Almodóvar ha escrito (la máquina de escribir) un buen guión sobre un folletín al más puro estilo de telenovela, pero como que ha visto mucho cine, y además sabe ver cine, vierte sus gotas de thriller para que el espectador se quede enganchado en esa melodramática historia. Esta película tiene todo lo que le es característico a Pedro Almodóvar y que después desarrollara en sus películas posteriores y en los puntos estridentes, el color o la música, por ejemplo, limará. Es un Almodóvar fresco y con ganas de poner en pantalla lo que lleva visto en la vida y en el cine, y a fe que lo consigue, aunque, insisto, no de la mejor forma que podría hacerlo más tarde, porque quizás se entregue demasiado a los aspectos folletinescos. La parte de la interpretación es también un valor muy importante para esta película. Aquí está el Antonio Banderas que es capaz de llevar la intimidad de un personaje hasta la misma butaca del espectador y conseguir con esa cara de chico adorable que el espectador se enamore de él. Carmen Maura está en su papel que ha repetido demasiadas veces para Almodóvar, pero por ello le da al director todo lo que este quiere para el folletín. Quizás la interpretación menos lograda, y es en el personaje principal, la tenga Eusebio Poncela que en muchos momentos me recuerda a Marisa Paredes. La fotografía de Ángel Luis Fernández es la que le da el toque inicial almodovariano a las películas de este director, aunque bastante simple, y que después desarrollará el director con otros fotógrafos, como Alcaine. Se pasa un rato muy agradable e interesante para los cinéfilos y los fans de Antonio Banderas, pero a todos aquellos que tienen una mente estrecha y cierto grado de homofobia, y que supongo no les interesa Almodóvar para nada, les recomiendo que pasen de esta película.
Si yo dirigiera una escuela de cine, cogería esta película para explicar los elementos básicos del cine. Alguien que quiere hacer cine ha de tener una cierta cultura, de manera que sea capaz de leer y de reconocer en una buena novela la posibilidad de una buena película. Después entraría a analizar lo que es y lo que representa un guión en el cine, y en esta película explicaría los distintos tipos de guión que pueden existir, y en concreto me explayaría con lo que debe ser una buena adaptación. Y los trucos del guión, tan mal utilizados a veces, que en este caso no solo utiliza el método de entrevista a un protagonista para relatar una historia, sino que se permite introducir al entrevistador en la historia. Hablaría de los diferentes registros que puede tener un actor, o una actriz, que tienen que llevar a la imagen de la pantalla los sentimientos de unos personajes. Y sobre todo hablaría de la dirección, de cómo una persona tiene que estar al tanto de todo lo que representa una película para que no se le vaya de las manos. Y de la fotografía, en especial de la dificultad de fotografiar la noche. Y de la música, de cómo acompaña, subraya o se hace protagonista, según el interés de la escena. Y del tiempo, pasado, presente y hasta futuro en una misma historia en la que el espectador es conducido sin que para nada se sienta desorientado en el cuando ni en el donde. Y el amor, ese sentimiento que siempre está en todas las películas. Aquí se trata del amor a uno mismo, del amor al otro, y todos bellos en lo externo, hasta que aflora la maldad del amor. Y un toque de humor para no ser pretencioso, aunque sea al final. Una magnífica película para ver una y otra vez.
En un flash back John Maybury nos relata un fragmento de la vida del genial y controvertido pintor irlandés Francis Bacon. Concretamente el periodo en el que mantiene una tormentosa relación con George Dyer al que, curiosamente, conoce cuando entra a robar en el taller de Bacon y con el que acaba acostándose esa misma noche y durante otros siete años. Una ironía cruel por parte del pintor con todos los que están a su alrededor y en especial con el simple e ignorante amante, les llevará por caminos de destrucción, mientras como artista consigue grandes obras en las que el modelo es su ladrón y amante. Caprichoso y retorcido, como su obra, nos irá mostrando un interior complejo que aleja a los que le quieren y al mismo tiempo sufre por la soledad. Destaca, además de las interpretaciones de los dos actores principales, la fotografía de John Mathieson que utiliza los colores característicos de la obra de Bacon, nada brillantes, mas bien sucios, como los rojos y blancos de los cuadros del pintor y unos objetivos que centran el foco en el centro de la pantalla y difuminan lo que hay alrededor. Dado que los protagonistas se mueven en el alcoholismo, así como sus amigos, la fotografía aparece muchas veces filtrada a través de copas, botellas o ceniceros, con lo que las imágenes se aproximan a las imágenes que constituyen la obra pictórica de Bacon. Insistiré en la magnífica interpretación de Derek Jacobi como Francis Bacon, con el que tiene un gran parecido físico, y en la interpretación de Daniel Craig, al principio de su carrera, y muy lejos de los agentes secretos que interpretará más tarde, presentando un desnudo íntegro en un picado sobre la bañera.
La película, basada en un hecho real, está construida sobre un guión escabroso y es difícil evitar el morbo en las relaciones entre los personajes. Sin duda el director lo ha conseguido y, en parte, creo que ese logro se debe también a la interpretación de actores y actrices. Tampoco hay tanto mérito pues los personajes se mueven por impulsos y no son en absoluto nada reflexivos, empezando por la madre. Quizás lo mejor de la película sea la interpretación de Hilary Swank, pero yo soy de la opinión de que es mucho más fácil interpretar a un personaje de actitudes extremas y con características físicas que se salgan de lo normal, en este caso una chica que se viste y actúa como un chico. Hay uno de esos fallos de racord que uno no se explica que no sea corregido teniendo en cuenta que el montaje o edición de las películas ha cambiado mucho desde los principios del cine. Es un fallo muy evidente porque se produce en primeros planos: en un plano Brandon lleva un cigarrillo en la oreja derecha y en el siguiente plano, después de un trago de cerveza, el cigarrillo está en la oreja izquierda. Esto no quita para que sea una película interesante de ver.
Henry Manzini recibió un Oscar por la banda sonora de esta película, con lo cual os podéis imaginar lo buena que es. Para mi los Oscar de banda sonora y de canción son los más creíbles que concede la Academia de Hollywood. La combinación de espectaculares números musicales, con los más intimistas y hasta con los cómicos, pero destacando el número erótico a cargo de Lesley Ann Warren, hacen de esta película un auténtico placer visual y auditivo. Después está el sustantivo que la define: “comedia” y lo es en el mejor sentido cinematográfico pues no en balde Blake Edwards es un director que sabe llevar la cámara por los pasillos, introducirla en los dormitorios y encontrar siempre ese lado agradable de lo que allí ocurre. Si además es capaz de seguir los ritmos de los cantantes y bailarines, tenemos un estado de gracia que se manifiesta en una sonrisa del espectador. En cuanto a la referente homosexualidad de la película está perfectamente definida con la gran interpretación de Robert Preston que deja en el mejor lugar a la tolerancia homosexual y al gusto por el bien vivir. Hay apenas unos pretendidos toques machistas por parte del protagonista, James Garner, que se desvanecen con la aceptación de su guardaespaldas, un jugador de rugby. Pero como se trata de una comedia no la vean en visión reivindicativa, sino como lo bien que uno se lo podría pasar si fuera alguno de los personajes principales y al terminar de verla, no les importe repetir porque entonces sacarán punta a muchísimas situaciones. Un placer.