Mayo dándole la réplica como esa mestiza de armas tomar de vuelta de todo a la que domina la pasión que siente por su tierra y ancestros; Dorothy Malone en ese personaje de ambiciosa arpía del Este, y Henry Hull como ese padre recto y lleno de bonhomía y agradecimiento, haciendo, y comportándose como un hombre que se viste por los pies, y un resto del casting acompañando más que dignamente la función.
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Súmese muy buenas escenas de acción (especialmente el robo al tren), escenas crudas con las que Raoul Walsh impacta sin mostrar (véase la cura de una herida de bala a Joel McCrea en el hombro), lo bien mostrado de cómo al duro pistolero fugado hacen mella en su alma las 3 mujeres que marcan su vida (tanto las que vemos en pantalla como esa difunta Martha de la estaba enamorado y tan solo vemos su lapida y oímos su nombre recitado en sus sueños), y una trama de westerniano thriller noir de altura, y tenemos una muy entretenida, buena y mas que recomendable función del maestro Walsh, que una vez vista ha alejado de mi toda prevención que al respecto tenia por ser quien era la obra remakeada.
En fin, ya puestos habrá que ver el remake de Stuart Heisler llamado "He muerto miles de veces 1955", que aunque no cuenta con muy buenas críticas, puede llegar a ser más que interesante, como mínimo como curiosidad cinematográfica (Jack Palance y Shelley Winters como los originales Roy Earle y Marie Garson, Lee Marvin en el papel que hacia Alan Curtis, y Lon Chaney Jr. como el organizador del golpe).
Ligera no, ligerísima comedia medio romántica ambientada en el mundo de los programas mañaneros de televisión, que se deja ver en un día tonto, más que por el reclamo de un Harrison Ford y Diane Keaton que pasan por la pantalla sin pena ni gloria, por girar toda la trama alrededor de ese estupenda y simpática señora – además de buena actriz – llamada Rachel McAdams, alma mater de la historia y omnipresente durante todo su metraje.
Dirigida con oficio por Roger Michell ("Notting Hill 1999"), resulta algo así como una actualización de las películas de Nora Ephron, y/o una manida función a mayor gloria de la pizpireta actriz emergente de turno, que probablemente de no ser por la ley que el que esto escribe tiene por la McAdams, me hubiera limitado a calificar con un "pasable" (en el mejor de los casos), sin molestarme en hacer la reseña.
Ya puestos en plan de comedia romántica con el mundo de la televisión como eje, y obviando la justita "Intimo y personal 1996", "Loca obsesión 2009" (el penúltimo castañazo de la Bullock), y alguna mas que hay por ahí, recomendar, si no la has visto, la muy divertida "Interferencias 1988" (remake de aquella obra maestra llamada "Luna nueva 1940", remakeada también en la obra maestra del genio Billy Wilder "Primera plana 1974"), que sin llegar a la altura de la deliciosa "Atrapado en el tiempo 1993" (no es que tengan mucho que ver en el desarrollo , pero también sus protagonistas son gente de televisión) y prácticamente ignorada en las parrillas televisivas hoy en día, a mi juicio merece un visionado.
Warlock, un pequeño pueblo minero del Oeste cuyos habitantes sufren los continuos excesos de los violentos y prepotentes vaqueros del rancho San Pablo; el sheriff que no huye con el rabo entre las piernas es asesinado (en la pared de la comisaria vemos los nombres tachados de los sucesivos sheriffs perjudicados por los facinerosos), hasta que hartos de la situación deciden contratar los servicios de un famoso pistolero llamado Clay Blaisedell (Henry Fonda), un tipo experimentado y duro que ya ha demostrado estar preparado para afrontar la situación en otros pueblos, que llega acompañado de su amigo Tom Morgan (Anthony Quinn), y hacen de la apertura de un salón de juego su principal sustento económico (ese es su verdadero negocio, ya que el sueldo de pacificadores no es muy allá que digamos).
Los habitantes del pueblo, cada uno de ellos con sus prevenciones y/o esperanzas ante la nueva situación, Clay Blaisedell exponiéndoles los cambios que se producirán en su punto de vista basándose en anteriores experiencias en otros pueblos, y a la escalada de tensión entre pacificadores y vaqueros del San Pablo, se suman viejos fantasmas del pasado de Clay y Tom en forma de viejas pasiones y sanguinarias ansias de venganza con la llegada en diligencia de Lily Dollar (Dorothy Malone), una mujer cuya vida fue truncada en el pasado por los 2 amigos, y la asunción de responsabilidades como sheriff de Johnny Gannon (Richard Widmark), antes empleado del San Pablo, hermano de uno de los malos llamado Billy Gannon (Frank Gorshin), iniciando una relación con Lily, y con esa mezcla de sentimientos de nobleza no exentos de una cierta inocencia y el drama shaskperiano de la relación con su hermano, eje alrededor del cual se desarrolla la trama.
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Fiel adaptación de Robert Alan Aurthur en cuanto a guión, de la novela/tocho escrita por Oakley Hall, "Warlock" (libro del que había leído algo en términos elogiosos, y tras cuya lectura es la novela que recomendaría a quien andará buscando una historia del Oeste bien escrita y de alto valor literario, estando completamente de acuerdo con las alabanzas vertidas al respecto por el mismísimo Tomas Pynchon: "En Warlock, Oakley Hall ha devuelto al mito de Tombstone su completa, mortal y sangrienta humanidad. Warlock es una de las mejores novelas americanas"), y dirigida con la maestría acostumbrada en descripción psicológica de unos personajes ya magistralmente definidos en la obra literaria adaptada, y en el modo de mostrar la violencia a modo de secos y rápidos estallidos, por el buen y controvertido director Edward Dmytryk (a su comportamiento en el tema de "la caza de brujas" de McCarthy me remito).
Fotografiada en un precioso Cinemascope mostrando en todo su esplendor los paisajes de Utah donde está rodada, con una banda sonora de esas que son puro western, y con un muy buen trabajo actoral de un Henry Fonda cuya presencia y carisma envuelve a su personaje de un aura de empatía ("Soy un hombre sencillo, solo se me da bien desenfundar, eso es lo que soy, bueno disparando") tanto en la trama romántica que se trae con la bella Jessie Marlow (Dolores Michaels) como en la carga dramática deveniente de la defensa del pueblo y las trapisondas de su viejo amigo Tom Morgan, seguido muy de cerca por un Richard Widmark realmente sembrado en ese personaje pleno de bonhomía que hace lo que cree debe hacer asumiendo las consecuencias, y un Anthony Quinn desarrollando su peligroso y manipulador personaje con toda solvencia (el resto del casting acompañando brillantemente la función), estamos ante uno de esos western que aunque no suele figurar en las recurrentes listas de los Top Ten del genero, a mi juicio debería, por lo redondo en entretenimiento, enjundia (descripción de personajes y trama), tensión creciente que te mantiene pegado a la pantalla hasta su ultimo fotograma, y como no podía ser menos tratándose de un buen western por su camino, muy buenas escenas de acción salpicando la trama, que desembocan en todo un tour de forcé emotivo (casi de tragedia griega) a cargo del trío Fonda/Quinn/Widmark, de esos que a poco que te descuides te empañan los ojos y te hacen aullar de placer.