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Críticas 255
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
6
27 de julio de 2007
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Confieso no haber leído nada del británico Edgar Wallace (nota curiosa: es el escritor mayor número de veces adaptado al cine -hasta en 160 ocasiones- de toda la historia), pero por lo que tengo entendido y por lo que intuyo debió ser una especie de émulo del clásico Conan Doyle, un tipo apegado a las novelas de misterio elegantes y sorprendentes. No sé si el inspector Larry Holt es un personaje recurrente en su obra al modo de un Sherlock Holmes más apegado a la realidad, pero desde luego tiene madera para ello, más que por sus dotes detectivescas por esa entente cordiale que establece con (al menos en el film) su inseparable sargento "Sunny" Harvey. Es este simpático secundario que tan bien compone Eddi Arent el que aporta el toque "british" (y cómico) a una producción eminentemente alemana.

En efecto: pese a estar ambientada en el neblinoso Londrés, hay mucho del expresionismo germano en la excelente fotografía de Karl Löb, pródiga en luces y sombras administradas estratégicamente para crear ese ambiente idóneo para que germine el suspense. Un suspense brillantemente sostenido, no sólo por la pericia del guión (que hubiera aprobado gustosamente la ancianita Agatha Christie) sino también por la riqueza con que están perfilados todos los personajes, con mención especial para el inquietante psicópata ciego Jack y ese misterioso elemento de la naturaleza que responde al nombre de Klaus Kinski. La intriga te arrastra de una hipótesis a otra con inteligencia y sin hacer trampas, intercalando elementos de terror puro (los ciegos dan muy mal rollo) con gotas de humor marciano, hasta desembocar en un desenlace coherente y muy bien pensado. El resultado es un thriller elegante, sabiamente dirigido por Vohrer y con un sedimento camp, en el fondo y en la forma, realmente estimulante.

Lo mejor: el asesinato en el ascensor.
Lo peor: tarda un poco en ponerse interesante.
28 de febrero de 2009
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tonta, previsible, aburrida, cutre y con unos diálogos y situaciones que producen vergüenza ajena. La crítica podría terminar aquí, francamente, porque no hay nada que merezca salvarse de este cúmulo de despropósitos.

Fulci estaba cascadísimo, en lo más bajo de su declive, eso ya lo sabía, pero no esperaba que fuera capaz de firmar un producto de un nivel artístico tan paupérrimo. Y eso que la historia prometía (al menos en su papel de delirante exploitation): fantasmas nazis tentando con sexo fácil a despistados adolescentes. Pero esto se materializa de puta pena. Es increíble la forma en que se desaprovechan escenas, situaciones que prometían bastante (de sangre y de sexo). Sólo tiene algo de interés y suspense el momento de la ruleta rusa, el resto es aburridísimo y subnormalísimo, coronado por uno de esos finales que uno desearía no haber visto jamás.

Pura caspa que ni siquiera inspira un mínimo de simpatía. Espantosa.

Lo mejor: el juego de la ruleta, por decir algo.
Lo peor: TODO lo demás.
21 de agosto de 2008
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película ejerce una fascinación que tiene mucho que ver con sus defectos. Como en la mítica e infame Manos: the hands of fate, su pátina visual de peli barata viejuna, su montaje (también de sonido) chapucero, su pésimo reparto y su, en definitiva, cuestionable manejo de los más elementales recursos cinematográficos hacen de su visionado una de las experiencias más extrañas que uno pueda echarse a la cara. También hay que tener en cuenta el dato de la autoría: dirige el padre del gore Gordon Lewis, que aquí desnuda su corpus creativo ofreciendo un espectáculo gore prácticamente puro.

La trama se articula a través de una sucesión de números de magia (aliñados con casquería) que un tipo inquietante con maquillaje de los chinos exhibe ante un público un poco retard (atención a la reacción de la platea con los diferentes trucos del mago). Es simple, y podía haberlo sido más: sólo números de magia-gore, uno detrás de otro, sin hilazón argumental de ningún tipo. En lugar de ello se saca de la manga una idea delirante que desemboca en un clímax surrealista que es terrible, pero que a mí me hace gracia. Como toda la película, por otra parte una pura exploitation sin otra baza fuerte que el gore, ya de por sí tirando a mediocre.

Y pese a ello, o por ello, se hace entrañable. Su valentía conceptual, su honestidad, incluso todos los defectos antes mencionados, hacen de El mago del gore una de las pelis de terror más raras y, a su modo, disfrutables de la historia del cine de serie B (o Z, con esto de las letras hay que andar con ojo). Puritito Gordon Lewis.

Lo mejor: su grandilocuente verborrea regada con casquería fina fina.
Lo peor: iba a decir los actores, pero lo hacen tan mal que hasta su bochorno me despierta simpatías.
18 de agosto de 2007
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dark blue es una de las más iracundas reflexiones sobre el fascismo cotidiano que se han rodado en el cine americano en los últimos años. Da igual que todo suene a ya visto, porque su esquinada confección dramática no se pliega a las leyes del mercado ni a convencionalismos de fácil asimilación. Esta no es una película de buenos y malos (ni siquiera de polis buenos y polis malos): es una radiografía de marcado tono pesimista que pone en evidencia la decadencia de valores del mundo moderno ejemplificada en ese estrato policial más podrido que el alma de Dorian Gray. Aquí no hay ni un solo personaje positivo, todos están hechos a base de luces, sombras y borrones de moralidad, y hasta el personaje protagonista interpretado por Kurt Russell trasciende el arquetipo del clásico antihéroe para convertirse en un auténtico cabronazo incapaz de despertar nuestras simpatías.

Es inteligente la idea de colocar la historia durante las revueltas populares que se sucedieron tras el juicio de Rodney King, el afroamericano apaleado sin motivo por una cuadrilla de policías sin corazón, pero no resulta nada difícil trasladar las conclusiones obtenidas a la actualidad. Lo que menos me gusta del film del deportivo Shelton es su recurrencia a esa violencia seca e implacable que la emparenta con clásicos policiacos setenteros (incluso con alguna de las últimas del hierático Steven Segal) caracterizados precisamente por su poderosa carga fascista; y es que a Shelton la forma se le revela contra el fondo, con toda seguridad porque se siente demasiado atraído por aquello que pretende criticar. O quizás porque no sabe si decantarse por la diatriba directa o el homenaje a un género, para acabar quedándose con las dos. Aún así, un atípico thriller que mereció algo más de atención en su momento, algo así como el hermano pequeño y respondón de Training day, menos divertido, con una puesta en escena más tosca y chapucera (aunque con algún que otro hallazgo, véase la fantasmal incursión por el barrio negro levantado en armas), pero más adulto y menos dado al maniqueísmo de multisalas. Más ambiguo, en definitiva.

Lo mejor: su rabia nada contenida.
Lo peor: a veces se regodea en la violencia de forma innecesaria.
24 de septiembre de 2009
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con Anma to onna (Los masajistas y la mujer), Hiroshi Shimizu vuelve a interesarse por personajes que guardan secretos bajo la piel, pero también por ese juego de apariencias que nos impide conocer realmente a quien tenemos en frente, ver más allá de lo que está ante nuestros ojos.

La película encierra un paradójico personaje: el protagonista, ciego, parece ver mucho más allá que todos los demás; su mirada vacía aprende a conocer a la mujer del título, otro personaje huido y frágil que desnuda su dolor en un centro de reposo rural que simula un limbo terrenal evadido del tiempo y de la realidad. En ese espacio extraño y hermoso, todo parece detenerse para que los personajes puedan avanzar.

Shimizu registra este fluir interno de sentimientos (prácticamente imperceptibles) con su calmada estilo personal, intensamente bello, dejando entre sus fotogramas los posos emocionales de una inacabada -e "inempezada"- historia de amor que culmina en anticlimax, porque lo que verdaderamente importa es conocer a esos personajes durante ese breve espacio de tiempo, nada más.

Pequeña, sencilla y livianamente profunda, Los masajistas y la mujer vuelve a corroborar a su director como un perspicaz retratista del alma humana y, a pesar de ser uno de los títulos menos redondos de su filmografía, despierta un intenso aroma a nostalgia y buen cine que apetece paladear.
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