33 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Parece que ya no queden historias originales por contar, ni sorpresas de guión con las que sorprender, o tramas con las que impresionar. Pero de esto hace ya mucho, así que decepción, en ese aspecto, poca.
El rumbo que han adoptado los profesionales de la industria cinematográfica de Hollywood para compensar esta ausencia general se puede esquematizar en tres aspectos:
1. Los guionistas montan la trama alrededor de algún aspecto social moderno.
2. Los productores otorgan exotismo a la película, localizando, si el guión no lo ofreciese, parte del metraje en algún lugar desconocido para el norteamericano medio, sabedores de que el turismo en pantalla puede remediar un posible bajón de ritmo, o contratando algún actor que no pertenezca a la parrilla de estrellas del momento, como pueda ser algún extranjero de cierta relevancia, algún famoso de otro campo o alguna vieja gloria.
3. Los directores muestran su realización con acrobacias técnicas.
En Deception se han usado los dos primeros puntos. El primero funciona: un club secreto de intercambio de sexo entre ejecutivos y urbanitas sin tiempo para la relación social que al espectador divierte, no por su parte erótica, que es prácticamente nula, sino por su retrato social. La segunda no resulta tan exitosa, pues el exotismo queda relegado a un segundo plano, por ventura para el que aún mantiene atención en la historia y acompaña a los personajes hasta su final.
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spoiler:
Antes de que la historia aterrice en Madrid, aquí, en las salas españolas rezamos, todos a una, por la imagen de este nuestro país.
"Virgen de la Cinta, por favor, que no salga ningún torero", se susurran dos filas atrás.
"Por san Cosme y san Damián, que no nos saquen con boina" se escucha unas butacas más allá.
Y oigan, un aplauso para el primo del gobernador de California, que evita la tentación, y no sólo no sale nadie gritando olé por la calle, sino que nos muestra la Gran Vía limpia, y una niña rubia, y el empleado del banco ni es bajito ni tiene bigote, e incluso la prota habla de jet lag, es decir, que nos sitúa más allá del golfo de México.
Pues sí, yo me obsesiono con estas cosas, porque soy español, y para mí España sigue siendo negra, bruta y paleta, pero defenderé a capa y espada, frente a cualquier individuo que use calcetines con chancletas, que nosotros semos europeos. Habremos comío habichuelas arrigovueltas con bacalao, pero semos europeos. Y a Ewan le llamamos casi Iguana, porque somos asín.
86 de 146 usuarios han encontrado esta crítica útil.
"Azares perros. (...) una película despeñada, contada entre hipos de tiempo y de llanto, y tan elocuente con nuestro autismo. (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
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"Estética y ética 'Babel', cine con mayúsculas. (...) González Iñárritu y Arriaga (...) vuelven a derrochar brillantez narrativa, credibilidad, dureza, complejidad, capacidad para sorprendernos, humanidad y sentimiento de primera clase en Babel." (Carlos Boyero: Diario El Mundo)
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"Un retrato del estado del mundo, una portentosa historia que quizá se estudie dentro de 50 años como muestra de la psicosis que acechaba a las civilizaciones en un tiempo cargado de pesimismo." (Javier Ocaña: Diario El País)
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"Lonchas de speed a granel por la redacción, farlopa volcada en los aseos y consumo de peyote a discreción, en las oficinas de algunos periódicos de tirada nacional. (...) Puntuación: *** (sobre 10)." (Sines Crupulos: Filmaffinity)
46 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La cosa empieza a toda pastilla: dos hombres y una mujer juegan a ver quién de los tres es más infantil. Primero en París, luego en la playa. Se comportan como críos. Como críos estúpidos. Eso sí, son artistas, ojo, y saben recitar párrafos profundos de obras mayores. De hecho, a Jules y a Jim les apodan Don Quijote y Sancho Panza. Qué honor. Aunque habría molado más que les llamasen Rinconete y Cortadillo, lo que pasa es que estos últimos les sacan 87 años mentales.
Así que ahí está ella, con su irresistible atractivo, no físico, sino… sino… pues no se sabe bien, la verdad, porque la señorita es repugnante.
Y eso, que si se lía con uno, que si se lía con el otro, que si se queda preñada, que si no, París, la costa, Alemania, la guerra, Albert. Todo ello con una reflexión brutal que se ha de adivinar, más que nada, porque si no te la esconden, te quedas dormido. Es por mantenerte atento y tal y tal.
Truffaut tiene oficio de sobra. Controla. El amigo pilota un huevo, en concreto el que le cuelga menos, pero con el otro, el de por mis santos, no hace llegar la historia, y no sólo poque sus personajes sean repulsivos, sino porque la narración va sobrada. Además hay ciertos momentos pop, de zooms, imágenes congeladas y mini pantallas que resultan grotescos, a mi parecer, más que sutiles.
45 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cambiar paella por andaricas, chiringuitos por chigres, top less por chubasqueros amarillos y solares por monte verde. Muy verde. Eso es cruzar El Negrón.
Cruzar El Negrón y dejar atrás la soleada estepa castellana. No hay luz al final del túnel. Hay una nube gris fija que dota de sobriedad a sus gentes, a sus pueblos, a sus montes.
Empaparse de vida, de agua. Eso es cruzar El Negrón.
No hay luz para el cine oriental, sino un largo plano secuencia retratando el alma humana.
Eso es... no hay luz, no hay nada, cuando lo cruzas de vuelta a Hollywood.
Volver a los héroes después de gozar de las personas, a la magnificación absurda después de disfrutar de los hermosos detalles cotidianos... volver al hortera y al maricón de playa.
No hay luz al final del túnel para Kanji Watanabe. Pero aún hay vida; hacer feliz a alguien y buscar justicia, es la mejor manera de aprovechar sus pocas horas.
Eso es vivir.
Esa es la verdad que se esconde en la sombra que proyecta el Sueve.
Eso es lo que puedes toparte si cruzas El Negrón que separa cines tan dispares.
Las horas tontas, las horas perdidas, las horas malgastadas en conocer las capas más externas de los demás... que se queden en la estepa, que dos días dentro de un alma valen más que una vida entera entre pieles humanas.
40 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil.
- Hubo un tiempo, hijo mío, en el que en la indusria del cine patrio habitaron actores.
- ¿Qué es un actor, papá?
- Ay, hijo, aún eres muy joven para entenderlo.
Francisco Rabal, don Paco, Ricardo Sorbedo repite varias veces que sin "planteamiento, desarrollo y desenlace", ni hay novela ni hay nada. Imagino que el nobel que en un programa de Gurruchaga casi absorve en directo un litro de agua por el ano, puso estas palabras en boca de Sorbedo irónicamente, pues su propia novela, y en consecuencia la película, carece de esa norma y más bien se estructura en "introducción, desarrollo y cierre".
Esto, evidentemente, resta magia a una cinta en la que el trabajo de actores y la fotografía consiguen dibujar en tu cerebro un cuadro del hambre y el frío en aquel Madrid de época. Porque, no nos engañemos, pocos habrá por estos lares que viviesen en el Madrid de los cafés y las castañeras y ninguno de nosotros sabemos lo que es pasar hambre y frío. Lo más cercano es volver de chuzo una noche de enero a las 7 mañana después de perder la chupa, y rascarse el bolsillo para darte cuenta de que no alcanzas los 3 euros para zamparte un bocadillo de tortilla, antes de planchar la oreja.
El año de naranjito debió de ser un mal año para los actores que no trabajaron en esta película (creo que son 3; uno de ellos, Alfredo Landa).
Les honra a los afortunados que consiguieron papel, el saber ganarse una personalidad dentro de una película con más personajes que metraje. Una oportunidad de 10 minutos, y marcas gol. A ello contribuye, supongo, el peso de la forma y el fondo de la novela.