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Críticas 91
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
6 de julio de 2007
24 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bienvenidos a la cruda realidad, protegida por los defensores de la ley, la policía. Para que nuestras vidas y nuestra integridad se mantenga a salvo, los maleantes, atracadores, asesinos, mafiosos... criminales, en definitiva, han de ser mantenidos a raya. Nuestro trabajo, nuestra casa, nuestra familia está en constante peligro con esa chusma suelta por el mundo, la honrada policía se encargará de garantizar su protección con el encarcelamiento de esos peligros andantes.

¿Y si esa chusma tuvo algún día sueños, esperanzas, ganas de comerse el mundo, un mundo indigesto que sabe a asfalto?

La chusma de esta película se haya habitada por una serie de personajes que se nos muestran como tú y como yo, con sus problemas, su forma de vivir, sus defectos y sus virtudes. Son una banda de gente que pretende atracar una joyería. Sin embargo, esas joyas que se transformarán en dinero no están idealizadas, no es un deseo de llegar al paraíso o a la felicidad, la mayoría de nuestros antihéroes saben que la felicidad nunca va a llegar, que cualquier tiempo pasado no fue mejor. Pero para sobrevivir, los verdes vienen mejor que mejor.
Salvo el ricachón en bancarrota, el resto no sueña con nada. La amargura que destila el film se puede oler y tocar, es una amargura que derriba todo lo que se cruce por su camino. Yo estuve incómodo durante toda la película, porque sabía que nada podría aliviar esa amargura tan veraz y terrible. La película está tratada de forma sobria, sin énfasis o lentitud, el tiempo avanza sin prisas pero sin pausas, que no por casualidad me recuerda al de la vida real.

John Huston, persona que debe saber un huevo sobre el fracaso, la perdición o la amargura, plasma con firmeza todas esas sensaciones tristes, retrata a sus personajes con cariño, sin juzgarlos o castigarlos, es la vida quien los castiga, el director desaparece. Todo se vuelve profundamente creíble, y yo me compadezco de todos los que habitan en esta película, me identifico con sus miserias, sus miedos, su carácter, su actitud ante la vida. Yo no la metería en el género de cine negro, me la creo tanto que parece hasta real, como "Fat City", se parece más a la vida que al cine.
GVD
29 de junio de 2009
19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
En "Buenos días, noche" se nos presente un nuevo tipo de guerra que no estoy acostumbrado a ver en el cine. Éstas son algunas de sus características:

1. El campo de batalla no existe como tal. Ahora todo rincón cotidiano es válido (una casa, por ejemplo).

2. Los ejercitos multidudinarios han desaparecido. Cuatro o cinco soldados voluntariosos son suficientes para someter a un símbolo (a Aldo Moro rara vez lo llaman por su nombre, se refieren a él como "presidente").

3. Los soldados carecen de uniforme (pero se les puede reconocer por sus barbitas y por leer en sus ratos libres a filosófos e intelectuales en general).

4. La televisión o los periódicos, al ejercer como una gigantesca tela de araña de información, funcionan a la perfección a la hora de obtener noticias de las acciones del desarrollo de la guerra (movimientos del enemigo, si se ganan las batallas o no, etc.).

5. Los generales no son verdaderos generales. Sí lo son, en cambio, los autores de los libros de cabecera de los soldados, con intención o no (un tal Marx cumple bastante bien).
Si toda guerra violenta transmite una inevitable indignación, el ver en "Buenos días, noche" esta nueva modalidad me provoca otra: la de ridículo espantoso. Imagino que con toda guerra en pantalla debería sentir esto mismo, pero debe ser que ya me he acostumbrado a su contexto habitual y no me chocan. En la película de Bellocchio el cambio de situación provoca que ambas sensaciones convivan.

Sin embargo, es una lástima que la película exponga los hechos con brocha y no con pincel (por ejemplo, en la escena en la que los secuestradores están viendo la televisión y se ponen a murmurar todos a la vez una consigna muy roja que no recuerdo, se confunde a autómatas con fanáticos), y eso provoca que la mezcla de sensaciones no siempre me alcance, aunque con el personaje de la protagonista se abre con habilidad una vía por donde podemos identificarnos y meternos en su dilema.

Y es que toda guerra, sea cual sea su finalidad, y sea cual sea su formato, siempre que traspase la línea de la violencia será una mierda indignante. Y ridícula, claro.
GVD
23 de junio de 2007
18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un asesino a sueldo encarnado prodigiosamente por Federico Luppi se ve metido en una excelente intriga. Nada es lo que parece en esta impredecible trama, tan entretenida como compleja. Ofrece a un Federico Luppi sobrio, que transmite un mundo interior sórdido, no sé que tiene este actor, pero es de esos a los que adoro verlos en una pantalla, me ofrece calma. Y aquí me da doble ración, calma e inquietud.

Yo la sigo con un interés creciente, intento averiguar qué es lo que ocurre en la pantalla. Aunque los datos me parece que están dispuestos de forma farragosa, lo cual impide que me adentre por completo en la película, hay algo fascinante, atrayente en ella. Se nos proporciona un puzzle en el que yo me como el coco para montarlo pero no hay manera, las piezas son muy puñeteras y no encajan.

Aristarain que es un listo, me dice que soy un pringao y me muestra una solución tan lúcida como elocuente, fascinante por completo. Y Aristarain no me ha hecho trampas, al menos yo no las veo. El final encaja por completo y deja muy clarito el mensaje que quiere contar sobre el mundo moderno, aunque lo más seguro es que tenga lecturas múltiples.

Y yo que pensaba que ya no quedaban directores que fuesen a sorprenderme, que ya sabía quiénes eran los grandes, y sale Adolfo Aristarain, plasmador de emociones con un sentido cinematográfico al que yo me rindo y me arrodillo. Ahora soy deudor suyo por el disfrute que me regaló con la maravillosa "Un lugar en el mundo".

Una radiografía que analiza profundamente nuestro mundo, en el que ni pistolitas, ni inteligencia, ni sexo mueve a la sociedad. Sólo la mueve una taquilla en cuyo interior reposa un fajo con caras de presidentes.

"Soy un arma. El que puede la compra y la usa."
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
DINERO
GVD
31 de agosto de 2007
21 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Siempre he creído en la justicia, no en la ley. No dudo que ésta fue planteada en orden de aplicar la justicia, pero tampoco dudo que los jodidos poderosos pueden emplearla casi como les plazca y que tenga más agujeros que un colador. Quizá sea esa la razón de que las películas de juicios no me apasionen (ahora mismo no recuerdo ninguna), pero sí me suelan interesar.

"Veredicto final" es para mí otra película de juicios, no me vuelve loco, pero estoy todo el rato pendiente de lo que ocurre en la pantalla. Llego a identificarme con ese abogado perdedor que interpreta Newman y con sus posibles motivaciones que nunca llegan a aclararse del todo, pero que se intuyen, a lo que ayuda sobremanera la modélica interpretación de este peso pesado.

El reparto es excelente, desde la muy guapa Charlotte Rampling y Jack Warden, siempre eficaz secundario, hasta el prodigioso James Mason, grande entre los grandes. El papel de Mason es el de abogado implacable, vamos, el cabrón, personaje que sobre el papel no tiene mayor sustancia y al que el actor dota del necesario relieve para hacerlo impecable. Lástima que no tenga más minutos.
Es una película sobria, que sortea con agilidad la frialdad, y tremendamente efectiva en los momentos clave. Esto ocurre cuando detrás de las cámaras se esconde alguien que sabe lo que tiene que hacer, Sidney Lumet. Buena.
GVD
29 de noviembre de 2008
17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
A la hora de ver cine, se supone que el espectador está separado de lo filmado por una pantalla. Digo "se supone" porque parece que "Gomorra" no se conforma con crear una ilusión de veracidad que haga que se olvide esa separación, sino que rompe la pantalla brutalmente. Para ello emplea una ficción absorbida por la realidad que pretende retratar. "Gomorra" se carga la pantalla y la ficción; entonces, el espectador se encuentra en lo filmado.

No me cuesta entrar en lo mostrado, al contrario, sus imágenes me arrastran a ello. El problema que tengo es que, una vez dentro de esa realidad, no siempre encuentro en ella "vida cinematográfica" que me invite a quedarme, sólo ráfagas.

Me explico.

Lo que hace de "Gomorra" una experiencia poco menos que palpable es una descripción exhaustiva de personajes y ambientes (desgraciados y deprimentes ambos), pero tan sumamente minuciosa que ésta predomina sobre los terribles hechos que pretende ilustrar. Por eso, fatigado ante tal despliegue de situaciones costumbristas (de la falta de “vida cinematográfica” palpitante), acabo desconectando y vuelvo a mi condición de espectador.
Es en el momento en el que emergen los hechos cuando me vuelvo a zambullir en la película, y ahora me encuentro con una narración contundente, sin estridencias, sólo sirviéndose de la fuerza que posee lo contado (fuerza de la que es posible que careciera de no ser por ese exceso de descripción previo, con todo).

Así pues, el fondo termina tragándose a la forma, revelando a "Gomorra" en su verdadera naturaleza: un torrente de mierda que se lleva todo a su paso, cuya residencia la tenemos ahora en Italia y después la tendremos en cualquier otro sitio, un torrente seguramente infinito y con muchas papeletas de que sólo desaparezca cuando este mundo se vaya al carajo.

Lo que transmite “Gomorra”, en definitiva, es la sensación de ahogo dentro de ese torrente, una sensación de asfixia, de desesperanza, sin salvación ninguna que, finalmente, se torna en alivio porque cuando acaba me doy cuenta de que sigo poseyendo la afortunada condición de espectador. El horror todavía me pilla lejos.
GVD
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