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Críticas de: Strhoeimniano
Strhoeimniano A Coruña - España 
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El mundo está loco, loco, loco (1963)
Stanley Kramer
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| 18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
30 de Mayo de 2005 |
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Stanley Kramer fue productor de más de una treintena de películas. Como director fue el epígono de eso que se conoció como cine con “mensaje”, género que dado el rumbo actual de este arte, está extinguido de nuestras pantallas. En esta delirante comedia combina estas dos facetas. Por un lado, como productor nos ofrece una película llena de “stars” de todas las décadas, desde el cine mudo (un cameo de Búster Keaton maravilloso; también está la espléndida Sazu Pitts, de “Avaricia”) hasta el reinante Jerry Lewis de los años 50/60 (¿Quién no iba a pagar el precio de una entrada por ver algo que la televisión aún no daba?). Por otro, como director nos ofrece una historia espléndida (por supuesto cargada de mensaje) en la que un grupo de automovilistas contemplan un grave accidente y emprenden una avariciosa carrera para conseguir un cuantioso botín que se haya escondido bajo una gran W.
“El mundo está loco, loco, loco” comienza entonces una carrera alocada en la que pasa revista a todo la tradición cómica del cine norteamericano, pero poniendo el acento en el aspecto meramente visual (en ocasiones parece una película de dibujos animados) y donde el slapstick, tan presente en el cine mudo, alcanza aquí cimas soberbias hasta la traca final, donde las carcajadas acompañan esos cinco minutos finales llenos de una sabiduría cómica inigualable.
La habilidad de Kramer está en ofrecer dos horas maravillosas de pura e inteligente diversión. Pese a ser una película coral, los personajes están dibujados al milímetro en toda la evolución que padecen tras sacar a pasear a la avaricia. Está virtud no sólo la consigue con los protagonista, sino también con aquellos de paso más fugaz. Destacar una actuación es difícil. De los muchos méritos que tiene esta película es haber conseguido un reparto tan magistral y ajustado para cada uno de los personajes. Sin embargo, yo destacaría a Ethel Merman, aquí realizando el papel de una suegra tan tiránica que no te sorprendería verla encima de los lomos de una escoba.
En resumen, una comedia frenética e hilarante, con una visión de la especie humana hasta cierto punto pesimista, pero que jamás volverá a ser mostrada con tanta gracia. Recientemente hicieron un remake (“Ratas a la carrera”) que viene a demostrar que la genialidad no está igual de repartida en Hollywood.
Strhoeimniano 
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Blade Runner (1982)
Ridley Scott
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| 22 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
26 de Mayo de 2005 |
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Philip K. Dick, autor de la novela en la que se basa esta película, siempre ha tenido adaptaciones muy buenas de su obra; pero ninguna ha llegado a la altura de “Blade Runner”. El hechizo que posee esta película no ha dejado de crecer. En una palabra: Fascinante.
Generalmente se la encuadra dentro del género de ciencia ficción; pero sería menos descabellado situarla como una película de género negro, negrísimo, pues no hay ni un rasgo de optimismo en todos sus fotogramas, incluso el aparente final feliz, es en su apariencia de felicidad tan falso con lo rodado anteriormente que es posible que lo que muestra no sea más que un sueño del replicante.
De las dos versiones que existen, me quedo con la que se estrenó originalmente. El “director’s cut” me defraudo profundamente aunque siembre la sospecha de que Harrison Ford sea un replicante; lo que no defrauda es la maestría de Ridley Scott para dotar a esta película de un despliegue visual exquisito, imitado en cantidad de ocasiones, que es también el culpable de las peores críticas que tuvo esta película, pues muchos veían su estética más próxima a la publicidad que al cine propiamente dicho. Pero esta estética es la marca de la película: un expresionismo puesto al día que la dota de una modernidad asombrosa sobre la que no pasan los años. Su acción es pausada, invitando a reflexionar sobre lo mucho que pasa y que no puede dejarnos indiferentes.
El reparto esta a la altura de la película, sobre todo Rutger Hauer tan barroco en su interpretación como la propia película y al que corresponden los diálogos más hermosos, llenos de una poesía futurista; también está Daryl Hannah, con un look extraño, alocado, pero tan subyugante que puede que no creamos en Dios, pero agradecemos que la Tyrrell haya diseñado una replicante como ella.
Apocalíptica, pero maravillosa, con una vida propia que no se perderá “como lágrimas en la lluvia”, porque la memoria es la que nos hace sentir vivos.
Strhoeimniano 
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Europa, Europa (1990)
Agnieszka Holland
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| 19 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Febrero de 2006 |
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Esta obra es la prueba evidente de que la vida está muy, pero muy por encima, de la imaginación del más febril de los guionistas. La película adapta las memorias de Salomon Perel que nos narra sin pudores su insólita adolescencia (su hermano le recomendará que nunca cuente esta historia “pues nadie se la creerá”) durante la IIGM. Tras su huída hacia el Este, una vez que los nazis inician su política antisemita la vida de “Jupp” pasará por avatares cada vez más increíbles en el seno de los dos mayores totalitarismos del siglo XX: el estalinismo y el nazismo.
Su primera parada será un orfanato soviético donde comenzará su “reeducación” y asistirá, como testigo en primera línea, a los primeros coletazos de la purga estalinista. El giro radical se produce cuando el ejército nazi invade a la URSS y “Jupp”, judío de pura cepa oculta su condición y pasa de prisionero de los nazis a ser el héroe de ese batallón (es tomado como una víctima de los “malvados rojos”), lo que le da la entrada al mismísimo nido de víboras: una escuela de élite para las juventudes hitlerianas.
Lo maravilloso de la película es su acertada visión (factor que no gustó nada en Alemania, que pese al Globo de Oro a la mejor película extranjera, no fue nominada por la Academia germana, y eso que es una de las películas más premiadas de ese país, repescándola la Academia de Hollywood y nominándola al “mejor guión adaptado”). La película no nos narra una tragedia épica, como tantas otras que ilustran el “Holocausto” o la IIGM, sino la vida cotidiana de una gran representación (“Jupp” no vive una vida, la representa) en la que cabe de todo: amistad, amor, traición, el miedo... haciendo de todo lo que muestra una verdad incontestable. Esta tragedia tan íntima, nos es ofrecida por la directora polaca A. Holland con una sobriedad impecable, construyendo un discurso de una ironía finísima. La misma exploración del nazismo, la realiza en el impecable e idóneo escenario de un colegio, donde toda su mística e ideología cae por su propio peso y ante la verdad íntima que oculta “Jupp”. Despojada de sus aparatosos y ampulosos envoltorios, el nazismo es mostrado desde sus entrañas, no como ideología, sino como teología del odio, un odio que encuentra en la voluntariosa población un perfecto caldo de cultivo, no cuestionándose jamás (y ahí radica la tragedia) qué consecuencias trae ese cargamento.
La dirección de A. Holland es pausada, dejando que los planos expresen todo su contenido y dirigiendo a sus actores hasta que den lo mejor de sí. Ese es el caso del debutante, Marco Hofschneider, que realiza una interpretación prodigiosa, llena de autenticidad en todos sus momentos y trasmitiendo todo el caos que lleva semejante actuación. El resto del reparto está a igual altura, con una deliciosa Julie Delpy (era en coproducción con Francia, de ahí su presencia), haciendo de “novia” de Jupp, pero enamorada del partido nazi al que dará un hijo.
Una película necesaria y valiente
Strhoeimniano 
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Titanic (1997)
James Cameron
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| 51 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Junio de 2005 |
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Cecil B. DeMille decía que una película tiene que comenzar con un terremoto e ir a más. En esta no hay terremoto; pero sin duda DeMille la hubiera firmado sin que le temblara el pulso. La tragedia que relata es sabida; de hecho el cine ya se había acercado en otras ocasiones a ésta, pero sin duda esta versión es la definitiva, la inalcanzable.
El acierto de Cameron está en entrelazar lo conocido con una historia de amor que nos permite estar en ese trágico escenario desde el mismísimo inicio hasta su inamovible final. Esto le lleva a manejar dos películas a un tiempo que se funden como una sola, en un equilibrio perfecto. Por un lado, todo el componente grandioso que conlleva el universo de este famoso hundimiento; por otro, la apasionante historia de amor, de un amor casi adolescente donde todo cabe: idealismo, utopía, sueños; pero que también tendrá que enfrentarse no solo a la catástrofe, sino a esa sociedad engalanada, avariciosa y ávida de poder que está magníficamente representada en los “malos” de la película (Frances Fisher, está prodigiosa). Esta magnifica comunión está presente a lo largo de toda la película. De una colectividad tan enorme como la presente, Cameron consigue relatarnos un montón de historias que no dejan de conmovernos pues todas parten hacia ese destino final. Lo colectivo y lo individual, lo íntimo y lo público, lo grande y lo pequeño encuentra acomodo en esta obra maestra, pues su triunfo no es tanto por la aparatosidad de la propuesta, sino por la fuerza y sentimiento con la que está narrada esta tragedia que no es tan maniquea como se pretende. Una muestra de esto es ver cómo presenta ese mundo dividido en clases, en feudos propios con sus ritos y aspiraciones (su descripción de la burguesía es netamente buñueliana). En ese sentido, Cameron consigue hacer del accidente una situación altamente simbólica, no sólo del tiempo que relata, sino de este presente en el que aún hundiéndose el barco la avidez y el egoísmo siguen igual de fortalecidos.
Otro acierto son los fx. Impecables en este caso, pero que aún así, y eso sí que es meritorio, no consiguen tragar toda la gama de emociones que se vive en esos dramáticos momentos.
En el reparto se situaría mi único “pero”. Winslet está magnifica, pasando de la contención exigida a una dama de esa época a la luchadora infatigable de la parte final. Sin embargo, DiCaprio... Es cierto que enamora, que su presencia en la pantalla llena; pero cuesta llegar a ver en ese “ángel” a un duro chico de la calle; creo que sería mejor un actor con una pinta más golfa (siempre pensé en Brad Pitt). Los demás, excelentes en cada una de sus interpretaciones y asombrosamente parecidos a los personajes reales que existieron. Esa es otra de las virtudes, la reconstrucción fidedigna, extremadamente documentada, de un tiempo que se pudre entre las aguas.
En definitiva, una película magníficamente narrada, con todos los elementos soberbios y el tono de buen cine que encontramos en los clásicos.
Strhoeimniano 
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¡Jo, qué noche! (1985)
Martin Scorsese
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| 20 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
22 de Junio de 2005 |
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¿Quién dice que la aventura precise de horizontes exóticos y abiertos? Igual que existe la “vecina de al lado”, aunque no la conozcamos, también existe la “aventura de al lado” precisamente porque no la conocemos.
La aventura siempre necesita del reto que produce el desconocimiento; y para eso nadie tiene más papeletas que Griffin Dunne, un informático con una vida tan cuadriculada y monótona como la pantalla del ordenador que lo saluda todos las mañanas, y que vive en esa urbe desmesurada que es N.Y.
Bajo la “Sky Line” tan conocida, Scorsese nos sumerge en una negrura poblada de coloristas personajes siguiendo los intentos de este Ulises moderno por volver a una segura normalidad que no deja de alejarse a cada paso de la mano de personajes cada vez más extravagantes.
La fauna de Scorsese que acosa a este “pez fuera del agua” es de lo más variopinta y está magníficamente retratada por del director en dos o tres plumazos certeros que los hace reconocibles desde el primer momento.
¡Jo, qué noche!, es una comedia atormentada, preñada por un humor sutil teñido de esa negrura que domina el anochecer y que hace emerger a toda esa galería de estrafalarios que la luz del sol ahuyentaría.
En sí es una nueva recreación de las alocadas comedias de la década de los 30 / 40. El factor de soledad, desarraigo, que comparte toda la galería de personajes es dirigido hacia puntos de encuentro, como si los locos que el mundo reparte se unieran todos en una habitación, y esas son las pequeñas paradas a las que se tendrá que enfrentar un espléndido G. Dunne en una búsqueda del amor que no da conseguido. Así el humor es de difícil digestión, pues se te atraganta con la angustia que desprende toda la película.
El elenco está insuperable, encabezado por el propio Dunne (sientes el peso de su ansiedad) y con irresistibles encuentros con Teri Garr (magnífico su personaje de sesentera estancada en el tiempo, aunque no en la locura), o esa sirena varada (en todo tipo de neurosis) que es la causante inicial de las desventuras que sufrirá en esa noche de pesadilla, G. Dunne, o una Catherine O’Hara que mostrará su cara marcial y fascistoide antes de vérselas con Macaulay Culkin en “Solo en casa” (también podemos ver en un breve papel a la devoradora Linda Florentino, incluso un cameo del propio Scorsese “iluminando” a toda la fauna de un local).
¡Jo, qué noche!, es una comedia espléndida, con una visión extremada y pesimista del género humano (al final, son los ordenadores los únicos que nos tratarán con amabilidad, los únicos que nos darán “amor”), endiablada, con un espléndido montaje de la gran Thelma Schoonmaker que sabe escoltar la neurosis de la película, y un Scorsese tan inspirado como siempre que nos ofrece la mejor comedia de los años 80.
Strhoeimniano 
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