10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Excelente película de venganzas, protagonizada por una desgarradora y sensual Fanny Cottençon, en el papel de una violenta delincuente que al salir de la cárcel va tras el corrupto policía que mato a su novio, el cual ha sido despedido del cuerpo por sus turbios manejos. Ambientada en la Barcelona de los 80, aparte de ser un buen thriller, es una historia de amor loco, en la que se nos muestra, una relación con acusados tintes sado masoquistas. Buena película rodada con nervio y oficio, por el Vicente Aranda de El Lute y Amantes.
Urrutia (José Luis Ozores), un empleado de banca a quien todos los compañeros temen y evitan debido a su bien ganada fama de gafe (del tipo pernicioso como el mismo se califica), decide que así no puede seguir y acompañado de su amigo taxista Paco, (Antonio Garisa) decide ir a un psiquiatra a ver si le puede anular los problemas que tal circunstancia le causan en su vida diaria y que él cree adquirió en el entierro de un amigo, el consagrado y mítico gafe Junqueiro, dándose la circunstancia de que el psiquiatra tras oírle, sufre un ataque de risa seguido de un amago de infarto ante el cual le echa de la consulta con cajas destempladas.
A partir de aquí y como consecuencia de la relación que establece con Julia (Teresa del Río), una muchacha que conoce en el cementerio cuando se encontraba visitando la tumba de Junqueiro para pedirle que si es posible le anule el gafe y se lo trasmita a otro, tenemos una divertida y entretenida comedia picaresca con un toque romántico, en base a el aprovechamiento ladino que hace su amigo Paco alquilando al mejor postor las habilidades de Urrutia (impagable la castiza comicidad que desprende la parte en la que ayuda a un equipo de futbol que a falta de tres jornadas está condenado a bajar a segunda división a no ser que gane los 3 partidos que le quedan contra Real Madrid, Athletic de Bilbao y Barcelona, en la que además podemos ver los vestuarios del Santiago Bernabéu tal como eran en 1959) y el sacrificio que está dispuesto a hacer abandonando a la mujer que ama, para no dañarla con el peso de su gafe (vamos, en plan Spiderman).
En cuanto a reparto y demás apartados, el malogrado José Luis Ozores inmenso como de costumbre, Antonio Garisa, aportando su innata comicidad y buen hacer en el papel de ese pícaro taxista, el resto del reparto (casi nada los secundarios de la época) poniendo la guinda a esta pequeña joyita, buena fotografía en los exteriores del Madrid de la época, un guion resultón y una sobria y acertada dirección por parte del ecléctico artesano Pedro Luis Ramírez.
Estamos ante una de las 9 películas (prácticamente todas de ciencia ficción y terror) que el prolífico maestro de la serie B, RogerCorman, filmo en 1957, donde se nos cuenta la historia de un grupo multidisciplinar de científicos, que acompañados de un pelotón de la marina arrivan a una isla en algún lugar del Pacifico en busca de un grupo de investigadores que habían acudido anteriormente, para comprobar como había afectado al hábitat de la isla una explosión atómica de prueba (por aquella época este tipo de pruebas eran frecuentes), que el ejercito había llevado a cabo.
Al llegar a la isla no encuentran rastro de los científicos que les precedieron, por lo que especulan que quizá hayan desaparecido a causa de un tifón que se sabe paso hace unos días y que quizá los haya arrastrado al mar, cosa que se empiezan a replantear al descubrir un diario en el que la ultima anotación decía algo sobre una gigantesca lombriz, sufrir una serie de terremotos y la desaparición y posterior muerte de alguno de los miembros de la expedición al acudir a la llamada de unas voces que identifican como de los desaparecidos.
A partir de aquí y como consecuencia de lo delirante e imaginativo de la pseudo científica explicación que se nos da del origen de los cangrejos gigantes y del modo de neutralizarlos, tenemos una película, que bien podríamos calificar como precursora del slasher (el grupo va siendo diezmado de uno en uno) y que pese a lo cantoso de los efectos (gigantescos cangrejos de papel mache que andan para adelante, que si los enjuiciamos desde la óptica actual lucen risibles, pero que presumo que en 1957 serian algo así como para los espectadores de hoy en día, los de Terminator Salvation), y lo modesto de la producción, se sigue con interés y te mantiene atento a la pantalla durante los 60 minutos de metraje (cosa a la que colabora eficazmente la potente banda sonora compuesta por Ronald Neame), ganándose a pulso y merecidamente el calificativo de buena y entretenida película de fantaterror.
Como curiosidad señalar que el marinero que vemos al principio de la película morir decapitado, se trata del guionista de la misma, Charles B. Griffith y que está rodada en Malibu y alrededores.
Arranca con un plano cenital en el que vemos a una mujer aparecer dando tumbos por una calle y la cámara la sigue hasta que desaparece de plano, mientras vamos viendo sobreimpresos los créditos iníciales, dando paso a la presentación de los personajes, a saber: el novio, los padres y los compañeros de oficina, todos ellos presentados alrededor de la figura de nuestra protagonista y nos cuenta la historia de una mujer que tras sufrir una violación y ante la maledicencia y miradas torvas de la gente de su pueblo, decide huir hacia Los Ángeles, visiblemente trastornada por la agresión a la que había sido sometida
Segunda película como directora de la prolífica y ecléctica Ida Lupino, que trata un controvertido tema de forma fuertemente crítica para la época, como es la violación y que si bien no se trata de una obra maestra en cuanto al desarrollo de la trama, si lo es la forma como está contada.
A mi juicio y aunque suene a sacrilegio, los 6 minutos (que son el cenit de la extraordinariamente filmada media hora inicial) que forman el conjunto de escenas que abarcan desde que el camarero violador la ve salir del trabajo y va tras ella, hasta el momento el el que ella cae al suelo y queda a merced del tipejo, están a la altura de las mejores obras de Orson Welles o Kubrick, en cuanto a planificación, utilización de la perspectiva, enfoque de las escenas, travellings asombrosos, la transición entre estas y el excelente uso de las sombras en un blanco y negro esplendoroso y magníficamente iluminado, haciéndote desear que no acabe nunca esa persecución, durante la cual vas adquiriendo la certeza de que estas ante una verdadera maestra en la dirección, cosa que ya nos confirmaría posteriormente con es joyita titulada “El autoestopista”, a la que gustaba llamarse a sí misma en clara alusión por su excelente carrera en serie B, “la Bette Davis y Don Siegel de los pobres”, poseedora de dos estrellas en “El paseo de la fama” de Hollywood y para el autor de estas líneas , la magnífica Marie Garson en una de las mejores películas (a mi juicio) de la historia del cine: High Sierra 1941, de Raoul Walsh.
Absolutamente recomendable.
Un delineante y un mecánico, ambos casados, amigos y residentes en California (Edmond O'Brien y Frank Lovejoy), que han bajado a Méjico a pasar el fin de semana divirtiéndose, recogen a un autoestopista que resulta ser Emmett Myers (William Talman), un ex convicto buscado por estar sembrando de cadáveres los caminos y conocido en la prensa como “el autoestopista asesino”, el cual los secuestra a punta de pistola y les obliga a que le lleven a Santa Rosalía, para lo cual tienen que atravesar muchas millas de desierto y carreteras secundarias para eludir a la ley que les sigue los pasos.
A partir de aquí y a lo largo de sus 71 minutos, nos encontramos con una modestísima (en cuanto a producción) absorbente y magnifica joyita, en la que una historia tan sencilla consigue atraparte y hacerte disfrutar a través de unos magníficos enfoques y encuadres de planos en la mejor tradición del cine negro (no en vano su directora, Ida Lupino ya era a estas alturas una reputada y excelente actriz que había trabajado a las ordenes de los mejores artesanos de la época), y una atmosfera enrarecida y larvada de una latente violencia y crispación que se va estableciendo entre el sádico asesino y sus dos rehenes, contado en clave de road movie y en la que destacan Edmond O'Brien (el policía infiltrado en la extraordinaria “White Head” 1949) como uno de los rehenes y William Talman como el tortuoso malhechor.
Considerada a día de hoy una verdadera obra de culto (se dice que sirvió de inspiración a Eric Red para su “Carretera al Infierno 1986”), nos encontramos ante la primera película de cine negro dirigida por una mujer, calificación que podría valer perfectamente para su directora, también prolífica actriz, productora y todo lo que se terciara durante la friolera de 40 años, que gustaba llamarse a sí misma, en clara alusión por su excelente carrera en serie B, “la Bette Davis y Don Siegel de los pobres”, poseedora de dos estrellas en “El paseo de la fama” de Hollywood y para el autor de estas líneas , la magnífica Marie Garson en una de las mejores películas (a mi juicio) de la historia del cine: High Sierra 1941, de Raoul Walsh.
Absolutamente recomendable.