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Críticas de: GVD
GVD Madrid - España 
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La clase (2008)
Laurent Cantet
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| 87 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Enero de 2009 |
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- El material: unos veinte adolescentes, es decir, proyectos de adultos, que hay que formar. Los hay de todo tipo y de todas las clases en cuanto a físico y a carácter, resultando completamente humanos, que no modelos como los de las repugnantes series de TV de chavales.
- El artesano: un profesor que no es un cabrón fascista armado con regla ni Robin "hada madrina" Williams en "El club de los poetas muertos", sino un ser humano (perdón por repetirme, pero es que ver esto en el cine me sorprende). Un tío capacitado, que logra que la clase funcione en la medida de lo posible, pero que comete algún que otro error (y no pequeño), como todo bicho viviente haría en esta situación.
- El taller: la cámara jamás nos saca de esas paredes estrechas que nos encierran en la cotidiana lucha dialéctica por la eduación que siempre acaba en guerra psicológica. Lo que ocurra en el exterior pertenece al terreno de la conjetura. Dentro del instituto conviven dos terrenos: el de la civilización (clase) y el de la selva (recreo), que contrastan muy claramente en la escena en la que el profesor sale del primero al segundo.
- El proceso: moldear personas es algo bastante complicado. En caso de que individualmente el material sea dócil y maleable como algunos de los personajes/personas que nos encontramos la cosa funciona, pero en cuanto se presentan duros y afilados ya es otra historia. Y si ya los juntamos no hay dios que pueda con ellos. Incluso habrá que desechar material para que la máquina ande. Así, deshumanizando lo humano. Lo racional falla. Pero, ¿así realmente funciona?
- El futuro: llegamos al final del trayecto. Se han jugado todas las bazas. La mayoría del material ha ascendido un peldaño más en el proceso para llegar a ser adultos, lo cual es un éxito muy relativo. La cuestión lógica que habría que preguntar ahora sería: ¿han aprendido?, pero tal como está planteado el proceso, eso es secundario. Este proceso no consiste en adquirir conocimientos, sino que intenta ser un trampolín para que el material alcance una polsición social vía trabajo. La herramienta para vivir. Pero, ¿y si en realidad es un obstáculo?
La película nos plantea la situación con la veracidad como principal arma y deja entrever alguna que otra pregunta. Lo de las respuestas ya es cosa nuestra. Que interese buscarlas o no, ya es cosa de cada uno, pero el planteamiento de las dudas es admirable.
Sillas vacías. El futuro es una incógnita.
GVD 
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Quiero la cabeza de Alfredo García (1974)
Sam Peckinpah
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| 80 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
8 de Septiembre de 2007 |
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El cine de Peckinpah es de verdad. Podrá ser tosco, bruto, sucio, pero siempre sacará lirismo, belleza y majestuosidad de sus desgarrados y crudos argumentos. Se trata de películas desencantadas y tristes, sobre personajes que contienen un código moral que puede ser discutible, pero que siguen con una admirable profesionalidad. Probablemente, "Quiero la cabeza de Alfredo García" es su film más extremo en todos los sentidos.
Se trata de un hombre demacrado por dentro que encuentra una posibilidad de escape de este mundo de mierda, para tener la vida que siempre quiso junto a la mujer que ama. Y ese escape viene en forma de la cabeza de un pobre desgraciado que tuvo la mala suerte de preñar a la hija de un poderoso. Afortunadamente, ya está muerto antes de la carrera que llevan a cabo el protagonista, y una panda de mafiosos por esa cabeza valorada en un millón de dólares.
Es una película desequilibrada y excesiva, cuya violencia tiende a la inverosimilitud, pero como siempre, este poeta crepuscular nos conmueve hasta la náusea. Cuando, tras luchar contra dilemas morales, la mujer a la que ama y un sol abrasador, consigue llegar a la dichosa cabeza, la pierde justo después y, con ella, a la mujer que ama. Después de esto, el protagonista se sume en las tinieblas. Tinieblas de alcohol y moteles perdidos en los que los recuerdos le asaltarán: <<solía tomarse una ducha>>; tinieblas de sangre y balazos, de cabezas cuyo espíritu reina en el remordimiento de nuestro hombre, de moscas y asfixiante calor. Tinieblas que ni un millón de dólares conseguirán apaciguar ya.
La misoginia de Peckinpah es excesiva, vale. Pero eso no impide que éste reconozca que sin ellas no somos nada. Si no me creen vean en el infierno en el que se sume el protagonista. Ese amor es sincero, terrible, y una vez perdido la vida de este hombre no vale nada. A mí hay algo que siempre me conmueve en el cine, y es que una vez que la vida te lo ha quitado todo, que ya no tienes un papel en el mundo, decidas largarte del mundo llevándote contigo a todos los hijos de puta que te arruinaron la vida. Una especie de “nos vamos a tomar por culo, pero con dos cojones”. Peckinpah era el que mejor sabía plasmar la belleza crepuscular de este trágico fin.
Por todo esto, Sam es un maestro, un poeta, alguien honesto y sincero. Un artista con una brutal e inimitable personalidad. Y todavía hay gente que lo compara con Tarantino. Vale que el cine de éste tiene su punto, pero a lo más que llegará es a una emoción de segunda, falsa, por mucho que me sorprendiera con “Jackie Brown”. Quizás Peckinpah no alcance la perfección técnica que logra Tarantino, pero su perfección interior es inigualable. Y no hay nada que me alegre más en esta página como el magnífico homenaje que se le está haciendo por parte de Aeris y Taylor. Que esto continúe.
GVD 
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París, Texas (1984)
Wim Wenders
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| 81 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Septiembre de 2007 |
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Una road movie consiste como su nombre indica en una película sobre un viaje. Y un viaje puede dar lugar a infinitas películas, ya que las películas hablan sobre la vida. ¿Y qué es la vida si no un viaje? Ahora bien, de esas infinitas películas, "París, Texas" es una entre un millón.
Travis es un hombre sumido en la más amarga de las perdiciones, la de haber perdido lo que más te importa en la vida, la de curar las heridas que el puto amor deja, la de sentirte un cabronazo por no saber preservar ese tesoro que cada uno tiene en la vida. Ese hombre afortunadamente recibirá una segunda oportunidad para poder arreglar lo que más le importa, coger el toro de la vida por los cuernos y dejar por sentado que ahora manda él y que nada en el mundo le va a impedir que cumpla su misión vital.
Pero él no podrá estar ahí cuando todo se arregle. La felicidad no es para él, para llegar a su destino tendrá que abandonar lo que ya perdió. Tan sólo le quedará un precioso recuerdo, y la certeza de que lo más grande que jamás podrá tener está a salvo y feliz. Quizás no sea el paraíso, pero estará en paz. Su viaje existencial ha llegado al puerto que tenía que llegar. Y la prueba de ello son unas lágrimas imborrables que han brotado tanto por dolor como por felicidad.
París, Texas: un paraíso lleno de polvo, pero más resplandeciente que ninguno. Una película que no es ni forma ni contenido, sino la emoción misma, una emoción que engulle lágrimas, dolores y tristezas, y que deja un estado de tranquilidad y ese poso que sólo sabe dejar el cine más grande.
GVD 
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Uno de los nuestros (1990)
Martin Scorsese
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| 76 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Diciembre de 2007 |
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Para mí "El padrino" representa la cumbre de las películas de gangsters. En ella se utiliza el marco de la mafia para narrar una espectacular tragedia griega, colosal, épica, que se ha hecho un hueco imborrable en mi memoria. No creo que "El padrino" sea la principal influencia de "Uno de los nuestros", pero siempre que veo esta última tengo la sensación de que se trata de una revisión de aquella, despojándola de toda historia y haciendo todo un recorrido por los entresijos de la mafia. Y el resultado es monumental.
Dejando de lado las cuestiones morales, Scorsese utiliza ese estilo poderoso, atractivo, fascinante para bucear por el reverso y el anverso de un imperio basado en el poder que tristemente ofrece la sangre, en lujos y derroches que se sustentan en incumplir unas cuantas leyes; en definitiva, en vivir de puta madre a costa de que otros no vivan tan bien.
Para esta guía, Scorsese coge como conejillo de indias a uno de los integrantes, un perfecto Ray Liotta, y a través de él nos muestra todas las vivencias en este submundo, y todo lo que esto comporta. Para meternos en la historia, se emplea una espléndida banda sonora, un apabullante montaje con la precisión de un reloj suizo, y, sobre todo, la fuerza del retrato de estos cabrones, sobre todo de De Niro y Joe Pesci, que tan pronto se nos hacen simpáticos como se vuelven aborrecibles.
No hay preocupación por describir personajes, algunos por sus miradas lo dicen todo (absolutamente genial la escena de De Niro sentenciando a un pobre diablo con una mirada y unas caladas, y de fondo “Sunshine of Your Love”). Barroca, excesiva, minuciosa, larga, trepidante, genial, por completo imprescindible. Ojalá Scorsese recupere su genio de películas como ésta y vuelva el gran cineasta. Una de mis películas favoritas.
GVD 
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Fat City, ciudad dorada (1972)
John Huston
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| 73 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
25 de Junio de 2007 |
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No hay esperanza, no hay alivio, no hay alegría, sólo la vida, que es una puta mierda. Intentemos que nos cojan para poder segar el campo, para ganar unos billetes que nos ayuden a seguir tirando. Cojamos la botella y perdámonos en su ayuda, ella se ocupará de que todo vaya mejor, relajémonos. Despertémonos y veamos nuestra habitación formada por paredes con grietas que se extienden a un techo que parece que está cayendo ante nosotros, pero no se cae, es un resacón. Todo el mundo sigue tirando, van haciendo sus compras pensando en sus cosas, ¿qué pensarán?, ¿en su soledad, en su trabajo, en su felicidad?. A lo mejor todos somos felices y no nos damos cuenta. A lo mejor. Preparémonos para el combate, probablemente lo ganemos y recuperemos nuestra honra. El tipo parece fuerte, y en el primer asalto le hemos dado fuerte en el estómago. Parece dolido. Mientras le golpeamos el tipo nos da fuerte y nos tumba, qué cabrón, y nosotros preocupándonos por él. Ataquemos fuerte, machaquémosle, un directo, otro, parece que sangra, se rinde y cae sobre nuestros hombros recorridos por sudor. No es un abrazo fraternal, es un abrazo de perdedores, porque aquí no ha ganado nadie, el combate estaba perdido de antemano para todos. Cien pavos de recompensa, esto no da ni para comprar la felicidad. La botella abre sus brazos de par en par y nos ofrece su compañía. Quién puede resistirse. En un momento de retorno de la embriaguez reconocemos la realidad en un espejo, miramos nuestra cara, está recorrida por cicatrices, se nos cae el pelo, nos hacemos viejos. La vida sigue su curso y no nos espera, nos trata con desprecio. Nos despertamos en nuestro fracaso y el sol nos ciega, va a hacer calor en el trabajo.
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Este drama no es el nuestro, es el de esta película. Sin embargo, la película no sólo nos transmite la tristeza y la agonía, sino que nos las cede. Estamos todos jodidos viéndola, el drama se convierte en nuestro. No es cine, es la pura esencia del fracaso, es el dolor rodado. Es atroz y terrible. Me resulta imposible criticar esta película porque no es una película. Es la amargura de la vida.
GVD 
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