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17 de febrero de 2009
17 de febrero de 2009
13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante peli procedente de una filmografía, la israelí, no muy conocida para el espectador medio; sin embargo, Eytan Fox es un tipo a reivindicar (con otro par de atractivas obras, La Burbuja y Yossi & Jagger). En la que nos ocupa, el guión de Gal Uchovsky nos presenta una entretenida historia, en la que lo más llamativo es el coprotagonismo de una pareja en apariencia antagónica: un agente del Mossad, Eyal, arquetipo del "macho" israelí, es decir, judío, heterosexual, duro y con una conciencia política firme e incorruptible, frente al joven alemán Axel, un chico gay, de mentalidad abierta, un espíritu liberado de las cadenas de los convencionalismos, procedente de una familia adinerada con raíces nazis.
La trama oscila entre el thriller, en el que el "cazanazis" (oculto bajo la apariencia de guía turístico) debe averiguar el paradero (si es que vive) del abuelo del joven alemán (que está en Israel visitando a su hermana Pia, "retirada" voluntariamente en un Kibutz, porque en su día descubrió que su familia le había mentido acerca del pasado), y una especie de "comedia costumbrista", en la que la convivencia temporal entre los dos personajes les va a permitir conocerse mutuamente, pulir sus diferencias y salvar ese abismo que parecía infranqueable entre dos personalidades aparentemente incompatibles. Así Fox se permite reflexionar acerca de las diversas visiones sobre la familia, la religión, la cultura, aspectos geopolíticos y psicológicos, como la culpabilidad, la responsabilidad, etc, apostando por una mirada humana sin dejar de ser crítica. Hay escenas muy interesantes, como la del ligue palestino que se echó el chaval alemán, clavo para "desatascar" la estrechez de miras del judío. Al mismo tiempo se nos brinda la posibilidad de ver bonitas estampas de ese país, como el Mar de Galilea, el Mar Muerto, Jerusalén, etc, todo ello bien aderezado por la excelente banda sonora a cargo de Ivri Lider (que acentúa el antagonismo entre los personajes, ya que al israelí le pone la masculinidad de Springsteen frente al germano, que prefiere voces femeninas más sugerentes). También me gusta la foto firmada por Tobias Hochstein.
La trama oscila entre el thriller, en el que el "cazanazis" (oculto bajo la apariencia de guía turístico) debe averiguar el paradero (si es que vive) del abuelo del joven alemán (que está en Israel visitando a su hermana Pia, "retirada" voluntariamente en un Kibutz, porque en su día descubrió que su familia le había mentido acerca del pasado), y una especie de "comedia costumbrista", en la que la convivencia temporal entre los dos personajes les va a permitir conocerse mutuamente, pulir sus diferencias y salvar ese abismo que parecía infranqueable entre dos personalidades aparentemente incompatibles. Así Fox se permite reflexionar acerca de las diversas visiones sobre la familia, la religión, la cultura, aspectos geopolíticos y psicológicos, como la culpabilidad, la responsabilidad, etc, apostando por una mirada humana sin dejar de ser crítica. Hay escenas muy interesantes, como la del ligue palestino que se echó el chaval alemán, clavo para "desatascar" la estrechez de miras del judío. Al mismo tiempo se nos brinda la posibilidad de ver bonitas estampas de ese país, como el Mar de Galilea, el Mar Muerto, Jerusalén, etc, todo ello bien aderezado por la excelente banda sonora a cargo de Ivri Lider (que acentúa el antagonismo entre los personajes, ya que al israelí le pone la masculinidad de Springsteen frente al germano, que prefiere voces femeninas más sugerentes). También me gusta la foto firmada por Tobias Hochstein.

En definitiva, una agradable película, que lleva a pensar en que el mundo podría ser mucho mejor de lo que realmente es, si todos pudiéramos, o supiéramos, como dice Axel, caminar sobre las aguas, purificando nuestros corazones, liberándonos de la negatividad, de los malos pensamientos.
16 de marzo de 2009
16 de marzo de 2009
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Descubrí a Doris Dörrie hace casi un cuarto de siglo, cuando con Hombres, Hombres empezó a hacerse un hueco por diversos festivales de cine, y por tanto, a tener cierta difusión en España, donde resulta complicado ver cualquier peli que no sea de procedencia norteamericana. Desde entonces, mantiene una carrera con un nivel medio bastante alto, y aquí nos presenta una obra poética, sumamente agradable, con un buen puñado de cosas para comentar.
La peli tiene dos partes claramente diferenciadas: la primera nos introduce a ese matrimonio formado por Trudi y Rudi, casi ancianos, en el que la primera representa a esa madre abnegada que ha sacrificado sus sueños para sacar adelante a su familia, mientras que el padre es el típico trabajador que vive para llevar el dinero a casa, con lo que ha descuidado, tal vez involuntariamente, lo que es mucho más importante, conocer y respetar la sensibilidad de su mujer e hijos. La mujer, tras conocer que su esposo está gravemente enfermo, decide "sacarlo" de la rutina invariable de sus días, y llevarlo a la gran ciudad para ver a sus hijos; pero éstos hace tiempo que han volado del nido, y se han convertido en unos extraños, llevan sus vidas, son felices o infelices, y poco les une a esos padres que han dejado en el pueblo. Como el viaje no tiene mucho éxito, hacen una parada en el Báltico, el mar siempre es redentor para las tristezas, pero aquí cambia todo...
La peli tiene dos partes claramente diferenciadas: la primera nos introduce a ese matrimonio formado por Trudi y Rudi, casi ancianos, en el que la primera representa a esa madre abnegada que ha sacrificado sus sueños para sacar adelante a su familia, mientras que el padre es el típico trabajador que vive para llevar el dinero a casa, con lo que ha descuidado, tal vez involuntariamente, lo que es mucho más importante, conocer y respetar la sensibilidad de su mujer e hijos. La mujer, tras conocer que su esposo está gravemente enfermo, decide "sacarlo" de la rutina invariable de sus días, y llevarlo a la gran ciudad para ver a sus hijos; pero éstos hace tiempo que han volado del nido, y se han convertido en unos extraños, llevan sus vidas, son felices o infelices, y poco les une a esos padres que han dejado en el pueblo. Como el viaje no tiene mucho éxito, hacen una parada en el Báltico, el mar siempre es redentor para las tristezas, pero aquí cambia todo...

La segunda parte de la peli es radicalmente distinta, Rudi viaja a Japón en principio para visitar a su hijo Karl, pero éste está demasiado ocupado para prestarle la atención necesaria a ese progenitor perdido en ese país tan extraño, con ese ritmo tan diferente al que estaba acostumbrado. Pero, poco a poco, Rudi va soltándose, hasta conocer a Yu, una adolescente japonesa que practica el Butoh, la expresión artística que cultivaba su esposa, su sueño nunca concluido. A través de Yu él sabrá, comprenderá, asimilará lo que había sacrificado su mujer, será capaz de entrar en sintonía con ella, con su espíritu, con el señor monte Fuji, con los cerezos en flor; Yu tenderá ese puente que una dos civilizaciones tan diferentes como la japonesa y la alemana, y, por fin, el hombre entenderá algo sobre el amor, justo cuando está asomado al abismo que hay al final de la vida.
Los tres actores que interpretan a los personajes principales, Hannelore Elsner, Aya Irizuki y Elmar Wepper están realmente sensacionales. Sobre todo me gustaría destacar el inmenso trabajo que hace este último en el papel de Rudi. También la foto de Hanno Lentz y la música de Claus Bantzer son estímulos para animar a ver esta peli que es sinceramente muy diferente a lo que estamos acostumbrados, que nos habla sobre el choque generacional y cultural, la vejez, la comprensión, la sintonía, etc.
Los tres actores que interpretan a los personajes principales, Hannelore Elsner, Aya Irizuki y Elmar Wepper están realmente sensacionales. Sobre todo me gustaría destacar el inmenso trabajo que hace este último en el papel de Rudi. También la foto de Hanno Lentz y la música de Claus Bantzer son estímulos para animar a ver esta peli que es sinceramente muy diferente a lo que estamos acostumbrados, que nos habla sobre el choque generacional y cultural, la vejez, la comprensión, la sintonía, etc.
24 de febrero de 2009
24 de febrero de 2009
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta peli fue el debut de Carlos Iglesias, tanto en el guión como en la dirección, con un resultado aceptable: se nota el lastre tanto de la inexperiencia como del hecho de provenir de otro medio como es la televisión. La historia tiene una vocación de ser politicamente correcta, centrándose en la emotividad más que en una visión crítica de un fenómeno socioeconómico tan doloroso como fue la emigración de millones de españoles durante la dictadura franquista.
El director apuesta más por reflejar de una manera un tanto almibarada la situación particular del personaje de Martín y su familia, obligados en 1960 a tener que marcharse a Suiza a ganarse el pan, pero se inclina más bien por una tragicomedia costumbrista, en vez de mostrar un análisis más maduro de ese desarraigo, de esa lucha de clases, del shock psicológico de las personas obligadas a marcharse de un país hermético, arrasado por el tradicionalismo, a otro con una mentalidad completamente distinta. Hay cierta visión onírica del cambio de la España de blanco y negro, de esas familias hacinadas en un sótano con sus abuelos, con unos trabajos en precario, a una Suiza de cuento, donde el verde de los bosques, la belleza de las mujeres y los trabajos pagados como deben ser no reflejan realmente la realidad de lo que era a menudo la situación de los curritos extranjeros en esos países.
El director apuesta más por reflejar de una manera un tanto almibarada la situación particular del personaje de Martín y su familia, obligados en 1960 a tener que marcharse a Suiza a ganarse el pan, pero se inclina más bien por una tragicomedia costumbrista, en vez de mostrar un análisis más maduro de ese desarraigo, de esa lucha de clases, del shock psicológico de las personas obligadas a marcharse de un país hermético, arrasado por el tradicionalismo, a otro con una mentalidad completamente distinta. Hay cierta visión onírica del cambio de la España de blanco y negro, de esas familias hacinadas en un sótano con sus abuelos, con unos trabajos en precario, a una Suiza de cuento, donde el verde de los bosques, la belleza de las mujeres y los trabajos pagados como deben ser no reflejan realmente la realidad de lo que era a menudo la situación de los curritos extranjeros en esos países.

Carlos Iglesias & Isabel Blanco
La trama discurre agradablemente, se deja ver, ya que se mueve por terrenos poco arriesgados, patinando bastante los actores principales, tanto el prota como Javier Gutiérrez, a los que la pantalla grande se les queda enorme; me gusta alguno de los secundarios, como Isabel Blanco en el papel de Hannah, aunque ese rol de suiza "cazaespañoles" no invite demasiado a pensar en la verosimilitud de la historia.
Formalmente también tiene sus defectillos: una fotografía plana, a cargo de Tote Trenas, en la que se intenta sin disimulo acentuar el contraste entre la gris España y la multicolor Suiza, pero que no va más allá, aparte de un montaje un tanto desatinado, con unas transiciones bruscas entre escenas, y unas elipsis temporales no muy bien resueltas.
En definitiva, un producto decente, sin pretensiones y razonablemente entretenido.
Formalmente también tiene sus defectillos: una fotografía plana, a cargo de Tote Trenas, en la que se intenta sin disimulo acentuar el contraste entre la gris España y la multicolor Suiza, pero que no va más allá, aparte de un montaje un tanto desatinado, con unas transiciones bruscas entre escenas, y unas elipsis temporales no muy bien resueltas.
En definitiva, un producto decente, sin pretensiones y razonablemente entretenido.
14 de octubre de 2007
14 de octubre de 2007
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recordaba esta pelicula como una de las mejores que hubiera visto jamás, y la guardaba en el baúl de las pelis que no se deben volver a ver, porque quería conservar el recuero de la magia que me transmitió cuando la vi en mi primera infancia. Ayer me decidí a cometer el sacrilegio de verla, y , en efecto, me resultó un tanto decepcionante, aunque es , sin duda, divertida y disparatada. No obstante tiene unos cuantos valores dignos de destacar, como es esa introducción a modo de documental, ensalzando la vida natural y sencilla de los bosquimanos frente al absurdo mundo del hombre blanco colonizador. Eso sí, todo lo que rodea al pequeño bosquimano y su botella de Coca Cola es absolutamente genial, frente al humor setentero que completa el argumento.
4 de marzo de 2009
4 de marzo de 2009
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy entretenida comedia romántica "con fantasma", que suple su escasa originalidad con unos buenos golpes a base de diálogos talentosos y situaciones divertidas; irremediablemente, la peli nos hace recordar a otras, como El Sexto Sentido, Mejor...Imposible, etc, con un indudable toque "capriano", que huele a cine clásico, en un tiempo donde el género suele derivar más bien hacia la cosa mononeuronal a la par que polihormonal.
Ricky Gervais, a quien desconocía, compone un personaje sociópata y odioso, Bertram Pincus, un dentista al que no parecen ir demasiado bien las relaciones con el resto de los humanos, y al que, tras unas complicaciones derivadas de una anestesia, se le descubre el don de ver a los muertos, a esos que están "en tránsito", pendientes de una última tarea para pasar a mejor vida (o mejor muerte). Así conoce a Frank Herlihy (Greg Kinnear), un fanstasma un tanto chulo y pagado de sí mismo al que no le mola un pelo el nuevo novio de su viuda, Gwen (Téa Leoni).
Ricky Gervais, a quien desconocía, compone un personaje sociópata y odioso, Bertram Pincus, un dentista al que no parecen ir demasiado bien las relaciones con el resto de los humanos, y al que, tras unas complicaciones derivadas de una anestesia, se le descubre el don de ver a los muertos, a esos que están "en tránsito", pendientes de una última tarea para pasar a mejor vida (o mejor muerte). Así conoce a Frank Herlihy (Greg Kinnear), un fanstasma un tanto chulo y pagado de sí mismo al que no le mola un pelo el nuevo novio de su viuda, Gwen (Téa Leoni).
Todo esto da lugar a una serie de situaciones hilarantes, en las que los tres actores principales cumplen con creces su misión, en un tono general agradable y simpático.
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