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Críticas de: zoquete

zoquete
(Barcelona, España)
434Películas valoradas
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Críticas: 26 Página: 2
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El hombre que nunca estuvo allí (2001)
Buena
Joel Coen
20 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 19 de Julio de 2005
Esto era un cigarro a un hombre pegado. Silenciosas fumaradas que adquieren todo tipo de formas, que se mezclan con el ambiente creando imaginarias volutas de humo, a conveniencia de quien las observa. Esta es la historia de un barbero florero, casi diríamos que simple adorno en el escenario de la vida, casi diríamos que insignificante sombra al servicio del protagonismo de otros.

Desconfiad de los silencios. Desconfiad del mudo. Desconfiad de las apariencias. Desconfiad de aquel a quien no veis, o de aquel a quien no queréis ver. Porque en esta historia el protagonista es ese peluquero. El humilde se erige en detonante de los acontecimientos, en eje del desarrollo y en la razón del desenlace. Un dócil marido que se deja llevar por las circunstancias, que no discute las cartas que la vida le ha brindado... pero que, sin rebelarse, tiene imaginación jugando.

Hablamos de una infidelidad que deriva en chantaje, de un crimen que se convierte en espectáculo judicial y de una negrísima posguerra cargada de desengaños e ilusiones. Giros en el guión que parecen calibradas piruetas de baile, por lo inesperadas pero también por lo naturales. Temores que se diluyen en incompetencias y tranquilidad perturbada por equivalentes ineptitudes. Un regalo a la intriga sin estridencias, al suspense sin sobresaltos.

Esta barbaridad a medio camino entre el homenaje al mejor cine de los cuarenta y el renacimiento del nuevo cine negro ha sido obra de los Coen, y ya está siendo señalada como su mejor obra, lo cual es encumbrarla en lo más alto del panorama actual. El nicótico rasurador en cuestión se encuentra a cargo del brillante Billy Bob Thornton, en una extraña paradoja de permanente ausencia y absoluto acaparamiento de todo el metraje. Su mujer es la imprescindible Frances McDormand, ajustadísima en su papel, para sorpresa de quienes no la conocieran. El resto del reparto incluye nombres como James Gandolfini, no demasiado aprovechado y conocido para el gran público por su papel de matón en la olvidable (pido disculpas a los fans de la Roberts o del Pitt) “The mexican” o a la joven Scarlet Johansson, que ya vimos en la maravillosa “Ghost World” y a quien habrá que seguir de cerca.

Pero ¡ojo!, es en blanco y negro. No hay fuegos artificiales, ni tiros, ni sonrosaditas escenas de pasión. Pero ya sabéis: desconfiad del silencioso, desconfiad del discreto... quizás sepa más que aquél que tanto tiempo pierde en llamar la atención.
zoquete
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Código desconocido (2000)
Buena
Michael Haneke
16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 19 de Julio de 2005
La última filmación de Michael Haneke es, ante todo, una reflexión europea, cargada de un realismo incómodo que obviamente carga, aburre y decepciona si no se adquiere el compromiso de bucear en el metraje. Como ese mendigo en la puerta de la parroquia, que casi empezamos a odiar pues empobrece el paisaje y repite su deprimente imagen cada día del año. Como esa madre histérica que chilla a sus niños que se abalanzan sobre la calzada estando el semáforo en rojo. Lo hemos vistos tantas veces que, de encontrarlo en el cine, preferimos que acaben entre las ruedas del vehículo, a ver si al menos podemos dar un poco de color al gris del asfalto.

Pero incluso sin vísceras, misiones a cumplir o dama a conquistar, podemos sobresaltarnos con las mismas situaciones que respiramos cada día, pero que hemos aprendido a ignorar, obcecados por el poderoso pragmatismo del ascenso social. ´Código desconocido´ no hace sino presentarnos los mismos escenarios, las mismas situaciones, los mismos frescos urbanos que nos rodean aquí y ahora, pero en una sala comercial, como obligándonos a replantearnos el papel que estamos representando en nuestras vidas, sensibilizándonos de nuestra condición de protagonistas del mundo real. Es una película que posee escenas de aquellas que las síntesis cinematográficas incluyen entre sus pastiches. Adelantar parte del argumento no tiene sentido, pues carece del mismo. Un par de escenas pueden ser representativas del planteamiento que se nos ofrece, mientras que el nudo parece dejarse para nosotros, desterrando por supuesto la simplista idea de la necesidad de desenlace.

La primera de ellas presenta a un joven que arroja un papel sobre una mendiga. Otro joven le amonesta por la innecesaria humillación, con lo que se desata una disputa. Conforme avanza el conflicto, nos encontramos censurando el comportamiento del chiquillo, pero también identificándonos con él, pues en nada se diferencia de cualquiera de nuestros seres queridos, incluso de nosotros mismos.

La segunda escena, posiblemente la más incómoda de todas, nos muestra la humillación de Juliette Binoche (espléndida, ¿hace falta decirlo), en un vagón de metro por unos graciosillos de turno. No se trata de ninguna situación ingeniosa o artificio para que el amado demuestre su valentía. Tampoco la violan, desfiguran el rostro o extraen las vísceras. Pero... molesta por su evidente cercanía. No pensamos en que podría haber pasado en las líneas de nuestra propia ciudad pues YA ha pasado. Recordamos entonces dolorosamente nuestra indiferencia mientras nos excusamos con un ‘ no es tan grave’ o ‘ ¿dónde está la policía?´.

A quien le guste la Binoche podrá asistir aquí a un recital interpretativo sin maquillaje, al igual que su rostro. En ningún momento parece preocuparse por mostrar ‘ su lado bueno’, antes al contrario. Para quienes ya nos hemos rendido a ella, la atracción se ha hecho eterna, pues se ha despojado de sus capas de acetato.
zoquete
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La virgen de los sicarios (1999)
Buena
Barbet Schroeder
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 19 de Julio de 2005
“¿Qué quieres de la vida?” – pregunta el escritor. “Unos ‘jeans’, ropa ‘Calvin Klein’, una moto y una lavadora ‘Whirlpool’ para mi madre”, le contesta el asesino.

Fernando gusta de la música clásica. “Me atraviesa el corazón” le confiesa a su amante Alexis, mientras intenta reeducarlo en sus alborotadores gustos musicales. Fernando ha vuelto a Medellín para morir. Le pesan las canas. Asiste a su realidad con pesadez, con hastío: le molestan los ruidos, la agresividad, el egoísmo. El cinismo se ha apoderado de su ilusión y sólo le queda su ingenio para reafirmarse en su deseo por desaparecer.

Alexis apenas termina de salir de la infancia. Hace de guía y acompañante del escritor, a quien actualiza en la evolución de la ciudad, en los cambios desde que cayó Escobar, “el gran empleador del pueblo”. Dieciséis años, la mirada perdida y un “tote”. Es ligero de gatillo, “son ellos o nosotros” pero sus asesinatos no le quitan el sueño, sino a su amante.

“La Virgen de los Sicarios” no es una película familiar, ni de palomitas, como ya pueden imaginarse. Es difícil de digerir. Algunos la clasificarán como violencia gratuita “¿por qué filmar sólo lo malo de Colombia?”, otros detestarán el formato digital y determinadas secuencias de cámara al hombro y, sin duda, muchos aborrecerán de una estructura fuera de los cánones hollywoodianos. De hecho, todas estas críticas y muchas más se han realizado, y con especial virulencia, en el propio país donde se desarrolla la acción. No es para menos, es la antítesis de cualquier promoción turística.

No obstante, interesará a quienes deseen conocer la desintegración social en Colombia, cómo la viven los críos desde su nacimiento hasta su “profesionalización” como sicarios. Interesará a quienes inquiete la violencia, a quienes deseen conocer mejor la naturaleza humana.¿Por qué Alexis es incapaz de matar a un chucho y no duda un instante en descerrajar un tiro a un vecino ruidoso? Todo ello adornado con hirientes pincelazos apuntando a los problemas de fondo en la realidad colombiana: desde la desestabilización del empleo producida por el narcotráfico, la desproporcionada emigración a las ciudades y el desconcierto del pueblo para con su clase política.

La ciudad ha crecido y se ha enrojecido de sangre que mana con excesiva facilidad. Ese rojo se combina con el amarillo de los taxis y el azul de ropas y toldos, completando los colores de la bandera del país. La paradoja, la permanente devoción por los santos y vírgenes, a quienes los asesinos se encomiendan para ser más certeros con sus armas. Mientras, desde los ojos de los “gamines”, los niños de la calle y futuros sicarios, se abre la puerta al “fondo del infierno”, a la “infamia de Dios”.¿ Por qué permite semejante tierra de “desechables”?

Contra toda lógica, el escritor sin esperanza descubre el amor, donde fue a buscar su muerte encuentra la vida...
zoquete
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El método (El Método Gronhölm) (2005)
Buena
Marcelo Piñeyro
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 15 de Enero de 2007
En un gran rascacielos en el Paseo de la Castellana de Madrid son convocados siete aspirantes para un proceso de selección de personal para un cargo supuestamente de gran responsabilidad.

Apenas se presenta a los candidatos al puesto, ya se vislumbra esa gran etiqueta en la frente que muestra sus variopintas personalidades: el bravucón, el seductor, el flemático, la suspicaz, el escéptico, el pacato, la conciliadora… también está la cínica, el violento, el triunfador, la imperturbable, el impetuoso, el sereno, el insolente, el… ¿son sólo siete? Oops, perdón, será que las etiquetas no están tan claras.

"El método" se basa en encerrar en una misma sala a profesionales de alto nivel, de aquellos responsables de dirigir grandes departamentos o empresas, con el objetivo "sólo puede quedar uno" que motiva, alimenta y justifica una lucha previsiblemente sin cuartel, aunque sea de cuello blanco.

Resulta cuando menos curioso el gran conjunto de alabanzas que ha recibido esta obra, calificándola de "real como la vida misma".

Todos los personajes se muestran muy convincentes en sus respectivos cometidos, y los actores no son menos. Estamos hablando de una nómina que incluye a Carmelo Gómez, Eduardo Noriega, Eduard Fernández, Natalia Verbeke, Najwa Nimri, Ernesto Alterio, Adriana Ozores y un Pablo Echarri que desconocía, pero que en absoluto desmerece al resto. Ritmo muy bien trabajado, en continuo ascenso hacia un desenlace que imaginamos explosivo. Ambiente opresivo, aséptico, casi dolorosamente frío. Diálogos fantásticos, coreografía grandiosa y no poco meditada alternancia de protagonismo entre los personajes.

Sin embargo, la película no muestra, no desarrolla, no se recrea: concluye. Contrariando a tantos que la definen como película inteligente, me parece antes una obra que, más que ofrecer elementos de reflexión al espectador, nos trae directamente el mensaje masticadito.

Por favor, a quienes vean en la película cierto atisbo del frío capitalismo, que me lo indiquen. Eso sí, antes permitidme invitaros a observar la cola de la carnicería cuando se les ha estropeado el suministrador de números para la tanda; o a disfrutar plácidamente de los risueños rostros de los viajeros del metro en hora punta; o a visitar una guardería, con madres y padres codos en alto para ser los primeros en entrar a por sus hijos; o, digámoslo ya, preguntar a vuestras conocidas por posibles proposiciones sexuales que hayan recibido (sólo supuestas, por favor, y a una amiga de una amiga, que eso sólo pasa en el cine); a vuestros conocidos por comisiones, por costes de "representación"; seguid riéndoos de la frase " los negocios se cierran en los bares y restaurantes"… ¿Nada? ¿de verdad os sigue impresionando "el Metodo"?¿es que de repente han desaparecido todos los clientes, proveedores, jefes de este país?

Las elipsis son un buen recurso, pero si abusamos demasiado de ellas… ¿queda algo más que el decorado?
zoquete
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El hijo de la novia (2000)
Notable
Juan José Campanella
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 19 de Julio de 2005
Escucha... no, no te estoy diciendo que me oigas. ¡Escucha! Es la diferencia entre la actitud pasiva y la activa, porque para esta película lo vas a necesitar.

Brevemente, la sinopsis: Rafael, estresado propietario de restaurante, un ´malabarista que corre arriba y abajo intentando mantener el equilibrio ´, que tiene una madre con Alzheimer, una novia a quien atiende como si florero, una hija para los jueves fruto de su divorcio y un reencuentro con un viejo amigo que le devuelve sueños de su infancia. También tiene dos grandes amigos, inseparables compañeros: su encendedor y su móvil. Un ataque de corazón y un ´¿qué mierda estoy haciendo con mi vida?´, una oferta de una multinacional para comprarle el restaurante y un entrañable padre que se declara tan absolutamente enamorado de su mujer que desea llevarla a la vicaría, tras cuarenta y cuatro años casados por lo civil, ´lo único que no le he concedido´. Un cóctel de lágrima fácil...

¡No!

De lágrima, pero no fácil. Escuchadme: quienes hayan visto la sumamente recomendable ´El niño que gritó puta´ del mismo director sabrán que no hablamos de un Michael Landon, sabrán que la dureza no le resulta ajena. Pero, a diferencia de aquélla, comprobarán también que se puede encontrar amabilidad entre la miseria humana, que el cinismo no deja de ser una coraza timorata y que la poesía se puede consumir sin edulcorantes.

Si el director ya supone un aval, los actores merecen un aplauso rotura de muñecas. Desde Ricardo Darín que no presenta fisura alguna a su novia en la pantalla, Natalia Verbeke. Héctor Alterio como anciano padre merece un pedestal, por la espléndida interpretación y porque todo lo perceptible, también lo imperceptible, y lo aperceptible, lo properceptible, superperceptible, ultraperceptible, noséquéperceptible se armonizan en uno que nos conmueve y nos hace desear encontrárnoslo por la calle, incluso mejor, mirar de otra manera a quien nos encontremos por la calle.

Categoría especial para Norma Aleandro, como la madre. Pasa de la dulzura a la vulgaridad sin apenas transición, sin ese velo de pudor del que tanto cuesta desprendernos. Pierde la mirada en no sé qué rincón de su memoria mientras nos descubre sus inquietudes más infantiles. Nos arroja su severo semblante que estoicamente soportamos para estallar en una tosca carcajada que nos la devuelve adorable. No culpéis a quienes se enternezcan más de la cuenta o, por el contrario, permanezcan demasiado impasibles. Como el documento nacional de identidad, son sensaciones personales e intransferibles.

Despójate de los guantes que confunden tacto con presión. Líbrate de resfriados que conviertan tu nariz en un simple apéndice nasal y, sobretodo, no se te ocurra enmascarar tu gusto tras una previsible capa de caramelo. Cálzate los cinco sentidos y experimenta con unos sentimientos que, de tan milimétricamente reales, parecen ficción. Esa ficción que todos quisiéramos tener la lucidez de alumbrar.
zoquete
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