17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
De todas las series a las que me he enganchado, no me cabe la menor duda de que esta es la que mayor grado ambigüedad ofrece en todos los sentidos, tanto social como metáfora aplicada a la vida cinematográfica. “A dos metros bajo tierra” es una mezcla de humor negro, con la cruda realidad del destino que todos sufrimos, llevado a extremos poco explorados por ninguna otra serie. Los personajes muestran sus inhibiciones sin complejos ni ataduras restrictivas que pudieran quedar demasiado fuertes para una serie, se comportan según los designios impuestos por las situaciones que viven, así sus problemas se extrapolan al resto, quedando como una bola de sentimientos que afloran en cualquiera de ellos de manera inesperada. Es el lado oscuro del ser humano como tal, como somos, nadie escapa a algunas de las situaciones que se representan, por mucho cinismo que algunas de ellas contengan, los humanos somos humanos y por lo tanto cometemos errores que muchas veces repetimos, las relaciones no son planas, contienen los altibajos propios de cualquier relación y los problemas no culminan siempre en rupturas, sino que muchas veces quedan ahí sin cicatrizar, a la espera de volver a salir, escondido en las emociones de quienes las viven, aguardando ese momento que nunca esperamos que llegue. Además la serie se beneficia de un reparto de lujo, los actores contienen la personalidad más que suficiente para encarar su personaje, Michael C. Hall, Lauren Ambrose, Peter Krause, Rachel Griffiths, Frances Conroy… la totalidad de todos ellos conforman la serie, porque todos son importantes, muestran la sociedad desde un punto crítico, representan no sólo la muerte de su título sino también la vida, la que muchos comienzan y la que muchos gustarían comenzar. Una soberbia serie que contiene maravillosos guiones plagados de momentos intensos, excepcionalmente narrados y maravillosamente concluidos. La obra maestra de las series.
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Thriller bien dirigido y sumamente ameno que sostiene la tensión gracias a su ajustada duración. Sin ser especialmente original logra su objetivo gracias a su acertada dirección que expone sus armas con discreción y yendo casi al grano desde su comienzo, lo que se traduce en la ausencia de pausas innecesarias que ralenticen la naturaleza de su existencia. Buenas y creíbles actuaciones, el reparto es muy parco en número, apenas son 5 actores los que se encargan de llevar el peso de la película, al igual que las localizaciones y escenarios, bastante minimalistas, pero prestos dar cuerpo una historia que como casi todas bebe de muchas fuentes. Me llamó mucho la atención su título, originalmente “Vacancy” y traducido aquí como “Habitación sin salida”, cuando si algo tiene la habitación es precisamente gran variedad de salidas. En definitiva un buen thriller que gustará a los amantes del género.
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Mick Garris tiene una afinidad con Stephen King que por la razón que sea parece ser bastante buena, es de suponer que por ello ya le ha adaptado en varias ocasiones, eso sí casi siempre para la televisión como es el caso, porque Garris tampoco da para mucho más. El caso es que este telefilm podría haber sido mucho más, porque cuenta con interesantes actores a los que no saca partido en ningún momento. Además es excesivamente larga, la historia no da para mucho más de 80 o 90 minutos que terminan siendo poco más de dos horas que se hacen interminables. Poca o nula tensión y la sensación de haberlo visto todo, no aporta absolutamente nada.
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Que mejor momento para rememorar esta entrañable serie de televisión que su entrada en el mercado del DVD. “V” es la serie mítica de los 80, y toda una fuente de aficionados que ansiábamos poder recordar las aventuras de Donovan y la resistencia, las maldades de Diana, la lucha por la supervivencia narrada mucho antes de la era digital, antes de otros productos mejor elaborados visualmente pero sin tanta repercusión nostálgica. Kenneth Johnson creó un mito de la televisión muy por encima de otras series de la época, su concepción como miniserie y su posterior éxito obligaron a sus productores a realizar otra miniserie y finalmente una serie regular que tuvo un final que no estaba a la altura de su comienzo, su rápida y precipitada ejecución final dejó como resultado un regusto deslavado. La serie forjó una legión de seguidores de todas las edades, resultó un fenómeno de masas que propició todo tipo de merchandising, desde muñecos y accesorios, hasta pegatinas en revistas o gominolas con formas de la dieta alimenticia de los lagartos, algo que hasta entonces era prácticamente inédito en la televisión y más propio de grandes producciones cinematográficas. Los aspectos más notorios son los rigieron el destino de la serie en cuanto a su producción, en la que se nota un desgaste en cuanto a la calidad de la misma en todos los sentidos. Johnson sólo se implicó en lo que entendía era su obra, es decir la primera miniserie de dos episodios, en ella se nota un grado calidad próxima a una producción cinematográfica, en el que el guión está muy cuidado y sus efectos, aunque anticuados hoy en día dejaron una grata impresión. La segunda etapa de miniseries constó de tres episodios, en ellos se despejaban algunas incógnitas que quedaron en el aire, contenía momentos interesantes y mantenían el nivel de su origen, para concluir con una serie regular de 19 episodios en los que el aire televisivo y la falta de medios se hace patente de una manera clara, si bien seguía teniendo su encanto “V” terminó su vida como una serie de tv más, episodios más parecidos a “El equipo A” o “McGyver” que a sus raíces, en las que las alegorías sobre la guerra, especialmente la 2ª, sustentaban con calidad un desarrollo inteligente. Tanto para sus seguidores como para sus detractores, de lo que no cabe la menor duda es que “V” no dejó indiferente a nadie y por derecho propio se convirtió en un emblema televisivo de los años 80.
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es curioso que si con otras películas el distanciamiento entre las secuelas suele abarcar un periodo determinado, al menos 2 o 3 años salvo en contadas excepciones con esta saga ha sido casi continuado año tras año el ver como se perpetuaba una saga que parecía no tener fin. No en vano después de esta quinta parte aún quedarían más por hacerse. Hago un breve comentario en esta en concreto por ser la última con un mínimo de interés (si es que aún quedaba algo), en la que tras la supuesta muerte del asesino de la máscara, el niño que acabó con él quedó traumatizado por lo sucedido y pasa sus días en un lugar parecido por no decir igual al de los hechos que causaron su trauma (curiosa terapia). Este episodio al menos rescata un nuevo punto de vista, sin centrarse por completo en la figura de la máscara de hockey. A pesar del intento, los diálogos, así como los personajes siguen siendo más de lo mismo, malas actuaciones y las mismas circunstancias que tan sólo digerirán los devotos de la saga, un ejemplo más de cómo no se debe continuar algo que está completamente muerto.