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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana |
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(Sevilla, España)
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| 3197 | Películas valoradas |
| 173 | Críticas |
| 10 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
5,8
(ver sus estadísticas)
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El divorcio de la señorita X (1938)
Tim Whelan
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Junio de 2006 |
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El divorcio de Lady X me ha sorprendido gratamente. Es una película que recuerda inevitablemente a las screwball comedies americanas. La película es muy ligera. No pretende hacer otra cosa que no sea entretener. Para ello cuenta con un guión que utiliza el enredo, la confusión y diálogos ingeniosos con doble sentido para provocar la carcajada, y todo ello en un ambiente de glamour propio de la mejor comedia romántica americana. Sin ser ningún prodigio en cuanto a guión y dirección, al menos entretiene de forma constante debido a la rapidez con que se desarrolla y que no da un momento de tregua.
Seguramente sería una comedia romántica al uso si no fuera porque tiene al frente a uno de los más grandes. Olivier está inmenso. Su personaje recuerda al David de La fiera de mi niña, se ve inmerso en una situación en la que no puede controlar nada, en manos de una mujer que le controla en todo momento. Él solo ayuda a levantar la cinta, siendo clave en el buen funcionamiento de la mayoría de los gags, y que sin duda está a la altura del mejor Cary Grant, maestro de comedias. Merle Oberon, la chica blandita con nombre de leñador de Massachussets también está bien, aunque al igual que el resto del reparto, no tiene nada que hacer ante el magnetismo que irradia Olivier, que se come él solo la película. La película retrata también a la alta sociedad inglesa, esa de los lord y las ladys, a la que estamos tan acostumbrados, la nobleza con todos sus tópicos, vistos siempre desde una vertiente paródica, y cómo en cada situación diferente, siempre se las ingenian para montar un lío entre los protagonistas.
Un aspecto que me ha chocado ha sido el uso del color. Se nota mucho que en el 38 no lo controlaban aún, porque en algunos momentos parecía que Olivier tuviera los labios pintados, y la señorita Oberon parecía más pálida que de costumbre, aunque quizás a ello también ayuda que la fotografía a veces sea excesivamente luminosa...
Bastante recomendable y entretenida siempre que uno esté acostumbrado al género de la buena comedia que no utiliza chistes zafios y cutres para provocar la risa.
Tony Montana 
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Van Helsing (2004)
Stephen Sommers
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| 10 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Enero de 2006 |
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Por favor... esta película es terriblemente mala... donde quiere provocar terror, provoca risas, y donde quiere provocar risas provoca pena...
Uno de las superproducciones más bochornosas jamás hechas. Una película que costó una millonada, y que lo más interesante que tiene es Elena Anaya y el monstruo de Frankenstein
El reparto protagonista es sencillamente bochornoso. Hugh Jackman tenía un cartel antes de esta película, pero no he vuelto a verlo de la misma forma desde que pague por ésto. Su personaje ha sido transformado en un vulgar matavampiros, cuando es un personaje sabio e inteligente. Luego, Kate Beckinsale... esta ¿ actriz ? no se da cuenta de que luce palmito muy bien, pero que como interprete, le falta mucho. Va camino de convertirse en la nueva Julia Ormond. Pero sin duda, algo que decepciona es Richard Roxburgh. Un muy buen actor, que no se cómo acabó metido en esta cosa. Su personaje es amanerado, patetico, muy mal escrito, y por supuesto, interpretado de manera bochornosa... el hombre lobo, el clásico guapo que ha hecho 2 películas... salvaría al monstruo de Frankenstein, que demuestra más expresividad bajo el maquillaje que el resto de protagonista. Otra cosa ya son las vampiresas. Salvo Elena Anaya, que se come a la Beckinsale en cada plano que comparten juntas, las otras dos no hacen más que lucir palmito, aunque esto último lo hacen bien
El guión es irrisorio. Unos personajes de risa, unas situaciones increibles, y unos diálogos que parecen escritos a voleo, queriendo ser pretencioso pero no llegando ni a decente. Pero capítulo aparte merece la dirección de Stephen Sommers. Esto es increíble. Aquí se hace eco eso tan famoso que dijo, creo, Billy Wilder: Hoy en día no se tiene en cuenta lo maravillosamente simple que es ver a alguien abriendo un cajón y sacando unos calcetines. Sommers rueda cada escena como si fuera la última que va a hacer en su vida. El conocido efecto Michael Bay. Usa unos movimientos de camara como queriendo pensar que todo debe tener un cariz épico, grandioso, como las grandes epopeyas de David Lean. Este señor no conoce lo que es la dirección, pues no planifica de forma diferente una escena de acción que una escena intimista... si es que se le puede llamar intimista a los patéticos momentos románticos entre los protagonistas.
En definitiva, una película para olvidar, y que no se lleva un 0 por que no se puede...
Tony Montana 
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Brokeback Mountain (En terreno vedado) (2005)
Ang Lee
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| 5 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Febrero de 2006 |
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Dudaba entre ella y Crash, y al final, me decidí a darle una oportunidad a Ang Lee. Cuando, tras algo más de dos horas, terminó, estaba abrumado ante lo que acababa de ver. Ang Lee me ha contado una historia tan dura, que me ha llegado como no lo hacia ninguna película desde Million Dollar Baby.
Ang Lee, al igual que Clint Eastwood hace un año, toca un tema peliagudo, y lo hace sin recurrir al morbo fácil, en este caso sobre la homosexualidad, y es ahí donde reside el éxito de esta película. Toca el tema de una forma sincera, sin querer plantearnos que vamos a ver una película sobre homosexuales, si no una sencilla historia de un amor imposible, de celos, y dolorosa como pocas.
Las escenas entre ambos, particularmente las de sexo, están rodadas sin caricias, sin falso romanticismo, sin embellecimientos, tal y como serían en realidad. Una situacion sin príncipes azules, y sin romanticismo barato. Me gusta muchisimo el hecho de que los personajes no caigan en el sentimentalismo y el melodrama, no cambian su forma de actuar cuando descubren una nueva vida. Ambos siguen siendo los cowboys de Marlboro, y es algo que le da a la película un punto fuerte: su veracidad. No son los clásicos homosexuales amanerados que se nos presenta siempre, por que ellos tienen que luchar contra lo más arraigado de los Estados Unidos, y no se lleva la palícula hacia una caricatura sobre los homosexuales, no se nos habla sobre una historia de amor homosexual, si no una historia de amor sin más.
Es de agradecer la simpleza y la sencillez de Ang Lee. Que maravilla es ver una película sin música lacrimógena, sin escenas hechas para conseguir la lágrima fácil, y que gusto da ver como Ang Lee se preocupa de dar o quitar ritmo a una escena según convenga, como reposa la cámara para permitirnos apreciar el drama de los personajes. Las interpretaciones son geniales de todo el reparto. A pesar de ello, en algun momento me ha resultado poco creible ver a Jake Gyllenhaal como cowboy, máxime con el bigotito de marras ( Joe, por momentos parecía mas Ellen deGeneres con bigote ). Pero a pesar de ello, está estupendo. Heath Ledger.. nunca pensé que llegaría a decir esto, pero está extraordinario. Está indescriptible. Me ha sorprendido muchisimo Michelle Williams, y espero que gane el oscar, por que está maravillosa interpretando a una mujer sumisa. Sorprendente es que Anne Hathaway pueda dejar de ser repelente y estar estupenda durante el tiempo que sale.... quizás lo que menos me gusta es la música, aunque tampoco está mal, pues es mera música de acompañamiento... en definitiva. Brokeback Mountain... no tengo más palabras para describirla la verdad
Tony Montana 
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El incidente (The Happening) (2008)
M. Night Shyamalan
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| 4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Junio de 2008 |
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Innegable es la fortaleza visual de la que hace gala Shyamalan cada vez que se pone a contar una de sus fábulas sobre la condición humana y la realidad social, puesto que es un tipo que es de los pocos capaces de ofrecer buen cine comercial entremezclado con la intensidad autoral de unos pocos directores capaz de llevar público a una sala de manera más o menos masiva. Se ganó la fama de tramposo, fullero, haciendo que la gente estuviera pendiente de acertar el punto donde Shyamalan colocaría el suspense y su célebre giro de guión, pasando por alto la inteligencia de su cine, especialmente en la infravalorada El bosque, valiente película donde retrata a una América reaccionaria que lleva sus miedos al extremo de la demencia, incapaz de hacer frente al mundo moderno que se abre ante ellos. Erró con Señales al querer retratar eso mismo que hizo posteriormente con El Bosque al mostrar el miedo, pues rompe aquella regla básica del suspense que dio Val Lewton, no permitir nunca que se vea más que lo que la oscuridad permita, esto es: desvelado el monstruo, adiós a la gracia. Y es que, el bueno de M. Night tiembla ante los críticos, vengándose de ellos en La joven del agua, pero al mismo tiempo lee sus críticas ávidamente para saber qué dicen de él, y más o menos podemos afirmar que El incidente es una película que han realizado los críticos a los que no les gusta su cine y los espectadores que se sintieron estafados al ver el final de El protegido. Aquí hace explícito lo implícito y toda esa magia que Shyamalan logra crear en torno a sus películas de una manera meritoria y brillante se va por el sumidero y acaban convirtiendo la película en una burda lección moralista sobre el amor que poco o nada tiene que ver con la, a priori, interesantísima idea original.
Sin embargo, no se puede negar el enorme talento que despliega el realizador indio en la puesta en escena, donde algo tan sencillo como un travelling que persigue a los personajes andando acompañado de la música de Newton Howard adquiere una fuerza visual incomparable en el cine actual, algo así como Médem pero sin poesía barata, atrapando al espectador desde el primer fotograma a pesar de las carencias. La película arranca con unos títulos de crédito eminentemente visuales, casi homenajeando a los magistrales golpes de color que dispuso Kobayashi al comienzo de Kwaidan. Y es que es eso lo mejor que tiene esta cinta, ni más ni menos, un acabado visual simplemente perfecto, entregando unas cuantas secuencias en las que el propio Shyamalan dota de un poder a los fotogramas con su cámara, disimulando la pobreza del guión. Pero no hay más. Un grandísimo comienzo que resume lo que es toda la película, hasta que termina diluyéndose en la innecesaria historia de amor entre el débil Mark Wahlberg y la insulsa Zooey Deschanel (con lo que me gusta a mí esta chica...) que entrega momentos babosos que empobrecen el resultado de una manera alarmante.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Shyamalan ha querido hacer, más o menos, su propia versión de Los Pájaros, versionando a su principal referente cinematográfico, y hablar acerca de la arbitrariedad de los sucesos, de la falsa sensación de seguridad del hombre y su debilidad cuando algo imprevisto sucede, y del primitivismo que nos lleva a actuar en determinados momentos, movidos por el miedo más atroz. Y tiene los mismos aciertos y los mismos errores que la irregular película de Don Alfredo: una idea central cojonuda, un desarrollo pobre, una historia de amor que lastra la cinta y unas cuantas escenas que, debido a la inteligentísima y talentosa planificación, dan auténtico pánico.
Shyamalan cae presa de su propia idea y entrega un guión tramposo a más no poder, carente de un alma que sobresalga sobre el revoltijo de escenas sin sentido entremezcladas con portentosas escenas de terror. Y ojo, el problema no es que un guión sea mentiroso, el problema viene si te pillan. Shyamalan no ha sido inteligente y ha demostrado sus carencias como guionista, demostrando que es el clásico director que quiere ser autor y convencer a los demás de que es capaz de ser Orson Welles aunque no tenga capacidad para resolver las escenas de la mejor manera, y eso sin nombrar sus pésimos diálogos. No es sólo el hecho de que la toxina no pueda matar a un número de personas aleatorio según le convenga al director, si no elementos como el problema entre Wahlberg y Deschanel, que va y viene pero nunca termina de romper a no ser que a Shyamalan le apetezca, dejando la incómoda sensación de estar viendo un buen puñado de momentos de gran cine rodeado de una vulgaridad de proporciones épicas, además de varios momentos de vergüenza ajena. Esto último viene especialmente en las escenas de los suicidios, donde no hay sensación de fluidez, salvo en esos momentos en los que M. Night utiliza el fuera de campo de la manera más efectiva, creando una sensación aterradora gracias a sus inteligentes panorámicas que dan al espectador algunos de los momentos más macabros de la historia del cine, aunque estos momentos son los menos, pues abusa de la violencia explítica en la mayor parte de dichas secuencias. Siempre he pensado que el cine de Shyamalan viene a ser como un ejercicio de funambulismo. El director traza una línea de la que, hasta ahora, nunca se había salido salvo en contadas ocasiones, y eran pocas, pero aquí se cae con todo el equipo al querer cargarse con demasiado, dejando la sutileza a un lado y haciendo excesivas concesiones a la comercialidad más facilona que hará la boca agua de aquellos con gusto morboso por la violencia, excediendo la propuesta hasta terminar de una forma facilona, sin hacer honor al pesimismo que ha destilado durante hora y media. Podría afirmarse que ha querido seguir esa máxima lampedusiana de "cambiar todo para que nada cambie", y que se le siga considerando director de terror cuando, claro está, no lo es.
Tony Montana 
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Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario (2005)
Andrew Adamson
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| 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Abril de 2008 |
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Probablemente, cuando a un crítico de los profesionales, de esos que cobran y hablan por encima del hombro sobre tal o cual película sólo por el mero hecho de escribir para una editorial importante, le mandan ver una película de corte cercano a lo infantil entremezclado con la aventura y la fanasía, probablemente reaccionará con una cara de disgusto que no compensará ni los enormes emolumentos que estos cobren de sus respectivos grupos políti... literarios, perdón. Es quizás esa mirada llena de prejuicios la que no les permite sumergirse dentro de unas historias a modo de metáfora sobre nuestra sociedad y la propia condición humana, algo simplificada a veces para no entorpecer la agradable visión de los niños de los animalejos y criaturas varias que pasean por la pantalla, pero casi siempre interesante. Quizás muchos vieron en El Señor de los Anillos, triple obra maestra de Peter Jackson, una de esas cargantes cintas de género con hadas y criaturas simpaticonas que no sangraban y sentían y no supieron apreciar todos los matices de la obra de Tolkien que tan bien adaptó el director neozelandés, aunque algunos se quedaron sorprendidos por la profundidad y la calidad de la obra. Luego está ese adolescente de culebrón latinoamericano metido a mago que, de una extensa filmografía que ha reinado en las taquillas durante los últimos años, sólo ha entregado una película más que decente, su segunda parte cuyo título no recuerdo ahora. El talento es bien diferente a la magna obra de Jackson, y el respeto por la obra lo mismo, probablemente el gran error de Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario, cuya novela desconozco por completo, pero que el director de Shrek ha convertido en la clásica película Disney, algo así como la historia que Escrivá de Balagué le contaría a cualquiera de sus hijos bastardos repartidos por el mundo, uniendo en una misma cinta o libro, llámese como uno quiera, los valores cristianos y jesuítas más extremos con todo ese mundo de fantasía que sólo un niño puede disfrutar en toda su extensión y no caer en la cuenta del mensaje que le están insuflando por todos sus sentidos.
El problema de este tipo de adaptaciones es la excesiva complejidad de su fondo y la aparente sencillez de su forma como una mera novela de aventuras fantásticas. Mientras en el libro el autor puede explayarse en desarrollar hasta el último recoveco de los numerosos personajes que recorren sus páginas, a la hora de trasladarlos puede haber dos visiones: la respetuosa, esa en la que el autor piensa en el escritor y en la obra, y si el público es quien tiene que amoldarse a la cinta, que lo haga, véase la trilogía tolkieniana, imposible no recurrir a ella por su majestuosidad, o la comercial, esa en la que el director, mero pelele del productor, realiza un trabajo tan simplón pensando en el público que finalmente el resultado desmerece, y mucho, a su original, que, como en este caso ya he dicho, servidor no ha leído.
(Continúa debajo)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Aquí, la incompetencia y la escasa personalidad de Adamson hicieron que la Disney lograra su sueño, conseguir la clásica película con niños estúpidos que trata a los propios niños del público como si fueran tan estúpidos con los del film, haciendo que esta película no la disfruten niños de más de 11 o 12 años, o adultos que en su día no supieron si pesaba más un kilo de paja o uno de hierro. El director, probablemente, sabe de la superficialidad con la que trata el libreto a la novela original y él no hace nada por remediarlo aparte de un simple "pon la cámara y graba", dejando que el ritmo de la cinta lo aporte el montador, quien logra salvar una función bastante descafeinada, ya que tampoco los efectos especiales logran sacar más que el mero aprobado raspado, cantando el ordenador en exceso, especialmente la pantalla verde, que en algunos momentos llega a ser ofensivo, y eso sin hablar de las débiles noches americanas de un director de fotografía que parece recién salido de clase que no hacen más que dejar una sensación de "alatristismo" por todos lados alarmante.
El realizador parece más preocupado de dotar de vida física a las criaturas generadas por ordenador que luego se olvida de insuflarles vida interior, teniendo ante sí un gran número de divertidísimas y simpáticas ratas, comadrejas, castores y no sé qué más con las que dan ganas de acostarte (en el buen sentido) abrazado cual peluche, pero que luego sabemos más bien poco de su participación en la trama. Obviamente, para no molestar a los niños, un personaje tan interesante como odiado y luego desaprovechado como el de Edmund, el hermano mediano de los cargantes y chillones Pevensie, pequeño Judas abrumado por la culpabilidad que vende a su mesías por algo menos que las 30 piezas de oro, unas delicias turcas (que alguien me explique como en Narnia saben, si quiera, qué es Turquía), es suavizado para que al final los niños de la sala no lloren ante la incómoda posición de ver como un coetáneo suyo sufre porque, por su culpa, han detenido a James McAvoy, quien, por cierto, olvidó depilarse los pezones. Las constantes lagunas del guión hacen que, especialmente, en el último trozo de película la acción suceda sólo por obra y gracia del espíritu santo que aparece aquí en forma de ese león de voz profunda y proselitista a más no poder, reencarnado Jesucristo que se entrega por la causa para luego renacer y salvar al género humano... o lo que sea que vive en Narnia. Inexplicable es, también, cómo cuatro mocosos son capaces de llegar, ver y vencer, es decir, llegar, no saber ni dónde se encuentran, escapar de toda clase de monstruos y aprender, de manera puramente inspiracional, a manejar armas de manera profesional y a ser buenos cristianos, liderando al ejército del bien en su eterna lucha contra el mal en una chapucera batalla en la que el cristianismo se enfrenta a la superstición y al miedo de la brujería y unos malos cuyas caretas y ridículas formas únicamente producen risa.
Tony Montana 
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