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Críticas de: helen
helen Madrid - España 
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Réquiem por un sueño (2000)
Darren Aronofsky
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| 17 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Diciembre de 2007 |
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Un golpe a la mandíbula. Luego otro en el estómago. Luego otro. Unas patadas en el costado. Un mazazo en la cabeza. Al final acabas destrozada.
Mientras que Trainspotting -otra sobre drogas- me pareció una curiosa rayada hecha por unos cuantos amiguetes, esta película de Darren Aronofsky -responsable de la matanza- se limita a aplastarte. Hora y media de cine intenso, sin concesiones, con tendencia a producir desasosiego hasta en los estómagos más curtidos, entre los que el mío, efectivamente, no se encuentra.
Harry vive con su atormentada madre Sara, y mientras él sueña con una vida mejor, ella está permanentemente a dieta para el día que pueda cumplir su mayor ilusión; aparecer en su concurso televisivo preferido. La ambición de Harry y su novia Marion es hacerse ricos vendiendo droga con su amigo Tyrone, y utilizar las ganancias para abrir un negocio propio, pero nunca llega el dinero suficiente para iniciar su plan. A pesas de todo, Harry y Marion no se resignan a vivir una existencia que consideran despreciable, por lo que harán lo impensable para conseguir la vida que anhelan.
Después de Pi, y el contrario que en ésta, Aronofsky toma como punto de partida material ajeno, la novela homónima de Hubert Selby Jr. La contundencia literaria de la historia permite a Aronofsky explotar la adicción en general -a las drogas, a los sueños, a una vida mejor-, verdadero hilo conductor de la película. Darren Aronofsky deposita todo el peso narrativo en un montaje novedoso y en recursos fílmicos no demasiado comunes (división de la pantalla, alteraciones del ritmo dentro de un mismo plano...) que resultan desagradables, pero funcionan a la hora de mostrar el descenso a los infiernos, sin posibilidad de escape, de un grupo de personajes sin otra voluntad que la que dictan sus adicciones.
El director culmina su obra con un final que es una serie de fuertes golpes traducidos en diez minutos agobiantes, inteligentemente acompañados (y algo suavizados, por lo menos) por la música de cuerda de Kronos Quartet, que ejerce de perfecto contrapunto para el trabajo tecnológico de Clint Mansell para el resto de la película. Los actores, perfectos, así como el equilibrio entre la experiencia de la veterana Ellen Burstyn y la juventud de Jared Leto, Jennifer Connelly y Marlon Wayans (el más sorprendente).
No hay salida: la historia está llevada hasta sus últimas consecuencias y hasta la sordidez más absoluta. Apabullante. Una pesadilla: la nevera moviéndose hacia Ellen Burstyn y hacia el espectador. Una migraña. Si nos sobreponemos a la esquizofrenia que sugiere, veremos una película particular, frenética, sorprendente, y llena de angustia y vacío.
helen 
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Casanova (AKA Giacomo Casanova) (2005)
Lasse Hallström
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| 9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Enero de 2008 |
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Bonito argumento, buenos actores, director de prestigio... Y sin embargo, la película, aparte de cierto entretenimiento (poco) no ofrece mucho más. De tono netamente cómico, Casanova fue calificada por la productora Leslie Holleran (que ya hizo con Lasse Hallström la encantadora Las normas de la casa de la sidra, la ñoña Chocolat y la gris Atando cabos) como "La encantadoramente romántica comedia moderna, aguda y sofisticada de la vieja leyenda de Giacomo Casanova". La crítica la vapuleó, considerándola una película muy superficial, y muy por debajo de la altura del personaje. De hecho, fue recibida en el Festival de Venecia con silbidos.
Desgraciadamente, sí se trata de una comedia, y además, de chascarrillo/vodevil, aderezada con ciertas notas dramáticas, resoluciones ridículas y, cómo no, la consabida historia de amor (con cierto final sorpresa). Ah, y el final feliz que todo el mundo espera. Todo lo demás, vestuario, música, decorados... todo precioso y colorista.
La película tiene este hilo argumental: El protagonista, ya anciano, rememora sus ajetreadas aventuras. Casanova, es joven, atractivo y con gran fama de libertino. Para evitar ser encarcelado (tras haber sido pillado in fraganti con una novicia), Casanova acepta el consejo que le da el gobernador veneciano, admirador y protector: sentar la cabeza, casarse, someterse a las reglas de la sociedad. Pronto hace su elección, pero Casanova conoce por casualidad a Francesca y se enamora perdidamente de ella, que no le corresponde y ya está comprometida. Enterado de los planes de su amada imposible e impasible, Casanova se hace pasar por su prometido y engaña al obispo Pucci, que ha sido enviado por el Vaticano para arrestarlo y juzgarlo por conducta licenciosa.
A partir de ahí, aventuras varias y escenitas absurdas. Por ejemplo, el trillado recurso de disfrazar a Francesca de hombre (fatal, por cierto), montar un indulto con cuentos papales de por medio... Curiosos los devaneos amorosos: Casanova se mantiene fiel a su amada mientras los demás cambian de preferencias sentimentales como si nada. Todo como consecuencia de un guión sencillito y sin complicaciones firmado a cuatro bandas (Tom Stoppard, Michael Cristofer, Jeffrey Hatcher y Kimberly Simi). La dirección de Hallström no es mala, pero no tiene alma.
Sobre los actores, o mejor, sobre las actrices. Sienna Miller está bellísima en un papel tópico y mil veces repetido, y Lena Olin aporta todo su oficio su particular viuda. Heath Ledger, picaresco pero no excesivamente creíble, Oliver Platt, mera caricatura, y por supuesto, un Jeremy Irons, que en vez de demostrar lo buen actor que es, se pone a sobreactuar a base de aspavientos.
En fin, película entretenida, idónea para los que disfrutan con historias simples, bonitas y mil veces repetidas, o para románticos incurables, aquellos poco exigentes fans de Romeo + Julieta/Tristán + Isolda y demás combinaciones mágicas.
helen 
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Un hombre y una mujer (1966)
Claude Lelouch
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Enero de 2010 |
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Incluso a la altura de Breve Encuentro. Porque encontrar a dos actores con esa química tan intensa y ese saber hacer juntos es casi un milagro. Pero cuando el resto de elementos ya no es que no acompañen, sino que resultan un desastre, Un hombre y una mujer se queda en un débil espejismo de lo que pudo ser.
Las razones: la historia apenas está esbozada: se conocen de un día para otro y el amor surge tímido pero sin pausa, para que no haya pérdidas innecesarias de tiempo. Otro tanto ocurre con los personajes: él es un piloto de fórmula uno; ella no es nada en especial, sólo una mujer dedicada a su difunto marido. Fotografía chirriante, canciones que no vienen a cuento, postalitas-excusa para marear al espectador con la música, estética tirando a hortera y una narración sin pies ni cabeza.
¿El por qué del 6? Porque todas las escenas que comparten Anouk Aimée -rabiosamente bella- y Jean-Louis Trintignant -irremediablemente irresistible- son tan bellas que olvidas todo lo demás. La primera escena en el coche, esa atracción incipiente, adolescente, tímida e ilusionada. En el restaurante, donde de las dudas pasan a una certidumbre todavía insegura, pero cada vez más insistente, y únicamente insinuada por un par de gestos. La secuencia de barco, si bien intrascendente y algo machacona debido a la música y a los truquitos de cámara, me conquista por la emoción que transmite. *
Una historia de amor que podría haber sido maravillosa... vivez l'amour fou!. Aunque te deje un poso de desilusión.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: * Y por último, destacar que la escena de cama era una maravilla de pasión, ternura, adoración... ¡joder, amor puro! La gestualidad de ella era perfecta, diciéndonos que algo no iba bien... Pero Lelouch, por si la cosa no estaba clara, la estropea poniendo postalitas de la mujer con el marido difunto. Una lástima.
helen 
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2046 (2004)
Wong Kar-Wai
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| 8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
14 de Marzo de 2008 |
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Él era escritor. Creía escribir sobre el futuro, pero en realidad era el pasado. En su novela, un misterioso tren salía de cuando en cuando con dirección al año 2046. Todos los que subían a él lo hacían con el mismo propósito: recobrar los recuerdos perdidos. Se decía que en 2046 nada cambiaba. Nadie sabía a ciencia cierta si eso era verdad, porque ninguno de los que viajaron regresó jamás. Con una excepción. Él estuvo allí. Se marchó voluntariamente. Quería cambiar.
2046. Un año, una novela, una habitación de hotelucho, una clave, inevitable parte de Deseando Amar. Son muy distintas y muy parecidas. Una es silencio contenido y la otra es ruido declarado, una es sencilla contención y la otra compleja explosión, una mira hacia dentro, y la otra hacia fuera, como lo cóncavo y lo convexo. Una relata una historia y la otra es más bien un estado de ánimo. Odas a la nostalgia y al amor.
2046, en la que el elemento humano y los sentimientos predominan... atrapados en la atmósfera que Wong Kar Wai construye gracias a los cambios temporales, a las interpretaciones casi contenidas y a esa estética arquitecturizada con escenas que transcurren fuera de campo, solarizaciones, cambios de blanco y negro a color, sobreexposiciones, utilización de cámaras rápidas... y lentas, posiciones de la cámara extrañas, casi extravagantes, a través de muebles y cortinas, desencuadres de los personajes mostrando su soledad y vulnerabilidad... Pintura en movimiento. Poesía pura. Igual que en Deseando amar, volvemos a la música latina, tan aparentemente fuera de tono, y a la vez tan incorporadas...
2046 nos sumerge en su deliciosa y engañosa exquisitez; envuelto en sedas y aromas orientales, como si de horror vacui se tratara, nos presenta el alma de un pobre diablo perdedor que no es capaz de entender, o que no quiere, que todo intento de volver a encontrar el paraíso perdido es inútil. 2046 nos lleva a ese lugar en que todos hemos estado, o no, ese lugar o ese momento en que se echa de menos aquello que se ha perdido. Tony Leung, el hombre maldito. Gong Li, el misterio. Faye Wong, la humana. Zhang Ziyi, la belleza encarnada, subyugante, fascinante.
La lección de vida es inevitable. Éste es un relato sincero acerca de las verdades de las relaciones de pareja. Maravillosa la metáfora de las androides, del tren que pasa pero nunca vuelve, de los amores perdidos y nunca olvidados, amores que intentamos que sean igual al anterior sin darnos cuenta de que todos son distintos.
Encandilar es fácil, atrapar no. Emocionar cuesta, conducir tramposamente -y mal, mejor hacer trampas bien- es lo más fácil del mundo. Kar-Wai es el maestro de la sugestión, original, atrapa, se sirve del cine más enigmático, tanto si interesa la historia como si no. Las imágenes atraviesan convenciones pero escapan de ellas. Todo en él, como en el buen cine, tiene algo que no se ve y que le da valor a la película. Quién no querría vivir una historia así...
helen 
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Jindabyne (2006)
Ray Lawrence
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Marzo de 2008 |
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En el viaje anual de pesca, en un aislado lugar en el campo, Stewart, Carl, Rocco y Billy encuentran el cuerpo de una chica en el río. Es tarde ya para que volver a la carretera e informar del trágico hallazgo. A la mañana siguiente en vez de emprender la larga caminata de regreso, deciden pasar el día pescando. La decisión de quedarse pescando es un poco extraña, como si el propio lugar ejerciera algún tipo de influencia sobre ellos. Cuando finalmente vuelven a casa e informan del suceso el infierno se desata.
En “Tanta agua tan cerca de casa”, Raymond Carver narraba el extraño comportamiento de una esposa cuyo marido encuentra, durante unas jornadas de pesca junto a un grupo de amigos, el cadáver de una joven El hecho, sobredimensionado por los medios de comunicación, provocará que la mujer quiera saber algo más sobre la chica asesinada. Ray Lawrence toma el argumento de una intriga muy a los hermanos Coen para crear otro tipo de historia, sobre el racismo, sobre las personas, sobre la (in) humanidad.
Tras un comienzo de una atmósfera verdaderamente inquietante, nos vamos sumergiendo en una trama enormemente densa y sucia, de pausado desarrollo; una historia llena de personajes de doble cara, en un entorno puramente cotidiano, el de un pueblo, Jindabyne. Ah, pero es que el hecho de ser una película "lenta" es un arma de doble filo. La estructura temporal y los diálogos intimistas no siempre garantizan una buena película coral. Para el espectador que no venga prevenido, se le hará pesada y aburrida, por el excesivo laconismo, por ese final seco y sin sentido, por el sabor de boca que deja, por el hastío.
El ser humano y sus contradicciones. Unos hombres encuentran un cadáver y no avisan del hecho hasta dos días después cuando terminan su jornada de pesca. ¿Qué habríamos hecho nosotros? ¿Tan terrible es esa justificación de "ya nada puede ayudarla"? Los hechos nos son mostrados sin concesiones, pero las interpretaciones corren a nuestro cargo, ya que ni los personajes son capaces de afrontar sus propias actitudes.
Todo es excesivo en Jindabyne. La sensación de realidad que acecha, como si de un cuadro se tratara. Las interpretaciones de Gabriel Byrne y Laura Linney, siempre a punto de estallar, la fotografía de David Williamson o la banda sonora de Paul Kelly y Dan Luscombe.
Jindabyne es una película llena de fantasmas. Sobre una mierda de vida, con perdón. Creíble o increíble, es un ejercicio de búsqueda de pistas sobre los pequeños trazos que nos da Lawrence para encontrar las claves de la historia. Y una vez encontradas, ¿qué queda? Entre la realidad y el sueño, el alivio y la inevitable inquietud... una historia llena de fantasmas humanos. Sin explicación.
helen 
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