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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1485 críticas (Ver todas por título) Página: 107
Su valoración: Interesante
25 de Septiembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Graduada en historia del arte, Katherine Watson es una mujer inteligente que acaba de llegar al Wellesley College para enseñar a un grupo de chicas que da la impresión de estar bastante despierto. Lucen bien informadas, parecen puestas al día… y Katherine se verá abocada a acudir a otros recursos que trasciendan el programa académico, para conseguir superar el primer sobresalto y poder llegar a ellas.

Así comienza esta historia, ambientada en 1953, donde un grupo de conservadoras chicas verán como su nueva profesora pretende combatir la tradición y se propone ponerlas en la disyuntiva de adaptarse a lo que los demás esperan de cada una o decidir por sí mismas cual es el camino que quieren seguir.

Estamos, en aquel entonces (¿en aquel entonces?), en una sociedad donde la mujer está hecha para el matrimonio, y el estudio solo es una cualidad más, para poder aspirar a un buen partido. Y, como es de suponerse, la institución hará sus mejores esfuerzos para impedir que, la tradición y la familia, sean cuestionadas por profesor(a) alguno(a).

Adentrándose en la perversa cultura de la primera mitad del siglo XX, cuyos arcaicos principios eran: el padre habla y se obedece, la mujer calla y se somete, y los hijos siguen órdenes sin chistar, “LA SONRISA DE MONA LISA” (titulada así por las alusiones en clase a la obra de Leonardo da Vinci) trata de cuestionar los rezagos de aquellos tiempos que todavía subsisten en la sociedad de hoy. Pero infortunadamente, a la historia de Konner y Rosenthal le quedaron faltando recursos argumentales, y al director, Mike Newell -como otras veces-, le faltó solvencia narrativa y más exigencia en la edición, pues, el resultado ha sido un filme que cae en una serie de situaciones muy poco conmovedoras y en larguísimos planos que no aportan absolutamente nada. Se salvan tres o cuatro momentos, salvados en mucho por las buenas actuaciones de Julia Roberts, Maggie Gyllenhal y Kirsten Dunst, pero el resto no sobrepasa la rutina y la anécdota pueril, sobre todo en la primera hora donde el filme apenas hace un esbozo de levantar vuelo.

Las alusiones a los pintores Da Vinci, Pollock y Van Gogh demasiado convencionales, y el cuestionamiento a la mujer hecha para el matrimonio, para exaltar en cambio a la mujer que se dedica a la vida profesional, comienza a enredarse un poco pues, lo cierto, no es lo uno ni lo otro sino el hacer aquello que, sin sujeción alguna, le dicte el corazón y la razón a cada una. Pues hay temperamentos hogareños, así como los hay para la aventura y el compromiso social. Y con seguridad que no es mejor ésta decisión que aquella, sino la que consiga hacer a la mujer sentirse más feliz.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Excelente
14 de Septiembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Los viejos siempre serán jóvenes para aprender una buena lección”, dice Corifeo en la tragedia “Agamenón” del dramaturgo griego Esquilo (525-456 a. de C.). Y bien podría ser que, de esta frase, parta la obra del también dramaturgo y guionista inglés, Terence Rattigan, a quien algunos quizás recuerden por sus posteriores créditos en títulos importantes como “Mesas separadas”, “El príncipe y la corista” o “Adiós, Mr. Chips” (1969), entre otros.

Mientras transcurre la película “LA VERSIÓN BROWNING” (título alusivo a la traducción que, de la tragedia de Esquilo, hizo el poeta y también dramaturgo Robert Browning, la cual tendrá un importante significado en la historia), me preguntaba si además de la versión en latín, útil para las clases del profesor Andrew Crocker-Harris, habría otra relación dada la relevancia que el “Agamenón” adquiere en este esplendoroso y conmovedor drama en el que, Rattigan, de nuevo nos seduce y embarga con esos pulcros, elegantes y bien construidos diálogos.

Y tras haber releído esta pequeña tragedia que habla de las atrocidades cometidas por el miedo y de los crímenes que se asumen luego por lo que se cree es justicia, compruebo que, además de que contiene -con una ligera variante- la frase consignada por el alumno Taplow en su libro de regalo: “Dios, desde la distancia, mira con complacencia al buen maestro” (que en la obra es “La divinidad mira con complacencia al que gobierna con dulzura”), también puede deducirse una suerte de comparativo entre la manera violenta de dirimir los asuntos afectivos en épocas remotas, y la manera conciliatoria y civilizada como pueden llegar a resolverse en la cultura del siglo XX.

En este particular, el filme dirigido con maestría por Anthony Asquith, redondea en el personaje del profesor, a punto de retirarse por estar aquejado de una delicada enfermedad, una figura que conmueve e impacta con su humildad ante la crítica, su temperancia ante el engaño, y con esa solvencia intelectual que lo hace firme y riguroso, pero no excluyente de valiosos sentimientos ni de aprecio por sus alumnos.

Imposible perderse la perfecta interiorización que con su rival, el también profesor Frank Hunter, sostiene el profesor Crocker-Harris -llamado por el rector como “El Himmler del quinto inferior” (¿por qué se afectaría tanto con estas palabras?). Y en general, el filme desborda un entendimiento humano de primera línea que, seguramente, nos aleccionará por viejos que ahora estemos.

Memorable la interpretación de Michael Redgrave (merecido ganador en el festival de Cannes), quien consigue extraer el alma de su personaje para fusionarla con la suya. Necesario tomar en cuenta aquella frase que él mismo olvidó mantener en práctica: “Se enseña más con buen humor que con excesiva formalidad”. Nuestro reconocimiento también a Jean Kent, Nigel Patrick y Wilfrid Hyde-White, con cuya presencia se redondea un filme brillantemente actuado, y desde cualquier punto de vista, realizado con la mano de un maestro.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Notable
4 de Septiembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Enfermera y pianista, pero sin experiencia alguna en la educación de niños y menos aún de niños especiales, Jean Hansen se arriesga a solicitar empleo en el instituto Crawthorne… y para su suerte, el Dr. Clark decide contratarla. En silencio, pero con clara inconformidad, la mujer ya madura comienza a darse cuenta de que la base formativa del director-psiquiatra se centra en la norma y en la disciplina, entendida ésta como el ejercicio riguroso de la norma. Por su parte, el Dr. Clark comienza a notar que, entre Jean y un chico recién llegado llamado Reuben, se está dando una relación demasiado estrecha, marcada por el paternalismo y la sobreprotección, claramente diferenciable de su relación con los demás muchachos.

Estas actitudes producirán un necesario choque, pero abrirán un espacio de discusión en los métodos formativos de la institución. ¿Cómo se debe tratar a un niño especial? Es la pregunta que comienza a surgir en la cabeza de los empleados, más, cuando aquel espacio es de los primeros que se ocupan profesionalmente de aquellas insuficiencias por mucho tiempo ignoradas y peor tratadas. Y a esto se suma que el pequeño Reuben, en palabras del Dr. Clark: “Es uno de nuestros más espectaculares fracasos”.

El productor Stanley Kramer, parecía interesado en dirigir él mismo este significativo guión de Abby Mann que, tras su efectivo trabajo juntos en “El juicio de Nuremberg”, el escritor acababa de ofrecerle. Pero, al final optó por entregarlo al director de la renombrada “Sombras“, John Cassavetes, para que tomara el timón. Como era de esperarse por su trayectoria como realizador, Kramer se permitió ciertas injerencias al serle entregada la película e hizo algunos cortes buscando que primara su tesis de que, lo correcto con los niños especiales, es tenerlos en una institución donde se socialicen con sus iguales y la cual se dedique particularmente a sus problemáticas. Mientras que, Cassavetes, defendía la idea de que “los niños deben ser aceptados tal como son, pues su vida tiene un sentido y un significado. La tragedia la creamos nosotros con la manera como interpretamos sus diferencias”. Por lo tanto, se entiende, se trata de acogerlos en sociedad sin aislarlos de manera alguna. Al final, la película logra contener las ideas de ambos, y desde mi punto de vista, creo que las dos proposiciones tienen sus pros y sus contras, y creo que debe ser el niño especial quien determine donde se siente más cómodo.

Como rara vez ocurre en este cine-escuela, se crea en “ÁNGELES SIN PARAÍSO” un punto de equilibrio entre los caracteres del director y la instructora, pues al final, quizás comprenderemos que lo justo es tratar a los niños especiales con ciertas normas, pero con amorosa autoridad.

Nos conmueve la frágil condición conque, después de tantas vicisitudes en su vida privada, Judy Garland asume este rol que nos la devuelve satisfactoriamente en su penúltima película. Su rol, como el de Burt Lancaster, resulta con bastante calidez como para que podamos sentir por ellos un especial afecto.

Título para Latinoamérica: “UN NIÑO ESPERA”
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Muy buena
6 de Agosto de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En una modesta escuela de Francia, enseña un maestro de los que no abundan. Se llama Daniel Lefevbre, y aunque ha visto como los cacos desmantelan el plantel en tres ocasiones y siente cada día la incompetencia de la Asistencia social del Estado, en la que el exceso de labores de las escasas empleadas en servicio no les permite satisfacer las demandas de las numerosas instituciones educativas, él se mantiene firme ante su compromiso de sacar adelante a tantísimos pequeños que cada día reclaman afecto y formación.

Daniel es un hombre común, su pedagogía incluso le merece reparos “al gran jefe”, pero tiene a su favor un corazón grande y un fervoroso empeño en la labor que desempeña. Fue víctima de una infancia difícil y quizás eso lo alienta a procurar que los niños de hoy tengan mejores oportunidades. Su presente podría decirse que es satisfactorio, no solo por su profesión donde los niños con sus sonrisas y su entusiasmo lo premian cada día, sino porque tiene a su lado a Valéria una preciosa artista plástica que le brinda su apoyo y su especial afecto.

Pero cada día, en su labor como rector, Lefevbre asistirá a un nuevo drama familiar… a la visión de un niño maltratado... al encuentro de una bebé abandonada… a la ausencia de recursos para abrir nuevos espacios… pero en medio del conflicto de cada día, él hace habitualmente lo mejor que puede, y su excelente grupo de colaboradoras le ayuda con enorme voluntad a sobrellevar la carga.

Tengo un grato recuerdo del director Bertrand Tavernier, pues con varias de sus notables películas (“El juez y el asesino”, “El relojero de Saint-Paul” y otras) que por 1980 conseguíamos en 16 mm, realizamos diversas proyecciones del Cine Club Itagüí que, por entonces, yo dirigía. “HOY EMPIEZA TODO” me renueva en el reconocimiento de su gran talento y me complace saber que sigue dándole al cine obras tan meritorias como ésta. Su filme es sociológico hasta la médula y da plena evidencia del enorme descuido en que se sigue teniendo a las escuelas en buena parte del mundo. Y una sociedad que descuide la educación de sus niños está atentando contra su futuro.

Philippe Torreton logra una carismática representación del rector-profesor contestatario e inconforme a quien algunos asumen como comunista, pero bien sabe él que, en ciertos sistemas, todo el que defienda la dignidad y la justica será tildado de alguna forma que lo estigmatice y que lo ponga en riesgo. Maria Pitarresi logra también dar vida a una adorable Valéria, cuyo compromiso con el hombre que ama trasciende su intenso romance y se proyecta hasta la labor educativa que ambos ejercen con denuedo.

Siento que Bertrand Tavernier ha puesto el dedo en la llaga y ha encendido una luz de esperanza.

Título para Latinoamérica: “TODO COMIENZA HOY”
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Muy buena
21 de Julio de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un viaje turístico que realiza a Grecia, en el templo dedicado a Apolo, el profesor Arthur Chipping vuelve a encontrar la célebre frase “Gnothi seauton” (Conócete a ti mismo). Palabras que le vienen como anillo al dedo, porque, si alguien será ejemplo de autoconocimiento, franqueza e integridad absoluta, en aquel colegio Brookfield al que ha llegado a cumplir labores docentes desde 1924, será él mismo.

Conocido por sus más allegados como Mr. Chips (Chip in en inglés significa ayudar, servir, contribuir) y por sus alumnos como “Ditchy” (contracción de dull-as-ditchwater: “pesado como agua estancada”, alusión a quien resulta aburrido o molesto), es este un profesor que requiere tiempo para decantarse y para que todo el mundo sienta que tiene a su lado a un ejemplar humano digno de ser imitado, y sobre todo, tomado en serio.

En aquel viaje a la antigua Grecia, Chips volverá a tropezar con una cantante de music-hall con quien no le fue muy bien en su primer encuentro, pero con quien pronto conecta de una manera inimaginada para ambos. Katherine resulta abierta, llena de interés por el conocimiento, es dulce y simpática, y sabe reconocer enseguida a un hombre realmente interesante. Y así, comenzará una memorable relación afectiva y de trabajo, que quedará sembrada en los corazones de aquellos esperanzados estudiantes… y también en nosotros los espectadores, abiertos de corazón a los seres humanos que demuestran vocación, bondad y denodado esfuerzo.

En una impecable recreación de época, con unas pocas canciones que encajan debidamente con el ambiente, unos diálogos elegantes y a ratos exquisitamente divertidos, y en especial, con un puñado de magníficos personajes que consiguen acariciarnos el alma, esta nueva adaptación de la novela de James Hilton (el mismo de la memorable “Horizontes perdidos”), me resulta supremamente agradable, me llega hasta las fibras más hondas y me devuelve el profundo cariño que siento por Peter O’Toole, un actor ante el cual me quito el sombrero. Memorable también Sian Phillips (casada con O’Toole por aquel entonces) como la alocada y oportuna Ursula, amiga de Kathy, compañera de music-hall y cómplice de alguna aventurilla.

Herbert Ross logra un encomiable debut como realizador, demostrando después que tenía talento para rato. “ADIOS, MR. CHIPS” es uno de esos filmes que no dejo de recomendar a todos los educadores.
Luis Guillermo Cardona
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