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Críticas de simón
138 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
6
19 de diciembre de 2009
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Quién (de una cierta edad) no recuerda su periodo de adolescencia, aquél en el que creías que el amor era el sentimiento más maravilloso del mundo, aquél en el que estar enamorado suponía el pasaje directo para la exuberante felicidad, aquél en el que hacías todo tipo de locuras para llamar la atención de esa chica que tanto te gustaba, y hacía que con sólo una sonrisa el cielo se acercase a tus brazos?
¿Quién no recuerda ese periodo en el que cada mañana creías haber encontrado la chica soñada, la mujer de tu vida, y que el desengaño no era más que el intervalo de tiempo que precedía a la pasión del enamoramiento más desmedido?
Tiempo aquél. Después, con el paso del mismo, unos años más viejo, más vivido y ajado, con unos cuantos chascos de más apañados, y con tu alma ya más amargada por la desilusión del amor no encontrado, comienzas a desconfiar de todo esto, y piensas que quizá todo sea un cuento chino inventado por la aviesa cabeza de algún escritor interesado, que jamás haya, de verdad, estado enamorado.
Y los chascos continúan, y los desengaños te lastran en una agónica letanía, y sientes que las heridas duelen un poco más cada día; pero te sigues arriesgando, y apuestas por esa persona que no te acaba de llenar.
Y sigues pensando que te han engañado: que el amor no existe y que cuando antes asumas esa realidad antes dejarás de deambular.
Y pasa el tiempo, y ya por fin te convences, definitivamente, después de innumerables desencuentros, de que el amor simplemente no existe y que el mejor de los sentimientos que puedes sentir por esa persona a la que tanto quieres es el apego, y que lo demás no puede conducirte a nada bueno.
Pero un buen día, cuando ya habías perdido la esperanza, y hacía tiempo que habías dejado de creer en el amor, se produce el milagro y casi por casualidad te cruzas con esa persona con la que siempre habías soñado, esa persona que sólo con su presencia consigue iluminar un presente que considerabas oscuro y lastrado, ilusionando un futuro que creías ya dejado y enterrado.
Porque sin duda, eso es lo mejor que nos ofrece la vida: la posibilidad ( aunque sólo sea una vez en la vida) de encontrar a esa persona que nos pueda acercar a la tan anhelada felicidad.
simón
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10
17 de diciembre de 2008
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sólo los más fuertes son capaces de permanecer, de sobreponerse a las adversidades, de superar los obstáculos que la vida incrusta en la senda de la a veces esquiva felicidad. Sólo los supervivientes son capaces de renacer cual ave fénix de sus cenizas, de soslayar todos los inconvenientes que tarde o temprano habrán de surgir. Sólo los más resistentes son los que finalmente sobreviven a las desdichas.
Sólo los débiles sucumben ante los sucesivos golpes con los que contunde la vida, sólo las mentes más frágiles se derrumban ante acontecimientos que para otros sólo significan el punto de inflexión, el inicio, de una nueva vida. Sólo aquellos que consiguen revertir todas aquellas experiencias negativas que en cualquier momento pueden emerger, logran cambiar para bien su destino. Sólo los que se levantan una y otra vez ante las continuas trampas que afloran en cada esquina de una imbricada existencia, consiguen avanzar hacia la meta.
Melancólico y poético film, de un magnífico director que narra con una sobriedad y rigor que sólo aporta el saber que otorga la experiencia, una historia de perdedores y expiaciones de tribulaciones personales; articulando para ello una ficción construida con todo el aroma del buen cine de antaño.
Historia de tres amigos, de tres seres ajados, maltrechos, por los avatares de una existencia que se consume a cada momento. Historia de tres amigos vencidos por los golpes que la vida les ha propinado. Sean Devine intenta reconstruir una insatisfecha existencia, se da cuenta de la pesadumbre que supone el aceptar que su vida no tiene sentido. Jimmy busca redimirse con la sociedad y consigo mismo, percatándose de todo el daño que a ambos había infligido. Dave intenta infructuosamente calmar sus terrores y angustias personales, exorcizar todas esas cuitas, que fruto del azar, irrumpieran un día en su vida consiguiendo que todo ya fuese diferente. Todos ellos perciben que su vida había transcurrido baldíamente, que no había sido todo aquello que anhelaban. Los tres advierten los errores cometidos, las frustraciones de una huera existencia; todos se percatan, en definitiva y como se dice en una brillante crítica aquí publicada, que los tres subieron a aquel coche.
Concluyo, finalmente, recomendando el visionado de esta mayúscula obra maestra a todo aquel que le guste extraer certeras conclusiones trascendentes acerca de lo que significa esta, a la postre, insignificante existencia
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
simón
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7
3 de diciembre de 2012
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué es el ser humano, qué papel ejerce en el mundo, moldea su personalidad la sociedad, o por el contrario, ésta es orientada por sus apetencias naturales?.
A esta y otras cuestiones intenta responder Polanski en su último trabajo, que bajo la inocente apariencia de un indolente entretenimiento intelectual, opera como un ágil y certero retrato de las relaciones interpersonales que se hilvanan en esta tupida y cada vez más compleja red de intereses entremezclados, emboscados bajo la apariencia de la corrección política.
Abrigado tras el parapeto de la alambicada inspiración de una modesta obra teatral, y bajo un minúsculo microcosmos de cuatro personajes, el director indaga en la frustración de la expectativas derrumbadas por el transcurrir de unos días sin brillo, ni destellos; en la dualidad etérea de nuestros ambiguos sentimientos, en la profundidad de las emociones trabajosamente disimuladas, en suma, en todos esos resortes que surgen y nos protegen cuando el peligro asecha nuestro precario equilibrio emocional.
Bajo su superficial apariencia, repito, sólo superficial, Polanski nos regala una diestra disección de la condición humana, de su errático rumbo, de la intransigencia de sus decisiones, de la sacralización casi mágica de sus abstrusas necesidades personales, del egoísmo cerval que mana de cada gesto, de la desaparición de la fe y la hipocresía que indefectiblemente edifica, a modo de consecuencia, desembocando su carencia, por ende, en un inmenso mar de cinismo.
Pero, a su vez, Polanski, no sólo acierta en la descripción subjetiva de la debilidad del ser, en su aparente y falsa complejidad y la imbricación de sus egoístas necesidades, sino que también colorea una metáfora compleja de toda una sociedad, y cómo ésta redirige, en ocasiones incorrectamente y en las restantes de forma opresiva y castrante, al individuo y sus espurias apetencias hacia el interés de un organismo colectivo, en el que el hombre no cree, ni quiere creer, pero que necesita para sobrevivir.
simón
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8
7 de abril de 2012
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde que en la ilustración y sobre todo a partir del siglo XIX el ser humano comenzó a cuestionarse la existencia de Dios, y finalmente, consiguió gracias a los progresos de la ciencia que la civilización occidental comenzase a preocuparse por cuestiones terrenales y no dejar pendiente para después de la muerte la consecución de la felicidad para un improbable paraíso en el más allá, éste se halla, indefectiblemente, inmerso en un proceso de autoaniquilación personal y social fundamentado en la destrucción de los controles morales y en el desconcierto propiciado por la pérdida de la fe en un mundo mejor.
La idea del paso del tiempo y la inutilidad de todo lo que lo rodea lo paraliza. La certeza de la muerte lo angustia, y el vacío ante el que se halla lo impulsa a una constante búsqueda de un mínimo de consuelo, de un bálsamo eficaz con el soportar la certeza de una vida que se le escapa sin que pueda detener el terrible paso del tiempo.
En esa irresistible búsqueda, en esa carrera desenfrenada, en esa huida hacia un futuro tan incierto como descorazonador no encuentra guías, ni caminos; no es capaz de alcanzar los frenos, aunque desee encontrarlos durante su particular descenso al abismo de la frustración.
Y todo ello lo transforma en cínicos irredentos, concentrados únicamente en satisfacer sus pulsiones más apremiantes y, así, burlar la certeza de la finitud de sus actos, siquiera durante unos breves momentos.
Y para calmar la angustia, anestesia su consciencia, decidiendo no luchar, dejándose llevar por la inercia de la efusión; engullendo el presente más inmediato, deglutiéndolo convulsivamente, devorando todo aquello que le proporcione un mínimo de goce, siquiera pasajero.
Y satisfecha la necesidad más imperiosa, más perentoria, advierte que los ansiosos efectos de su irrefrenable pasión no sólo no se manifiestan como creía, sino que además, se frustra, sobre todo por la consciencia de haber vendido su alma a un precio demasiado alto y siempre a cambio de migajitas de felicidad.
Y por lo peor de todo es que el hombre moderno ha asumido que está solo; huérfano de motivos por los seguir confiando en el futuro, y que, además, la sociedad ha dejado de ofrecerle algún consuelo a su angustia, aspirando, en el mejor de los casos a obsequiarle con lenitivos y pasajeros sucedáneos con los que engañar a sus necesidades vitales; y eso lo desazona, hasta límites insoportables, convirtiendo su presente, a base de negarlo, en el verdadero y genuino infierno.
simón
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7
27 de noviembre de 2010
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Final de escena, se congela el plano y poco a poco los pixeles se van transformando en ligeros trazos de tinta negra. Grandes sombras y matices oscuros ganan progresivamente terreno a lo que antes eran alegres y bizarros colores. Las nubes ahogan un cielo que antes altivo ocupaba un gran horizonte calmo y claro. Se ven grandes grupos de hojarascas caídas como soldados en batalla adornando un suelo esbozado de amenazantes reflejos de sombras alargadas. Siluetas crepusculares, pálidas, desdibujadas, asaltando antes firmes y adivinadas esperanzas. Grisáceos contornos, como densa niebla, imponen su tiranía y amustian abigarrados tonos. Se intuye a lo lejos una gélida ventisca chocando contra los muros que antes soportaban suaves y cálidas brisas, y se perciben, desvencijadas, contornos cubriendo trazos de asoladas y vetustas fachadas.
El protagonista, cabizbajo y derrotado, aparece de espaldas contemplando esta escena en un sombrío primer plano.
Los Beatles dejan paso a los Smiths, las nubes ocultan el sol, las sombras vencen su particular duelo a la luz; la tristeza triunfa ante la alegría, la desilusión, por fin, gana la batalla a la esperanza.
Ese es el plano del film.
Ese es el plano, sin duda.
simón
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