He presenciado una historia que tiene ingredientes que ya hemos visto en otras cintas profusamente. Una persona que entra en la vida de otra muy distinta y supone un revulsivo, y también un intercambio de valores que completan a ambos, en suma.
El sostén, para mí, está en el actor Omar Sy, que se come la pantalla e imbuye a su personaje del carisma y la energía necesarios. Probablemente sin él, el éxito no habría sido, no ya el mismo, es que no habría sido. También destaco, por su importancia, tanto la B.S.O. que está fantásticamente bien elegida, como la escena con la que, hábilmente, se da comienzo a la película, trepidante y que engancha.
Parece obvio que el público agradece mucho ver plasmadas experiencias vitales bondadosas, siempre que se las cuenten bien, como es el caso, que se dice fácil. No obstante quizá el hartazgo por exceso de parafernalia técnica o la moda del terror psicológico de la cartelera de los últimos tiempos han hecho el trabajo restante, y por eso creo que un halago excesivo decepcionará después al espectador potencial.
Un buen intento que, sin embargo, adolece de ciertas fallas importantes en algunos aspectos, me atrevo a decir, fundamentales en un film de este género.
El clímax descansa en todo y por todo en el personaje del psicópata, que magníficamente retrata Luis Tosar. La historia es de por sí atractiva y desasosegante, pues este señor se complace en hacer el mal tan sólo por la necesidad de convertir en tristes y amargadas a las personas que le rodean. Sin embargo la base argumental y, por encima de todo, el hecho concreto que originará el punto culminante de la cinta y por ende, el desenlace, son para mí, del todo inverosímiles.
Tampoco ayuda Etura, quien encarna penosamente a una muchacha feliz de la vida, a la que ella convierte en una boba superlativa. O el rol de la niña malota, personaje que nadie en su sano juicio podría creer ni harto de vino, aunque la actriz infante promete.
Con todo y con eso hay que reconocer que la película sobrevive ágilmente y nos presenta algunos momentos notablemente perversos en los que incluso se empatiza con el malo. ¿Sería este curioso fenómeno la verdadera intención del cineasta?
Y es que la generación de los que fueron niños en los 80, se sentirá teletransportada a alguna tarde en la que acudió con sus padres al cine, a ver E.T, Gremlins, Regreso al futuro o Los Goonies.
Sólo por revivir una de esas historias donde se mezclan amigos, risas, algún primer tonteo y ciencia ficción merece la pena verla, pero es que es mucho más que eso. El grupo infantil, con sus respectivos roles muy marcados, es el gran culpable de lo bien que funciona la película. El desarrollo es muy ágil, los diálogos divertidos y algunas escenas de acción sorprendentes, entre la que destaco la del accidente del tren, impactante.
La huella de Spielberg continúa indeleble. Gran noticia para los que, al haber salido del cine, nos hubiera apetecido irnos con la pandilla a imitar a los protagonistas.
Hábil manera de provocar la reflexión en el espectador de cómo una masa de seres en plena rebeldía vital, una clase de adolescentes,se presta a un sistema de manipulación, sencillo pero implacable.
Aquí la gracia está en comprobar qué consecuencias tiene la idea tanto individual como colectivamente. Sale aquí a la luz la naturaleza de cada uno, y su mayor o menor facilidad para subsumirse plenamente, tomarlo como una diversión o rebelarse contra él.
La historia es fluida y entretenida y con un fondo muy interesante, aunque en algún momento tengamos la sensación de que puede haberse exagerado algo el devenir de los acontecimientos. Con todo, es una película que deja muy buenas sensaciones y altamente recomendable.
Una es la que comprenderán mejor los adultos. Y ello porque tan sólo los primeros diez minutos son ya una película en sí mismos. Retrata con tanta dulzura y realismo una historia de amor supuestamente convencional que uno se pregunta cómo esto no se había visto antes. La pizpireta Ellie, su desenvoltura y su gracia nos enamoran igual que a Carl, y su recuerdo y su esencia planean en toda la película, porque son la esencia de la misma.
Entenderemos que la mayoría de las veces, la gran aventura es vivir cada día. Que los héroes que admiramos quizá tengan los pies de barro. Que idolatramos aquello en lo que sencillamente quisiéramos convertirnos. Y que, sin embargo, podemos esperarlo todo de quien no habríamos nunca imaginado.
La otra película, la infantil, está compuesta de bellísimas imágenes, espectacularidad en los planos, grandes escenas de aventuras, personajes peculiares, comicidad y ternura.