Me acaban de pasar una receta para un cócktel de verano bien fresquito y sabrosón, a saber:
1º: Mete a Jason Statham alias "el tipo duro" como protagonista en cuestión. Subirá el listón estratosféricamente.
2º: Mezcla con hostias como panes de pueblo y tiroteos repletos de acción y déjalo reposar un poco. Ya irá cogiendo volumen.
3º: Mete a un secundario de lujo, en este caso Donald Sutherland viene al dedillo, y adereza con un malo cabrón e impasible como puede ser Tony Goldwyn (total ya todos le teníamos ganas después de "Ghost".
4º: Mete al menos una escena de polvo con belleza despampanante (esto es imprescindible) y si el guión ya viene medio hecho por resultar un remake del inefable Charles Bronson, mejor que mejor.
5º: Finalmente introduce un giro de guión final, aunque sea predecible. En este caso aunque se vea venir siempre dará cierto empaque al conjunto.
Y ya está. Tenemos un refrescante cócktel de acción con Jason "el que petrifica con la mirada" y acción como ya nos tiene acostumbrados este señor, consciente de sus limitaciones interpretativas pero también de su potencial como héroe de acción.
No asienta nuevos cánones al género ni lo pretende. Y esa es su gran baza, la honestidad.
Disfrútenla.
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spoiler:
La escenita de Foster y su pelea con el tipo de 2 metros muy bien rodada. La del brazo de la niña en la trituradora, lo mejor la contundente frase de la madre: "es usted un hijo de puta"...pero te lo digo de "usted"! vivan las madres educadas.
Es reconocible el cine de Iñárritu por enseñar la descarnada realidad, por despedazarla ante nuestros ojos sin el menor pudor, por contarla sin maquillajes. Es seguramente eso uno de los puntos que dan ese valor añadido a su forma de hacer cine. Probablemente aquí esa constante se lleva a la máxima expresión.
La historia de Uxbal es, prácticamente, el retrato del dolor. De la desesperanza. De la abnegación paternal. De la crudeza de la vida. De como intentar abandonar las tinieblas sin conseguirlo. Y es ahí donde reside la mejor y la peor cara de la cinta. Mientras seguimos la andadura de Uxbal, y nos hundimos con él en su propia realidad, lo sufrimos todo en primera persona. Y eso no gusta. No le gusta a nadie. Casi todo es feo, amargo, desgarrador, duro es poco. A Uxbal se le acaba el tiempo y sólo podemos mirar. No todo el mundo podrá soportarlo.
Iñárritu despedaza la realidad de forma tan contundente que uno llega a pensar qué más puede pasarle al protaginista. Qué vuelta de tuerca puede dar la cinta para hacerle sufrir un poco más. Y eso, hay espectadores que no lo tolerarán. Cierto es que me arrancó casi las lágrimas en algunas secuencias, pero tal festival de miseria puede provocar la arcada. La cinta atenaza, inmoviliza, te deja exhausto, sin fuerza para levantarte.
Luego está el inmenso Bardem. Un papel apabullante, me lo creo todo. Cada gesto, cada momento, cada mirada. Una potentísima interpretación de un actor excelente, y por si fuera poco, nuestro además. Eduard Fernández un secundario de lujo también. La Barcelona menos turística, a juegos con los personajes que a modo de baraja nos presenta el director, es el marco perfecto para el desarrollo de la historia.
El principio y el final son la misma cosa. La liberación y la destrucción. Una excelente composición para terminar la cinta, una vez explicado todo. Pero el exceso hace mella. La ausencia de contención empaña el resultado final. Y es que la cinta no me ha disgustado, pero estoy prácticamente seguro de que no volvería a verla. Por algo será.
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spoiler:
La escena de la persecución policial a los vendedores ambulantes, exageradamente inverosímil. Las miradas de Uxbal, desgarradoras. El momento de descubrimiento de los chinos en el sótano, terrible. Y por favor, un aplauso personal para el pequeño actor que hace de hijo de Uxbal. Prodigioso.
Todo lleva el aroma de Woody aquí. Desde que comienzan los créditos (siempre los mismos, inmutables, marca de la casa) hasta el final, todo es cine de Allen. Ese encantador París de postal, esos personajes, esa trama, esos diálogos, y esos momentos divertidos e ingeniosos.
Si además añadimos personajes como Dalí, Hemingway, los Fitzgerald o Picasso, que abruman con sus apariciones a un estupendo Owen Wilson, la cinta se acerca a lo redondo. Una fábula embriagadora en la ciudad de la luz, y en los mágicos años 20 para más interés. Si a las pinceladas que ya Woody impregna su maestría añadimos diálogos brillantes y una estupenda historia de amor, muy cercana, plagada de sencillez e inocencia y de agradable visionado, todos saldremos de la sala con esa sonrisa de bobos. Si una vez el maestro lo ha vuelto a conseguir, pues aplaudámosle. Todo es agradable si se cuenta de esta manera y en esta ciudad.
Todo es reconocible como su director aquí. Incluso la pegadiza melodía principal. Todos querríamos, quiero pensar, recorrer ese París mágico junto a Wilson, cada callejuela, beber champan en un local rodeados de personalidades importantes, o que el mismo Hemingway nos soltara un monólogo sobre el amor y la muerte (atención a esto porque no tiene desperdicio) para luego conocer a una maravillosa mujer (excelente Cotillard) de la que quizá prendarnos. Si todo esto ocurre cada noche al filo de la medianoche...pues no puede ser otra cosa que magia, esplendorosa y embriagadora. Momentos para recordar a partir de la medianoche en un entorno plagado de belleza.
Cine con clase, con porte, con gusto.
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spoiler:
Un final redondo con esa lluvia parisina. Un brillante Adrien Brody como Dalí, divertidísimo. Un estupendo Hemingway y un detective que acabó con su cabeza en la guillotina. No puede uno colarse en Versalles de esa manera...
Y es que la protagonista puede ser la sorpresa del año. Cinta dura, desgarrada, desnuda, fría, como la radiografía de un esqueleto. Arida y sucia. De corajes inimaginables y miradas tan duras como perdidas. Es Winter´s bone. Posiblemente y como algún compañero decía por ahí, esta vez a Jennifer Lawrence le hace sombra Natalie Portman y su deslumbrante Cisne Negro, pero su interpretación es tan fabulosa como para ser candidata a la estatuilla. Pocas veces ve uno en pantalla un rol tan potente en manos de alguien tan joven. Promete, y mucho.
La historia, tan dura como los parajes en los que viven las personas que cuentan la historia. Un padre desaparecido. Una familia rota. Y el motor de todo, una joven a la que le ha tocado madurar a marchas forzadas. Una vida sin suerte, la estrella le ha dado la espalda. Pero ella no se queja y mira adelante, siempre adelante. Aunque a veces sea difícil.
La cinta es lenta, sí. Pero no podría contarse mejor. No debería galopar sino trotar como lo hace, es su mejor ritmo. John Hawkes como el tío de la protagonista entrega un estupendo trabajo también. Resulta una cinta a tener en cuenta sabiendo que no veremos una metáfora de la felicidad precisamente. Hay escenas duras, pero la vida de la chica es tan dura o más. Por eso se limpia las lágrimas y mira adelante. Impecable.
Un ritmo pausado que nos deja pensando en lo caprichoso que puede ser el destino, mientras comprobamos delante de nuestros ojos la otra parte, la otra cara, de lo que puede ser una vida de cuento de hadas en lo profundo del sur de Estados Unidos. Y es que en la vida, hay sonrisas y lágrimas, pero pocas veces están equilibradas.
Cala hasta los huesos, en el corazón del invierno más duro.
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spoiler:
A destacar la joven Jennifer. La escena de la paliza, y la conversación en la que le pide ayuda a su madre, desgarradoras.
Good se podría calificar como una obra menor que llevada un poco a rastras por Vicente Amorim, el cual no llega a conseguir la profundidad que necesitaba la cinta, nos cuenta cómo una buena persona llena de buenas intenciones y moralidad intachable, puede convertirse en artífice de una de las mayores monstruosidades que ha conocido la humanidad contra sí misma.
Y ése, es el mensaje más poderoso de la cinta, conseguido por un esforzado Viggo Mortensen en un trabajo encomiable, pero igualmente desafortunado en el dibujado del personaje, del que necesitábamos saber más. Cierto es que observando el círculo familiar en el que se movía y las decisiones que va tomando podemos comprender mejor por qué actúa como actúa, sin embargo la película no logra mantener durante todo el metraje el cariz y la sobriedad que la hubiese reforzado. Y es que da la impresión de que el proyecto pudo con Amorim.
Sin embargo, la historia se sigue con interés viendo la evolución, o mejor dicho involución, de su personaje principal, un cebo perfecto para el régimen nazi, expertos en manipular y destruir todo lo que tocaban.
La interpretación de Viggo dibuja un pusilánime personaje sin voluntad que es arrastrado hacia el horror mientras sus seres queridos y su mejor amigo, ese secundario estupendo que es Jason Isaacs, son espectadores impotentes de su transformación. Podría haberse sacado mucho mas jugo de algunas situaciones y relaciones, como con su mujer, pero lamentablemente no se profundiza en estos pasajes y la historia se atropella en otros.
En definitiva, un proyecto que podría haber dado más de sí, conducido por un correcto Mortensen y dirigida por un Amorim descafeinado. A pesar de ello, me quedo con el mensaje: Aunque repudies con todas tus fuerzas una idea, la falta de voluntad y la ignorancia pueden acabar haciéndote partícipe de ella. Espeluznante.