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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2113 críticas
6
20 de noviembre de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocas cosas reflejan tanto el estado de decadencia de una sociedad, como el poder demostrar que muchos de aquellos a quienes se les ha dado licencia para ejercer la justicia, tan solo la usan como amparo para ejercer la corrupción y la felonía, en perjuicio de aquellos ciudadanos que estaban llamados a defender. Cuando esto sucede, se está tocando fondo y el escepticismo de la gente del común comienza a llegar a niveles tan altos, que este hecho de degradación en las altas esferas, se convierte sin proponérselo, en una licencia invisible con la que muchos otros individuos se escudan para seguir también ellos el camino de la ilegalidad. El ejemplo que dan los gobernantes a sus ciudadanos, cumple el mismísimo papel que el ejemplo de los padres para con sus hijos.

En la costa de Cornwall (Cornualles), Inglaterra, hay un sitio conocido como Jamaica Inn y es aquí donde, en el año 1819, se viene reuniendo un grupo de bandidos de quienes huyen las diligencias, porque se han dedicado a vivir del asalto, el contrabando, el asesinato… y sobre todo de originar naufragios a los barcos que pasan muy cerca de su costa para luego saquearlos. La norma de Joss Merlyn, su cabeza visible, es no dejar ni un solo sobreviviente… y la norma de Sir Humphrey Pengallan, el “Juez de paz” de aquella ciudad y su cerebro en la sombra, es que nadie distinto a Merlyn, sepa que él es la cabeza pensante y el que da la información de los barcos en camino.

La novela, “Posada Jamaica”, que Daphne du Maurier publicara en 1936, es la base para este filme que sería el último que dirigiría en Inglaterra Alfred Hitchcock, pues estaba ya en firme el contrato que firmara para David O. Selznick, con el que se convertiría, desde 1938, en director hollywoodense. También su primera película en los EEUU, “Rebeca”, y años más tarde, “Los pájaros”, partirían de novelas de esta notable escritora inglesa que, para Hitchcock, era de la más alta estima.

En los resultados de “POSADA JAMAICA”, tuvo muchísimo que ver Charles Laughton, quien no solo encabezaba el reparto, sino que también hacía parte de Mayflower Productions, empresa que financiaba el filme y esto llevaría a que su personaje -que en el libro solo aparece en la parte final y en la forma de un vicario- tuviese aquí un protagonismo muy marcado, quedando Mary Yellan (la lindísima Maureen O’Hara), la verdadera protagonista de la historia y Joss Merlyn (Leslie Banks), reducidos a roles casi secundarios… esto, sin contar que Jem, el hermano de Joss y pretendiente de Mary, queda prácticamente en la sombra y que, el vicario, desaparece por completo para evitar tremolinas de los censores.

El pulso de Hitchcock resulta en el proceso un tanto irregular, resolviendo algunas situaciones con tanto facilismo que llegan a resultar poco creíbles. Y llego a pensar que, de no ser por la acertada composición de ciertos planos, sobre todo en los exteriores; por lo simpático que, no obstante, resulta el pecaminoso personaje de Laughton… y por ese rostro sin igual de Maureen O’Hara, que siempre complace ver, “POSADA JAMAICA” sería otro de esos filmes bien fáciles de olvidar.

P.D: Fue un error haber titulado el libro en español como “La posada de Jamaica”, porque el sitio donde transcurre la historia, nada tiene que ver con la preciosa isla que está ubicada en Las Antillas, al este de Centroamérica. Por fortuna, el filme ha sido traducido correctamente.

Título para Latinoamérica: “LA POSADA MALDITA”
Luis Guillermo Cardona
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9
15 de noviembre de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El concepto de héroe (de hērōs), lo heredamos de la mitología griega y hacía alusión a una persona con capacidades sobrehumanas con las que llevaba a cabo hazañas extraordinarias de beneficio para una colectividad o para la humanidad entera. En la tríada del poder y del valor, establecida por el poeta Píndaro, el orden era (y es): Dios(es) > Héroes > Hombres.

Lo que ha sucedido de aquí en adelante, es una cada vez más atrevida y sospechosa subvaloración del concepto de Héroe que nos enseñaron los griegos… y ahora, medios y directivos, osan aplicárselo a cualquier hombre, mujer o grupo, que realiza alguna acción especial favorable a alguien. Así, los deportistas se han vuelto héroes, los que rescatan a alguien que se hallaba en notable peligro son héroes, los soldados son héroes “por defender la patria”… y al paso, los héroes que antiguamente se podían contar en los dedos de la mano, son ahora tan abundantes como los doctores o los caballeros.

Con el ánimo de hacer un notable estudio sobre el heroísmo -según lo conciben los gobernantes de los últimos tiempos-, el director Clint Eastwood, ha realizado una magnífica y reveladora película que parte del libro que escribiera el estadounidense James Bradley, cuyo padre fue uno de los seis “héroes” que aparecen en la célebre foto tomada durante la toma del monte Suribachi (en Iwo Jima, Japón), en la cual se observan colocando la bandera triunfalista.

La adaptación, puesta en manos de William Broyles y Paul Haggis, consigue una sobresaliente estructura con muy bien insertados saltos en el tiempo, dándonos así elementos que nos permitirán comprender los hechos fundamentales que se dieron a consecuencia de aquel curioso momento histórico de la instalación de una bandera estadounidense. Y quizás sea entonces que cobre validez, aquella frase que oiremos al principio de boca del ya anciano John “Doc” Bradley: “Buenos y malos, héroes y villanos, de eso siempre hay… pero la mayoría de las veces no son los que nosotros creemos”.

El filme funciona a todo nivel. Se propone, con gran realismo, dejar fielmente plasmadas las crueldades y atrocidades de la guerra hasta conseguir que sintamos repugnancia por todo lo que en ella sucede. Y al tiempo aborda, con suma objetividad, la búsqueda de la verdad absoluta sobre los hechos que sucedieron desde la toma de aquel monte estratégico para los japoneses.

La estructura general luce tan bien cuidada que, por esta razón, el siguiente filme de Eastwood, “Cartas desde Iwo Jima”, engancha perfectamente con “BANDERAS DE NUESTROS PADRES”, al ser, este mismo hecho histórico, visto aquí desde la perspectiva de los americanos y en la siguiente película desde el punto de vista de los japoneses. Incluso algunos planos son comunes a ambos filmes y es seguro que fueron rodados sucesivamente, para conservar la perfecta ilación de las escenas de batalla, las cuales, para mayor fidelidad histórica, consiguieron rodarse en Iwo Jima, y exactamente en los mismos lugares donde transcurrieron los hechos.

Eastwood se apunta aquí otra brillante obra que dignifica al cine, invitándonos a tener más cuidado antes de atribuirle a alguien el calificativo de héroe. ¡Y cómo quedan de mal parados los gobernantes y la sociedad de aquellos años!

Reconocimiento a Adam Beach, por su excelente y ejemplarizante aparición como el indio Ira Hayes.

Título para Latinoamérica: “LA CONQUISTA DEL HONOR”
Luis Guillermo Cardona
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10
26 de octubre de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque la relación afectiva entre Paul Wilcox y Helen Schlegel se ha roto por disparidad de caracteres, la camaradería entre Margaret, la hermana de Helen, y la señora Wilcox permanece en un punto tan alto, que hasta tienen planeado ir a conocer la casa conocida como Howards End que, en las afueras de Londres, posee la ex-suegra de su querida hermana. Pero el viaje se interrumpe repentinamente y Ruth Wilcox cae gravemente enferma, al punto de que, presintiendo el final, decide legarle Howards end a su querida amiga… Pero la nota, en la que ha dejado constancia de su deseo, ha quedado en manos de su marido Henry, quien, de acuerdo con sus hijos Charles y Evie consideran que “la madre no estaba en sus cabales al momento de escribir esa nota” y entonces hacen lo que muchos otros harían…

Pero, como todos estos otros, los Wilcox también ignoran que el universo tiene sus reglas… y lo que veremos a continuación, es una magistral exposición de la manera como el hado reordena sus piezas para que, al final, suceda lo que en justicia tiene que suceder. Porque la justicia entre los seres humanos es bastante endeble, pero las leyes universales son de estricta aplicación y todo lo que el amor reclama, indefectiblemente se cumple.

“Howards end” (1910) fue la cuarta novela que escribiera el inglés Edward Morgan Forster (E. M. Forster) y fue de nuevo, Ruth Prawer Jhabvala, quien, con su profundo conocimiento de la sabiduría hindú, logró convertirla en ese magnífico tratado de la justicia universal. La estructura argumental es como un manso río que fluye sin obstáculos que le impidan seguir avanzando en su camino hacia el mar. Y mientras los Wilcox guardan absoluto silencio sobre lo negado, las hermanas Schlegel siguen inocentes de lo acontecido, siendo por ahora, las causas sociales, su única preocupación.

Helen es rebelde, justiciera y con una profunda conciencia de clase. Meg es tolerante, apacible y pareciera presentir que perdón y aceptación son lo suyo y que la justicia está en las manos implacables del universo. Henry, en cambio, siente que los únicos hilos los tiene en su mano y entonces se mueve entre su capricho y lo que la vida le impone cada tanto… y la historia se va reencajando de esa manera que es siempre un gusto poder apreciarlo
.
Esta es la suerte de filme que nos devuelve la confianza, que nos demuestra que no estamos solos, y que nos pide comprender que nuestra única obligación es hacer lo que es justo, porque las leyes del universo están siempre dispuestas a poner las cosas en su lugar.

Excelente reparto con Vanessa Redgrave, Anthony Hopkins, Helena Bonham Carter, Emma Thompson y Samuel West en inmejorables actuaciones.

Creo que, el director James Ivory, tiene aquí su obra maestra.

Título para Latinoamérica: “EL FIN DEL JUEGO”
Luis Guillermo Cardona
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10
1 de octubre de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta podría ser la historia más convencional del mundo: Los casados que son infieles. Y su desenlace podría ser, como en la mayoría de estas historias, algo que al común de la gente le encanta: ¡El severo castigo! Podría anticipar que esta historia tampoco está exenta del castigo, pero no… esta No es una historia convencional y no está dispuesta a complacer a nadie, excepto al Amor y a la Justicia magnánima.

“La copa dorada” es una novela que escribió el estadounidense, Henry James, en 1904, y uno de sus más grandes méritos como obra literaria –inalcanzable en el cine- es que permite que, como lectores, podamos ahondar tanto en el sentir más íntimo de sus protagonistas, que llegamos a saber muchísimo más de cada uno de ellos, que lo que llegan a saber el uno de los otros. Y como regalo supremo, acude a un recurso final que rompe, rotunda y magníficamente, con los patrones convencionales.

Saltándose un poco al autor de la novela en su adaptación cinematográfica, el director James Ivory –quien por tercera vez toma como base literaria una obra de James-, nos tiende una reveladora trampa al ilustrar la manera como los antepasados del príncipe Amerigo actuaban ante la infidelidad. Después –y como el autor- nos deja conocer las grandes virtudes que posee el estadounidense Adam Verver, un multimillonario coleccionista de arte quien luce como un verdadero galantuomo (caballero), palabra en uso de su yerno el príncipe Amerigo, y como un hombre bondadoso, en el decir de su hija Maggie que le adora y quien ahora está casada con el príncipe. Por su parte, la joven, bella y delicada Maggie, es la suerte de mujer apegada pero independiente, con una capacidad muy alta de aceptar todo cuanto tiene a su alrededor y con una intención de no hacer daño a nada ni a nadie, como si entendiera a la perfección el secreto de la existencia… pero, en Inglaterra, a ambos les espera su gran reto.

Empero, ante la relación de amantes que, desde antes de casarse, sostiene Amerigo con Charlotte Stant -la ahora esposa de su padre- sutiles detalles van trazando lo que pareciera ser a futuro –y no muy lejano- una calculada y terrible venganza. El veneno va entrando en nuestras venas… comenzamos a pensar en la posible forma como Verver va a cobrarse la felonía… se nos recuerda de nuevo lo que hizo el duque con su hijo y con su esposa cuando los descubrió juntos en el lecho nupcial…Y lo que sigue, quizás llegue a avergonzarnos, y a quienes guardan pesados y muy duros sentimientos en sus corazones, de seguro conseguirá decepcionarlos, porque Henry James –y Ivory lo transmite de manera fidedigna- ha aprendido que hay una forma prístina y profundamente sabia de hacer justicia, que nada tiene que ver con lo que nos enseñan y repiten a diario los tribunales, las instituciones militares y los hombres del rebaño.

De brillante manera, “LA COPA DORADA”, símbolo ésta de comunión (común–unión) y de que una pequeña grieta (herida) puede ante los ojos de un observador tolerante pasar desapercibida –por eso es Amerigo y no Maggie quien la descubre- trastoca lo convencional y nos ofrece una alternativa de vida que, sin exageración alguna, puedo decir que es la única que podría permitirnos trasegar por la existencia como está esperando, el Padre Universal, que un día Todos lo hagamos. Porque es ese el instante en que este mundo desaparecerá como por encanto, ya que al fin habremos visto lo que, teniéndolo ante nuestros ojos, no hemos podido ver.

Porque, solo triunfan en la vida los que ejercen de manera indeclinable la virtud, y porque el amor acoge a los que tienen el valor de redimirse, “LA COPA DORADA” es un privilegio de novela y de película que tienes que concederte.

Título para latinoamérica: “NUESTROS AÑOS DORADOS”
Luis Guillermo Cardona
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8
19 de septiembre de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde muy chico le llamaron “Cubby” (Cachorrito) y quizás nadie imaginó nunca el infierno por el que tendría que pasar este simpático muchacho bautizado como Hubert Selby jr., quien a los 15 años abandonó la escuela para ponerse a trabajar en la marina mercante donde contrajo una tuberculosis que hizo temer por una muerte rápida. Pero contra el pesimista vaticinio de los médicos, el joven Selby sobrevivió, aunque un nuevo experimento con algunos fármacos que le recetaron, lo llevó a una cirugía en la que perdió un pulmón, quedando así con problemas respiratorios para el resto de su vida.

El uso de heroína y de tranquilizantes para la depresión lo convirtieron en adicto, pero contra todo, Selby consiguió hacerse con una buena esposa que trabajaba para mantenerlo y con ella tuvo una hija, ayudándole ambas a sobrellevar sus penas. Ante la imposibilidad de conseguir un trabajo estable, Selby empezó a hacer remembranza de sus vivencias en Brooklyn… y entonces se dedicó a escribir. Surgieron primero, historias cortas como “La reina ha muerto” y “Tralala”, entre otras, que publicó en diversas revistas hasta que, llegado el año 1964, y por sugerencia del escritor y amigo Amiri Baraka, Selby entremezcló varios cuentos -incluidos los antes mencionados- y los convirtió en su primera novela, la cual publicó con el titulo, “Last exit to Brooklyn”, que muchos aplaudirían, pero que sería llevada a juicio por el gobierno inglés, acusándola de obscenidad. Escritores notables como Anthony Burgess y Allen Ginsberg, entre otros, salieron en su defensa… y por fin la novela pudo seguir su curso contra sus muchos detractores.

Llegado el año 1989, es el director alemán Ulrich Edel (Uli Edel en EEUU) mundialmente conocido por su filme anterior “Christiane F”, quien, con guión de Desmond Nakano, decide llevar al cine la polémica obra de Hubert Selby jr. ¿El resultado? Una historia que plasma un pequeño infierno –muy doloroso pero real- en el Brooklyn de 1952, donde se combinan los soldados de una base militar, las prostitutas que van en busca de su dinero, los travestis que saben que hay gustos para todo, y los perseverantes sindicalistas que, con una huelga que lleva ya seis meses, tienen paralizada la Brickman Metals Co.

Y, cual fantasmas que aparecen y desaparecen para ejecutar órdenes de ¡quién sabe que fuerzas!, una pandilla de jóvenes liderada por un tal Vinny, estará mediando entre todos, para dar una lección a los soldados que fomentan la prostitución de Tralala… para hacer realidad los más retorcidos deseos del desubicado miembro del sindicato, Harry Black… para castigar severamente el descarrío… y hasta para intentar desalentar a la rubia y seductora Tralala, cuyas travesuras ya suman bastantes víctimas.

Pero en este infierno, también hay un resquicio por el que se entra el amor… y contra todo, habrá seres que brindan cariño, que se proponen convertirse en esperanza, y que están dispuestos a que, ese hálito de luz, encienda una antorcha en tan amargo pueblo.

En, “ÚLTIMA SALIDA, BROOKLYN”, la vida luce con marcada desesperanza, pero contra todo, se preserva viva esa necesaria consideración que se merecen sus personajes. Se recrean situaciones donde algunos hombres, por extraños actos de inconciencia tiran por la borda todo lo bueno que la vida les ha dado, pero se deja ver esa luz que preserva la existencia y que, pase lo que pase, sigue haciendo la vida digna de ser vivida.

También yo creo que hay aquí un libro y un filme muy necesarios, porque dan cuenta efectiva de la ley de resonancia, y sobre todo, porque nos enseñan a ver, con alma grande, las liviandades ajenas.

Título para Latinoamérica: “CAMINO SIN SALIDA”
Luis Guillermo Cardona
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