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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Críticas
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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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Los muertos andan (1936)
Interesante
Michael Curtiz
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Buena 12 de Diciembre de 2010
Entre “El capitán Blood” y “La carga de la brigada ligera”, películas que contaron con un presupuesto cercano al millón de dólares (cifra gigantesca para la época), la productora Warner Bros. requirió a Michael Curtiz para que rodara un filme de terror a la manera de los que, con tanto éxito, venía produciendo la Universal. La estrella asignada, Boris Karloff, tenía ya un largo historial metiéndole miedo a la gente en títulos tan apreciados como “Frankenstein”, “El caserón de las sombras” o “La Momia”. Y el presupuesto que le dieron al director húngaro para que empezara… fue de ¡200 mil dólares! La Warner tenía poca fe en el cine de terror y tales películas se clasificaban como serie B en todos los estudios de Hollywood.

Por fortuna, el guión que le dieron a Curtiz resultaba bastante sólido y él tenía suficiente bagaje para sacarle partido con tan irrisorio presupuesto, y así, logró una historia que combina el terror, el drama policial y la ciencia ficción, y que resulta suficientemente eficaz como obra cinematográfica.

Como ya lo había hecho en “Veinte mil años en Sing-Sing”, Curtiz se pone lanza en ristre contra las injusticias que comete el sistema judicial y, de paso, sacude a ese Derecho que sirve a los intereses de los “poderosos” aunque haya que hundir a los más humildes.

John Ellman, es un modesto pianista y ex-presidiario, que sirve de carnada a un grupo de malhechores de cuello blanco que busca deshacerse de un implacable juez que acaba de condenar a diez años de cárcel a un socio suyo por malversación de fondos. Los únicos que podrían salvarle son Jimmy y Nancy, empleados de un gran científico y testigos de la trampa en que lo metieron. Pero, estos reaccionan un poco tarde y todo se arregla para que Ellman sea puesto en la silla eléctrica como se esperaba.

Lo que sigue es un tanto frankensteiniano, pero Curtiz lo desarrolla basándose sólo en la sugestión y en la intimidación mental, impidiendo que surja así un nuevo vengador de aquellos que se ponen a la misma altura que sus verdugos. Los diálogos de Irving Rapper –antes de convertirse en brillante realizador- son efectivos y el filme te envuelve con la eficacia de un brillante narrador de cuentos.

Personalmente, creo que “LOS MUERTOS ANDAN” es mucho más interesante que muchos de los filmes de terror que pulularon por aquellos tiempos, pues, además de estar bien estructurado argumentalmente, está bien actuado y muy bien acentuado en sus aspectos técnicos.

Título para Latinoamérica: “LOS MUERTOS QUE CAMINAN”
Luis Guillermo Cardona
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Ellos y ellas (1955)
Buena
Joseph L. Mankiewicz
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 1 de Septiembre de 2010
El american way of life puede resumirse en dos metas básicas: 1. Hacer dinero. Y 2. Divertir al máximo para hacer dinero al máximo. Y uno de los recursos más útiles para los estadounidenses es el pasado. Aquella máxima que invita a mirar siempre hacia adelante se la pasan por la faja, y ellos miran y miran hacia atrás, para indagar cómo fue que hicieron fulano y sutano para forrarse de dinero. ¡Y claro! De ahí se cuelgan para mamar todo lo que pueda volver a aplicarse en el querido presente.

He aquí un ejemplo: En 1926, ese gran artista y mejor moneymaker que fuera Harold Lloyd, hizo una encantadora película titulada “For heaven’s sake” (para nosotros “¡Ay, mi madre!”). En ella nos contaba la historia de un caballero con mucho dinero, quien de pronto entra en contacto con una chica que orienta una misión en la que se ayuda a los pobres con las comunes inmensas dificultades. El ricacho decide ayudarla y será quien se ingenie la manera de atraer a quienes necesitan servirse de la misión, mientras su corazoncito y el de la chica, se van sintiendo irremediablemente atraídos.

Para no caer en remakes que obliguen al pago de derechos, ni en plagios que animen una demanda, se trata de darle la vuelta al protagonista y, de buen heredero, se le convierte en un jugador de grandes apuestas, pero con un corazón que se conserva amable. La chica, ya no tiene el afán de calmar el hambre del cuerpo, sino que desea salvar almas haciendo parte del ejército de Dios. Y la razón de su encuentro, ya no es un pequeño accidente, sino una apuesta entre dos truhanes para hacerle tragar las palabras que acaba de proferir uno de ellos.

Pero, en este filme, de evidente encargo para Joseph L. Mankiewicz, se entra en la moda de los musicales a lo Broadway -con los que mucha gente consiguió dinero hasta para donar a las guerras-, y se cae en la comedia-musical con canciones y más canciones, donde una que otra resulta agradable o divertida, pero las más nos convidan a la somnolencia o nos dan ganas de ir a comer algo.

Como comedia, “ELLOS Y ELLAS” apenas nos motiva dos o tres sonrisas, y es más por su buen reparto que se sostiene del lado interpretativo, pero se queda uno a la espera de ver brillar la fluidez para los diálogos de nuestro apreciado Mankiewicz quien, curiosamente, firma el guión. Tampoco hay un personaje entrañable como en muchos de sus grandes filmes, y todo se reduce a un juego de comparsas porque, sin duda, el objetivo de la Metro era entretenimiento al 100% y 0 de complicarle la vida a los espectadores obligándoles a pensar.

Queda así un Mankiewicz apenas identificable en los títulos de crédito y en dos o tres diálogos que pudo incorporar. El resto es un casi-aburrido musical a leguas de distancia del fascinante filme de Harold Lloyd, el cual debe haber costado cincuenta veces menos.
Luis Guillermo Cardona
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Duelo silencioso (1949)
Buena
Akira Kurosawa
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Interesante 14 de Junio de 2010
¿Acaso la vida es injusta y premia a los “malos” mientras castiga a los “buenos”? ¿Es mentira que haya justicia en el universo puesto que a diario vemos como los corruptos se sostienen en el poder y mueren de viejos teniéndolo todo, mientras que los buenos mueren jóvenes y nunca obtienen nada?, ¿Por qué un hombre que sirve a la humanidad ejerciendo con honestidad la medicina y que aún se conserva puro, termina con su cuerpo corrompido por una enfermedad sexual que él no se buscó?, ¿Por qué dos seres jóvenes, que se aman limpiamente, ven de repente truncada su decisión de matrimonio?

Esta es la clase de drama romántico que motiva muchas preguntas acerca del amor, de la vida y de la justicia divina. Es seguro que, al verlo representado en el teatro o al estar leyendo la obra de Kazuo Kikuta, la torturada alma del maestro Akira Kurosawa se revolcó sacudida por “la miseria de la vida” y “lo terriblemente injusta que a veces se muestra con los seres humanos”. Y como, cuando alguien se suma a nuestro pesimismo ante la vida, nos hace sentir que no estamos locos y que, en verdad, tenemos la razón, pienso que, de inmediato, el realizador nipón gritó un aleluya y se decidió a llevarla al cine.

Kurosawa fue un humanista, le dolía el pueblo y lo conmovía muy adentro la gente buena condenada al sacrificio. Pero, el maestro vivió en una fría época, y en una cultura signada por el pesimismo. Y por estos años, su país padecía las terribles consecuencias y el fracaso de una cruenta guerra originada en la vileza y la ignominia.

Por fortuna, ahora pensamos distinto. Otra luz ha entrado en nuestros corazones y ya sabemos que todo, absolutamente todo lo que nos sucede, nosotros lo creamos, lo permitimos o lo fomentamos. Y también sabemos que Dios jamás toma una determinación que pretenda nuestro mal. El no comprender, no excluye el bien que se oculta en lo que parece una desgracia. Y quien sólo confía en su propio raciocinio, quizás no vea más allá de sus narices.

Por ejemplo: El joven doctor Kioji Fujizaki, ¿No confiaría demasiado en el paradigma médico, desconociendo de pleno la capacidad autosanadora del cuerpo?, ¿Quién garantiza que su matrimonio con Misao era el camino a la felicidad?, ¿No fue débil su amor al aceptar casarse con otro a quien, además engañó, porque lo hizo sólo por su propia seguridad?, ¿Por qué no vió, Kioji, el amor expuesto al sacrificio de su aprendiz de enfermera, Minegishi, quien demostró un profundo respeto por su relación y siempre lo amó en silencio?...

El no ver, lleva nuestro pensamiento a la derrota, y lo que luce como todo un drama, a veces no es más que un vivo retrato de la ingenuidad humana.
Luis Guillermo Cardona
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Luces de la ciudad (1931)
Muy buena
Charles Chaplin
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 9 de Febrero de 2010
“LUCES DE LA CIUDAD” no ha recibido solamente aplausos desde el día de su estreno. Críticos muy reconocidos y hasta historiadores que hicieron libros sobre su vida, llegaron a considerarla cursi, victoriana y sentimentaloide, es decir, pasada de moda, porque la solidaridad, el servicio incondicional, y el amor sin trampas son ya para muchos (por fortuna no para todos) ridiculeces del pasado. Ahora prevalece el primero, segundo y tercero yo. Me aflige su ausencia por lo que usted me daba, no por lo que yo pudiera darle. Si usted tiene me es útil, si no tiene me estorba. Lo que le doy tiene que compensármelo o jamás volveré a darle… Y estos efugios de la mezquindad, dizque son hoy día lo cierto y el camino que todos deberíamos seguir. Sobran largas explicaciones: por eso estamos como estamos.

Voy a ser muy preciso: Yo creo que, el comportamiento del vagabundo con la chica invidente de “LUCES DE LA CIUDAD”, no es sólo victoriano, es cristiano, budista, laotsetiano, y quizás provenga desde el primer hombre que habitó la tierra, porque no es una moda sino un pequeño brillo de la esencia humana que por tiempos florece con mayor ahínco y por tiempos se apaga como en el sombrío ahora.

La prueba es que todavía hoy, a unos cuantos nos palpita el corazón con aprecio, admiración y grato reconocimiento por ese hombre humilde que se vale de su “amistad” con Jekyll y Hyde vestidos de millonario y que, cuando lo ve necesario, llega al sacrificio porque se ha trazado una meta: ayudar a que una preciosa florista pueda hacer una vida normal recuperando la visión.

No hay evidencia de pretensiones sexuales hacia ella, además su comportamiento, sobre todo cuando está frente a otros hombres (el millonario o el boxeador que luego lo noquea), es decididamente frágil (incluso con el millonario duerme tras una rumba en casa en la que abundaban las mujeres y actúa como una chica cuando él se muestra generoso. El mismo millonario, al sentir su blandura cuando le ha dado mil dólares, parece que le dijera: “Bueno, bueno, déjate de mariposadas”).

No veo objeción en que esto sea como yo lo interpreto o que quiera explicarse de otra manera, porque, en nada debilita la fuerza de un personaje ejemplar en su compromiso con una causa noble.

Muy afortunado el debut de Chaplin como compositor, pues logra una partitura que, sin caer en tonadas “cómicas”, refuerza con eficacia las imágenes, sobre todo aquellas de tinte dramático.

“LUCES DE LA CIUDAD” me resulta un filme muy grato que consolida la trayectoria de un hombre sobre el que ha corrido ya bastante tinta.
Luis Guillermo Cardona
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La terrible miss Dove (1955)
Interesante
Henry Koster
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 10 de Mayo de 2012
“La terrible señorita Dove”. Así la conocían sus alumnos por su extrema puntualidad, su carácter de muy frío aspecto y su rigor con el cumplimiento de los deberes. Y allí, en aquel pueblo llamado Liberty Hill, pasó varias décadas formando chicos que apenas empezaban en su proceso de adquirir conocimientos. Pero, la maestra tiene ahora 56 años y su cuerpo comienza a resentirse. Unos fuertes espasmos musculares a la altura de la cadera obligan a hospitalizarla y, ante la ausencia por enfermedad del viejo médico de la familia, en su cabecera va a estar el doctor Thomas Baker, uno de sus exalumnos, asistido por la enfermera Billie Jean Green… otra exalumna suya.

Será entonces ocasión para que, Miss Dove, comience a tener largas reminiscencias de su pasado… y quizás comprenda que aquella profesión que inició con el ánimo de saldar una gran deuda económica contraída por su padre antes de fallecer, también le sirvió para tener una vida plena aunque las apariencias parezcan demostrar otra cosa.

Una vez más, el director Henry Koster nos ofrece un filme pletórico de interioridad, de calor humano y vigor espiritual, recreando a un ser maravilloso que vivió para los demás y cuyos rigores sirvieron para formar a varias generaciones de hombres y mujeres responsables, comprometidos integramente con su sociedad. El filme está colmado de bellas y ejemplarizantes anécdotas, y traza magníficamente ese hilo con el que cada ser humano va bordando su existencia, hasta dejar esa huella indeleble de su paso por la vida.

“Yo no deseo que ellos (mis alumnos) regresen, solo deseo que lo hagan bien sin mi”, dirá en algún momento esa rígida profesora que nunca esperaba retribuciones, que desaprobaba los regalos de sus alumnos y las adulaciones como pago por favor alguno. Pero ahora, su crítico estado de salud comienza a motivar profundas reflexiones entre los habitantes de aquella colina de la libertad, y pronto, aunque ella no lo espera, cada corazón hará consciente lo mucho que Miss Dove significó para sus vidas.

Este es uno de esos filmes que nos llega al alma porque traza la vida de seres humanos fuertes e inmensos, de esos que hacen que en cada rincón de este mundo siga brillando la dignidad y la alegría. Cunde el buen ejemplo y florece la armonía, fluye el amor y el universo entero se complace con la especie humana.

Memorable, Jennifer Jones, en un rol bien diferente a los que venía interpretando, y firmemente asentada en ese personaje con apariencia de témpano de hielo, pero con un corazón tan cálido y luminoso como la luz del sol.

Título para Latinoamérica: “EL OCASO DE UN ALMA”
Luis Guillermo Cardona
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