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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana Sevilla - España 
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Tropa de Élite (2007)
José Padilha
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| 128 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2008 |
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Vivimos una época en la que esa especie de neoprogresismo consporanoico se ha hecho un hueco importante en los círculos de opinión y se ataca con vehemencia a ciertas películas cuya temática o presunto fondo idelógico, la mayor parte de las veces inexistente o malinterpretado, no coincide con el de dichos grupos. Nos encontramos con que aquellos que critican a Tropa de élite por su presunto mensaje fascista, que no es tal por varias razones que hay que saber apreciar y que son, para alguien con dos dedos de frente, bastante evidentes, son herederos de esos que atacaron Centauros del desierto, Harry el sucio o Taxi Driver, por contar con misántropos pretendidamente fascistas por protagonistas que actuaban con su propia ley, más bien tirando por el nihilismo y el individualismo alejado de cualquier fascismo. Pero José Padilha juega con una destreza sin igual sus armas muestra un amplio el abanico de ideas y centra el protagonismo en un rudo policía de las fuerzas especiales brasileñas, la BOPE, sus conflictos interiores y su vida familiar y del batallón que este conlleva, acercándolo a cintas como Heat o al mejor Scorsese de Uno de los nuestros, y permite al espectador conocer los dos lados de la realidad y el realizador no justifica ni toma parte por ninguna de las dos mitades de esta historia, todo lo contrario, no establece línea moral alguna, no juzga qué está bien o mal, si no que esa decisión la deja en manos de un espectador que a veces no está preparado para lo que se le muestra, convirtiendo esta brillante cinta en un thriller de una ambigüedad moral a la que pocos están acostumbrados.
Padilha retrata un mundo podrido, corrupto, sucio, en el que el capitán Nascimento no es más que una herramienta más del sistema parece imposible cambiar debido a la propia condición humana. Dicho sistema es controlado por aquellos mismos que, tras haber hecho las leyes o jurado defenderlas, las quebrantan con suma facilidad, y en la que los honrados no tienen cabida, y son castigados por ello. Este se propone limpiar el mundo, o al menos una pequeña parte de él, ante la noticia de que va a ser padre, algo que le horroriza, al comprobar cómo es la sociedad a la que va a traer una nueva vida, y si realmente vale la pena.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: El realizador carga las tintas contra todos los estamentos de la sociedad, contra ese sistema de engranaje perfecto en el que, como si del efecto mariposa se tratase, el porro que se fuma un burguesito con alma de liberal está bañado con la sangre de esos niños de las favelas, que son los que consiguen la droga y los que, a su vez, también la consumen. Pero, dentro de esta maquinaria suiza que es el mundo actual, cuando sale una anomalía hay que exterminarla. Es este el punto en el que la cinta provoca quebraderos de cabeza a aquellos que catalogan las películas desde una catadura moral bastante estricta, las preocupaciones de Nascimento y su peculiar, porque es bastante peculiar, visión del mundo, cargada de un pesimismo abrumador y asfixiante. Dentro del complejo retrato del protagonista, Padilha muestra a un absoluto desequilibrado y paranoico obsesionado con su trabajo y con la justicia, haciendo difícil la empatización con el protagonista. Nascimento jamás oculta su autoenaltecimiento, jamás reniega de su forma de vida, convertido en una insensible máquina de matar, y ya se sabe, ¿Quién es más loco, el loco, o el que sigue al loco?.
Al loco le siguen Neto y Matías, que se ponen en manos del protagonista para que haga de ellos superhombres capaces de matar en nombre de la ley. Neto queda claramente marcado como alguien honesto pero de pocas luces, pero Matías representa lo que un día fue Nascimento, alguien joven con ideas humanistas que, una vez dentro, comprueba que esto es imposible, iniciando así un auténtico descenso a los infiernos sediento de venganza, por lo que, al igual que Nascimento, actuará movido por las pasiones más primitivas posibles, dando la sensación de que en la BOPE únicamente pueden estar los moral y mentalmente desequilibrados que anteponen el trabajo a todo lo demás y, donde prima, por encima de todo, la lealtad y el respeto a tus compañeros. El realizador nunca se molesta en justificar ninguna de las torturas, no alaba la táctica del disparar primero y preguntar después, únicamente busca ser un retrato fiel de un hecho que ocurrió en realidad, para crear una historia turbadora, inquietante, tensa y, lo que es peor, de una credibilidad indudable partiendo desde una base absolutamente imparcial e incómoda, que es lo que realmente provoca temor en la gente y esa sensación de criticar algo que no se ha entendido, no saber hacia qué lado posicionarse.
Tony Montana 
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Con la muerte en los talones (1959)
Alfred Hitchcock
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| 126 de 137 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
27 de Junio de 2006 |
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Cuando Hitchcock fue preguntado por Truffaut acerca del poco mérito que se le daba a esta clase de películas en beneficio de dramas como Ladrón de bicicletas, y que el propio Truffaut adoraba el guión de esta inverosímil película, por éso mismo, por ser tremendamente absurda, Hitchcock le respondió que el gusto por el absurdo lo llevaba de manera totalmente religiosa. Cuando uno se pone a ver Con la muerte en los talones, se pone y no para. Porque, a diferencia de otras películas del maestro, esta arranca a los 2 minutos. Y es algo tan absurdo como un error. El mcguffin elevado a obra maestra.
Como ya he dicho, partiendo de lo más absurdo de todo, un error en una llamada de teléfono, Hitch va construyendo una especie de parodia del cine de espías, a base de un error tras otro, de un hecho absurdo seguido de otro hecho más absurdo aún. Pero el acierto de esta película está en no tomarse en serio a si misma. No deja de ser una grandísima broma de Hitchcock, una tomadura de pelo al espectador. Probablemente, si el magnífico guión de Ernie Lehmann hubiera caído en otras manos, habría acabado siendo una mera película de espías, con buenos y malos claramente diferenciados. pero con el maestro se convierte en una comedia que roza momentos de puro surrealismo, como el hecho de que la madre de Cary Grant fuera sólo 10 meses mayor que él, o la escena de la borrachera en la comisaría o la subasta son pura antología del surrealismo y el absurdo más gratuito. Pero ninguna como la del avión. Sin nada que fumigar, Hitchcock nos pone un avión en medio de la nada, la forma más absurda de matar a alguien, y consigue que quede estupendamente, ya que otro director hubiera hecho que nos sintiéraos estúpidos ante esa gratuidad de la imagen.
Con un Cary Grant portentoso, y un James Mason que se ha convertido en el malo icónico del cine hitchcockiano, y una Eve Marie Saint, que a pesar de ser la chica menos Hitchcock de toda su filmografía en los 50, nunca estuvo más seductora que aquí, Alfred Hitchcock volvió a demostrar que es un maestro en el cásting, y volviendo a poner algunas de sus inquietudes en liza, como el falso culpable o una madre un tanto peculiar, volvió a demostrar que fue el mayor técnico de la historia. Cada una de sus películas tiene un toque único que el le daba, tanto en la puesta en escena, como en la banda sonora, cuyo tema principal ya indica por donde van air los tiros, y cómo no, con los créditos de Bass, que luego volvería a superarse en Psicosis.
Tony Montana 
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Blade Runner (1982)
Ridley Scott
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| 109 de 125 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
23 de Junio de 2006 |
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Cada época en la historia del cine tiene determinadas obras que marcan un antes y un después. En los 20 fue Metrópolis, en los 40 fue Ciudadano Kane, en los 70 El Padrino, y en los 80 Blade Runner. La cinta de Ridley Scott es una de esas películas donde uno comienza a hablar de ellas y no puede parar. Es quizás la gran película de ciencia ficción junto con Metrópolis y 2001, una de esas pocas cintas de sci-fi que unen de forma espectacular contenido y continente. La primera vez que la vi pensé que esta película era una chorrada como un camión. No la entendí. Pero, tras haberla visto dos veces más, y haberla dejado madurar, uno se da cuenta de que películas como esta existen muy pocas en esta vida. Uno no llega a entender que el director de Alien o de esta joya haya realizado algunas de las peores películas de los últimos años, y haya seguido una carrera tan llena de altibajos.
Un aspecto que llama la atención del espectador es el guión. Guarda similitudes con Sin Perdón, del propio Webb Peoples. El protagonista es un personaje tan antipático, tan oscuro, que el espectador no puede sentirse involucrado en su historia. Cuando vemos a Harrison Ford matar a alguien por la espalda despues de ser Han Solo o Indiana Jones, nos choca bastante, y más aún si sólo se ha visto el montaje del director, sin la dulcificadora voz en off. A ello se le unen unas clarísimas reminiscencias del cine negro, de Dashiell Hammet y Chandler, todo con el toque de ciencia ficción que aportan la era casi apocalíptica en que vive Deckard y el asunto de los replicantes. Estos son los verdaderos artífices de la grandeza de esta cinta. Aún siendo seres que no sabemos si son androides o de carne y hueso, son realmente los que tienen apego a la vida, algo que se transmite en toda la cinta, siendo ellos quienes realmente desean vivir a toda costa. Y para ello no dudan nisiquiera en exterminar a su propio dos, convirtiéndose ellos en sus propios dioses. El personaje de Nexus 6, a pesar de ser un personaje terrorífico, un asesino perfecto un ser casi ario, es quien le da a la cinta todo su lirismo, transmitiendo esas ganas de vivir por parte de quien no puede hacerlo.
Estéticamente, la cinta es un prodigio. Retratanto un mundo que presagió estéticamente a Matrix y demás cintas del mismo calado, Blade Runner sigue siendo hoy tan fascinante como en el primer momento, al adelantarse a la moda actual, y al retratar una sociedad masificada, a parte del icono que representa esa apología del neón, con la chica japonesa que anuncia Coca-Cola, y que no es otra cosa que Times Square. Todo ello envuelto en unas reminiscencias casi nazis, con la representación de Nexus 6 como el gimnasta ario perfecto de Hitler, las titánicas construcciones propias del Berlín nazi, y el control absoluto que ejercen los altos poderes sobre los ciudadanos, guardando similitudes con la obra de Orwell sobre el control absoluto.
Tony Montana 
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El crepúsculo de los dioses (1950)
Billy Wilder
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| 90 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
14 de Junio de 2006 |
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Cuando Wilder contaba el revuelo que se armo tras el primer pase para el estudio, uno se da cuenta de que esta película no es una mera cinta ubicada en el mundo del cine. Esta película le quitó al cine esa especie de aureola mítica, del mundo glamouroso y perfecto que siempre salía en pantalla. Y les dolió a los representantes de Hollywood porque ciertamente representa su mundo, el de las estrellas acabadas, de la tiranía de los cánones de belleza y de los grandes estudios. Me cuesta mucho hacerme a la idea de que alguien como De Mille aceptara participar en un proyecto cuya cruel y falsa imagen podría repercutir en su carrera, ya que el representa el espíritu de la película: Hollywood es un engañabobos.
Wilder, aparte de un director cojonudo, era un cinéfilo como pocos. Éso se ve a lo largo de toda su obra, pero particularmente en esta película, que es en sí un compendio de homenajes, aunque también reprimendas, al mundo donde el vivía, a Hollywood, que tan pronto crea una estrella, como la convierte en monstruo. Así como ocurrió con la llegada del sonido Hollywood marginó a otras estrellas y cineastas por diversos motivos y escándalos, como James Whale, Chaplin o Dalton Trumbo. Y en esta película, Swanson, más que el propio deseo de regresar a la pantalla, de hacer películas por amor al arte, lo quiere por la necesidad de la fama, de sentirse el ombligo del mundo, y que realmente no sabe si es ella misma o uno de sus personajes, actuando como si realmente estuviera dentro de una película, con gestos teatrales más propios del cine mudo. A través de la figura de Norma y de su propia casa, que según Joe, recuerda a la mansión de Miss Havesham de Cadenas rotas, Wilder realizó un magnífico retrato de la soledad de la estrella, de quién un día lo tuvo todo y que ahora forma parte de un imperio herrumbroso y derrotado. Y también de la demencia. Norma es un antecedente del Travis de Taxi Driver, ese personaje que ve el mundo según sus propios ideales, y que se llega a obsesionar con un guionista sin talento, al cual utiliza más como gigoló que como auténtico escritor, y al que pretende convertir en una de las figuras de su museo de cera viviente.
A destacar un personaje importantísimo en la trama, el de Max el mayordomo. Es al mismo tiempo su mayor valedor y su mayor enemigo, pues es quien realmente la tiene engañada con un mas que improbable regreso a las pantallas. El, sin quererlo quizás, la hunde más en la miseria, y el hecho de que en la vida real Stronheim fuera el director que más dirigió a Swanson le añade más morbo a la situación.
En definitiva, Wilder orquestó una maravillosa venganza contra todos aquellos productores y cineastas que él aborrecía, por considerarse artistas cuando lo que únicamente hacían, según él, era poner el dinero y mandar, cuando no tenían ni puñetera idea de cine.
Tony Montana 
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Senderos de gloria (1957)
Stanley Kubrick
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| 90 de 97 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Marzo de 2006 |
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Steven Spielberg, mostrando su amor por Kubrick cuando le preguntaron por cómo definiría el cine, contestó: " No hay nada más maravilloso y perfecto para definir el cine que el final de Senderos de gloria, cuando la que sería futura esposa de Kubrick canta ante los soldados franceses ". Ciertamente, podría tratarse de una de las definiciones más certeras de la historia. Una escena donde la brutalidad propia e los soldados pasa a convertirse en pura sensibilidad, al ver a tan hermosa mujer, una prisionera alemana, cantar dulcemente, pasando en segundos de la barbarie casi obscena al más maravilloso silencio dentro de las tropas del bar.
No hay lugar para el heroísmo en esta película. No hay lugar para los vencedores, no hay lugar para la victoria, no hay lugar para la esperanza. Todos somos perdedores en las guerras. Y más aún aquellas almas cegadas por el patriotismo, sentados en su despacho, dirigiendo a miles de hombres que servirán de carne de cañón desde su mesa. No hay mayor cobardía que la del personaje interpretado por Adolph Menjou, que ordena matar a tres hombres escudandose en el miedo y la cobardía contra el enemigo. Pero mayor cobardía es escoger friamente, al azar, a tres hombres que pagarán por el resto del pelotón. Tranquilamente, condenar a la muerte a tres hombres a los que se contempla como a hormigas a las que poder aplastar parace un mero juego para el general francés. En el otro extremo se encuentra el coronel Dax, maravilloso Kirk Douglas, un hombre justo, aunque no es un ningún virtuoso, ni ninguna alma caritativa. Es sencillamente un hombre justo. Su lucha es más propia de David contra Goliat, sólo que esta vez Goliat es invencible. Un juicio que es más un mero teatro, un circo, que un proceso donde se pueda hacer verdadera justicia.
Y aquí es donde comienza la agonía de los soldados. Una reflexión sobre la muerte, sobre la vida, cómo afrontar el inevitable destino. Resignarse o rechazarlo. El terror en la cara de unos soldados que se ven incapaces de huir del asesinato a sangre fría a manos de sus propios compatriotas por algo tan nimio como el valor. Un valor que sólo puede juzgar un demente y casi fascista coronel, ansioso de poner orden en su pelotón, sacrificando a chivos expiatorios como medida de advertencia.
Toda esta reflexión sobre la guerra está contada con e habitual estilo de Kubrick: sus grandiosos travellings, unas escenas en las trincheras que casi parecen documentales, y un grito desesperado por la paz, que metió el dedo en la llaga de aquellos a los que involucraba esta cinta. Siempre genial, siempre único, así era Kubrick.
Tony Montana 
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