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Críticas de: Tony Montana

Ordenadas por:
192 críticas (Ver todas por título) Página: 17
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30 días de oscuridad (2007)
Pasable
David Slade
14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Floja 29 de Febrero de 2008
La principal, y más bien única, novedad que aporta al género 30 días de oscuridad es la de sacarse de la manga unos vampiros zombies que rompen con la estética habitual y que ya vimos en la entretenida Blade II. Pero no hay nada más en ella que destaque dentro de un género tan sobrecargado y, en ocasiones, melifluo estilo. Esperaba encontrar en ella una película sorpresa, puesto que cuenta con una historia inquietante y un arranque prometedor, pero que, por la nulidad de ideas y su previsible y flojo desarrollo, se acaba de convertir en una película de terror que pretende ser revisionista pero que acaba en el montón de los quiero y no puedo.

La película es consciente de su aire de serie b, mezclando elementos propios del género vampírico, especialmente el barco y el siervo de los vampiros, y la mayoría de elementos del género zombie, es decir, protagonistas encerrados de manera pretendidamente claustrofóbica a merced de un grupo de seres que se mueren por hincarles el diente. La principal novedad es que todo transcurre de noche, puesto que la película hace aguas por la escasa capacidad del guión de sorprender al espectador con algo que no sea ultraviolencia de diseño y vampiros bestiales vestidos de Armani. No va más allá el director en su intento épico-lírico de contar la historia definitiva de vampiros, y justo cuando se sale de la serie b y pretende ir a más, es donde fracasa todo. Los momentos romerianos de los protagonistas refugiándose son lo único destacable del torpe desarrollo, ya que una vez que comienza la acción frenética todo se echa a perder, pues se limita a un correquetepillo hasta llegar a un forzadísimo y bochornoso final, culminado con uno de los momentos poéticos más risibles que el cine ha visto en años.

Un guión escrito, en apariencia, por principiantes, puesto que el espectador nunca es consciente de por qué suceden la mayoría de las cosas más que porque tienen que suceder, qué papel tienen algunos personajes que aparecen a mitad de la cinta sin que supiéramos nada de ellos, y nunca se le sitúa temporalmente, y quizás se deba a que ha metido mano el productor. El único indicativo que puede tener el espectador para intuir el paso del tiempo es la barbita adolescente de un inoperante y soso a más no poder Josh Hartnett, puesto que la película carece de elipsis que permitan conocer si realmente han pasado 30 días o si todo ha sido una nochecita algo larga. Los vampiros son poco más que simpáticos zombis vestidos de alta costura, con ese mayestático líder interpretado por un ridículo Danny Huston que se pasa hablando en una especie de lenguaje gutural que da risa la mayor parte de la película, y deambulando la mayor parte del tiempo. El resto lo hace el maquillaje. Pero, lo realmente curioso de todo esto es pensar qué habría sido capaz de hacer con este proyecto un John Carpenter en buena forma.
Tony Montana
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Los Simpson (Serie de TV) (1989)
Muy buena
Matt Groening (Creator), Mark Kirkland, Steven Dean Moore, Jim Reardon, Bob Anderson, David Silverman, Mike B. Anderson, Wesley Archer, Matthew Nastuk, Nancy Kruse, Michael Polcino, Rich Moore, Lance Kramer, Chuck Sheetz, Jeffrey Lynch, Susie Dietter, Pete Michels, Raymond S. Persi
14 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 24 de Enero de 2006
Solo hay una forma de expresar lo que me parece: LA SERIE POR EXCELENCIA
Tony Montana
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El viento y el león (1975)
Buena
John Milius
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 5 de Mayo de 2008
Beau Geste arrancaba con una de las secuencias más mágicas de la historia del cine, un fuerte vigilado por soldados muertos. Siempre he pensado que el buen cine de aventuras debe comenzar de la forma más espectacular posible, puesto que el cineasta nos narra algo inverosímil que pega al espectador a su butaca y al final acaba convirtiéndolo en un niño más impresionado por los avatares acaecidos en tierras lejanas con personajes de leyenda a los que la pericia del cuentacuentos nos hará más reales que el vecino de asiento. Es, quizás, el género que más debe cumplir aquello que decía Wilder de que enganchar al espectador en los 10 primeros minutos era lo mejor para realizar una buena película, y de la misma manera arranca uno de los últimos clásicos del género aventurero, El viento y el león, brillante muestra genérica cortada por el patrón más clásico realizada por John Milius, brillante guionista e irregular cineasta que alcanzó aquí su cima, bordando una poco sutil crítica a los Estados Unidos que al final no termina siendo tan extremista como parece por el excesivo apego del director a las barras y las estrellas que le hacen sacar la vena más reaccionaria y patriótica y hacen del film un total un tanto contradictorio que, al final, termina barriendo para casa y entregando un heroísmo Born in the USA que empaña un tanto la maravillosa fábula que hasta ese momento nos había contado con gran tino Milius, que aquí realiza una obra romántica y deudora de los grandes clásicos a los que homenajea constantemente.

Detalle interesante la decisión de Milius de narrar la historia desde los ojos del pequeño William desde su particular visión idealizada de ese enigmático y carismático rebelde interpretado por un enorme Sean Connery, al que contempla casi como un personaje de cuento. Y es que es vital esa visión del líder bereber, ya que la cinta gravita en torno al duelo que mantienen él y el populista y algo prepotente Roosevelt. En ese choque encontramos un mar de tensiones políticas que nos sitúa en medio del polvorín que luego supuso la primera guerra mundial, contexto que Milius aprovecha para narrar el auge de los nacionalismos dentro de las colonias y el choque de las grandes potencias y sus diferentes intereses, y, especialmente, el lugar que ocupaba la incipiente nación de los Estados Unidos y la búsqueda de una historia futura con la que rellenar la carencia histórica del pasado norteamericano. Dentro de lo fascinante que encuentra el reaccionario director la violencia y el uso que se hace de ella por parte de Estados Unidos con medios como la ANR, excelsa muestra del pensamiento norteamericano, aquí carga las tintas contra la política internacional intervencionista estadounidense haciendo que al final todo quede un tanto desubicado al no poder rematar el resultado final.
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Tony Montana
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Los duelistas (1977)
Buena
Ridley Scott
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 19 de Enero de 2008
Tenía una cita pendiente hace tiempo con la ópera prima de Ridley Scott, puesto que la primera vez que la vi me dejó un tanto frío. No vi en ella esa grandísima obra que todos aclaman, y sí me encontré con una cinta fría, pretendidamente grandilocuente y que derrochaba épica a borbotones en sus interminables charlas sobre el honor, la hombría y el propio destino. Contiene todas las virtudes habituales de este director más publicista que creador, como son su abrumador sentido de la estética, una puesta en escena sensacional, puesto que la escenografía es lo que dota de espíritu a sus películas, y algunos momentos memorables, pero un conjunto que flojea por un guión descompensado, y un hilo conductor de la historia inexistente, apareciendo y desapareciendo de manera azarosa para acabar con un buen final que no equilibra los anteriores errores.

Se inicia con una muestra de lo que va a ser el resto: D’Hubert, sin saber cómo ni por qué, debe entablar duelo con Feraud, duelista de profesión y soldado al servicio de Napoleón en su tiempo libre. Ambos son el ying y el yang, esa dualidad necesaria por la que uno no puede existir sin el otro, la razón contra la pasión, y, por qué no, el bien contra el mal. A partir de aquí, a modo de encuentros episódicos, narra la vida del primero en constante confrontación con el segundo, centrando únicamente la historia en ello y dejando aparte los demás aspectos de la trama, de forma bressoniana dirán algunos, sí, pero a mí el cine de Bresson me parece demasiado plano. Personajes y situaciones deambulan por la pantalla sin que entendamos nunca la causa por la que están ahí, momentos de una impagable belleza visual que ralentizan una narración que nunca termina de arrancar, porque cuando se comienza a desarollar, es cercenada por el guión como si de un elemento molesto se tratara.

Si es notable, por contra, el modo en que aparece y desaparece Feraud de la vida del protagonista. Personificando el destino, sabe desaparecer para atacar cuando menos se le espera. Harvey Keitel está soberbio interpretando a ese ser vacío de sentimientos que parece vivir por y para los duelos. Por contra, Keith Carradine, un actor más limitado que Keitel, está correcto aunque demuestre vulnerabilidad en algún que otro momento. Ridley Scott se preocupa de crear imágenes directamente sacadas de cuadros del clasicismo y el romanticismo más destacado, sacando imágenes de Friedrich, Delacroix o David en un ambiente frío y lúgubre, una cinta que entronca, en ocasiones demasiado, con la soberbia Barry Lyndon, de la que coge su fuerza visual pero de la que se olvida de extraer su excelente retrato de la miseria y el destino. El estilo del director brinda secuencias difíciles de olvidar, pero se le va la mano con una narración demasiado atropellada que abarca demasiado tiempo con demasiadas interrupciones en el flujo natural en una historia que le pedía, como mínimo, media hora más.
Tony Montana
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[•REC] (2007)
Buena
Jaume Balagueró, Paco Plaza
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 24 de Septiembre de 2010
De pequeño solía ir con mi familia cada fin de semana a una casa de campo de la que son dueños mis abuelos. La clásica casa de campo vieja, con cierto aspecto tétrico y realmente inquietante si tienes una edad propensa a soñar con monstruos bajo la cama y fantasmas de esos que hacen ruidos que te hielan la sangre mientras te tapas con las sábanas hasta la cabeza, independientemente de la época del año. Entre los juegos inocentes que tenía con mis primos estaba el subir a la segunda planta, donde no dormía nadie y cuyos dormitorios se usaban como almacén para ropa vieja y utensilios varios, y que, vista desde fuera, asustaba, pues, de vez en cuando aparecía alguna luz encendida o las ventanas estaban abiertas sin que, aparentemente, nadie lo hubiera hecho. Íbamos tres o cuatro niños de no más de ocho o nueve años subiendo las escaleras que se bifurcaban en dos partes que conducían a sendas puertas. Ese breve momento en las escaleras era la idea básica del pánico, mirando hacia arriba y viendo que las puertas parecían abrirse para, una vez dentro, no volver a salir. Es decir, cinematográficamente, la subida de escaleras del detective Arbogast en Psicosis, lenta y cargada de tensión.

Una vez allí, intentábamos pasar el mayor tiempo posible mientras nuestro corazón iba a mil por hora y la casa parecía gemir, más producto de nuestra sugestión que del posible interés del mobiliario en asustarnos. En medio de la oscuridad, sin saber si eso con lo que te topabas era una cama, o el brazo de algún monstruo que anduviese por allí, sin saber si el ruido que escuchábamos era el de una cañería o algún fantasma que se movía lentamente hacia nosotros, la tensión y el miedo que experimentábamos iba increscendo conforme nos adentrábamos en la oscuridad, hasta que de repente uno salía corriendo y los demás le seguíamos gritando despavoridos entre las viejas estancias hasta que veíamos un rayo de luz a través de la puerta entreabierta y volvíamos seguros al salón familiar. Lo que se sentía en esos momentos era el puro terror, el horror, el asfixiante miedo en su más pura concepción, ese que te atenaza y que no puedes sacudirte de encima, ese miedo que casi exclusivamente pueden experimentar los niños, aquellos con capacidad para soñar tanto para lo bueno como para lo malo. En el cine, esa sensación sólo la había tenido mientras una pelota que bajaba de la inhabitada segunda planta golpeaba la escalera como si fuera un martillo y un acongojado e incrédulo George C. Scott se acercaba a comprobarla en Al final de la escalera. Ni obras maestras del género como El Resplandor o La semilla del diablo me hicieron experimentar la sensación del miedo, un miedo que te domina y te deja inmóvil. Con [REC] volví a aquella segunda planta, a aquella oscuridad impenetrable, volví a tener nueve años y a pensar que debajo de mi cama podría haber algo que me agarrase el pie en mitad de la noche y me arrastrase con él.
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Tony Montana
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