Hay que reconocer que la peli es mala, pero yo no me identifico con todos esos que entran aquí y dejan su comentario despotricando de esta película creyéndose los dueños de la razón absoluta y los sabios de entre donde los haya. Pero el personaje de Rambo y Sylvester Stallone hay que reconocer que son muy carismáticos, yo estoy con ellos, o mejor dicho, con Sylvester Stallone, por haber sido uno de los heroes de la adolescencia de muchos de nosotros (de los progres con un alto coeficiente intelectual y que son más inteligentes que los demás no, por supuesto, faltaría más). Pues eso, que la peli es mala hasta decir basta pero que Rambo I es casi una obra maestra. La 2 también es mala aunque creo que un poco más pasable que la III. Es que la III es muy aburrida, el guión no es más que una excusa para ver tiros vacíos de contenido. La trama es inexistente y Stallone es un actor pésimo (pero insisto, es un crack y el personaje de Rambo también). Pues eso, para los incondicionales y, como ya he dicho, los que se van de listos mejor que se abstengan de andar dando la vara haciendo comentarios de "me creo más inteligente que la mayoría de los mortales". No tenéis más razón que los republicanos, no.
¿Hasta que punto la conciencia es capaz de luchar contra los placeres carnales? ¿Qué sucede si superas este límite? ¿Merece la pena traicionar a tu propia conciencia con el fin de dar rienda suelta a tus deseos más primarios? La respuesta es NO. Esta película es una obra maestra porque muestra de una forma muy contundente el lado oscuro de las relaciones sexuales. Todos tenemos una conciencia que no debemos traicionar y que si lo haces lo vas a pagar. Esto le sucede incluso al protagonista, el personaje que protagoniza John Malkovich magistralmente, que parece que no tiene escrúpulos durante toda la película aunque finalmente acaba sucumbiendo ante sus propios errores. El problema es que por delante se lleva también a la única mujer que llega a amar sinceramente por primera vez en toda su vida. Repito que el modo tan salvaje y contundente de mostrar la dura realidad es lo mejor que tiene esta cinta junto con las impresionantes actuaciones de la mayor parte de su magnífico reparto, encabezado por la excelente actriz (que será siempre recordada por sus papeles de mala) Glenn Close, John Malkovich que le va a la zaga y la infravalorada y guapa Michelle Pfeiffer, la mejor modelo-actriz que ha habido. También participan unos tiernos y jovencísimos Keanu Reeves y Uma Thurman, aunque con mucho menos trascendencia. El personaje que interpreta Glenn Close, en que se centra la novela y que es el mal personificado, acaba también pagando sus errores.
Película agradable de ver, no es ninguna maravilla pero los personajes, que forman parte de una misma familia, se hacen querer. Sam Peckinpah, que como se ha dicho, nos presenta su película más suave, es capaz de hacernos pasar un rato muy divertido y consigue que nos identifiquemos con la historia que nos presenta. Lo más destacable que podemos extraer de este film es sin ninguna duda la naturalidad que consigue imprimir a la cinta. Junior Bonner, estrella del rodeo como en su día lo fue su padre, vuelve a casa y se encuentra con que algunas cosas han cambiado, su hermano y su cuñada están dando un giro al negocio familiar el cual quieren monopolizar, aunque con el visto bueno de su hermano, Steve McQueen, quien no se lo da. McQueen interpreta a un individuo muy diferente a su hermano, al que le gustan las cosas como han sido siempre, es un hombre de rodeo, de montar a las vacas, mientras que su hermano es un hombre de negocios, que quiere dirigir el rodeo desde fuera. A pesar de ello y de que llegan a tener algún que otro encontronazo se ve que se quieren realmente, y eso es lo mejor de todo. Por otro lado están los dos padres de Junior Bonner, hay que incidir en que el reparto es magnífico, con un Robert Preston y una Ida Lupino que consiguen llegar al espectador con su historia de amor. Los padres de Junior están separados, y de hecho Bonner Senior es tan galán y atractivo para las mujeres como su hijo Junior. Lo más bonito es ver como sus hijos animan a ambos a reconciliarse a pesar de que los destinos de ambos son muy divergentes (el padre está obsesionado con retirarse a Australia como buscador de oro), insisto, lo más bonito y destacable para mí de esta película es la honestidad de la historia y de los sentimientos entre los miembros de esta familia, y esto es mérito tanto del director como de los actores, que hacen un gran trabajo (especialmente el trío Steve McQueen, Robert Preston e Ida Lupino). Además Junior todavía tiene tiempo para ligarse a la guapísima Barbara Leigh con quien Steve McQueen tuvo un romance en la vida real. Lo que es el pretexto de la película, todas las pruebas del campeonato de rodeo en el que participan juntos Junior y Senior Bonner, es lo que hace de esta película un entretenimiento. En definitiva, una película que no es ninguna obra maestra ni mucho menos pero que sí es encantadora y entrañable por su sinceridad, te deja buenas sensaciones (a pesar de que el final no es totalmente feliz pero sí realista), con ganas de volver a verla en algún que otro rato libre que tenga.
Espantosa película de aventuras clásica. Yo, que soy un fanático de este tipo de películas y que siempre me consideraré un defensor frente a viento y marea de este tipo de cine, me enfrentaré contra quien haga falta con tal de defender la dignidad de la peor de las películas de aventuras de la historia, pero yo mismo no he podido soportar lo pésima que me pareció ésta en concreto, hasta yo me he tenido que rendir a la evidencia y, por no ser un hipócrita, he de reconocer lo que opino. Errores insalvables. En primer lugar y lo peor de todo, las caracterizaciones de los personajes. Estamos todos cansados de ver a rubios de ojos azules que se tiñen el pelo de negro y se embadurnan la cara con betún para aparentar árabes o similares, en el cine de los años 50 era muy habitual que actores de talla fuesen caracterizados de esta manera, cantaba un poco, pero era positivo para la calidad final de las películas. "Los mongoles" de André de Toth, no dan el pego ni por asomo, no es lo mismo Edward G. Robinson haciendo de egipcio en Los Diez Madamientos que actores de medio pelo (nunca mejor dicho) disfrazados de mongol para hacer una de mongoles (en este caso podríamos aplicar ambas acepciones del término mongol). El personajes culmen de esta cinta, Genghis Khan, no hay por dónde cogerlo, menos mal que casi no aparece, pero cuando lo hace le pone la guinda a este pastel de despropósitos. Los actores son pésimos hasta la saciedad, te pasas media película autoengañándote alabando el esfuerzo que hacen pero al final el edificio se desploma por su propio peso de lo malo que es todo en esta pelicula de pacotilla. Aún así y por dejar una nota positiva, no es de esas como "Druidas" que te pueden provocar espasmos si no apagas el reproductor de DVD a tiempo (pobres aquellos que se gastaron un solo euro en ir a verla al cine), es una película mala que se puede ver, pero eso que si eres capaz de terminar de verla eres un héroe o te aburres muchísimo. De mongoles hay otras películas mucho más interesantes que ésta. Hasta la de de Henry Levin de 1965, que la ponen bastante floja, es mucho mejor que la que estamos analizando, aunque sea solo porque la protagoniza Omar Sharif (allí los mongoles también son actores disfrazados pero se nota que el presupuesto era americano y no europeo). Los italianos en esta época estaban especializados en el espaguetti western y en los peplums, y de ahí se pueden sacar cosas interesantes, pero de mongoles... Además, la producción en sí es un popurri italo-franco que no encaja nada bien. Lo dicho, se puede ver (al menos un ratillo) pero es bastante floja.
Ya está bien de dejarse influir por la opinión de los demás o por la nota que le pongan otros, a mí este tipo de películas me apasionan y, aunque no sea Espartaco, es una película bastante más que digna. A destacar su banda sonora, que es evocadora. Las actuaciones están a un nivel suficiente y tenemos a Michael York en la época en que empezaba a emerger en el cine, varios años antes de hacer de D'artagnan en la popular versión de mediados de los 70 y la obra que le encumbraría, "La fuga de Logan" (1976).
Para hacer este tipo de películas es necesario contar con un presupeusto mínimo, y en este caso la película no flaquea en ningún momento. No es una película americana pero para ser inglesa no nos podemos quejar en lo que a escenarios, vestuario e, incluso, la participación de algún barco sajón respecta. La fotografía es estupenda, ya que se trata de una película rodada completamente en escenarios naturales.
En cuanto al argumento o el guión, sinceramente, también me parece que está a la altura. Un rey que no lo quería ser, una historia de amor que se suponía no debía suceder y un sacerdote que aporta el tono intelectual a la película.
También hay que destacar el buen papel realizado por Michael York, dado que introduce el elemento más agresivo y bárbaro aunque, en todos los aspectos de esta película (incluido el amoroso) está presente cierta agresividad que da naturalidad a este film.
Tampoco debemos olvidar el encanto que tiene el tono de época que toda película clásica conlleva (las hay que envejecen mal, y otras que no envejecen nunca). Siempre es un placer poder ver una película en color de los años 60 ambientada en exteriores naturales.
En definitiva a todo aquel que le gusten las películas de aventuras e históricas (porque este no es un drama histórico al estilo "El León en Invierno" o "Beckett"), aunque no se trate de uno de los mejores títulos de la historia, sí que se puede convertir en un cinta de culto para aquellos que todavía no la han visto.