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Críticas de: Favio Rossini
Favio Rossini Madrid - España 
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JCVD (J.C.V.D.) (2008)
Mabrouk El Mechri
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| 59 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Diciembre de 2008 |
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El amigo Jean Claude ha sido, desde que yo era un crío, uno de los máximos exponentes del género de acción, baluarte en el que confiaban los grandes estudios para que cada año una manada de chavales(y no tan chavales) fuéramos al cine a recibir nuestra ración de mamporros y rusos muertos.
Pero los años pasan hasta por Van Damme y de un tiempo a esta parte sólo le ofrecen películas de serie B producidas en Turquía en las que él se lleva el 80 por ciento del presupuesto. Cualquiera estaría contento de seguir cobrando millones de euros, pero no Jean Claude. No quiere ofrecer a los niños un entretenimiento cutre y sin sentido, prefiere que se invierta el dinero en la película, aunque sea a costa de cobrar menos.
Pero no tiene más remedio que aceptar, dado que su mujer le esta sacando hasta el último real en un proceso de divorcio que está chupando toda su energía. No quiere perder a su hija, y para ello tiene que apechugar.
En éstas está nuestro héroe cuando se ve involucrado en un absurdo atraco en una oficina de correos.
Así comienza “JCVD”, este falso documental que fue la gran sorpresa de la pasada edición de Sitges y una de las grandes películas del año que estamos a punto de cerrar. Una comedia con tintes trágicos que está llamado a ser un clásico entre los más frikis.
Una realización fuera de lo común fundamentada en unos larguísimos planos secuencia (algunos tan espectaculares como el de cuando Jean-Claude nos abre su corazón), una banda sonora espectacular y una fotografía más que trabajada harán las delicias de aquellos que vayan a verla con sus gafas de pasta.
Risas y llantos a partes iguales. Sin desperdicio.
Favio Rossini 
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El último (1924)
F.W. Murnau
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| 56 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Marzo de 2008 |
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El protagonista de nuestra historia no se ruboriza ante una mujer sino ante su propia imagen vista en un espejo.
Mientras el uniforme le pertenezca, su seguridad y autoestima no conocen fisuras. Para él, la felicidad reside en las cosas, no en las personas, y no porque sea una victima del materialismo,sino porque de ello depende su posición social y familiar. Cosas tan pequeñas como un uniforme o una cuenta bancaria son suficientes para que haga oídos sordos al dolor y al sufrimiento del mundo. El portero idolatra ese poder que le da esa agradable sensación de fortaleza, que proviene de la ilusoria identificación con los poderosos.
Para subrayar estas características, el portero es contrastado con el sereno del hotel. Este parece conocer la piedad y la solidaridad. Su generosidad es sencilla y tierna. El sabe vivir con lo que tiene. El portero cree vivir en una drástica sociedad binaria (como en su sueño: el ascensor que sube o baja, el limpiaparabrisas que gira hacia izquierda y derecha, las puertas giratorias que tragan o escupen gente) en la que solo existen dos alternativas: la buena vida de las posesiones materiales o la depresión ante la perdida de dichas posesiones.
Lo que Murnau (y compañía) nos quiere trasmitir queda claro. Las miserias del capitalismo, egoísta y ciego, terminan por arruinar la sociedad, que ha perdido la piedad y la compasión. Las cosas sustituyen a los hombres. Sus propios emblemas los acaban matando. Incluso las clases más bajas entran en su juego, admirando a los que tienen poder y mofándose de quienes lo pierden.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Y es que, si hubiera que elegir una película en el que se contase con mayor claridad las miserias de este sistema esa seria El último. Y, curiosamente, el mejor ejemplo de ello es el happy end impuesto por la UFA, que no veía con buenos ojos que, además de los múltiples y costosos experimentos que se realizaron en esta película, el final trágico hiciera de ella un fracaso en taquilla. Este final es tan absolutamente inverosímil que nadie se lo traga, quedando claro que, como mucho, es una fantasía. Así, Murnau y compañía demostraron como, con un poco de pericia y un mucho de talento, se puede dar una vuelta de rosca a las imposiciones. El azar del destino, en este caso presentado en forma de herencia, convierte a nuestro protagonista en un millonario. Este se permite el lujo de comer en el hotel donde antes era un mero empleado. Allí hará una demostración de sus toscos modales. No importa lo vulgar que sea, ya que posee lo único verdaderamente necesario para estar entre la clase alta: dinero.
Favio Rossini 
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El truco del manco (2008)
Santiago A. Zannou
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| 51 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
18 de Enero de 2009 |
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Que fácil es acabar cayendo en el sentimentalismo barato cuando todo en la historia a priori llama al gran drama. Y que difícil es hacer una historia que emocione y de que pensar sin caer en mensajes vacíos de medio pelo. Chapó para el primerizo Zannou y para el Cuajo, dos de los Goyas más cantados, por méritos propios, de la edición de 2008.
El Langui saca los colores a todos aquellos que no paramos de quejarnos por todo. Vemos un montón de arena y hacemos que nuestra imaginación lo convierta en una gran montaña, sin darnos cuanta que la solución a nuestros problemas está delante de nuestras narices, dentro de nosotros mismos. Y da igual que vivas en un barrio marginal del extrarradio o que no levantes un palmo del suelo. No es necesario conducir para tener coche ni usar las dos manos para hacerte un canuto.
Sin excusas. Y no me digais que no se puede.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Atrevido final. La vida nunca se tiñe de rosa, pero al menos todas las experiencias te enseñan algo.
Favio Rossini 
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Druidas (2001)
Jacques Dorfmann
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| 47 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
31 de Marzo de 2008 |
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Reivindico el masoquismo cinéfilo como una forma más de ver cine. Viva las películas malas. Esas que te hacen disfrutar desde el primer minuto. Esas que sales del cine pensando que no has tirado el dinero. Esas en que la gente en la sala empieza a reírse bajito y acaba entre carcajadas generales. Esas en las que "Druidas" se proclama como rey de reyes.
Basta de mediocridades. Si se hace una película mala, se hace mala pero de verdad. Con mostachos postizos y doblajes patéticos. Con el peor actor de la historia (larga vida a Chistopher) y la peor dirección artística jamás vista.
Esta película creo un nuevo género, el "género Druidas": Películas demasiado ambiciosas para el presupuesto que tienen, con actores de segunda fila y un guión de risa.
Desde aquí hago una llamada a todos los productores del mundo para que le den una segunda oportunidad a Jacques Dorfmann. Sé de muchos que esperaríamos días en las puertas de los cines sólo para poder disfrutar tanto como lo hicimos con esta película.
Realmente me hace daño tener que darle un 1. Tendrían que hacer un ranking en FA (ranking Druidas sería un buen nombre) para votar este tipo de películas.
Favio Rossini 
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Mary Poppins (1964)
Robert Stevenson
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| 46 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Abril de 2008 |
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Sería incapaz de calcular cuantas veces vi Mary Poppins cuando era un niño.
Aquellos veranos en casa de mis abuelos, donde la única forma de que el crío se quedara quieto era enchufarle "la película de la señora esa que vuela".
Cuando vuelvo a ver Mary Poppins la recuerdo tal y como la veía en aquellos años. Con rayas blancas a causa de la cinta VHS mil veces rebobinada. Con el aperitivo de pan frito con chorizo y las manos llenas de grasa por culpa de atender embobado a la televisión, a pesar de que sabía perfectamente lo que iba a pasar.
Flipaba con el maletín de Mary Poppins, con las carreras de caballos de tiovivo, con el deshollinador. Pase frustrantes tardes enteras en mi cuarto chasqueando los dedos para ver si los juguetes volvían a su lugar de origen ellos solos (con el tiempo aprendería que las películas no son reales, muy a mi pesar).
Mary me enseño de la importancia de reír, de imaginar, de hacer lo que uno cree hasta las últimas consecuencias.
Quizás vista a los ojos de un adulto la moralina de la historia sea insufrible. Pero para un mocoso inquieto de seis años Mary Poppins representa su fantasía predilecta. Un lugar donde cualquier cosa es posible.
Un lugar para soñar.
Favio Rossini 
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