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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1699 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
7
14 de septiembre de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sí, tampoco él entiende por qué, un hombre con su dignidad y nacido en la gran Inglaterra, tiene que cargar con semejante nombre: ¡Marmaduke Ruggles! Pero, ahora que, en París, es tan sólo el sirviente de Lord Burnstead, a quien hay que amarrarle los zapatos y anudarle la corbata, un golpe de mala suerte para el conde, se convertirá para Ruggles en el reencuentro con su libertad.

Ganado –sí, ganado en un juego de póker- por el espontáneo y un tanto burdo turista americano Egbert Floud, Ruggles es llevado a los EEUU, donde él siente que se enfrentará al salvaje, salvaje oeste del siglo XIX, con arreos de hordas indias y plomo por todos los flancos.

Pero, ¡Oh, alivio! Cuando al pisar tierra americana, el sirviente inglés descubre una nación en paz, donde “los seres humanos son absolutamente iguales" con "libertad y justicia para todos”. Esto, hasta el punto de que él ya no tendrá que ser lo que era antes. Floud le llama ahora Coronel Ruggles, su familia le inventa otro cuento y comienza, para el antiguo esclavo, una vida de paz y de prosperidad… con apenas algún pequeño, pero desligable tropiezo.

Leo McCarey ha hecho un filme que desborda simpatía, con personajes alegres y encantadores y con el que se pasa un rato de optimismo para creer en la tierra prometida. Charles Laughton da vida a un sirviente cabal, incapaz –como cualquier ser humano- de zafarse de lo que lo apasiona. Desde él surgirán muchos cambios, al tiempo que su existencia se transformará para siempre.

Un filme encantador para fomentar el turismo; para convencer, a aquellos que aprenden historia con el cine, que vivimos en el mejor de los mundos; y para hacer olvidar, a aquellos que tanto critican a los EEUU que, en los años 30 del siglo XX, sucedieron entre otras cosas, hechos como los siguientes:

Marzo de 1930: La policía reprime a palos a cerca de 40 mil manifestantes que reclamaban el seguro de desempleo. Y, ese mismo mes, se abrió las puertas al oprobioso e infame Comité de Actividades Antinorteamericanas.
Marzo de 1931: Nueve muchachos afrodescendientes son acusados de una violación en Alabama. Varios años después de estar en la cárcel, tendrían que ser reivindicados e indemnizados por acusación falsa. Desde entonces, se tuvo que permitir que también los negros pudiesen ser jurados.
Enero de 1932: La cifra de desempleados, en los EEUU, alcanzó la cifra de trece millones y los salarios se habían reducido ¡en el 60%! con respecto a 1929……

Un largo y triste historial que había que matizar aunque fuese con películas.
Luis Guillermo Cardona
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8
10 de julio de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
He aquí uno de más los brillantes momentos que haya podido tener Jerry Lewis en toda su carrera. Funciona de maravilla como comedia, posee una preciosa puesta en escena, y su personaje principal es explicado psicológicamente con signos y detalles efectivamente elaborados.

El guión escrito para este filme, entre Jerry Lewis y Bill Richmond, es de una significación harto apreciable. Aunque la historia podría parecer bastante ligera, en realidad contiene un cúmulo de mensajes que sólo podrían surgir de alguien calificado y tan conocedor de los intríngulis humanos, como del juego de analogías.

Herbert H. Heebert acaba de graduarse con honores, y después de saludar a sus padres (un hombre apreciable y una madre horrorosamente maquillada, representada por él mismo = rechazo a lo que de ella hay en él), corre feliz a encontrarse con su prometida, pero la descubre besándose con otro hombre. Terrible decepción que lleva a Herbert a sentir odio por las mujeres y a jurar que jamás se casará. No obstante, veremos luego, en un excelente juego de imágenes, que nuestro hombre se cruza en diversos espacios, con varias preciosas y disponibles chicas, a las cuales rechaza de inmediato. Sin embargo, él sigue en el mismo lugar, lo que indica que está imaginando (impulsos reprimidos) lo que podría suceder. Y su ansia se complace (ley de atracción) cuando, al frente de donde se encuentra, descubre un anuncio donde se solicita a un joven soltero. Enseguida empatiza con la dama que lo atiende y el empleo es suyo. Katie es lo opuesto de su madre: cara amable y limpia de maquillaje que, de inmediato, le inspira confianza, y de hecho, en ella encontrará a una aliada incondicional hasta cuando arruina las invaluables colecciones de la anfitriona, la señora Wellenmellon (desprecio de la acumulación material).

Accederemos entonces a un majestuoso set de llamativos colores y en forma de vivienda con numerosas habitaciones, el cual deja al descubierto la forma como se estructura el rodaje de una película. De esta particular manera, Lewis pareciera decirnos que su filme no pretende servir a la alienación, anticipando así su siguiente trabajo, “Un espía en Hollywood”, donde dejará al descubierto la fantasía de la Meca del cine. En aquel lugar, tres H se llevará la sorpresa de su vida, porque, creyendo que sólo dos damas son las habitantes de esa mansión, cuando el todavía niño se levanta (después de dormir con la nalga erguida como bebé que quiere botar los gases)… descubre que son decenas de atractivas mujeres las que habitan el enorme espacio.

Vendrá entonces un largo proceso de compartir, hacer daños, dominar a los intrusos, dejar por el piso a la tv, provocar carcajadas… y descubrir los valores y los irresistibles encantos femeninos, hasta que entra en escena la fiera reprimida que permitirá presagiar un verdadero torrente.

No me cabe duda, esta es una comedia hecha para trascender.
Luis Guillermo Cardona
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10
4 de julio de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es maravilloso como el universo se juega sus cartas para acercar a las personas que tienen que unirse. Y lo más genial es que, en estos casos, cada quien necesita de los demás para poder encontrarse. Es sólo cuestión de darse cuenta, y en esa perspectiva lúcida y abierta, se ubica primero Leopold Dilg, el hombre que ha caído a la cárcel víctima de una conspiración, y quien, al sentirse en gran riesgo de ser ejecutado, emprende la huída y se esconde en casa de su amiga, la profesora Nora Shelley. A casa de ésta llegará también, ¡el mismo día!, el prestigioso abogado Michael Lightcap, un hombre con propósitos de justicia, pero cuya luz no se muestra plenamente porque luce taponada por un ejercicio de libros y escritorio, ajeno por completo a la vida misma. Ellos dos aflorarán en Nora, una valentía y un compromiso, que ni ella misma sabía que tenía.

Comienza así una comedia hecha para sentir (solidaridad, amistad, afecto… y compromiso con la dignidad y la justicia, aunque haya que ponerse por encima de las leyes); para cuestionar cosas relevantes (el ejercicio del derecho desconociendo la realidad, la alianza de los grandes empresarios con los altos mandos del gobierno para confabularse en el ejercicio de las normas, el afán de apaleamiento popular irrespetando el debido proceso); y con todo esto, “EL ASUNTO DEL DÍA” es una verdadera fiesta de situaciones jocosas, de apuntes certeros y perennes como la luz del sol, y con un puñado de personajes a los que llegamos a amar en un mínimo de tiempo.

Cary Grant, es el hombre acusado de meterle fuego a una empresa y de matar achicharrado a su inocente capataz. Jean Arthur, es la chica que estaba preparada para ayudar a escribir un libro. Y Ronald Colman, es el aspirante a un nuevo cargo en la Corte Suprema de Justicia, quien no debe dar ni un paso en falso para que no peligre su especial ascenso. Tres actuaciones impecables, sólidamente respaldadas por gente como Edgar Buchanan, Glenda Farrell o Rex Ingram.

George Stevens vuelve a revelar su fino tacto para elegir un buen guión, su plena destreza en la dirección de actores, y su enorme habilidad para crear ambientes perfectos con una notable austeridad. Con una fluidez bien temperada, unos diálogos certeros, y una posición política y moral altamente edificante, Stevens ha logrado otra comedia que, como “En alas de la danza” y “Olivia”, me merece sin reparo alguno el sello de la excelencia.

Con siete nominaciones a los Oscar, incluido mejor guión, mejor película y mejor fotografía, “EL ASUNTO DEL DÍA” no fue finalmente galardonada, sólo porque en Hollywood se prefiere premiar el patrioterismo (“La señora Miniver”, “Yanqui dandy”) que cualquier filme por relevante que sea, que pueda dejar un mal sabor sobre la política norteamericana. A esto lo llaman “un arreglo discreto”.

Título para Latinoamérica: “TRES CONTRA TODOS”
Luis Guillermo Cardona
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7
20 de abril de 2011
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Philip Moeller es un nombre de escasa recordación como director de cine, pues sólo dirigió dos películas de modesta acogida en las taquillas: “La edad de la inocencia” (1934) basada en la famosa novela de Edith Wharton, llevada ya por tercera vez al cine y, “CORAZONES ROTOS”, adaptación de una historia de Lester Cohen en la que dirige a la inolvidable pareja Charles Boyer y Katharine Hepburn.

La labor creativa de Moeller tuvo sus más altas cuotas en el teatro. Fue fundador, junto a Lawrence Langner y Helen Westley, del famosísimo Theatre Guild de New York, y como director, dramaturgo y/o productor, estuvo en unas 70 obras de frecuente éxito en los mejores escenarios.

Cuando uno visiona “CORAZONES ROTOS” siente, muy pronto, que se encuentra frente a una historia de ligero trazado, apegada sin pudor alguno a la fácil fórmula: “Chico encuentra chica-Chico pierde chica-Chico recupera chica”. En términos argumentales, no hay novedad de tipo alguno y los hechos se adhieren, sin la más mínima objeción, a los cánones convencionales de la sociedad de entonces.

Podría bastar con esto, para sentir que estamos ante otra película digna del gigantesco promontorio del olvido. Pero, yo no lo siento así, y conste que abomino del hecho de que una mujer como Constance Dane – o cualquiera otra-, que se sentía amada y respetada como ninguna por un hombre emprendedor y brillante, un simple desliz, la lleve a manifestar tal exceso de orgullo y tan extrema valoración de la fidelidad, que sea capaz de permitir que suceda lo que sucede con aquel apreciado director de orquesta, conocido como Franz Roberti.

El principal valor que encuentro en el filme (adicional a su excelente música con exquisita partitura del memorable Max Steiner), se asienta en la dirección actoral, mérito sin duda de Moeller -quien se luce con la totalidad de los intérpretes- y de la enorme capacidad histriónica de ese par de grandes que fueron Katharine Hepburn y Charles Boyer. El romanticismo, la ternura, la profunda atracción, la decepción, la frustración y cualquier otro sentimiento, podemos respirarlos con ellos porque los hacen fluir desde lo más hondo de sus seres. Así, uno termina sintiendo lo que ellos sienten, y sus personajes se hacen tan vívidos que pareciera que fueras tú mismo quien está viviendo lo que allí sucede. Por enésima vez, me sentí enamorado de la adorable Kate, y cuando veía sus ojos inundados de lágrimas, sentí una vez más ese algo tan intenso y conmovedor que, en los últimos tiempos, sólo me lo han causado Charlize Theron y mi entrañable hija.

Para mí, esto es arte. Cuando entre la obra y el espectador logran desvanecerse todas las barreras hasta conseguir que se fundan en uno sólo, ahí está a plenitud la esencia artística y su más grande propósito.

Titulo para Latinoamérica: “CORAZONES EN RUINAS”
Luis Guillermo Cardona
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10
30 de diciembre de 2010
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
A muchos les parecerá increíble que -sin haber sido violada-, una chica pueda quedar embarazada… y ni siquiera sepa quien es el padre; o si acaso recuerda su imagen, no tiene idea de cual es su nombre. No es insólito, ocurre con más frecuencia de la que podría pensarse y es una de las causas más comunes que motivan el aborto. La explicación a este tipo de insucesos, con alguna excepción, puede reducirse a dos palabras: Exceso y descuido. Se sobrepasan las copas o los estimulantes, y en el momento de acceder a tener relaciones, no se pone el cauchito donde debería ponerse.

Lo que le ocurre a Trudy Kockenlocker –el apellido quizá les sugiera algo- es todavía más extremo: se ha casado, ha quedado embarazada… y no sabe quién le hizo el regalito. Lo único que recuerda es que, muy solidaria con los soldaditos, estuvo en la fiesta que su pueblo, Morgan Creek, decidió hacerles antes de marchar a la guerra… y fue Norval Jones, el buenazo de su novio quien la condujo hasta allí.

Así comienza la que, enseguida, se convertirá en una de las más desternillantes comedias de la historia del cine. Eddie Bracken, como Norval, recrea al tonto más redomado y divertido con el que uno pueda cruzarse. Y Betty Hutton es una manipuladora por excelencia, con unas argucias que sorprenden al más curtido. Junto a ellos, William Demarest, es excelente como el papá policía dispuesto a salvar el honor de su hija aunque le toque birlar unas cuantas normas. Y Diana Lynn, es la hermanita de rápido razonamiento, con afán de salvar la situación en los mejores términos.

Un cuarteto genial que borda la más hilarante comedia, con unos diálogos irresistibles, con un ritmo ágil pero equilibrado, y con un conjunto de personajes secundarios que solidifican un cuento contado con chispa vigorosa y con toda la magia que puede caber en una comedia.

Desde “El Hermanito” con Harold Lloyd, no me reía tanto con una película que, considero, se merece el más alto reconocimiento para ese brillante guionista y director que fuera Preston Sturges.

A Eddie Bracken y a Betty Hutton, dos maravillosas estrellas con algo de tragedia en sus destinos –como ocurre con tantísimos comediantes- les concedo mi más alto aprecio y los tendré por siempre en el más grato de los recuerdos.

Esto es cine AAA. Una obra maestra.

Título para Latinoamérica: “EL ASOMBRO DEL SIGLO”
Luis Guillermo Cardona
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