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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1557 críticas (Ver todas por título) Página: 107
Su valoración: Muy buena
16 de Julio de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La nicaragüense Carla Delgado, ha decidido quedarse en Glasgow, Escocia, luego de que con su grupo de bailarines viajara hasta allí en busca de dinero para la causa sandinista, pues su país, en ese año 1987, todavía sigue en guerra, ya que EEUU no se muestra dispuesto a permitir que otro gobierno socialista se les asiente en Centroamérica. Por largos años sostuvieron a la brutal dictadura de Anastasio Somoza, y ahora la CIA financia y organiza la guerra sucia de los Contra, para que derroquen del poder al gobierno sandinista que ahora está en manos del presidente Daniel Ortega.

En Glasgow, Carla conocerá a George Lennox, un conductor de autobús que se obsesiona con ayudarla, y será él quien, al verla traumatizada y con impulsos suicidas, termine animándola a que vayan juntos a Nicaragua para que pueda enfrentar la realidad y quizás logre reencontrarse con aquellos seres a quienes tanto ama.

“LA CANCIÓN DE CARLA” es otro plausible título en la filmografía del director Ken Loach. Es importante por su eficiente recuento histórico de uno de los episodios más deplorables de la historia Latinoamericana; recrea un sensible drama donde la solidaridad y el compromiso brotan de seres sencillos sin más poder que su espíritu de unión, su buena voluntad y su corazón enorme; y nos da cuenta de cómo el imperialismo se sostiene con la fórmula del arrasamiento y patrocinando la infamia y la crueldad contra la gente del pueblo.

Comienza aquí una nueva y notable sinergia. Esta vez entre el director Ken Loach y el guionista escocés Paul Laverty, quien se convertirá en la fuente literaria de casi todos sus filmes posteriores. Abogado y comprometido defensor de los derechos humanos (tres años en Nicaragua, y otros más en El Salvador y Guatemala), Laverty será “representado” en “LA CANCIÓN DE CARLA” con el personaje de Bradley que se le encargó a Scott Glenn, pero me da la impresión de que su rostro se asemeja más al de Robert Carlyle, quien lleva el mayor peso del filme, con impagable carisma, como el conductor rebelde dispuesto a dejarlo todo atrás, para salvar la vida de la sufrida muchacha de la que se ha enamorado.

A Carla la representa Oyanka Cabezas, una legítima hija de Nicaragua, diseñadora de vestuario que tiene aquí su primer y único filme como protagonista, y cuyo rol logra conmovernos con su traumática existencia, dejando bien presente el inconmensurable sufrimiento que causan a la humanidad los usurpadores del poder.

“LA CANCIÓN DE CARLA” reafirma a Ken Loach como un director comprometido con la historia y con la causa de los oprimidos. Es cine testimonial de primera línea.
Luis Guillermo Cardona
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5 de Julio de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kes es la primera sílaba o abreviatura de kestrel (cernícalo en inglés) una suerte de halcón diurno que se haya extendido por casi todo el mundo. El cernícalo es un ave de magnífico vuelo, capaz de realizar un vuelo estacionario hasta ubicar con precisión su presa, y para muchos, es símbolo de libertad, pues, cuando se desplaza a grandes alturas, despierta envidia su serenidad y seguridad de desplazamiento.

Un ejemplar de esta especie, servirá en esta película para demostrar los potenciales y referenciar los sueños de un chico llamado Billy Casper, al que le ha tocado vivir en un medio lleno de carencias de toda índole, en el que lucha cada día para superar toda suerte de vejámenes. En su hogar, la ausencia del padre y la presencia de un hermano hostil. En su colegio, profesores autoritarios y castigadores, curas intolerantes, y alumnos acosadores. Y en su trabajo como repartidor de periódicos, fuertes madrugones y una ardua tarea por una mínima remuneración.

Todo esto lleva a que Billy se las ingenie para vivir como puede, sin simpatía alguna por el hogar, la escuela o su trabajo. Tan solo aquel cernícalo, al que logró cazar en el campo desde muy pequeño, le ofrece cada día la ocasión de demostrar sus valores, entre los que relucen como fuertes: su constancia, su paciencia, su valor, su vocación para la cetrería y el respeto profundo que siente por los animales, pues, cuando mata a un pájaro o a un ratón, lo hace exclusivamente para satisfacer la necesidad de alimento del halcón.

Segundo filme de Kenneth Loach, tomando como protagonistas a los excluidos, a los maltratados y también a aquellos que se complacen jugando el papel de verdugos para poder saciar sus odios y su propia mediocridad. “KES” da cuenta de cuanto se parecen las sociedades, pues la Inglaterra dogmática y represiva de los años 1960 -que ya Lindsay Anderson había plasmado con exactitud en su “If…” del año anterior y Loach recrea en una versión muy personal y conmovedora-, no estaba muy lejos de la penosa sociedad que padecíamos en otros países del mundo.

Con el cernícalo como metáfora, y en el estilo narrativo de los Angry young men (Jóvenes airados) de la cultura inglesa de aquellos años, “KES” resulta un filme necesario para el conocimiento de una época, y especialmente, para el entendimiento de una juventud que reclama –y reclamará siempre- libertad, independencia y oportunidades.

Reconocimiento al joven actor David Bradley por su sentida actuación… y al profesor de inglés nuestra reverencia, pues fue “el único” (o de los pocos) que hay en toda escuela, capaz de interesarse sincera y profundamente por el joven Billy. Y Ken Loach nos deja la sensación de que es un director comprometido al que vale la pena seguir visionando.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Notable
29 de Junio de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quizás no haya otra cosa que tenga tantos enemigos como la verdad. La verdad transforma conceptos, convierte en obsoletas muchas teorías, desenmascara lo falso, saca a relucir responsabilidades, llena de luz las estancias en las que solo había sombras… y entonces, mucha gente se duele de que la verdad le condene o le ponga ante la luz como un ser equivocado.

A veces, la verdad daña negocios sostenidos con el fraude, deja al desnudo a personalidades que no son más que apariencia… o modifica concepciones asumidas como ciertas durante largos siglos y muchas cosas cambian cuando la verdad permite ver que la realidad es otra cosa.

Hannon Fuller es un hombre que busca en lo más profundo de la existencia. Por algo le llaman “el Einstein de nuestra generación”. Lo ha invertido todo para crear una multimillonaria empresa de sistemas en la que investiga cosas de tanta relevancia como ¿Qué es la realidad? ¿Quiénes somos realmente? ¿Podemos viajar en el tiempo? ¿De qué estamos hechos?...

Sus avances son ya inmensos, y esto por supuesto, le acarreará enemigos en una sociedad tan obtusa como la nuestra. Por eso escribirá: “Ojalá no hubiera descubierto nunca la terrible verdad. Sé que intentarán silenciarme”. Pero siempre es mejor morir como un hombre brillante que se aproximó al conocimiento de sí mismo y del mundo que nos rodea, que vivir muchos años como un idiota obnubilado que jamás llega a enterarse dónde se encuentra parado. La "bendita ignorancia" quizás te preserve vivo, pero la "divina sabiduría" te conservará eterno.

Considero que el término “ciencia-ficción” queda en desuso ante un filme como “NIVEL13”, pues, lo que aquí se plantea: Mundos dentro de otros mundos… Presencia viva en dos épocas distintas… Transferencia de conciencia a otro cuerpo que no es el nuestro… Conexión energética controlada desde una dimensión desconocida… entre otros temas de enorme significado, no son precisamente cosa de ficción (imaginación-suposición-invento) sino hechos largamente probados por la ciencia, aunque solo comprendidos por una minoría.

Tomando como base la novela “Simulacron 3” de Daniel F. Galouye (1920-1976), el director alemán afincado en Hollywood, Josef Rusnak, consigue con “NIVEL 13”, una relevante película que hace visible, y comprensible, materialmente, una realidad más compleja y menos susceptible de ser plenamente entendida en todas sus dimensiones. Una impecable puesta en escena (donde es seguro que se invirtió mucho más en recrear esa precisa, y preciosa, ciudad de 1937, que lo que pudo costar ese piso 13 de un edificio lleno de ordenadores, más la panorámica futurista del 2024), permite un brillante contraste de épocas y personalidades que, un buen elenco de actores fortalece debidamente. Sobresalen, Vincent D’Onofrio, inmejorable como el asistente y el barman que ponen los puntos más altos en cada escena donde aparecen y Gretchen Mol como la muy bella Jane Fuller y como la vivaracha Natasha Molinaro, dos seres ambiguos que, con su enigmática presencia, impondrán unas cuantas sorpresas a la vida de Douglas Hall, el asistente del profesor sacrificado.

Filmes como “Matrix”, “Origen” y otros, debieron beber sin duda de “Simulacron 3” y se agradece que el conocimiento del hombre y del entorno que, en realidad, lo constituye, interese cada vez más a otros realizadores. Vivir no puede seguir siendo indefinidamente una fruslería, pues ya sabes que, es lo que piensas lo que determina tu mundo.

Título para Latinoamérica: “EL PISO 13”
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Notable
21 de Junio de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Gran Dios! ¡Cuánto daño pueden hacer los padres, cuando su balanza afectiva la inclinan hacia uno de sus hijos, y la indiferencia y el maltrato los cargan contra otro de ellos! ¡Luz para un hijo, sombra para el otro! Siempre hay razones para hacer esto: Este se parece mucho a mí y aquel no. Este obedece y el otro es un rebelde. Este es bueno y aquel es un desadaptado. Esta es una mujer deseada y aquella nació mujer cuando yo deseaba un hombre. Esta es preciosa y aquella es una feucha…

Lo que no entienden los padres es que cada hijo nace distinto, que cada uno es como lo necesitamos para nuestro proceso, y que así como cada uno se manifiesta, nos está necesitando fervientemente para que le ayudemos a salir adelante. No somos los padres los que podemos decidir qué suerte de hijos tener, ni pueden los hijos elegir a sus padres. El universo nos junta a los unos con los otros según las esperanzas que guarde con cada uno, según sea lo que hayamos avanzado en vidas anteriores, y siempre con la confianza de que, cada quien, haga muy bien su papel para que contribuya a la evolución humana.

O acaso no sabemos que, algunos hijos preferidos se vuelven exitosos porque tuvieron apoyo, afecto a borbotones y autoestima en abundancia, pero que son más las ocasiones en que, los hijos preferidos, resultan un fracaso, porque se les suben los humos, se vuelven arrogantes y hacen cualquier cosa para seguir aplastando al otro, sobre todo cuando éste demuestra que va camino de superarlo. Los hijos ignorados, pero de fuerte carácter, usan este rechazo para tomar impulso y demostrar que valen, pero los más débiles e inestables emocionalmente, se llenarán de odio, se tornarán resentidos, y asumirán muy pronto acciones destructivas contra su familia y la sociedad.

Realmente, Maximus no era hijo del emperador Marco Aurelio, pero fue su preferido. Recibió más de lo que esperaba de la vida y por eso fue leal. Commodus era hijo legítimo del César, pero al no retomar sus banderas, recibió indiferencia y repudio. Sintiendo que se le arrebató Todo lo que le pertenecía por derecho propio, el hijo rechazado decide usurpar el poder y estará dispuesto a cometer las acciones que le sean necesarias, para poder preservarlo.

Imparcialmente visto, esto es humano, inaceptable pero comprensible, y el director Ridley Scott ha sabido captar estas esenciales condiciones del alma, para recrear, primero, uno de los más deplorables y atroces episodios históricos de la humanidad. Y después, una de las más lesivas formas de relaciones humanas, causal primigenia de muchas de las grandes desgracias que han ocurrido en el mundo.

Apreciable por su gran solvencia técnica; con impecables actuaciones de Joaquín Phoenix, Connie Nielsen, Derek Jacobi y Russell Crowe; y sirviéndose de una especial banda sonora, con temas de Hans Zimmer y la voz de Lisa Gerrard, capaces de mover en nosotros fibras muy profundas, siento que Ridley Scott ha hecho con “GLADIATOR” un filme que hará historia. ¡Y qué bueno que consiguiera motivar unas cuantas discusiones en familia!

Gran auto-reconocimiento el expresado por Marco Aurelio: “Tus defectos como hijo, son mis errores como padre”.

Título para Latinoamérica: "GLADIADOR"
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Regular
4 de Junio de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El primer bandido sátrapa de la historia del cine, fue Thomas Alva Edison. Al haber sido el inventor del Kinetoscopio y de la cinta en celuloide, con su grupo de abogados, Edison se inventó una serie de artimañas que le permitieron convertirse en cabeza de una sociedad a la que llamó la MPPC (Motion Pictures Patents Company), en la que asoció a cuantas productoras de cine pudo y terminó cobrando impuestos por cada metro de película filmada, y cada distribuidor o exhibidor, tenía que sacar una licencia anual para poder hacer su oficio. Con esto, el mago de Menlo Park se hacía, aproximadamente, a un bello pero sucio millón de dólares anuales ¡en la primera década del siglo XX!

Con buenas razones y sabiendo que ya había leyes antimonopolio en los EEUU, algunos productores inmigrantes (casi todos judíos y futuros fundadores de los más famosos Estudios cinematográficos) deciden oponerse a la especulación de Edison. Y a uno de los asociados a la MPPC, el llamado “Coronel” Selig, se le ocurre escapar de los impuestos y se marcha al sur del país en busca de exteriores para la primera versión de “El conde de Montecristo” (1907) que dirigiría Francis Boggs. En estas, descubre un antiguo feudo de los indios Cherokee llamado Hollywood (Bosque de acebos), otra hermosa tierra usurpada por los blancos, y cuando los demás se enteran de sus magníficos paisajes, clima, valles… y su proximidad con México para huir cuando sea necesario, pronto corren hacia allí, y en pocos años nacería La Meca del cine.

No pasaría una década sin que a alguien se le ocurriera hacer una nueva versión de la inmortal novela de Alexandre Dumas y Augusto Maquet: En 1913, la haría Edwin S. Porter con James O’Neil (padre del dramaturgo Eugene O’Neil); en 1923, Emmet J. Flynn realizaría la suya con John Gilbert; en 1934, Rowland V. Lee sería el responsable de la mejor versión hasta ahora, con Robert Donat como Edmond Dantés… y así sucesivamente, habiendo versión americana, inglesa, francesa, mexicana y hasta japonesa, sin contar con la variaciones hechas sobre el tema: “La esposa de el conde…, “El hijo de…, “La venganza de…”.

La versión que ahora nos ocupa, de 1975, y encargada al ex-actor y director de teatro, David Greene -ahora convertido en director de telefilmes-, resalta por su lujosa ambientación y vestuario, y porque cuenta con un reparto internacional que incluye al ex-Doctor Kildare, Richard Chamberlain, como Dantés, a Tony Curtis como Fernand Mondego y, entre otros, a Louis Jourdan (Dantés en la versión de 1961 de Claude Autant-Lara), haciendo ahora de Villefort.

Se retoma aquí la idea de los cuatro enemigos, y con el ánimo de hacer algo novedoso, Sidney Carroll el guionista, se inventa la interesante idea de modificar el final, sentando el precedente de que la felicidad no puede ser el resultado de la cruel venganza. Pero la escena es tan vaga que nos deja Out. Y además ¿dónde está dicho que el matrimonio sea el camino a la felicidad?

De resto, el filme resulta cortado a machetazos y muy plano emocionalmente; la estadía de Dantés en la prisión es literalmente vista a vuelo de pájaro; la despedida del abate Faria luce vaga y desentonada; el reencuentro con Mercedes, un desperdicio; su enfrentamiento con Albert parece un simple ensayo… Y así, David Greene, no logra dejar buena huella con una novela que tiene el sello de la perennidad.

Estas son las situaciones en las que, toca volver la vista atrás, para poder hallar los verdaderos tesoros.
Luis Guillermo Cardona
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