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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1762 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
10
9 de junio de 2013
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué puede pretender un director, cuando decide hacer un filme de 91 minutos en el que tan solo filma el rostro de varias decenas de mujeres iraníes (110 para ser exactos) sentadas en una sala de cine, viendo un drama que nosotros no vemos y tan solo oímos?

¿A qué suerte de espectadores cree él que puede interesarle un filme en el que “no hay movimiento”, “ni escenarios”, ni… ni nada que se le parezca a un filme convencional?

¿Serán simples deseos de tomarle el pelo a los espectadores?, ¿Será un descarrío de un talento en declive, dedicado ahora a hacer cualquier cosa?, ¿O qué otra cosa puede encontrarse en semejante aventura de un magnífico cineasta como ha demostrado ser Abbas Kiarostami?

La historia que ven los espectadores del filme (porque también hay hombres: amigos, actores y colaboradores del director, solo que estos aparecen siempre difuminados en segundo plano) es el drama “Cosroes y Shirin” de Farrideh Bolbou, inspirado en la obra de Hakim Nezami Ganjavi (1141-1209), en el cual se nos cuenta la historia de Shirin, princesa de Armenia, cuyo amor se disputan Cosroes Parviz, emperador sasánida, el arquitecto Farhad, y otro hombre de inesperada presencia.

Hay aquí, un pleno y dedicado canto a la mujer. Se la honra, se la venera, se la quiere libre... y se convierte ella en el ideal supremo de aquellos hombres, que están dispuestos hasta a morir por ella(s).

Kiarostami hace entonces lo suyo: nos ofrece un magnífico ramillete de femeninos rostros iraníes (con la inclusión, por su admiración, de la actriz francesa Juliette Binoche) y entremezcla las caras juveniles con las de rasgos maduros, madres y abuelas. Cada una, luciendo un discreto (o ningún) maquillaje y con su hiyab en la cabeza cual apreciables vírgenes. Un cierto lapso de tiempo que no sobrepasa los dos minutos, nos permite apreciar cada rostro en su forma, su luz, su expresividad... y nos da la oportunidad –si queremos- de ver, más adentro, lo que cada una es y representa para la humanidad entera.

Se exalta así la singular belleza de la mujer iraní, diciéndonos: ¿Cuál es tu Shirin?, ¿Cuál te enamora?, ¿Por cuál de ellas serías capaz de morir?...

No todos los hombres, por supuesto, están dispuestos o en capacidad de recibir este regalo. La mayoría ha visto muchos rostros, pero jamás ha contemplado ninguno procurando ver su alma.

Esta es tu oportunidad. Kiarostami nos hace el regalo de sustraernos del agite inane del mundo, para invitarnos a ver el significado de la quietud, el movimiento interior, los sets del sentimiento, la música del espíritu…

Y si acaso logras verlos, te darás cuenta enseguida de que, éste, es un gran tesoro.
Luis Guillermo Cardona
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8
2 de agosto de 2012
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Muchos son los lobos que cada día se visten de ovejas! ¡Incontados son los bandidos que con calculadas mañas lucen en los palcos como insignes personajes! ¡Numerosos son los fascistas cuyo discurso aparenta democracia!... Y muchos son los defensores acérrimos de la dignidad y la justicia, que cada día lucen como si fuesen los malos de la película.

Dicen que dormimos ocho horas al día, pero la mayoría de la gente luce dormida las 24 horas. Tragamos entero, le comemos el cuento sin reflexión alguna a los que ostentan títulos, altos cargos o tan solo fama… y luego recogemos decepciones, fracasos y desgracias por nuestra ligereza e ignorancia.

“LOS MEJORES AÑOS DE MISS BRODIE” está basada en la novela “The prime of miss Jean Brodie” de la escocesa Muriel Spark (Muriel Sarah Camberg, 1918-2006) gran amiga de Graham Greene que, por sus servicios al imperio británico, obtuvo insignias y otros tantos reconocimientos.

Pero, todos los imperios son una forma de fascismo por más que se vistan de cultura y democracia, e Inglaterra también entra en este juego. Lo que hace Miss Brodie, en la Escuela femenina Marcia Blaine, es lo particular de cierta gente de alcurnia de estos países (y ya sabremos que, como otros, también su padre tenía un oscuro pasado): talante intelectual, sensibilidad hacia el arte, comportamiento manipulador, liberalidad sexual e ideología fascista.

En aquel curso de 1932, entre sus alumnas, Miss Brodie elige a un grupo especial de seis que son las que moldeará con mayor dedicación, convirtiéndose ella misma en el modelo a seguir y reclamando fidelidad absoluta. Mientras exalta la personalidad de Mussolini y consigue fondos para Franco, seduce a las chicas hablándoles de verdad, bondad y belleza (¡¿Habrase visto?!); se fascina con una de ellas (Jenny) a quien pretende convertir en amante del pintor de la escuela (mecanismo de suplantación); y de paso, conseguirá que su rectora sea vista como el ogro por cuestionar sus procedimientos y cualquier chica que se salga del círculo será la traidora, y tomada como la ruina de su “edificante” proyecto.

El filme de Ronald Neame, original y creativo, se mueve con peligrosa maestría en aquellas ambigüedades, y con Maggie Smith bordando una excelente caracterización que le mereció el premio Oscar, a cuyo personaje se dará los mejores argumentos, haciéndolo tan convincente que muchos se sentirán neciamente seducidos, no obstante los coherentes y plausibles resultados con que un día se deshoja la flor de la señorita Jean Brodie.

No debería olvidarse jamás: La verdad no suele estar en manos de quienes detentan el poder. Con mayor frecuencia, puede hallarse entre aquellos que asumen vivir con humildad y en el anonimato. Sandy, la chica de anteojos, con su pequeña perspicacia quizás emane más luz que aquella influyente dama que tanto presume de tenerla.

Título para Latinoamérica: “LA PRIMAVERA DE UNA SOLTERONA”
Luis Guillermo Cardona
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6
31 de julio de 2012
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando una película es realizada por un director talentoso –y Richard Brooks lo fue- no siempre resulta fácil captar a la primera todo lo que hay contenido en su narrativa. El cine es a veces como los sueños: tiene un contenido explícito y un contenido latente. Queda en manos del espectador avisado la capacidad de entender ambos significantes.

Si por fin he logrado Ver “SEMILLA DE MALDAD”, siento que no es precisamente la gran película que tanto elogian las enciclopedias. Y doy mis apreciaciones:
Richard Dadier es un veterano de la Segunda Guerra Mundial (formación militar) quien, ante la escasez de empleo en tiempos de postguerra, opta por ofrecerse para dictar clases de gramática que considera su fuerte. Al llegar a la North Manual High School, es aceptado por su patriotismo y su aspecto de hombre fuerte, apto para lidiar contra el desadaptado alumnado que asiste a la institución. Con otro profesor amante del jazz y la atractiva señorita Lois Hammond, son ellos los novatos del plantel, y pronto son advertidos por los demás profesores, de “la horda desalmada” a la que tendrán que enfrentarse.

Aunque nunca veremos a sus familias, sabemos que los chicos son carentes de afecto tanto afuera como dentro de la escuela y Dadier -de la clase de hombres que nunca tira la toalla-, emprende un duro ejercicio de disciplina frente a completos delincuentes (asaltantes, traficantes, violadores, camorristas…) que, en algún momento, generará resultados. Hasta aquí lo explícito y luce como un acto de resocialización que casi todo el mundo aplaude.

Pero queda lo latente… y es entonces cuando uno nota que el alumnado protagonista es una mezcla de minorías raciales: afrodescendiente, latino, italiano, irlandés… y “casualmente” son lo peor de la clase del profesor norteamericano. ¿No luce esto como una clara advertencia contra la inmigración extranjera hacia los EEUU?, ¿No es llamativo que, justamente, dos de estos inmigrantes nunca consigan redimirse y deban asumir las peores consecuencias?

Para el profesor Dadier -con lapsus racistas que delatan su íntimo sentir y de paso casado con una linda rubia-, la no violencia no cabe en sus principios, pues, cuando le toca irse de las manos con algún alumno, lo hace sin reparo alguno y es de esta manera que llegará a su mayor “triunfo”. En todo esto me queda un fuerte sinsabor, no solo por el tufillo racista sino porque soy de los que sienten que, por cada alumno que no avance, el retroceso lo da también su profesor. Un verdadero maestro no puede querer a algunos alumnos y despreciar a otros, pues los más difíciles son sus mejores retos y sacarlos avante es no solo su mayor, sino su verdadera conquista.

En tal sentido, Dadier no luce claramente como un triunfador… y el filme deja un sutil halo de xenofobia que, probablemente, habrá calado entre la clase más sugestionable. Y lo peor de todo, es que siento todavía que este desfase no estaba en las intenciones de Richard Brooks.
Luis Guillermo Cardona
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10
18 de julio de 2012
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El abismo luce bastante cerca para Mavis Gary, una escritora que ha convertido al personaje central de la serie de historias que publica con éxito -dirigida a los adultos jóvenes-, en un alter ego de su propia existencia diaria, en la cual han comenzado a faltar cosas esenciales como el afecto, la autoestima y la seguridad emocional. Entonces, Mavis decide abandonar a su pareja, y en compañía de su peluda mascota, abandona Minneapolis y se marcha a Mercury, Minnesota, donde cree poder encontrar gratos recuerdos de su adolescencia perdida.

“Es extraño, como los instintos iniciales parecen acertados. Cometes errores en el camino, pero el universo se ocupa de que acabes con las personas a las que estás destinada”. Esto siente Mavis cuando se encuentra con su antiguo novio Buddy Slade, ahora casado y con un bebé recién nacido. Pero Mavis se olvida que aquella regla a veces funciona a la inversa, y lo que se espera de nosotros es que cerremos círculos, que pasemos la página y que veamos lo pasado como aquella escuela en la que aprendimos a leer, pero a la que ya no podemos regresar jamás en los mismos términos.

Un magnífico retrato de mujer carcomida en su fuero interior, pero dispuesta a mantenerse viva a como dé lugar, es lo que ha logrado Jason Reitman (“Juno”) tomando como partida otro desabrochado, pero efectivo guión de Diablo Cody (Brook Busey-Hunt), la ex-stripteasera convertida ahora en aguda escritora, que viene atrayendo –por merecimiento propio- el interés de los productores de cine y televisión.

Su lenguaje, a algunos podrá parecerles obsceno, pero Cody habla de lo que ha vivido y dice las cosas como se acostumbra en particulares medios… y yo creo que hasta se han depurado para no herir susceptibilidades o atizar la censura. Pero resulta imposible negar la efectiva capacidad que tienen ella y el director, para poner en escena a seres humanos fuertes y reales, capaces de emocionarnos y de sorprendernos con esa psicología debidamente depurada, y con esa sinceridad que se desborda hasta conseguir que, un primer rechazo, se convierta luego en un profundo sentimiento de comprensión y tolerancia.

La interpretación de Charlize Theron es magnífica. Obsérvese con detenimiento la escena del bar donde se presenta la esposa de Buddy con su banda de música, y podrá sentirse la profunda fuerza emocional que proyecta Charlize en cada uno de sus gestos. Y hay sobriedad, fluidez e introyección plena, en cada momento de su actuación. Podemos decirlo ya: estamos ante una de las mejores actrices del siglo XXI.

Y es cierto, “a veces para poderte curar, otros tienen que salir heridos”.

Título para Latinoamérica: “ADULTOS JÓVENES”
Luis Guillermo Cardona
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10
14 de julio de 2011
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los EEUU, como en mi querida Colombia y en muchos otros países (¿o será en todos?), frente al incremento de cualquier delito, a la clase política –tan pobre en ideas como rica en ambiciones- lo primero que se le ocurre es el aumento de la represión y el incremento de las penas. En los años 20, con la famosa y ridícula Ley Seca que prohibía el licor en todos los Estados de la Unión y para todos los ciudadanos, la represión en los United States era un verdadero asco. Había policías hasta en la sopa, soplones en todas las esquinas, y además de que se bebió más que en cualquier otra época, hubo que padecer el cometimiento de cientos de asesinatos por cuenta de los gánsteres y de la misma policía.

El pueblo estaba harto, pero hablar era pecado. Por esto, siento que “LIBERTAD” (que debió ir entre signos de exclamación), contiene un soterrado grito que, el director Leo McCarey, lanzó públicamente de la manera más sutil.

Este brillante corto es, sin duda, uno de los mejores y más significativos que pudieron hacer Laurel & Hardy. Burló sin dificultad cualquier censura, porque nadie consiguió ver otra cosa que una inocente comedia para reírse un rato. Pero veamos: la historia se despliega mostrando a hombres como George Washington, Abraham Lincoln y el general de los ejércitos John J. Pershing, cabeza de la fuerza expedicionaria durante la Primera Guerra Mundial, quienes defendieron el derecho a un país libre y en libertad. Enseguida, un intertítulo reza “Y aún hoy… la pelea por la libertad continúa”, y entonces vemos a Laurel & Hardy, vestidos como reclusos, huyendo aterrados de un policía que les dispara a matar.

Después, en su desesperado afán de libertad, sortearán toda suerte de obstáculos –policías como moscas- para conseguir intercambiar los pantalones que por la prisa -y su habitual y “encantadora” torpeza- se pusieron uno el del otro. El cangrejo que, incidentalmente cae entre los pantalones de Laurel, mientras tratan de cambiarse a la entrada de una pescadería, podría simbolizar que, nuestros asustados amigos, sienten a los policías como un cangrejo pegado del…

Tras un corto y divertido segmento para dar cabida a su eterno rival, James Finlayson, y a su frecuente ímpetu destructivo (desahogo de la rabia reprimida), nuestros amigos llegan a un edificio en construcción donde un ascensor se convierte en lo que parecieran desear como una escalera al cielo (ya que como forma de libertad física parecería absurda). Sobre el esqueleto de una estructura, en una escena muy lograda y agradable, los veremos padecer el vértigo -como Harold Lloyd en sus mejores tiempos-… y el final es "delicado", pero aplastante, de lo que ellos consideran como el peor enemigo de su libertad.

La fotografía la hizo alguien que pronto sería otro gran realizador: George Stevens.
Luis Guillermo Cardona
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