Por una vez en la vida he de confesar que me satisface la costumbre que tenemos en España de cambiar el nombre a las películas, en este caso "La novia de la tierra" es mucho más evocador que "Seyyit Han", al menos para cualquier que se decida a sumergirse en esta película sin ser turco de origen. Estamos ante la primera obra dirigida íntegramente por Yilmaz Güney, lo cual puede causar cierto vértigo dada la evidente maestría del director en el manejo de la técnica y de la actuación, porque no lo olvidemos, es el actor principal. Como en otras ocasiones se adapta a la perfección al papel dotando al personaje de credibilidad y solemnidad. Estoy seguro de que la escena inicial en el bar quedará grabada largo tiempo en mi retina, es una de las mejores secuencias de acción que he visto en mi vida (aunque es posible que muchos difieran en este sentido).
Seyyit Han es el prototipo de antihéroe que despierta simpatías en el espectador, hombre que parece ser constantemente empujado por el destino a una vida incierta de fugitivo obligado a matar para sobrevivir y conseguir su anhelo más profundo. En cierto sentido el protagonista es quijotesco, porque al igual que ocurriera en el caso de Cervantes con el ilustre hidalgo Seyyit Han representa para Güney la posibilidad de llevar a cabo una crítica social abierta contra muchas de las costumbres del pueblo turco: la venganza o asesinatos por honor y el tratamiento dado a la mujer. Pero entraré a analizar todo esto en el spoiler porque no quisiera desvelar ningún detalle abiertamente, creo que la obra merece ser degustada sin que nadie la destripe, siempre suele ser más interesante tratar de llevar a cabo una lectura personal que ponerse en manos de otros de primeras. Lo cierto es que "La novia de la tierra" ofrece dos lecturas: la del espectador pasivo y la del espectador activo, ambos disfrutarán, pero el primero perderá muchos matices que son los que acaban confiriendo a la obra la esencia de su redondez y es que todos los elementos encajan a la perfección.
Curiosamente a mí, que soy de Teruel, me han venido a la mente ciertas reminiscencias de la famosa leyenda de "Los Amantes" (que a su vez tiene mucho que ver con el "Romeo y Julieta" de Shakespeare) y es que no he podido indagar más allá, pero presiento que el guión en que se basa el film (también escrito por Güney) debe tener su origen en el folclore turco, lo cual me hace pensar en todo lo que ha dado de sí el amor como tragedia a lo largo de la historia del arte. En cualquier caso esto pone a Güney en toda una tradición de grandes creadores y compiladores-reelaboradores de cultura popular, lo que no deja de ser una muestra más de su maestría.
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Como decía estamos ante una auténtica tragedia a la que Seyyit Han y Keje se ven precipitados por su amor y, al mismo tiempo, el primero por cuestiones de honor y la segunda por el hecho de ser mujer y, en tanto que tal, estar completamente subordinada al honor (algo que era para consumo y uso de los hombres donde las mujeres no eran sino monedas de cambio en la forja de alianzas sociales y acuerdos económicos). Yilmaz Güney comienza aquí un camino que no abandonará hasta el final de sus días y que caracterizará a toda su filmografía: la crítica a la tradición como limitadora de las posibilidades del hombre. En la obra de Güney la tradición es vista desde una perspectiva negativa, básicamente como la negación de la libertad. Así nos muestra la vulnerabilidad del ser humano individual ante el peso de lo colectivo (entendido como tradición), que constantemente se impone sobre el destino singular de los hombres y mujeres. De hecho es estremecedor como la propia Keje asiste impasible a su propia muerte, consciente de que las cosas no pueden ser de otro modo en tanto que ha desafiado aquello que está destinado a una mujer: responder a las necesidades socio-económicas de la familia. Ella, consumida por amor, opta por mostrar una rebeldía pasiva en forma de lágrimas y pesar por una boda indeseada, lo cual contrariará profundamente a Haydar, quien ansioso por vengarse ideará un juego diabólico en el que todos los implicados morirán (de hecho lo más trágico es que el propio Seyyit será quien mate a su amada sin saber lo que estaba haciendo, algo muy querido por la tradición clásica griega - Güney era un hombre de vasta cultura). Tanto para Seyyit como para Keje es imposible escapar a su destino, atrapados en la compleja red tejida por la tradición que limita los movimientos de los hombres y mujeres, su libertad para decidir a placer sobre su destino. Hay en todo el film una idea muy nietzschiana de la tradición entendida como las pesadas jorobas que carga el camello, condenado a vagar con su peso durante toda su vida. He aquí lo que ocurre con los que desafían el orden de las cosas.
Por último es interesante destacar el hecho de que ciertas balas no afecten a Seyyit. Hay que ver esta película en clave de poema épico, que al fin y al cabo es lo que viene a ser: sólo el odio engendrado por el héroe puede acabar con éste, por ello las únicas balas que le herirán hasta matarlo serán las de aquellos a los que al principio de la película vapulea en el bar y las de Haydar, sin embargo, como buen héroe, no morirá hasta no haber completado su destino. Como bien dice un proverbio croata: "Aquel que cava la tumba de alguien acabará cayendo en ésta". Pero como en toda tragedia el héroe sólo puede morir, de hecho es el único modo de dar constancia de los efectos del honor sobre los hombres.
Por todos los amantes del cine balcánico es bien sabido que Goran Pasklajevic es uno de los mayores representantes del cine socio-político de la región. Esta es sin lugar a dudas una de las mejores comedias del viejo cine yugoslavo y su carácter crítico es insoslayable. Este es un director que difícilmente puede ser obviado en el cine europeo de los últimos treinta años y, sorprendentemente, es relativamente desconocido en España.
Todo el film transcurre a lo largo del turbulento año 68, momento en que los estudiantes de todo el mundo desarrollado junto a otros sectores estratégicos de la sociedad se rebelaron contra el orden establecido. Yugoslavia no estuvo fuera de la tónica dominante en Europa. La Universidad de Belgrado estalló tras París, Berlín, Varsovia o Praga con lemas como "¡Burócratas: no mangoneéis a los trabajadores!", "¡Más escuelas!, ¡menos coches!", "¡Abajo con la burguesía roja!" o "¡No hay socialismo sin libertad ni libertad sin socialismo!". Todo esto queda magistralmente reflejado en la película, de hecho la visión presentada en esta película está avalada por la experineica del propio Paskaljevic, quien estudiaba ese mismo año en la Escuela de Cine de Praga. Al año siguiente vería su primera película prohibida por la censura del Estado checoslovaco. Muchos motivos tenía el propio Paskaljevic para recordar con agrado aquella película: opuesto al nacionalismo dio una visión en cierta manera idílica de un mundo que a principios de 1980 estaba en estado de derribo, mostrando la que fue posiblemente la única protesta política yugoslava no relacionada con la cuestión nacional. El programa radical de reformas iniciado en 1965 venía a profundizar en las diferencias entre el rico norte y el pobre sur y devolvía importantes poderes políticos a las repúblicas. Todo esto afectó a la centralizada estructura del Partido, desembocando en el caos más absoluto y en una atrofia absoluta del estado. La reforma sólo benefició a banqueros de Belgrado y hombres de negocios que mantuvieron completamente bajo control los asuntos económicos.
Es evidente que todo esto contrasta en cierto sentido con el clima tranquilo y rutinario de una pequeña ciudad de provincias serbia que muestra la película y las fantasías y ensueños juveniles de Petar, representado por un genial Slavko Stimac. Los problemas políticos aparecen lejanos para los personajes del film, lo cual es una muestra de la dificultad del individuo para dilucidar el modo en que se ve afectado por la política.
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Hay muchas cuestiones interesantes a lo largo del film: la crítica al régimen titista es la más dominante. En primer lugar hay un ataque frontal contra el dogmatismo marxista que trataba de analizar y esquematizar la vida humana por encima de las peculiaridades individuales de cada uno, como bien muestra el hastío de Petar respecto a las cuestiones doctrinarias. Sus preocupaciones son las de un joven cualquiera, Petar se encuentra en pleno viaje iniciático hacia la edad adulta y su abuelo, como suele ocurrir en estas sociedades balcánicas patriarcales, es la correa de transmisión entre el pasado y el presente. Al mismo tiempo hay una crítica al arribismo y falta de idealismo de muchos individuos que simplemente se ponían la chaqueta del comunismo como un medio para conseguir una mejor posición social, el padre de Petar sería el mejor paradigma de ello. De hecho sería al mismo tiempo la representación del estado autoritario-paternalista titista que trata de imponer su lógica y mentalidades sobre los ciudadanos. Así el padre aparece como un elemento fundamental en el control social del Estado sobre los individuos, un elemento necesario en la cadena jerárquica que se encarga de imponer el orden establecido. De hecho su figura podría compararse a la del césped, que se adapta a la dirección en que sopla el viento. Es significativo el modo en que el Estado marca los ritmos vitales y las opiniones, de hecho, el padre de Petar, cansado de que su hija alimente ideas contrarrevolucionarias (es decir, opuestas al régimen) a causa de las noticias televisivas esconderá la televisión. No obstante, cuando Tito aprueba las reformas propuestas por el movimiento estudiantil el padre devuelve la televisión a su sitio diciendo "El camarada Tito ha dicho que los estudiantes están bien. Podemos ver la tele otra vez". He aquí una crítica a la absurda autorepresión que muchos individuos llevan a cabo sobre su propia libertad en los estados autoritarios, esta aceptación por parte de la mayor parte de los individuos es una condición necesaria para la existencia de éstos. Al final se acaba demostrando que el individuo tan sólo se preocupa en primera instancia por poder vivir en las mejores condiciones materiales posibles y que la dignidad no es posible con el estómago vacío. No obstante los jóvenes protestan ante el aburguesamiento de la elefantiásica burocracia del Partido Comunista Yugoslavo y las escasas perspectivas de futuro que quedaban a toda una generación de jóvenes que habían entrado masivamente a la universidad. En general esto fue lo que impulsó a los jóvenes a las calles: el conservadurismo de las élites del Estado tras más de veinte años en el poder.
La representación que Slavko Stimac lleva a cabo de su papel es deliciosa; todas las mujeres del film auténticas bellezas, desde la primera a la última; la calidad de la comedia es indudable y la convierte en un clásico imprescindible. Definitivamente la recomiendo.
Para mi gusto esta película se merece un 10, al igual que la voz alzada de mi amigo y compañero Vozidar clamando por nuestra ceguera (en cierto modo forzada) ante la existencia de cine tan magnífico como el que se produce en los Balcanes. Su manera de afrontar la historia bebe de la más pura tradición del cine europeo pero tiene un toque de originalidad que sólo podemos encontrar en aquella región. Este rasgo tan característico es lo que, como bien apuntaba Vozidar, podríamos llamar la comedia trágica y el humor negro constante que, lejos de hacernos reir sin sentido, nos hace desarrollar una profunda empatía hacia los personajes y las situaciones que se les platean. Sentir el sin sentido y el absurdo a través de la banalización de unos momentos que tienen poco de banal... esta es una cualidad innata del cine balcánico que por otro lado me parece muy sana. No se puede negar el alto grado de compromiso socio-político de los directores balcánicos, una auténtica intelligentsia en el sentido de su autonomía intelectual. Por supuesto esto molesta a muchos allá por esos lares, pero esa es otra historia.
Sea como fuere esta película sería la representación de la historia como teatro (en la película lo llaman "camuflaje"), una burla hacia la verdad políticamente correcta. Es decir, en esta película veríamos dos realidades solapadas: aquella que está destinada al presidente Clinton y la realidad de la vida diaria de los habitantes de Tesanj (pequeña población situada dentro de un saliente de la Federación de Bosnia Herzegovina dentro de la República de Srpska. Decir como dato de interés que en 1991 el 78% de la población era musulmana, mientras que los datos de 2005 nos dejan un significativo balance del 98%). En la primera realidad cada personaje (porque esta película muestra como la política es una mera obra de teatro, repito) cumple con su papel a la perfección, en la segunda cada uno sigue con su cotidianeidad. Así nos encontramos con situaciones anodinas, como la de un proxeneta que pasa a convertirse en un supuesto notable de Tesanj que acompaña al delegado internacional a todos lados; la colaboración forzosa de un equipo de bomberos bosnio (donde están dos de los protagonistas: Hamlo y Faruk) y otro serbio; etc. El objetivo de la gran farsa es esconder a Clinton las brechas producidas por la guerra con el objetivo de satisfacerlo y conseguir su visto bueno para recibir financiación. Por supuesto todo esto no es más que mera fachada, de tal manera que una y otra vez nos vamos a dar contra la dura realidad: predominio de las mafias en la sociedad amparadas por los representantes del Estado (el corrupto jefe de policía); la falta de esperanzas en el horizonte de los bosnios (Amra, amiga de Faruk, vuelve de Alemania para reconstruir la casa de su familia y durante los trabajos una mina estalla amputándole las piernas. "Se debería haber quedado en Alemania"); las esclavas sexuales; el tráfico de refugiados kurdos y chinos; etc.
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Es el año 97 y el discurso del ambiguo alcalde deja pocas dudas: "Creeís que la guerra se acabó y la gente se muere de hambre. No hay trabajo, no podemos ir tranquilos por la calle. Los niños explotan con las minas. ¿Llamamos a esto paz?".Aun hoy en día las cosas no han cambiado mucho en Bosnia y el país no es más que una mera ficción política, un producto artificial, su composición destruye las posibilidades de desarrollo de las comunidades y evita la cooperación política. Muchos ejemplos lo dejan claro a lo largo de la película, por ejemplo el mismo hecho de que sea imposible encontrar pañales de calidad en el lado serbio, de modo que Faruk tendrá que comprarle dos paquetes a Stanko.
Es particularmente entrañable cada uno de los pasajes en que aparecen los bomberos. En primer lugar destacaría el momento en que un policía trata de explicar a éstos la nueva situación política tras Dayton: "Antes de la guerra no teníamos ninguna y ahora tenemos dos identidades. Pero fundamentalmente todos vivimos en un mismo país". Los bomberos se quedan atónitos ante sus palabras. "Veís esta línea roja - dice señalando la demarcación que separa las república serbia y la federación croato-musulmana -. Ya no existe. La muerte solía campar a sus anchas por esta línea y ahora se extiende la vida. El mundo espera que nos reconciliemos, que seamos parte de él". En este punto el guión alcanza un nivel de brillantez insuperable con un sutil sarcasmo y una aguda crítica política: el mundo espera mucho de nosotros porque somos la obra de los esfuerzos de Occidente, pero ¿qué podemos esperar nosotros del mundo? Constantemente se ven las líneas, demarcaciones e identidades como cuestiones meramente artificiales impuestas desde arriba. Por no hablar del modo en que los bomberos serbios y bosnios entablan amistad... momentos hermosos, sin lugar a dudas.
Hay una infinidad de detalles que me gustaría comentar pero no puedo por falta de espacio, de cualquier forma creo importante destacar que, como buen director balcánico, Zalica deja un lugar a la esperanza al final. Tras el suicidio del padre de Faruk (quien veía a su hijo muerto en la guerra en su imaginación) éste se reencuentra al final de la película en la mesa del jardín con ellos. Entonces les dice: "Me voy a Alemania. Me gustaría pediros que no vengaís. Dejadme en paz". Al fin y al cabo hay que ser capaz de dejar el pasado atrás y rehacerse.
He de partir por considerar el documento que aquí se nos ofrece como un elemento imprescindible para sumergirnos en el mundo de la guerra. Sin la mediación del fotógrafo de guerra (en realidad cualquier reportero que se encargue de transmitirnos cualquier tipo de imagen plástica en torno al sufrimiento ajeno) nuestro mundo globalizado carecería de gran parte del sentido que tiene hoy. Me explicaré: yo empecé a tomar conciencia de que había mundo más allá de donde yo vivía y que la gente en éste sufría en las sobremesas del 93, 94 y 95, cuando los informativos emitían estremecedoras imágenes de la Guerra de los Balcanes. Hombres como James Nachtwey y otros tantos como él son nuestro principal hilo conector con el dolor latente de la humanidad y eso es muy importante porque nos previene a nosotros contra los horrores de la violencia. Hombres como James Nachtwey hicieron que se despertara en mí la conciencia de pertenencia a la humanidad. El compromiso de hombres como éste es hermoso y a la par desolador, porque saben lo complicado que es alcanzar su sueño de paz y saben que igual que ellos tienen el poder para despertar la conciencia de los hombres hay muchos otros discursos, símbolos e imágenes opuestas que van encaminadas a dormirla y que, a menudo, lo consiguen.
Si este documental merece la pena es en buena medida por la sinceridad que los entrevistados derrochan a lo largo de los 90 minutos. La intervención de uno de los compañeros de James Nachtwey es devastadora cuando afirma que "La profesión del fotógrafo de guerra parece maldita" porque es consciente de que muchos de los hombres que están a cargo de esta labor desean que algo sorprendente, algo sádico ocurra, por ambición personal, por llevar el mejor trabajo. James Nachtwey trata de mostrarnos como no se puede lograr nada por ese camino, que sólo del compromiso del autor unido a la canalización de sus miedos puede surgir hago que haga conectar al espectador anónimo con la realidad que se le intenta transmitir.
El documental es bueno también porque en ocasiones llegas a sentir lo absurdo de las situaciones en que se mueve James Nachtwey. Pulsando el disparador una y otra vez ante el dolor de la gente en mitad de un funeral, acercándose a las caras de un modo insultante, en mitad de una turba enloquecida, en medio de la lucha entre las fuerzas palestinas e israelíes... No obstante él es aceptado por la gente a la que fotografía y esto muestra también el deseo de las víctimas por dar a conocer su historia, su dolor, porque son conscientes del poder de una imagen.
Acabo recomendándolo una vez más porque realmente merece la pena.
Bien, desde que me uní a esta comunidad he querido añadir mi crítica a este cuento, este cuento que tanto me hizo soñar cuando lo vi por primera vez a la edad de ocho o nueve años... que tanto me ha hecho soñar ahora que lo acabo de ver en versión original. He querido aprovechar el momento. Sin lugar a dudas es una de mis películas favoritas, posiblemente la que más veces he visto en mi vida y, por más que lo hago, siempre acabo encontrando cosas nuevas. Jack es un coctel explosivo de individualidades excelentes con cualidades igualmente excelentes, como bien nos recordaba Servadac en su insuperable crítica de esta película.
Para mí esta película tiene varios mensajes:
La meta a la que nos puede llevar un egocentrismo: el desastre, porque nos ciega y nos deja allí, solos, con nuestro orgullo. Aquí entramos en un problema mayor, cuando un hombre extraordinario se encuentra en un entorno más o menos mediocre y tal ser se niega a ser parte de sus circunstancias aferrándose con desesperación a su yo. Esto es lo que le ocurre a Jack, sin cumplir con su yo y con sus circunstancias se produce un desbarajuste tremendo que a punto está de terminar con él, con lo que es él y lo que representa o proyecta a la gente que le rodea. Precisamente toma conciencia de ello en esa excelente secuencia en la que aparece cantando en el cementerio tras ser derribado por la artillería antiaérea. Jack lleva a cabo un proceso de catarsis a lo largo de toda la película, un proceso que, de un modo u otro, todos hemos vivido y volveremos a vivir una y otra vez: el que nace del hastío por la vida que parece presentársenos en una suerte de éterno retorno sin fin. Le resulta insoportable y decide caminar sin rumbo: quizás la historia es lo menos explotado de toda la película, quizás, sólo que creo que Burton tiene la fantástica idea de dejar la interpretación al gusto del consumidor, lo cual no es reflejo de no saber qué hacer, sino que es un voto de confianza al espectador, lo cual es de agradecer.
La película contiene una dura crítica hacia aquel que trata de abarcarlo todo, se pronuncia contra el egoismo y trata de hacernos ver que todos necesitamos del resto para estar a bien con nosotros mismos. A veces la respuesta más sencilla está ante nuestros ojos pero somos incapaces de verla. Creo que es una historia verdaderamente deliciosa y lo que hace que nos guste tanto es que lo que vemos sea tan bueno y nos deje con ganas de más. Eso la convierte en un clásico imperecedero, inmortal.