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19 de julio de 2008
19 de julio de 2008
14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Teniendo en cuenta que el film trata de la historia del Dalai Lama, Martín Scorsese sería uno de los últimos directores que citaríamos como responsable de esta película. Y sin embargo, el film está dirigido por Scorsese. El film se inicia en 1937, cuatro años después del fallecimiento del decimotercero Dalai Lama.
Un niño de dos años y medio insiste en que sus padres le expliquen qué pasó la noche que nació. Poco después, el infante es interrogado por unos monjes en busca de la reencarnación del Dalai Lama. Este será el inicio del proceso sagrado de divinidad que tendrá como resultado la proclamación del niño como el nuevo Dalai Lama. Su nuevo hogar será Lhasa, la capital del Tíbet. Aquí será adoctrinado por sus asesores para convertirse en el líder de su gente. Martin Scorsese centra todo el film en la vida que lleva el joven lama como líder espiritual de todo un pueblo, mostrando con amplio detalle la vida en el monasterio, así como algunos aspectos particulares de la religión tibetana, aunque la segunda parte del film se centra en la invasión China (que todavía dura).
Es en esta segunda parte donde se desvela la verdadera motivación del film. Pretendiendo ser una denuncia sobre la opresión que sufre el pueblo tibetano en general, y su Dalai Lama en particular, exiliado político. Es quizás esta segunda parte la que acaba lastrando el resultado general del film, ya que lo que en un principio parecía una mirada contemplativa y descriptiva de la religión budista (bastante de moda en Hollywood por cierto), acaba siendo una denuncia sobre la actuación de los comunistas chinos sobre el pueblo tibetano. Lejos de los escenarios habituales de Scorsese y sin actores conocidos, el director realiza un film bastante irregular, que alterna momentos ciertamente aburridos con momentos brillantes, aunque el resultado final es un film poco menos que pasable.
Un niño de dos años y medio insiste en que sus padres le expliquen qué pasó la noche que nació. Poco después, el infante es interrogado por unos monjes en busca de la reencarnación del Dalai Lama. Este será el inicio del proceso sagrado de divinidad que tendrá como resultado la proclamación del niño como el nuevo Dalai Lama. Su nuevo hogar será Lhasa, la capital del Tíbet. Aquí será adoctrinado por sus asesores para convertirse en el líder de su gente. Martin Scorsese centra todo el film en la vida que lleva el joven lama como líder espiritual de todo un pueblo, mostrando con amplio detalle la vida en el monasterio, así como algunos aspectos particulares de la religión tibetana, aunque la segunda parte del film se centra en la invasión China (que todavía dura).
Es en esta segunda parte donde se desvela la verdadera motivación del film. Pretendiendo ser una denuncia sobre la opresión que sufre el pueblo tibetano en general, y su Dalai Lama en particular, exiliado político. Es quizás esta segunda parte la que acaba lastrando el resultado general del film, ya que lo que en un principio parecía una mirada contemplativa y descriptiva de la religión budista (bastante de moda en Hollywood por cierto), acaba siendo una denuncia sobre la actuación de los comunistas chinos sobre el pueblo tibetano. Lejos de los escenarios habituales de Scorsese y sin actores conocidos, el director realiza un film bastante irregular, que alterna momentos ciertamente aburridos con momentos brillantes, aunque el resultado final es un film poco menos que pasable.
28 de julio de 2008
28 de julio de 2008
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de varios años de segregación racial y lucha por la igualdad de derechos, aspectos también llevados al cine, el director Richard Benjamín decidió que ya era hora de reirse de los tópicos y nos ofrecío esta película en la que Zora (Nia Long), hija de Sara (Woophi Goldberg) una librera afroamericana (ahora se llama así a la gente de color) orgullosa de su color de piel, descubre en su 18 cumpleaños que su madre recurrió a un banco de semen para tenerla.
Deseosa de encontrar a su padre, hará lo imposible para descubrir su identidad, y se llevará una tremenda sorpresa cuando descubre que su padre no sólo es blanco (interpretado por Ted Dawson) sino que además es totalmente opuesto al mundo que ella conoce hasta ahora. Benjamín obvía cualquier estridencia y tira por el camino del chiste fácil y reirse de algún que otro tópico pero sin llegar (ni pretenderlo) al fondo de la cuestión. Se pasa de puntillas por el espinoso tema racial en los USA. De esta forma el film queda como una amable comedia con pretendidos pasajes graciosos y nada más.
Como único punto positivo es que al menos parece que se pueden hacer chistes sobre el tema sin que nadie se ofenda o se rasgue las vestiduras.
Deseosa de encontrar a su padre, hará lo imposible para descubrir su identidad, y se llevará una tremenda sorpresa cuando descubre que su padre no sólo es blanco (interpretado por Ted Dawson) sino que además es totalmente opuesto al mundo que ella conoce hasta ahora. Benjamín obvía cualquier estridencia y tira por el camino del chiste fácil y reirse de algún que otro tópico pero sin llegar (ni pretenderlo) al fondo de la cuestión. Se pasa de puntillas por el espinoso tema racial en los USA. De esta forma el film queda como una amable comedia con pretendidos pasajes graciosos y nada más.
Como único punto positivo es que al menos parece que se pueden hacer chistes sobre el tema sin que nadie se ofenda o se rasgue las vestiduras.
4 de mayo de 2008
4 de mayo de 2008
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
La acertada adaptación de un relato del conocido escritor de novelas de terror y fantástico Stephen King ("Cadena Perpétua"),animó a Frank Darabont a adaptar otra de sus obras, del mismo nombre que el film.
La trama gira entorno a Paul Edgecomb (Tom Hanks), encargado de una prisión, con especial atención a los presos condenados a muerte. Un buen día llega John Coffie (Michael Clarke Duncan) un bondadoso gigantón acusado de un horrible crimen. Edgecomb investigará por su cuenta para intentar salvar de la pena de muerte al gigantón.
Darabont aprovecha a la perfección uno de los mejores textos escritos por King, en el que por debajo de esta historia principal, circulan otras subtramass paralelas que incluyen a presos y guardianes, entre las que se mezclan la amistad, la crueldad, la fe, la compasión el sacrificio, todo ello debidamente dosificado, durante las casi tres horas que dura el film que enriquecen el resultado final.
El director que está bastante puesto en esto de adaptar novelas de King, saca plenamente partido a la historia, y acierta al darle al film un tono entre ensoñador y nostálgico, con una puesta en escena tremendamente efectiva, en la que a pesar de la larga duración del metraje, consigue que todo el reparto esté tremandamente creíblesen su papel: tanto los citados Tom Hanks y Michael Clarke Duncan como David Morse, Doug Hutchison caracterizado como un cruel guardian, o Sam Rockwell de sádico asesino, todos ellos complementan a la perfección a Hanks, dejando que éste, aunque claro protagonista, no siempre lleve el peso de la película. Además que el director se entretiene lo justo en cada uno de ellos para ofrecernos unos personajes más profundos, pero sobretodo más realistas y también más cercanos.
La trama gira entorno a Paul Edgecomb (Tom Hanks), encargado de una prisión, con especial atención a los presos condenados a muerte. Un buen día llega John Coffie (Michael Clarke Duncan) un bondadoso gigantón acusado de un horrible crimen. Edgecomb investigará por su cuenta para intentar salvar de la pena de muerte al gigantón.
Darabont aprovecha a la perfección uno de los mejores textos escritos por King, en el que por debajo de esta historia principal, circulan otras subtramass paralelas que incluyen a presos y guardianes, entre las que se mezclan la amistad, la crueldad, la fe, la compasión el sacrificio, todo ello debidamente dosificado, durante las casi tres horas que dura el film que enriquecen el resultado final.
El director que está bastante puesto en esto de adaptar novelas de King, saca plenamente partido a la historia, y acierta al darle al film un tono entre ensoñador y nostálgico, con una puesta en escena tremendamente efectiva, en la que a pesar de la larga duración del metraje, consigue que todo el reparto esté tremandamente creíblesen su papel: tanto los citados Tom Hanks y Michael Clarke Duncan como David Morse, Doug Hutchison caracterizado como un cruel guardian, o Sam Rockwell de sádico asesino, todos ellos complementan a la perfección a Hanks, dejando que éste, aunque claro protagonista, no siempre lleve el peso de la película. Además que el director se entretiene lo justo en cada uno de ellos para ofrecernos unos personajes más profundos, pero sobretodo más realistas y también más cercanos.

Michael Clarke Duncan
Hay quien ha querido ver en esta película un alegato contra la pena de muerte, pero, si bien algo de eso hay, no es ese el objetivo principal del film, habría que verlo más bien como una especie de cuento perverso, de esos que salen de la mente de Stephen King, que Darabont ha interpretado perfectamente. Se precisa una buena idea de partida, una adaptación inteligente que demuestra las ideas claras de su realizador, una puesta en escena adecuada, unos buenos actores, y saber acercar todo esto al público. Una receta que aunque sencilla, solo los buenos directores como Frank Darabont saben elaborar.
27 de noviembre de 2008
27 de noviembre de 2008
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras una fugaz carrera como actriz (tan fugaz como criticada), la hija de Francis Ford Coppola, Sofia, se decidió a seguir los pasos de su padre, como directora, y tras un excelente debut con "Las vírgenes suicidas", Sofia confirma en esta pelicula que no fue una casualidad y demuestra su valor como cineasta. La directora recupera a Bill Murray un actor prácticamente olvidado en medio de tantos productos olvidables pretendidamente cómicos, y le coloca en Tokyo, donde es un actor que está allí realizando una série de actos promocionales.
El protagonista se sentirá totalmente perdido, desorientado en un país extraño, con un idioma que no entiende y alejado de su familia (con la cual no es que precisamente se lleve muy bien). En el bar del hotel conocerá a otra persona perdida, interpretada por Scarlett Johanson, que está acompañando a su novio, pero que por motivos laborales tiene que pasar mucho tiempo sola. Sofia Coppola, realiza un retrato muy lúcido sobre la soledad y la incomunicación en la actualidad.
El protagonista se sentirá totalmente perdido, desorientado en un país extraño, con un idioma que no entiende y alejado de su familia (con la cual no es que precisamente se lleve muy bien). En el bar del hotel conocerá a otra persona perdida, interpretada por Scarlett Johanson, que está acompañando a su novio, pero que por motivos laborales tiene que pasar mucho tiempo sola. Sofia Coppola, realiza un retrato muy lúcido sobre la soledad y la incomunicación en la actualidad.

A pesar de vivir en grandes ciudades ruidosas y luminosas, éstas provocan paradójicamente estos sentimientos, en dos personajes que la directora resalta por encima de una marea humana y de luces de neón (de hecho salvo los dos protagonistas, el resto de personajes que aparecen están muy desdibujados.
El tema desde luego no es nuevo en el cine, sin embargo, la directora dota al envoltoria de una apariencia dinámica, moderna y colorista, y además acierta de pleno con la elección de Bill Murray, el cual aunque encasillado en papeles cómicos, ya demostró con "Atrapado en el tiempo" su valor como actor más dramático, y aquí vuelve a confirmar, ya en plena madurez su valía. También Johanson cumple de sobras con su papel, siendo la excelente compenetración entre los dos protagonistas lo mejor de la película.
El film sin ser redondo del todo muestra que Sofia Coppola sabe hacer cine, y además se mueve por caminos totalmente alejados de los que ha transitado su padre, lo que de por sí es doble mérito.
El tema desde luego no es nuevo en el cine, sin embargo, la directora dota al envoltoria de una apariencia dinámica, moderna y colorista, y además acierta de pleno con la elección de Bill Murray, el cual aunque encasillado en papeles cómicos, ya demostró con "Atrapado en el tiempo" su valor como actor más dramático, y aquí vuelve a confirmar, ya en plena madurez su valía. También Johanson cumple de sobras con su papel, siendo la excelente compenetración entre los dos protagonistas lo mejor de la película.
El film sin ser redondo del todo muestra que Sofia Coppola sabe hacer cine, y además se mueve por caminos totalmente alejados de los que ha transitado su padre, lo que de por sí es doble mérito.
7 de julio de 2008
7 de julio de 2008
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
El director Sergei M. Eisenstein fue un cineasta que se le vinculó demasiado al regimen comunista, valorando sus films como propaganda de dicho régimen.
Este hecho es innegable, pero también es innegable que si no hubiera sido por el enorme talento del cineasta, hoy día sus películas estarían ya olvidadas. Sin embargo, con el paso del tiempo, y a pesar de ciertos mensajes panfletarios evidentes, sus films han sido cada vez mejor valorados.
Este film, del año 1938 responde a un momento muy concreto de la situación política mundial. En vísperas de un enfrentamiento bélico, Stalin, quiere preparar al sufrido pueblo soviético para la guerra que se avecina. A pesar que el genial director llevaba 8 años si dirigir ninguna película, debido a que era persona “non grata” para el aparato político soviético. Aún así, los comunistas necesitaban la genialidad del cieasta.
El film se centra en una figura histórica, Alexander Nevsky (que da título al film), que aunque de origen báltico fue elegido para representar y exaltar los valores principales del pueblo ruso, pero sobretodo lo que interesaba era proyectar e identifcar al lider ruso que fue capaz de evitar varias invasiones extranjeras con el nuevo lider que regía los destinos del amplio pueblo ruso. Sin embargo, Eisenstein, aunque aparentemente fue capaz de centrarse en la figura del líder, aprovechó las escenas de batallas para cederle el protagonismo a la masa anónima de campesinos rusos que comandados con el príncipe ruso, fueron capaces de repeler la invasión de los teutónicos (que casualidad no?).
A pesar de ser el primer film sonoro del director, éste demostró su genialidad adáptándose perfectamente al sonoro pero sin perder de vista la fuerza de sus imágenes, aprendida durante la época muda. Dicha conjunción resulto perfecta, siendo capaz de crear una película, que pese a su finalidad propagandística, el arte que emana de ella ha sido mucho mayor que el aspecto puramente panfletario.
Este hecho es innegable, pero también es innegable que si no hubiera sido por el enorme talento del cineasta, hoy día sus películas estarían ya olvidadas. Sin embargo, con el paso del tiempo, y a pesar de ciertos mensajes panfletarios evidentes, sus films han sido cada vez mejor valorados.
Este film, del año 1938 responde a un momento muy concreto de la situación política mundial. En vísperas de un enfrentamiento bélico, Stalin, quiere preparar al sufrido pueblo soviético para la guerra que se avecina. A pesar que el genial director llevaba 8 años si dirigir ninguna película, debido a que era persona “non grata” para el aparato político soviético. Aún así, los comunistas necesitaban la genialidad del cieasta.
El film se centra en una figura histórica, Alexander Nevsky (que da título al film), que aunque de origen báltico fue elegido para representar y exaltar los valores principales del pueblo ruso, pero sobretodo lo que interesaba era proyectar e identifcar al lider ruso que fue capaz de evitar varias invasiones extranjeras con el nuevo lider que regía los destinos del amplio pueblo ruso. Sin embargo, Eisenstein, aunque aparentemente fue capaz de centrarse en la figura del líder, aprovechó las escenas de batallas para cederle el protagonismo a la masa anónima de campesinos rusos que comandados con el príncipe ruso, fueron capaces de repeler la invasión de los teutónicos (que casualidad no?).
A pesar de ser el primer film sonoro del director, éste demostró su genialidad adáptándose perfectamente al sonoro pero sin perder de vista la fuerza de sus imágenes, aprendida durante la época muda. Dicha conjunción resulto perfecta, siendo capaz de crear una película, que pese a su finalidad propagandística, el arte que emana de ella ha sido mucho mayor que el aspecto puramente panfletario.
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