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Críticas de: Tony Montana
Tony Montana Sevilla - España 
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La joven de la perla (2003)
Peter Webber
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
10 de Marzo de 2009 |
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Explicaba Hitchcock a Truffaut a raíz de Vértigo que la escena en que Jimmy Stewart le pide a Kim Novak que se arregle el pelo como la difunta Madeleine la tenía completamente desnuda a falta de quitarle las braguitas, y que esa sería la última concesión que le faltaba para tenerla absolutamente a su merced y proceder a tirársela. Era la especial habilidad que tenía Hitchcock para poner caliente al personal sin necesitar quitarle ni un centímetro de ropa a su actriz protagonista, todo fruto de la inteligenciaen montaje y puesta en escena. Sexo absolutamente visceral sin mostrar ni el roce de las manos, escondido bajo una aparente capa de frialdad e indiferencia. En esa inteligente decisión de Peter Webber radica el principal acierto de La joven de la perla, que podríamos definir perfectamente como una película que navega entre el melodrama y las formas hitchcockianas a pesar de su aparente recreación histórica de un hecho cuanto menos ficcional, basada en uno de los cuadros más misteriosos de la historia (de alguien tan tiquismiquis y especialito como era Vermeer). Y es que no resulta nada problemático identificar a la aquí deslumbrante Scarlett Johansson con una de esas rubias gélidas que tanto amaba Don Alfredo y a Colin Firth como alguien equiparable al Scottie Ferguson de Vértigo o al John Robie de Atrapa a un ladrón, fascinados enteramente por un personaje femenino que hace que se olviden de todo. Es una fulminante historia de amor imposible, romántica hasta el hartazgo, una desnaturalizada y críptica versión de Romeo y Julieta que hace de su simbología su gran fuerte para vencer al tedio que pudiesen provocar sus imágenes, puesto que el mensaje que se encuentra soterrado en la profundidad de la cinta es lo que justifica todo aquello que se nos muestra de una manera algo fría, la pasión bajo el hielo, los sentimientos por encima del comportamiento cerebral.
La película está envuelta en una espectacular ambientación gracias al sobresaliente trabajo en la fotografía de Eduardo Serra, quien diseña un complejo juego de luces y colores semejante al que utilizaba el pintor holandés. Es fría como un témpano porque así busca ser la película, y sin embargo no importa lo más mínimo, pues la gran satisfacción de la película es ver un encuadre tras otro, cada uno mejor que el anterior, y donde cada composición supone también un homenaje a los cuadros de no sólo de Vermeer, si no de numerosos contemporáneos del barroco (algunos interiores nocturnos son puro Rembrandt), ya que no es un esteticismo vacuo y facilón como el de, por ejemplo, Alatriste. Es descaradamente pictoricista, e incluso en algunos momentos abraza en exceso el academicismo que, por regla general, abunda en cualquier película de tratamiento histórico, pero abruma, y atrapa por la fuerza de sus imágenes y por la inteligencia con la cámara de Webber.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La otra gran baza es la relación intrínseca entre pintor y musa, el cuadro, y todo lo que se vertió en él durante su preparación y su plasmación. Es una película sobre las pulsiones, sobre las sensaciones guardadas en lo más profundo. Ahí se gesta todo, principio y fin, porque, como decía al principio, estamos ante una película más hitchcockiana de lo que podría parecer, y el recuerdo de Vértigo y la forma en que entablan pintor y maniquí su relación lo demuestra a las claras, y sólo interesa el momento, no la vida del pintor, ni acercarnos a su obra desde un punto de vista positivista. Del mismo modo que Vermeer enseña a Griet los colores, cómo experimenta con ellos y con la luz, ambos intercambian miradas, gestos emociones, y ella le libera de ese barbecho inspiracional en el que se encuentra sumido. En este proceso, el pintor de Delft irá desnudando de una manera sinuosa a su joven modelo, haciendo el amor de una manera absolutamente psicológica a través del lienzo. Y es que ni se rozan, como ese gran plano detalle de ambos mientras mezclan colores en que sus miradas se cruzan, crean una tensión mental a la que no pueden responder con sus cuerpos, ya que sus manos están inmóviles a escasos centímetros una de otra. Webber se deleita con ese amor puramente platónico, juega con los rostros de uno y otro, y consciente de la fuerza de las miradas de ambos, basa en el plano contraplano la relación.
Todo arranca en esa iniciación a los colores y poco a poco la va desnudando, mientras le pide que se humedezca los labios para el brillo; verla sin su cofia mientras la observa desde la oscuridad y ella, de una manera totalmente sexual, muestra su voluptuosa melena; hasta el momento definitivo en que él consigue “desvirgarla” haciéndola sangrar mediante la herida en su lóbulo para el pendiente. Griet es la idealización, y así es su relación con el artista, a un nivel puramente intelectual, por lo que no es de extrañar que, una vez finalizado el cuadro, ella necesite ir corriendo a buscar a su novio Peter para perder la virginidad a un nivel puramente físico. Y es que si La joven de la perla fuera menos críptica probablemente sería un culebrón. Es un continuo cambio de pareceres, desde los celos de la mujer del pintor al comprobar como ella jamás será su modelo y prefiere retratar a otras mujeres en sus lienzos, sintiéndose engañada sabiendo que su marido ponía su vida y su alma en cada obra maestra; pasando por el joven novio de Griet, quien encarna el deseo carnal de la joven; hasta el despótico mecenas incorporado por Tom Wilkinson que simboliza la irracionalidad y el libertinaje, convirtiendo inmediatamente a la mujer que posa con el en una posesión física, y que desea fervientemente a la muchacha, hasta manipular la vida de pintor, provocando la sutil venganza de Vermeer al enviarle el cuadro una vez finalizado a Van Ruijven, quien lo contempla derrotado al asumir que no podrá poseer a la joven.
Tony Montana 
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Ashes to Ashes (Serie de TV) (2008)
Jonny Campbell, Bille Eltringham, Catherine Morshead
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
1 de Noviembre de 2008 |
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Soy fanático de Life on Mars, y después del impresionante clímax que fue el capítulo final, broche de oro a una serie inmaculada, necesitaba saber más. Y me enteré de esta serie, spin off con Gene Hunt como absoluto protagonista, y me dispuse a verla. Desde el primer momento te dice bien claro lo que va a buscar: aprovechar el tirón, y es que arranca con una voz femenina diciendo eso tan famoso de "My name is Sam Tyler...", y de repente vemos de qué se trata, ya que la primera vez que aparecen los tres personajes que siguen de la serie original se nos presentan de una manera grandilocuente, siendo evidente el intento de homenajear a algunas series policíacas de los años 80 que han envejecido mal precisamente por esa estética tan marcada y esas idas de olla en guión y dirección. Pero sobre todo tiene una gran tara: Annie. Vale, quizás, sin Sam, esta pegue poco, pero alguien como ella no debería sobrar en ningún lado, ya que resulta practicamente imposible no enamorarse de Liz White tras haber visto la serie.
Es, por tanto, una serie irregular que nunca alcanza la maestría del original, ya que todo suena a sobado, a deja vu, aunque bien es cierto que aquí se potencia la gran estrella de LOM: el DCI Hunt. El gran problema es su pareja de baile, Keely Hawes, quien, no sé si por falta de carisma en la construcción de su personaje o porque ella no sabe aportar el toque que sí le daba John Simm a su Sam Tyler, apenas consigue que conectemos con ella y sólo esperemos con ansia la aparición del gran personaje encarnado por Philip Glenister. Es sosa cuando intenta parecer una mujer dura, y no termina de cuajar su relación con todos los personajes debido a que el guión de cada capítulo resulta forzado, especialmente con sus padres y su padrino, y buscando siempre la espectacularidad, cosa que no sucedía en su predecesora, donde todo sucedía con la mayor naturalidad. Un gran acierto aquí es potenciar la vena cómica de esa genial pareja formada por Ray y Chris, quienes reparten algunos momentos imborrables, y logran salvar las muchas lagunas de la historia.
A pesar de tener virtudes, como el estudio del determinismo en detrimento del azar, el intento contrarreloj de cambiar el pasado y vencer al destino, y esa posible relación que se intuye entre ambos protagonistas, los traumas de infancia y la solución de estos, el tener las mismas bases e ideas que Life on Mars y trasladarla 10 años después a la aventura de Alex Drake, no logran ser un aliciente. Se necesita algo diferente, que no suene a visto, ya que esa redundancia termina siendo contraproducente, cargada de soluciones facilonas y efectismos baratos a la que no resulta excesivamente difícil desarmar a poco que uno quiera y terminar siendo bastante predecible por otra parte.
Tony Montana 
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WALL•E (2008)
Andrew Stanton
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| 7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
11 de Agosto de 2008 |
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Pixar pertenece al grupo de artistas que con su obra vuelven a la pureza del arte, a la limpieza de una simple idea que podría tener lugar en la cabeza de cualquier niño de no más de cinco años, a la construcción de una historia a la que subordinar una tecnología sencillamente pluscuamperfecta sobre la que erigir genialidad tras genialidad, un grupo de brillantes privilegiados que han sabido ser uno solo y poner siempre el escalón en un nivel superior al que ya habían subido y, por imposible que parezca, mejorar lo que ya parecía intocable, y convertir una aparente cinta de dibujitos animados en arte y en vida. Y es que WALL•E no es, ni más ni menos, que la muestra de que siempre se puede dar un paso más allá, de que no hay nada insuperable y colocan el listón más alto con la historia de ese pequeño robot.
Y es que el comienzo de esta obra reviste a toda la historia de un fondo bastante amargo y descorazonador, quizás el colmo del pesimismo y de la tragedia, la soledad llevada al extremo, y quizás algo poco amable que contarle a un niño que espera ver una película de robots y viajes en el espacio. Pero nada más lejos de la realidad, aquí Andrew Stanton consigue utilizar todo lo que tiene a su alcance para que, lo que podría ser algo bastante complejo de narrar, además de monótono se convierta en pura magia dotando de una humanidad asombrosa a un trozo de hojalata con el que el público desde el primer fotograma. Siguiendo las ideas maestras de la compañía, esas que se repiten en toda la filmografía desde Toy Story, se crea un perfecto cóctel que mezcla la poesía con la comedia y la ternura de un robot que lo único que busca es a algo o alguien que le haga caso y que le haga compañía, ya sea la pequeña cucaracha que le acompaña a todos lados o la simpática EVA, con la que, siguiendo esa vieja idea de armonizar clasicismo y modernidad y descubre sentimientos tan improbables en un robot como el amor sin condiciones y el sacrificio.
Hasta ese momento, la aparición algo terrorífica de EVA, vemos uno de los más certeros retratos de la soledad y el hastío que mejor ha reflejado la gran pantalla, con ese portentoso robot de reminiscencias chaplinianas y fordianas y de nostálgica pero a la vez nada desesperanzadora visión del mundo. Es el retrato de un ser desubicado en busca de su lugar en el mundo, casi un Tom Joad con cables en lugar de vísceras, una criatura que ansía encontrar una mano que le acune para no tener que hacerlo (quizás, el gesto más chapliniano que he visto en una película que no sea del genio británico, por todo lo que conlleva, por la carga de tristeza y de esperanza que transmite simultáneamente) y la de ser cuya identidad está constituida a base de recuerdos que almacena en su pequeño camión y que va llenando mientras busca incansablemente con su simpática cajita en la que transporta todo su mundo y todos y cada uno de sus sueños.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: A partir de aquí, arranca la ciencia-ficción más primigenia, la que tiene retazos del gran cine y la literatura genérica y que homenajea a nombres tan aparentemente dispares como Kubrick, Platón o Asimov. Pero, a diferencia de las creaciones de Dreamworks los homenajes que hallamos en cualquier cinta de Pixar son recursos usados hábilmente que van más allá de ese juego de reconocer a qué peli pertenece, son ideas dramáticas que funcionan con una fluidez y una naturalidad asombrosa no por si mismas, si no que sirven para crear un todo sin que se resientan de las costuras. Arranca casi como una muestra de la robótica de Asimov, mostrándonos cada pequeño engranaje de ese nuevo mundo que han creado las máquinas para el hombre, y cómo funciona esa nueva sociedad en la que las personas son, más o menos, vegetales conectados a máquinas que viven por ellos y que les ordenan qué sentir. Hasta la llegada del robot limpiador, el ser humano está abotargado en su visión más banal, convertidos en una panda de Paris Hilton sedentarios con sobrepeso incapaces de hacer algo sin que una máquina les diga cómo, evolución natural de la sociedad actual que ha visto cómo las máquinas han ido, poco a poco, ocupando un lugar principal en nuestras vidas, dejando de ser algo supletorio y de divertimento para convertirse en elementos sin los que no tenemos vida, y llega un momento en que todo aquello que estaba bajo control se nos va de las manos. Sin embargo, es la llegada de lo antiguo, de lo primitivo por llamarlo de algún modo, lo que despierta al hombre de su letargo, como la hermosa secuencia del baile espacial y le hace apagar sus monitores y levantarse para huir de ese mundo de sombras que le han preparado las máquinas, es capaz, por fin, de reconocer lo real y lo falso y escapar de esa cueva de las ideas impostadas. Una lección más sobre cómo el hombre ha sido a su vez su propio juez y verdugo, creando la solución a sus problemas en forma de máquina que, al final, será ella misma quien termine con el hombre, el eterno fatalismo al que está ligado el destino del ser humano, ya que se despreocupó, puso su vida en manos de la tecnología y dejo el cuidado del planeta en manos de una máquina que acabó sintiendo como un hombre y que tendrá que ir a rescatarlos, liberando a un grupo de robots dañados o anticuados y desterrados que consiguen, con su lucha, hacerse un hueco en una sociedad que únicamente busca la perfección, algo que traerá problemas ya que la imposición de la tecnología como método de vida únicamente tendrá una consecuencia: la desaparición de la naturaleza en beneficio de la fría robótica, alejando al hombre de su principal razón de ser para habitar cubículos prefabricados y vestir un aburrido traje monocolor de peligroso parecido con el comunismo soterrado de La invasión de los ladrones de cuerpos, incapacitando al hombre de sentir algo más de lo que se le ha ordenado desde arriba por parte de algo inhumano que jamás, a excepción de WALL•E, podrá sentir.
Tony Montana 
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El triunfo de la voluntad (1935)
Leni Riefenstahl
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| 18 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Abril de 2006 |
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Cuando en la facultad me mandaron ver esta película, que alababa las doctrinas nazis, sencillamente me negué a verla. No fue hasta que mi profesor dijo que era obligatoria para aprobar, cuando me decidí a verla. Cuando terminé de verla tenía una sensación de lo más extraño. Había disfrutado viendo un auténtico monumento al nazismo y particularmente me sentía miserable.
Con el paso del tiempo, en un revisionado, lo entendí todo perfectamente: Leni Riefenstahl puede conseguir que me resulte atractivo algo tan aberrante e inhumano como es el nazismo. Al igual que Eisenstein, que consigue que uno se interese por el comunismo en su genial trilogía sobre la revolución soviética. Probablemente el mejor documental propagandístico jamás rodado.
Leni hace gala de un dominio del medio cinematográfico que para sí lo quisieran algunos de los considerados grandes maestros del cine. Unos travellings grandiosos, unos planos generales únicos, unas panorámicas geniales, un montaje soberbio... pocas pegas se le pueden poner cinematográficamente hablando, por que es una joya, pura historia del cine... pero eso sí, el cine puede servir para lo peor, como ensalzar al mayor criminal de la historia
Tony Montana 
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Un corazón invencible (2007)
Michael Winterbottom
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| 14 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Septiembre de 2007 |
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Marcuse hablaba en sus teorías sobre la publicidad que hoy en día no existe una verdadera elección dentro del mercado, que no había una oposición real al capitalismo, que simplemente estamos supeditados a hacer lo que quiera la sociedad, la cual nos engaña para hacernos creer que somos diferentes, o que tenemos alguna capacidad de decisión. Algo parecido pasa con el cine del amigo Winterbottom, que se ha propuesto enfadar a todo el mundo posible en sus últimas y "comprometidas" películas, donde no deja más que un reguero de tópicos con los que traza a los diferentes personajes de manera totalmente simple y sin profundizar en ellos. Si en Camino a Guantánamo, película que no aguanté más de media hora pro su vomitiva y rancia propuesta, retrataba a unos yankis malvados y a unos moritos indefensos, con Un corazón invencible parece querer congraciarse con los yankis y les da una película edulcorada al máximo, e impropia de este adalid del cine progre y gafapasta.
Me esperaba una película hecha para el lucimiento de Angelina Jolie, y una de sus ventajas, aunque, paradójicamente, inconveniente a la vez, es no centrar toda la película en ella para que se recreara en el papel de la sufridora Marianne. Así consigue que no sea el clásico biopic que únicamente va enfilado para el oscar a mejor interpretación protagonista. Pero se echa en falta que sepamos mejor qué le ocurre, ya que Winterbottom se pasa más tiempo interesado en investigar sucesos y sacar nombres que al espectador poco le importan, para aparcar bastante la evolución del personaje de la Jolie, quedando bastante desdibujado. Al estar tan igualadas las partes de drama y thriller, lejos de complementarse, se debilitan una a otra, ya que el director nunca sabe por qué parte tirar, y al final lo único destacable son un par de secuencias que por su forma de estar rodadas recuerdan a algunos de los mejores thrillers de los últimos años, como Munich, Bourne o Collateral.
El estilo del director se hace presente constantemente con su uso habitual del montaje, dándole a la película una constante sensación de docudrama, y, aunque al comienzo se agradezca que no quiera caer en el melodrama, al final se echa de menos más implicación en el tratamiento dramático de Marianne, por la que resulta difícil sentir algún tipo de empatía, ya que todo tiene muchos datos difíciles de enlazar en poco tiempo. De forma brillante, sí consigue hacernos sentir ese agobio y ese hedor de las sesiones de interrogatorios de la policía y y la dureza de la situación, aunque al final se acabe diluyendo en un poso de buenas intenciones. Lo malo es que alguien tan presuntamente arriesgado no intente profundizar más en el desarrollo de todos los personajes y nos entregue una película totalmente fría y a la que le falta garra. Lo mejor, sin duda alguna, la estupenda interpretación de Angelina Jolie, que, aunque suene raro, aprovecha un papel desdibujado y esquemático... podría haber dado muchísimo más.
Tony Montana 
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