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10 de mayo de 2009
10 de mayo de 2009
56 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
La credibilidad en el cine para mí no tiene por qué suponer un acercamiento a la realidad, sino, simplemente, que me olvide de que estoy viendo una película, de que hay artífices.
Sin embargo, en "Rompiendo las olas" von Trier sí quiere lograr la credibilidad acercándose al realismo. Para ello emplea el documentalismo, la planificación aparentemente improvisada, la cámara al hombro..., elementos que, en efecto, dan la sensación de realismo constante, pero no siempre de credibilidad. Von Trier no quiere o no puede conseguir que nos olvidemos de que él es el que mueve los hilos. Por ejemplo, que haga que el personaje mire a cámara de vez en cuando para mí no es documentalismo ni realismo, ni mucho menos creíble. Es artificial.
Con ecos de Dreyer (sólo con ecos, que a éste sí te lo creías), se nos plantea una encrucijada religiosa: si el amor es ante todo lo que pide Dios a los hombres, ¿está justificado pecar (en este caso hablamos de adulterio) por amor, por bondad? El dilema está muy bien desarrollado en la película, pero no resulta interesante porque te lo resuelve al final. Von Trier no deja que saquemos nuestras propias conclusiones, y nos impone su solución. Esto también es artificial.
Sin embargo, en "Rompiendo las olas" von Trier sí quiere lograr la credibilidad acercándose al realismo. Para ello emplea el documentalismo, la planificación aparentemente improvisada, la cámara al hombro..., elementos que, en efecto, dan la sensación de realismo constante, pero no siempre de credibilidad. Von Trier no quiere o no puede conseguir que nos olvidemos de que él es el que mueve los hilos. Por ejemplo, que haga que el personaje mire a cámara de vez en cuando para mí no es documentalismo ni realismo, ni mucho menos creíble. Es artificial.
Con ecos de Dreyer (sólo con ecos, que a éste sí te lo creías), se nos plantea una encrucijada religiosa: si el amor es ante todo lo que pide Dios a los hombres, ¿está justificado pecar (en este caso hablamos de adulterio) por amor, por bondad? El dilema está muy bien desarrollado en la película, pero no resulta interesante porque te lo resuelve al final. Von Trier no deja que saquemos nuestras propias conclusiones, y nos impone su solución. Esto también es artificial.

Katrin Cartlidge & Emily Watson
Y, sin embargo, la película funciona en su parte dramática como un puñetazo en el estómago.
Si el guión y parte de la dirección son falsos y maniqueos, a la hora de emocionar me cuelan gran parte de estas trampas una por una. Todas las exageraciones del papel son sobrias en la práctica, los momentos que pedían a gritos la lagrimita fácil la rechazan y se tornan crudos y libres de subrayados, sacando la lágrima, sí, pero a golpe de talento. Y, además, con un acierto tremendo que me ayuda a tragar la resolución mascada del dilema: una atmósfera fría y rancia, casi demoniaca, para retratar la sociedad religiosa, presidida por los representantes de un dios anquilosado.
Una vez más, Lars von Trier demuestra ser un experto jugador de cartas. Se tira muchos órdagos y siempre logra que no me atreva a levantarle las cartas. El día que me dé por hacerlo, saldré de dudas de si va cargado o de farol. Mientras tanto, sólo queda rendirse a su talento.
Si el guión y parte de la dirección son falsos y maniqueos, a la hora de emocionar me cuelan gran parte de estas trampas una por una. Todas las exageraciones del papel son sobrias en la práctica, los momentos que pedían a gritos la lagrimita fácil la rechazan y se tornan crudos y libres de subrayados, sacando la lágrima, sí, pero a golpe de talento. Y, además, con un acierto tremendo que me ayuda a tragar la resolución mascada del dilema: una atmósfera fría y rancia, casi demoniaca, para retratar la sociedad religiosa, presidida por los representantes de un dios anquilosado.
Una vez más, Lars von Trier demuestra ser un experto jugador de cartas. Se tira muchos órdagos y siempre logra que no me atreva a levantarle las cartas. El día que me dé por hacerlo, saldré de dudas de si va cargado o de farol. Mientras tanto, sólo queda rendirse a su talento.
14 de mayo de 2007
14 de mayo de 2007
46 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película la vi hace dos veranos, pero pasó un fenómeno insólito en mí, que no me acordaba de ella. No sé si fue porque no me gustó, cosa extraña porque todas las de Bogart en este estilo me parecen la hostia, o porque no me enteré de nada, lo más probable. Anoche la encontré en mi estantería y decidí comprobarlo. Si ya tenía la seguridad de que soy tonto perdido ayer se confirmó del todo, qué peliculón. Ya me extrañaba a mí.
Me parece haber leído por aquí que se parece demasiado a Casablanca, lo que me parece acertado, pero que a mí no me molesta en absoluto. Se parece en que la acción sucede en un bar, en que Bogart interpreta el mismo papel, pero sobre todo en que a mí me hipnotiza. "Casablanca" mal que le pese a Txarly me parece una obraza maestra como la copa de un pino repleta de magia por doquier, "Tener y no tener" es otra obraza maestra como la copa de un pino repleta de magia por doquier. Si se parecen así, benditos sean los parecidos.
Me parece haber leído por aquí que se parece demasiado a Casablanca, lo que me parece acertado, pero que a mí no me molesta en absoluto. Se parece en que la acción sucede en un bar, en que Bogart interpreta el mismo papel, pero sobre todo en que a mí me hipnotiza. "Casablanca" mal que le pese a Txarly me parece una obraza maestra como la copa de un pino repleta de magia por doquier, "Tener y no tener" es otra obraza maestra como la copa de un pino repleta de magia por doquier. Si se parecen así, benditos sean los parecidos.

Pero lo que más me gusta es ese Corto Maltés sin patria ni bandera, que sólo simpatiza con sus propios intereses, que no está atado a ninguna cuerda, que por mucho que diga él siempre ayuda a los débiles jodiendo lo más que pueda a los que tienen el poder, jamás deja de lado a sus amigos y ya que puede, se lleva de calle a una Lauren Bacall que está como un tren. Ya sea Philipe Marlowe, Rick Blaine o el Steve de ésta, Bogart siempre es ese héroe.
La película es un combinado de aventuras, búsqueda de libertad, de diálogos pillines, pillines, como dice Listo, amor, amistad, lucha del débil contra el invencible opresor, etc. Ese combinado es pura magia, pura droga, pura vida.
+: La idea de cine que había en aquella época en la que el propósito no era alcanzar una obra maestra, sino encandilar al público, que no se aburriese, lo cual no significa insultar a su inteligencia. Un excelente regalo del gran Hawks, especialista en obtener gran cine.
La película es un combinado de aventuras, búsqueda de libertad, de diálogos pillines, pillines, como dice Listo, amor, amistad, lucha del débil contra el invencible opresor, etc. Ese combinado es pura magia, pura droga, pura vida.
+: La idea de cine que había en aquella época en la que el propósito no era alcanzar una obra maestra, sino encandilar al público, que no se aburriese, lo cual no significa insultar a su inteligencia. Un excelente regalo del gran Hawks, especialista en obtener gran cine.
-: Que no todos la puedan disfrutar como yo, espero que lo hagáis, no se me ocurre mejor deseo ahora.
1 de noviembre de 2008
1 de noviembre de 2008
44 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
En una escena de "El agente secreto", Madeleine Carroll coge un papel para romperlo por la mitad y, en vez de hacerlo con las manos, opta por la muy fina opción de cortarlo con unas tijeras. Y algo parecido hace Hitchcock con esta película.
Al parecer, el maestro en su etapa británica todavía era un alumno (superdotado, eso sí). Al menos, esa es la impresión que da en la película que nos ocupa: la típica historia de espías y dobles identidades con subtrama de amor cutre incluida, en la que rara vez aplica esa genialidad que convertía el puro entretenimiento en arte. Es decir, que en lugar de emplear su mano maestra, Hitchcock usa unas rancias tijeras.
Así pues, hay que conformarse con fogonazos de talento (la parte sombría del personaje de Lorre, planos inquietos como el del telescopio o el de las orejas en el campanario o el punto de inflexión en el que el asesinato deja de ser un elemento de entretenimiento) que aquí desgraciadamente se quedan en eso, pero que más tarde cristalizarían en esa ristra de obras maestras que jalonan su obra posterior.
Al parecer, el maestro en su etapa británica todavía era un alumno (superdotado, eso sí). Al menos, esa es la impresión que da en la película que nos ocupa: la típica historia de espías y dobles identidades con subtrama de amor cutre incluida, en la que rara vez aplica esa genialidad que convertía el puro entretenimiento en arte. Es decir, que en lugar de emplear su mano maestra, Hitchcock usa unas rancias tijeras.
Así pues, hay que conformarse con fogonazos de talento (la parte sombría del personaje de Lorre, planos inquietos como el del telescopio o el de las orejas en el campanario o el punto de inflexión en el que el asesinato deja de ser un elemento de entretenimiento) que aquí desgraciadamente se quedan en eso, pero que más tarde cristalizarían en esa ristra de obras maestras que jalonan su obra posterior.

John Gielgud, Alfred Hitchcock & Peter Lorre
Lo que nos queda es una grisácea película cuya parte puramente de suspense discurre entre lo entretenido y lo aceptable, pero que se hunde de forma sonrojante en su vertiente humorística y romántica. Menos mal que diez años después vendría "Encadenados".
24 de septiembre de 2007
24 de septiembre de 2007
38 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
La relación entre padre e hijo es hermosa, cálida, necesaria... pero como todo, tiene su parte mala, que digo mala, horrible. Si ya los hijos están perdidos por la vida, no tienen ni zorra de dónde están, ni quiénes son; los padres que se supone que saben por dónde guiar a sus hijos en esto de la vida les pierden más porque no les comprenden, ni los hijos a éstos. Y algunas veces, el padre está más perdido que el hijo, como sucede en "Vete de mí".
Juan Diego da vida a un actor veterano de teatro que vive con su novia en un apartamento, tiene amigos, está estable. Pero esa estabilidad se rompe cuando llega su hijo, Juan Diego Botto. Éste no tiene trabajo, ni estudia, y el padre intenta ayudarle más o menos como puede. Pero de pronto, y sin saberse cómo, la vida del padre que parecía feliz ya no lo es, la obra de teatro que representa es una mierda, y está hundido en la más profunda incomprensión sobre su vida.
Todo está narrado con sentido del humor, pero un humor algo turbio, amargo y, sí, triste. Porque esta película encaja con sorprendente facilidad la tristeza con la alegría, y creo que se debe en buena parte a un inmenso guión que saca todo el partido posible a la historia. Además, ofrece un duelo interpretativo magnífico entre un inconmensurable Juan Diego y un estupendo Juan Diego Botto.
Culmina la obra con un final de una amargura y tristeza arrollador, pero en el que cabe un lugar para la esperanza, en el rinconcito de unos espaguetis que están fríos y son de lata, pero que estás compartiendo con los tuyos, y eso es lo más grande que ofrece la vida. Muy buena.
Juan Diego da vida a un actor veterano de teatro que vive con su novia en un apartamento, tiene amigos, está estable. Pero esa estabilidad se rompe cuando llega su hijo, Juan Diego Botto. Éste no tiene trabajo, ni estudia, y el padre intenta ayudarle más o menos como puede. Pero de pronto, y sin saberse cómo, la vida del padre que parecía feliz ya no lo es, la obra de teatro que representa es una mierda, y está hundido en la más profunda incomprensión sobre su vida.
Todo está narrado con sentido del humor, pero un humor algo turbio, amargo y, sí, triste. Porque esta película encaja con sorprendente facilidad la tristeza con la alegría, y creo que se debe en buena parte a un inmenso guión que saca todo el partido posible a la historia. Además, ofrece un duelo interpretativo magnífico entre un inconmensurable Juan Diego y un estupendo Juan Diego Botto.
Culmina la obra con un final de una amargura y tristeza arrollador, pero en el que cabe un lugar para la esperanza, en el rinconcito de unos espaguetis que están fríos y son de lata, pero que estás compartiendo con los tuyos, y eso es lo más grande que ofrece la vida. Muy buena.
21 de mayo de 2010
21 de mayo de 2010
38 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos encontramos con la foto de una familia al completo. A primera vista, no se trata del modelo prototípico, pues hay mezcla de razas, vemos una madre soltera, hay pocos miembros... Y, sin embargo, se observan rasgos apreciables en cualquier otra familia. Vemos alguna que otra falsa sonrisa, caras de circunstancia y que no hay verdadero acercamiento. Da la impresión de que la distancia no es sólo física, sino también emocional. No se puede decir que no se quieran, sino más bien que lo hacen y no saben cómo expresarlo, o que siguen latentes las típicas rencillas nunca bien resueltas. Quién sabe si no hay en juego algún trauma oculto.
El fotógrafo emplea una iluminación y un escenario artificiales. Hay maquillaje, y las expresiones de los fotografiados tampoco son verdaderas, son más bien forzadas, llegando algunas a la caricatura. Se busca el efecto en detrimento de lo verosímil. Y, a pesar de todo, la foto conmueve.
Da igual que en todo momento sepamos que la foto no es natural, que no es real. Da igual que se note que pretenda emocionarnos. Da igual que se note la mano del fotógrafo, pues éste consigue el milagro.
El fotógrafo emplea una iluminación y un escenario artificiales. Hay maquillaje, y las expresiones de los fotografiados tampoco son verdaderas, son más bien forzadas, llegando algunas a la caricatura. Se busca el efecto en detrimento de lo verosímil. Y, a pesar de todo, la foto conmueve.
Da igual que en todo momento sepamos que la foto no es natural, que no es real. Da igual que se note que pretenda emocionarnos. Da igual que se note la mano del fotógrafo, pues éste consigue el milagro.
No sólo adultera la vida: la capta.
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