15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es un drama tal cómo Hemingway lo escribiera.
Nos muestra la esperanza de un hombre mayor que tal vez la vida no lo haya tratado muy bien, vamos que no ha disfrutado de fama y dinero. Pero él no quiere rendirse y aún espera pescar ese pez espada que al menos le de una satisfacción ante todos.
La clave está en que esa soledad que acompaña al viejo, ese mar de soledad hasta lograr lo que pretende, cómo ocurre en la vida, está bien llevada; se sigue con interés.
El final nos dice que a esas edades hay pocos éxitos.
Buena película.
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Primera película de Demme que en el año 92 ganó un Oscar con El silencio de los corderos.
Esta cárcel caliente es ejemplo del género que se prodigó durante un tiempo de reclusas vejadas, sufriendo acoso en las duchas y sadismo variado.
Tiene su morbo, que en definitiva es lo que te hace verla. Las diferentes secuencias quedan sin concretar, bastante pobres y malas, aún así importa poco, es como si el director supiera que al espectador le va a dar igual qué es lo que va a pasar luego o si el guión es bueno o malo.
-Jack, el fulano que me desvirgó... (malo del todo tampoco es)
La secuencia de la huida en el campo entre los arbolitos es del más puro estilo Benny Hill. Bueno, si le pones la música hasta te ríes.
Lo que hubiera disfrutado Benny Hill de carcelero con su colega el viejecito de las gafas, persiguiendo a esas mujeres…
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Es cierto, como dice Chaplin, de Madrid, que Hitchcock abusa de las trampas, y en esta película hay varias, necesarias todas para que el guión siga adelante. No hay nada más que ver como el joven fugitivo aparece y desaparece ante la policía una y otra vez con una facilidad pasmosa, como señalo en el spoiler.
No obstante aquí tenemos una alta dosis del futuro Hitchcock: Las miradas de la tía de la joven que da una fiesta para los niños para mostrar cómo sospecha son perfectas para poner nervioso al espectador. La persecución de coches entre las vías del tren son también muestras de sus trucos clásicos para alargar el suspense; son interrupciones buscando exasperar al máximo, algo que explotará una y otra vez y que lo hará como nadie. El detalle de uno de los hijos del jefe de Policía sacando una rata muerta encima de la mesa cuando están comiendo todos es de un gusto muy británico-hitchcockniano para asquear un poco al sufrido espectador. Algo parecido hará en Frenesí cuando la mujer del inspector jefe le pone su comida en la mesa (un guiso muy extraño).
Pero hay que reconocer que ese travelling en los minutos finales, ese viaje de la cámara desde lo alto del salón del hotel y que explico en el spoiler, también es una buena muestra del talento del cineasta londinense, sin trampa alguna.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
Me refiero a cuando el fugitivo aparece, de improviso, de detrás del coche de la muchacha una vez que los dos policías se van. Esa aparición tiene delito, es de escándalo. ¿Dónde estaba?
Cuando huyen por la mina perseguidos por la policía, el joven de nuevo desaparece sin que se den más explicaciones. ¿Por qué han dejado de perseguirle?
Son dos ejemplos al poco valor que daba Hichtcock al seguimiento lógico de la narración con tal de perseguir la sorpresa y mantener la intriga.
Y en cuanto al travelling tan logrado que menciono es el que, mientras suena la música de la orquesta, la cámara parte desde el techo del salón del hotel desplazándose por encima de la gente que está bailando, pasa por encima de la orquesta y se detiene en el rostro del asesino, que se pone a pestañear sin parar y sin dejar de darle a la batería, y ahí, a un palmo del rostro nervioso, se detiene. Alternativas del director bien aprovechadas.
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Estos 39 escalones surgen a la sombra del film realizado por Hitchcock (considerado por la crítica inglesa como una de las películas más importantes de las hechas en ese país a lo largo de su historia) basado en una novela del mismo título. Por tanto, 43 años después, Don Sharp hizo ésta nueva, y por lo visto aún hay otra versión.
Con un inicio ágil, rápido nos metemos en una trama de intrigas internacionales en vísperas de la I Guerra Mundial, en la que unos agentes prusianos planean un atentado con el que podrían coger ventaja a Inglaterra en el inicio de las hostilidades.
El sabor del argumento es típico del especialista en el suspense: falso culpable con toques pictóricos de Con la muerte en los talones (1959). Una ligera historia de amor que se evapora inmediatamente, asesinatos de rigor sin apenas tratamiento y carreras a lo largo y ancho de la campiña inglesa con muy poca emoción.
No obstante, la parte final logra cotas más altas y mejora a la hora de resolver.
Lo más destacable es la actuación de David Warner, de los mejores que hay, un artista académico con una gran hoja de servicios que es un auténtico especialista en papeles de personaje asesino, retorcido, inteligente y audaz. Siempre quedará como prueba sus geniales intervenciones en Los pasajeros del tiempo y en la oscarizada Titanic, por ejemplo.
20 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cuando uno queda con Torrente, sabe a lo que queda. Lo que da Torrente te lo vuelve a dar. Aquí es muy fácil elegir. O quedar o no quedar.
Él lo ha visto claro. La fórmula funciona, pues indudablemente no tiene por qué cerrar el grifo. La fórmula Torrente es una sucesión de gags basados en la más pura y grotesca guarrería, si la guarrería no lleva ya implícito ser grotesca, la aparición de famosillos de la pequeña pantalla mezclados con actores y jóvenes actores que se están abriendo un hueco en esta profesión, más todo unido con un guión de lo más elemental y ya está.
Porque indudablemente tiene que haber un guión. La cascada de tonterías no vale. Poner a un disminuido físico de portero en un partido de fútbol no funcionaría si el conjunto no estuviera medianamente motivado. Comprendiendo que dentro y fuera del argumento e incluso dentro y fuera de uno mismo, el motivo es otro, el gag funciona.
Torrente es una excusa válida para que uno deje su ´yo´fuera, para que se autohumille. Para que acepte la evasión por un camino que no sea el del buen karma que nos controle, sino que sea la inmundicia, el gesto de desagrado, el pedo, el mal olor que también forma parte del mundo, lo que nos haga eludir durante un rato las responsabilidades del orden y del funcionamiento del quehacer diario. Y nos reímos porque lo reconocemos así.
A Torrente lo demás se la trae floja. Que Belén Esteban da pena y que demuestra que su ordinariez en la ficción es la misma que en la realidad, mejor. Todo vale. Que el uno cumple y el otro también, pues muy bien. Que alguno pondrá a parir su película, mejor también. Es lo que quiere. En este caso la base del éxito es la contra. Si la crítica fuera por un camino sólo, el éxito quedaría en la mitad.
Lo que hay que hacer es reconocer que la serie Torrente es un capítulo aparte, una forma de hacer cine que ahí está. De una accesibilidad distinta, de soltar la carcajada y esperar a la siguiente y entre medias, la mueca. Si quedas con él, pues prepárate y luego no vengas con monsergas.