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Críticas de simón
Ordenadas por:
138 críticas
6
16 de noviembre de 2009
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recuerdo el efecto 2000 y la paranoia que provocó en todo el mundo, también recuerdo el ambiente preapocalíptico de cambio de milenio y toda esa sensación de cierto desasosiego que imperaba en el subconsciente colectivo de toda una población que aguardaba con temor el tan redundado y coreado cambio de ciclo.
Parecía que sí, que esta vez sí podría ser la ocasión perfecta para que esa simbólica fecha significase por fin el necesario cambio de rumbo que la humanidad necesitaba y que esperaba con tan tensa impaciencia.
Pues bien, esta película ciertamente podría considerarse como un buen ejemplo de todo ese enorme material que trató y desarrolló ese tan temido efecto, que más bien de una forma psíquica o virtual que real amenazaba con variar el ritmo de la historia.
Película, que siendo producida en la año 95, intentaba retratar en imágenes toda esa extraña y viciada atmósfera que rodeaba a la colectividad y en la que parecía que en cualquier momento podría estallar el más absoluto caos, sirviéndose para ello de la complicidad de un espectador que expectante, confundía sensaciones con certezas y, secretamente, se arrogaba a la esperanza del renacimiento de una perdida y dejada espiritualidad.
Magnífica esa fiesta de fin de milenio, como también es genialmente plasmado ese enredado y fétido ambiente previo que amagaba con desbordarse y sumir a todos en una caótica anarquía, y que tan brillantemente se simbolizaba con el comportamiento de unos despistados, ambiguos y desorientados ciudadanos que calmaban su ansiedad en unos extraños rituales más propios de animales desesperados que de humanos racionales.
Lógicamente después de las doce de la noche del día uno de enero no sucedió absolutamente nada, y todos los augurios de un tiempo apocalíptico en lo que todo sería diferente se quedaron mudos, como la mayor parte de las ocasiones en las que desean atemorizarnos con el final de los tiempos.
Año y medio más tarde, y esta vez sin avisar (como es lógico y natural las mayores catástrofes nunca nadie ha acertado a profetizar) dos aviones sí que lograron cambiar el devenir de la humanidad, y esta vez para muy mal. (Y lo que nos espera)
Por cierto, magnífico el final de la película con esa canción de Lori Carson sonando al fondo ( Fall in the Light), que intentaba dejar una tenue sensación de esperanza a sus espectadores en unos tiempos en los que tan necesitados estábamos de ella.
simón
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10
17 de diciembre de 2008
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sólo los más fuertes son capaces de permanecer, de sobreponerse a las adversidades, de superar los obstáculos que la vida incrusta en la senda de la a veces esquiva felicidad. Sólo los supervivientes son capaces de renacer cual ave fénix de sus cenizas, de soslayar todos los inconvenientes que tarde o temprano habrán de surgir. Sólo los más resistentes son los que finalmente sobreviven a las desdichas.
Sólo los débiles sucumben ante los sucesivos golpes con los que contunde la vida, sólo las mentes más frágiles se derrumban ante acontecimientos que para otros sólo significan el punto de inflexión, el inicio, de una nueva vida. Sólo aquellos que consiguen revertir todas aquellas experiencias negativas que en cualquier momento pueden emerger, logran cambiar para bien su destino. Sólo los que se levantan una y otra vez ante las continuas trampas que afloran en cada esquina de una imbricada existencia, consiguen avanzar hacia la meta.
Melancólico y poético film, de un magnífico director que narra con una sobriedad y rigor que sólo aporta el saber que otorga la experiencia, una historia de perdedores y expiaciones de tribulaciones personales; articulando para ello una ficción construida con todo el aroma del buen cine de antaño.
Historia de tres amigos, de tres seres ajados, maltrechos, por los avatares de una existencia que se consume a cada momento. Historia de tres amigos vencidos por los golpes que la vida les ha propinado. Sean Devine intenta reconstruir una insatisfecha existencia, se da cuenta de la pesadumbre que supone el aceptar que su vida no tiene sentido. Jimmy busca redimirse con la sociedad y consigo mismo, percatándose de todo el daño que a ambos había infligido. Dave intenta infructuosamente calmar sus terrores y angustias personales, exorcizar todas esas cuitas, que fruto del azar, irrumpieran un día en su vida consiguiendo que todo ya fuese diferente. Todos ellos perciben que su vida había transcurrido baldíamente, que no había sido todo aquello que anhelaban. Los tres advierten los errores cometidos, las frustraciones de una huera existencia; todos se percatan, en definitiva y como se dice en una brillante crítica aquí publicada, que los tres subieron a aquel coche.
Concluyo, finalmente, recomendando el visionado de esta mayúscula obra maestra a todo aquel que le guste extraer certeras conclusiones trascendentes acerca de lo que significa esta, a la postre, insignificante existencia
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
simón
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7
17 de julio de 2008
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Cómo se puede observar la decrepitud a la que indefectiblemente nos conduce el inexorable paso del tiempo?
La respuesta nos la brinda un Mike Figgis en estado de gracia, con un inteligentísimo film a la altura de otros que también describen el lento advenimiento del ocaso de una vida.
Pero sin duda alguna lo mejor de este extraordinario film se debe al magnífico trabajo de sus actores, en los que recae el peso de esta asfixiante propuesta, veraz y a la par imbuida de una constante nebulosa perceptiva, instigadora de ensoñaciones alucinógenas tan propias de la putrefacta sociedad en la que nos ha tocado sobrevivir.
De todas formas, la peor conclusión que se desprende después del visionado de este film, es la de la constatación de que el paso del tiempo ha derribado el entramado de buenas películas que narraban con precisión y, sobre todo madurez, el terrible y angustioso acontecer del paso del tiempo, que deviene para bien o para mal, aunque les pese a la gran mayoría de bisoños y cerriles profetas de la belleza inmortal y la juventud perpetua, en el final indefectible de la existencia humana.
Por último, me gustaría recomendar este film a todos aquellos que ya tengan asumidas sin complejos las inmensas debilidades del cuerpo, de la psique y de la existencia humana, alejados de absurdos triunfalismos, ni estólidos mensajes trufados de buenismo existencial.
simón
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7
3 de diciembre de 2012
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué es el ser humano, qué papel ejerce en el mundo, moldea su personalidad la sociedad, o por el contrario, ésta es orientada por sus apetencias naturales?.
A esta y otras cuestiones intenta responder Polanski en su último trabajo, que bajo la inocente apariencia de un indolente entretenimiento intelectual, opera como un ágil y certero retrato de las relaciones interpersonales que se hilvanan en esta tupida y cada vez más compleja red de intereses entremezclados, emboscados bajo la apariencia de la corrección política.
Abrigado tras el parapeto de la alambicada inspiración de una modesta obra teatral, y bajo un minúsculo microcosmos de cuatro personajes, el director indaga en la frustración de la expectativas derrumbadas por el transcurrir de unos días sin brillo, ni destellos; en la dualidad etérea de nuestros ambiguos sentimientos, en la profundidad de las emociones trabajosamente disimuladas, en suma, en todos esos resortes que surgen y nos protegen cuando el peligro asecha nuestro precario equilibrio emocional.
Bajo su superficial apariencia, repito, sólo superficial, Polanski nos regala una diestra disección de la condición humana, de su errático rumbo, de la intransigencia de sus decisiones, de la sacralización casi mágica de sus abstrusas necesidades personales, del egoísmo cerval que mana de cada gesto, de la desaparición de la fe y la hipocresía que indefectiblemente edifica, a modo de consecuencia, desembocando su carencia, por ende, en un inmenso mar de cinismo.
Pero, a su vez, Polanski, no sólo acierta en la descripción subjetiva de la debilidad del ser, en su aparente y falsa complejidad y la imbricación de sus egoístas necesidades, sino que también colorea una metáfora compleja de toda una sociedad, y cómo ésta redirige, en ocasiones incorrectamente y en las restantes de forma opresiva y castrante, al individuo y sus espurias apetencias hacia el interés de un organismo colectivo, en el que el hombre no cree, ni quiere creer, pero que necesita para sobrevivir.
simón
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8
7 de abril de 2012
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde que en la ilustración y sobre todo a partir del siglo XIX el ser humano comenzó a cuestionarse la existencia de Dios, y finalmente, consiguió gracias a los progresos de la ciencia que la civilización occidental comenzase a preocuparse por cuestiones terrenales y no dejar pendiente para después de la muerte la consecución de la felicidad para un improbable paraíso en el más allá, éste se halla, indefectiblemente, inmerso en un proceso de autoaniquilación personal y social fundamentado en la destrucción de los controles morales y en el desconcierto propiciado por la pérdida de la fe en un mundo mejor.
La idea del paso del tiempo y la inutilidad de todo lo que lo rodea lo paraliza. La certeza de la muerte lo angustia, y el vacío ante el que se halla lo impulsa a una constante búsqueda de un mínimo de consuelo, de un bálsamo eficaz con el soportar la certeza de una vida que se le escapa sin que pueda detener el terrible paso del tiempo.
En esa irresistible búsqueda, en esa carrera desenfrenada, en esa huida hacia un futuro tan incierto como descorazonador no encuentra guías, ni caminos; no es capaz de alcanzar los frenos, aunque desee encontrarlos durante su particular descenso al abismo de la frustración.
Y todo ello lo transforma en cínicos irredentos, concentrados únicamente en satisfacer sus pulsiones más apremiantes y, así, burlar la certeza de la finitud de sus actos, siquiera durante unos breves momentos.
Y para calmar la angustia, anestesia su consciencia, decidiendo no luchar, dejándose llevar por la inercia de la efusión; engullendo el presente más inmediato, deglutiéndolo convulsivamente, devorando todo aquello que le proporcione un mínimo de goce, siquiera pasajero.
Y satisfecha la necesidad más imperiosa, más perentoria, advierte que los ansiosos efectos de su irrefrenable pasión no sólo no se manifiestan como creía, sino que además, se frustra, sobre todo por la consciencia de haber vendido su alma a un precio demasiado alto y siempre a cambio de migajitas de felicidad.
Y por lo peor de todo es que el hombre moderno ha asumido que está solo; huérfano de motivos por los seguir confiando en el futuro, y que, además, la sociedad ha dejado de ofrecerle algún consuelo a su angustia, aspirando, en el mejor de los casos a obsequiarle con lenitivos y pasajeros sucedáneos con los que engañar a sus necesidades vitales; y eso lo desazona, hasta límites insoportables, convirtiendo su presente, a base de negarlo, en el verdadero y genuino infierno.
simón
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