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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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1804 críticas
9
3 de mayo de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Cuántas lecciones nos brindan los niños! Si los adultos supieran despojarse de ese manto de prepotencia y de sabelotodo con que, tantos, suelen arroparse, llegarían a comprender que los niños traen intacto el conocimiento heredado del libro de la historia. Somos nosotros los que, por lesa ignorancia, borramos su capacidad de beber de la Gran Fuente y los hacemos sentir desconocedores e ineptos.

Con inagotable creatividad, con una originalidad que renueva el estilo del cine animado y con un conocimiento de la vida que trasciende la limitada dimensión en que vivimos, el director japonés Hayao Miyasaki, quien ya se había lucido con “Mi Vecino Totoro” y “La Princesa Mononoke”, logra una encantadora y fascinante película, que llega muy bien a los chicos y que quizás nos motive a hacer cosas de mayor significado.

Chihiro, es una niña de diez años en viaje de mudanza con sus padres, que tras tomar un atajo, llegan a un lugar desconocido, donde encuentran provocativas viandas que los incita a calmar el hambre. Nadie atiende aquel lugar, y la niña, tiene la percepción de que no debe comer de aquella oferta tan disponible. Pero sus padres no siguen este sentir y comen hasta saciarse, viéndose convertidos, muy pronto, en un par de cerdos que han dejado su apariencia humana.

La niña llega entonces hasta un extraño palacio donde es recibida por Haku, un aprendiz de brujería que aún sirve al bien y que se muestra dispuesto a ayudarla. Adentro, la niña se enfrentará a una difícil experiencia donde tropezará con las más contrarias fuerzas y donde podrá experimentar el valor de la intuición, la resistencia, la perseverancia… y la trascendental importancia de guiarse por un objetivo claro para poder que el universo reacomode sus fichas en beneficio de lo que tanto ansiamos.

Miyazaki entremezcla, con una gran belleza visual, leyendas, dioses mitológicos, potestades del mal, y de la mano de la valiente Chihiro, nos va conduciendo por un laberinto donde abundan las sorpresas y los ejercicios existenciales.

Chihiro da cuenta de lo relevante que es la capacidad intuitiva para guiarse en la vida, nos muestra la facilidad que tienen los niños para adaptarse a cualquier medio y salir avantes, y nos corrobora que, saber lo que se quiere, es el primer paso para conseguir el triunfo.

En el largo camino, conoceremos a Yubaba, la hechicera que convierte a los humanos en cerdos para sus futuras cenas, y a Ceniba, su alma gemela con alientos de bondad. Nos complaceremos con Haku el valiente héroe que se funde con Chihiro en su lucha contra el mal. Veremos a “Sin cara” la triste diosa del dinero que trata de seducir a la niña con curiosos resultados… y con ellos, habrá otros singulares personajes que nos mantienen pegados a una original y aleccionadora historia que revela a Hayao Miyasaki como un verdadero artista.

Muy merecidos sus numerosos trofeos y muy justo el éxito que alcanzó en las taquillas. Es una muy, pero muy grata película.
Luis Guillermo Cardona
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7
24 de febrero de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tony Manetta (Frank Sinatra) es el propietario de un hotel en Miami, Florida, el “Garden of Eden”. Allí vive con su hijo Ally de once años y sus días los pasa como un Adán fascinado con las Evas aunque, últimamente, luce muy dedicado a Shirl, su última conquista. Los impuestos comienzan a ponerlo en vilo y, con una mentirilla sobre su hijo, el hotelero acude a su hermano Mario para que le preste el dinero que necesita cubrir. Temiendo que el niño esté realmente enfermo, Mario y su esposa Sophia (los siempre efectivos Edward G. Robinson y Thelma Ritter), viajan desde Nueva York para ver en que pueden ayudar… o a quien pueden casar.

Desde entonces, en el característico tono de comedia a la Capra, con los habituales personajes nobles, persistentes, esperanzados e inconformes… y algún Don Fabuloso de por medio, la aventura nos lleva por una serie de situaciones donde, el amor de un niño por su padre, pondrá a varios seres, emocionalmente desperdigados, a reencontrar el camino que los acerca a la unión y a la felicidad.

La película resulta entretenida y es la clase de historia que recomendamos para ver en familia ya que puede resultar muy grato y edificante si se comenta y reflexiona al final.

Se añora un poco, el virtuosismo de otros tantos filmes de este grandioso director italo-americano, y siento que los principales faltantes provienen del guión ya que, los diálogos carecen de la agudeza de otrora, al personaje de Tony le falta coraje, y se resiente el trato despectivo y burlesco que asume Mario con su hijo Giulio, con quien, en ningún momento se redime.

Pero, a su favor, la película posee una agradable ambientación, un conjunto actoral que hace grato cada personaje, una relación padre-hijo de verdadero significado y una canción ganadora del Oscar merecidamente: “High Hopes”, bellamente cantada por Sinatra y el talentoso niño, Eddie Hodges, quien representa a su hijo Ally.

Luis Alberto Álvarez, un gran amigo y excelente crítico de cine, fallecido hace algunos años, llegó a decirme, en dos o tres ocasiones, una frase que todavía recuerdo: “Es siempre mejor una película regular de un gran director, que una buena película de un mal realizador”. No la considero una frase que sirva como regla general pero, al terminar de ver este filme, se me vino a la memoria, porque, aún con sus debilidades, Capra es Capra y hay una magia indescriptible en todas y en cada una de sus realizaciones.

Título para Latinoamérica: “UN HOMBRE SIN SUERTE”.
Luis Guillermo Cardona
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10
13 de febrero de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los seres humanos tenemos una estructura compleja. El potencial de nuestra mente es infinito ya sea para construir o para destruir. Las experiencias, las emociones, las decisiones que tomamos cada día y las consecuencias que estas nos traen, determinan gradualmente, el tipo de situaciones a que nos veremos abocados a futuro. Es por esto que, cuando nos vamos a dormir con el propósito de descansar, es mera suposición porque, la verdad, es que uno sólo descansa cuando despierta, cuando abre los ojos, cuando puede verse a sí mismo, y a las cosas que lo rodean, como realmente son.

A veces, la estructura emocional con que nacemos o la que se va formando en los primeros años, se colma de miedo a todo lo que enfrentamos y, cual ratones, vemos al mundo en pleno – con alguna sagrada excepción – como si todo quisiera aplastarnos, o como si todos fueran nuestros enemigos. Pero, como los ratones, resistimos y sobrevivimos. Seis mil millones de seres humanos en contra, miles de especies animales depredadoras, aguaceros y tormentas dispuestos a ahogarlos… y los ratones prosiguen su existencia contra todos los afanes aniquiladores y habitando la totalidad del planeta, con apenas los polos como única excepción.

Los seres temerosos, como algunos personajes de este emotivo filme: Lennie, Candy y la esposa de Curley, luchan también por sobrevivir en un mundo que se muestra hostil hacia todo el que se muestra débil.

Lennie se apoya en George. Ha aprendido a dejar que él tenga las ideas y él sigue sin cuestionar lo que George siempre propone. Así se siente seguro, aunque llegan a veces los momentos difíciles, cuando el inconsciente lo domina y su miedo lo impulsa a apretar con demasiada fuerza. Así mató a los ratones que la tía Clara le regalaba. Y así, acerca la desgracia hacia esa vida humilde que todavía sueña y que guarda la esperanza de poder vivir en paz.

El rancho Tyler sirve de marco a la confrontación de poderes, a la irracionalidad humana, y a la lucha por ser, en medio de las adversidades y del miedo.

En una segunda lectura, es una metáfora de la sociedad. Un microcosmos de una dictadura, con un patrón (gobernante), con fuerzas represoras y prepotentes (los guardianes de Curley) y con una clase trabajadora que hace su labor en condiciones desventajosas.

Basada en la afamada novela homónima, de ese gran escritor que fue John Steinbeck (“Viñas de Ira”, “Tortilla Flat", “Al Este del Paraíso”…), esta segunda adaptación para el cine ha sido dirigida con precisión y gran potencia emocional por Gary Sinise, un reconocido actor que se merecería otras oportunidades tras las cámaras. Y el filme que hemos visto, es de gran valía como obra de arte y como relevante drama que ahonda en los sentimientos y en las íntimas razones que suelen llevar a los seres humanos a saltar las normas convencionales.

Cuando al final comprendas las motivaciones de Lennie, pregúntale a tu corazón que es lo que siente por él.
Luis Guillermo Cardona
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9
2 de febrero de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Harvey Chayne tiene diez años y los muchos millones que tiene su padre están a su disposición. Por eso, soborna, presiona para conseguir lo que quiere y siente que, en el mundo, todos los seres humanos están para complacerlo. No tiene mamá, y su padre, absorbido por sus muchos negocios, no tiene tiempo para él.

Pero, como la vida es sabia y generosa, considera de pronto que, el extraviado niño, necesita una buena lección. Entonces conocerá a Manuel, un pescador portugués que viaja en un barco pesquero en compañía de un encantador grupo de hombres, los cuales conocen muy bien el trabajo en equipo, la dignidad como principio de convivencia, el compartir lo que se tiene y el disfrutar a plenitud lo que la vida les brinda.

Basada en la clásica obra de Rudyard Kipling, ese grandioso escritor indio, Premio Nobel de Literatura y a quien el cine le debe “El Libro de la Selva”, “Gunga Din”, “Kim de la India” y “El Hombre que Quiso Ser Rey”, ésta es una película que se merece todo el mundo, porque contiene un grato encuentro entre dos mundos, una trascendental experiencia para los soberbios y una lección de ternura y de dignidad para los fríos de corazón.

Victor Fleming se ha apoyado en un gran equipo de actores protagónicos: Spencer Tracy, uno de los grandes de siempre, revestido aquí de una personalidad halagadora. Freddie Bartholomew descollando como actor juvenil. Lionel Barrymore, todo un señor del cine clásico. Y un joven John Carradine, el “rival” de Manuel que también percibirá su grandeza.

“CAPITANES INTRÉPIDOS”, como libro y como película, resulta esencial en la formación de los chicos… y de uno que otro adulto, que sigue pasando por la vida esperando que ésta se lo dé todo, sin tener que hacer el menor esfuerzo.

Este es el cine que permanece y permanecerá siempre, porque habla del amor y está colmado de vida.
Luis Guillermo Cardona
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10
30 de enero de 2009
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tuve el privilegio de trabajar con los llamados discapacitados físicos por varios años, y con esta experiencia maravillosa, pude llegar a una clara conclusión: No existe más que una discapacidad, la de la mente. Se puede ser discapacitado con ambos brazos o sin ellos, con la vista abierta o con los ojos apagados, con piernas o sentado en una silla de ruedas. Pero quien pueda pensar, aprender, percibir, crear, adaptarse, resolver problemas y emocionarse, no tiene ninguna discapacidad. Tiene limitaciones físicas omitibles. ¿Y quién no las tiene? Todo el mundo sabe hacer cosas con su cuerpo que otros no sabemos hacer. Yo sé utilizar mis manos para escribir, pero no sé usarlas para tocar una guitarra. Aquel sabe levantar una pelota con sus pies durante varios minutos y para mi resulta imposible hacerlo. Y ni te compares con los animales porque entonces sí sabrás lo “discapacitados” que somos.

“MI PIE IZQUIERDO” es la historia de un personaje admirable: Christy Brown, un irlandés con coraje, con dignidad, invencible, un hombre que vio los obstáculos como una oportunidad y asumió sus limitaciones como un reto a vencer.

Nació en Irlanda y los médicos le diagnosticaron una enfermedad muy “elegante” (como suele hacerse ahora): Parálisis Cerebral Ateloide que, en castellano del pueblo, es simplemente inmovilidad permanente del cuerpo.

Esta película del admirable director irlandés, Jim Sheridan, rompe con la actitud compasiva frente al discapacitado y, muy especialmente, tira por el piso la autocompasión, para dar paso a un ser humano vulnerable, pero con fiereza; necesitado de ayuda, pero decidido a valerse por si mismo; sin ciertos potenciales, pero capaz de demostrar que posee otros dignos de admirar en todo el mundo.

Christy sufre, pero se sobrepone; conoce el fracaso, pero lo trasciende. Lo que ocurre en su vida es el esfuerzo de salir de la escasez - que te pule y te enseña la realidad -, para pasar al autoconocimiento y al triunfo de poder ser. Su familia es proletaria y católica y de vez en cuando le toca comer avena al desayuno, el almuerzo y la comida, pero la valerosa madre que tienen, les enseña con huellas indelebles, que siempre se puede salir avante y que, donde hay amor, las carencias apenas se notan.

Y como a todo el mundo le ponen en el camino a sus ángeles – sí, también a ti, abre bien los ojos o aguza los sentidos y un día los verás- a Christy le llega un día la doctora Eileen Cole. Y la superación ya está en línea recta.

“MI PIE IZQUIERDO”, es un llamado a la valentía, un poema esperanzador que te invita a tener cojones y a que te des cuenta de que, los problemas por lo que tú te amargas, son una nimiedad al lado de los que padecen otros.

Esto es CINE, así, con mayúsculas.
Luis Guillermo Cardona
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