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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1541 críticas (Ver todas por título) Página: 107
Su valoración: Buena
7 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es una película sobre la constancia de una niña, que después de tenerlo todo y vivir como una princesita, de repente parece necesario que vea la otra cara de la vida para poder fortalecerla como ser humano. Y quizás, por haber vivido en La India, aprendió lo suficiente sobre la resistencia, la fe y el amor, porque con estos potenciales habrá de enfrentarse a los reveses que truncan su armonía. Entonces, Sara Crewe, demostrará que cuando hay constancia, se mantiene viva la esperanza que nos alienta; que cuando se tiene fe, sustentada en la guía de la intuición, hay muchísimas probabilidades de que estemos en lo correcto; y cuando se tiene amor, el universo atraerá a las personas que servirán de apoyo para que podamos seguir adelante.

Junto a “El pequeño Lord” y “El jardín secreto”, “LA PEQUEÑA PRINCESA”, conforma la brillante trilogía infantil con que la escritora anglo-americana Frances Hodgson Burnett (1849-1924), brindó a los jóvenes del mundo un acervo de experiencias que ejemplarizan los valores que hacen posible enfrentarse a las vicisitudes a las que quizás, un día, nos veremos abocados. Sus historias están llenas de sabia percepción, de acogimiento con valor y la suficiente entereza para que sepamos hacer uso de las herramientas positivas naturales con las que, poderosamente, hemos sido dotados.

El capitán Reginald Crewe debe marchar a la guerra, pero quiere asegurarse de que su “princesita”, huérfana de madre, quede en buenas manos hasta su regreso. Con plena confianza y dispuesto a pagar lo que sea necesario, la deja entonces en el internado de Miss Minchin en Londres, pero jamás pasa por su pensamiento que la vida podría dar un extraño giro... y su Princesita tal vez no lo sea para siempre.

Miss Minchin es ejemplo de la hipocresía y el oportunismo que flota alrededor del mundo, y es todo bondades mientras luzca la abundancia, pero su lado oscuro sale fácilmente a flote cuando entiende que hay carencia. Al contrario, y por fortuna, su hermano Bertie es todo corazón… y quizás sirva de aliento a la pequeña Sara, quien no se resiste a perder a su padre aunque todos dijesen que se encuentra muerto.

Walter Lang, un director por el que empiezo a sentir que necesita redescubrirse (sus películas posteriores “Niñera moderna” y “Su otra esposa” me han resultado encantadoras), logra con “LA PEQUEÑA PRINCESA” un filme de gran atractivo visual, y aunque soy de los que sienten que Shirley Temple nunca tuvo suficientes dotes como actriz (pónganla al lado de Margaret O´Brien y se apagará por completo), creo que tiene aquí uno de sus más afortunados momentos, gracias a la pericia y la paciencia de Lang en la dirección de actores.

Mucho más agradable me resulta la presencia del veterano, Arthur Treacher, quien, como Bertie Minchin, logra un carácter simpatiquísimo y lleno de bondad. Con él, el filme adquiere soltura, el drama se ameniza y la Temple logra una empatía que le permite mostrarse desenvuelta y simpática. No por nada, a Treacher lo tendría a su lado en varias de sus películas (“Heidi”, “Stowaway”), y otras actrices juveniles (Deanna Durbin, Elizabeth Taylor…) también se complacerían de tenerlo en algunas de sus apariciones cinematográficas.

Destinada a repetir, para el cine sonoro, varios de los grandes éxitos de la “novia de América” Mary Pickford, creo que, con “LA PEQUEÑA PRINCESA”, Shirley Temple logró imponer un poco de dignidad a su maltrecha experiencia actoral. La película es muy recomendable para los pequeños... ¡Y claro! también para los adultos.

Título para Latinoamérica: “SUEÑO DE HADAS”
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Muy buena
1 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para Jean-Marc Clement, el acaudalado ascendiente de los multimillonarios Clement de Francia que se hicieran ricos a cuenta de guacas, armas, globos, mujeres ricas, torres… la vida es aparentemente perfecta, pues pareciera tenerlo todo: empresas, acciones, edificios, autos de lujo… sin faltarle las chicas con las cuales puede tener una aventurilla cada día de la semana, si se le antoja.

Uno de sus asesores, va a enterarlo de que, en la calle 14 de Greenwich Village, un modesto grupo de teatro está trabajando en el montaje de una revista, cuyo mayor propósito es ponerlo en ridículo ante la sociedad, pues piensan que lo que hace con su fortuna es vergonzoso.

Atendiendo a una sugerencia del asesor, Clement decide asistir a un ensayo de la obra. Allí se embelesa con una coqueta rubia conocida como Amanda Dell, que hace de cantante y bailarina… y pronto, el multimillonario termina convertido en un “modesto desempleado” aspirando a un papel en la revista por su ´gran parecido´ con el criticado francés, y para el caso, ha adoptado el “desconocido” nombre de Alexander Dumas… sí, el mismo del autor de “Los tres Mosqueteros”.

En uno de los más bellos roles que pudo interpretar en su vida Marilyn Monroe –y este sería prácticamente el último, puesto que, su siguiente película “Something’s got to give”, en la que aparecía de nuevo con el director George Cukor, quedó inconclusa ante el advenimiento de su misterioso deceso-, su presencia, además de magnética como la sensual estrella de la revista que se está montado, resulta ejemplarizante y conmovedora, dada la integridad, el sentido solidario y la transparencia que asume como mujer. Para Clement –y para nosotros- a una mujer así nos resulta muy fácil amarla, porque es de aquellas, sensatas y claras, que eligen a un hombre por lo que es y no por lo que tiene.

Ives Montand, hace una magnífica segunda figura –con Marilyn es muy fácil pasar a segundo plano- y como el adinerado don Juan que quiere evitar que lo pongan en ridículo, hace el ridículo durante toda la película, pretendiendo ser el comediante-cantante-bailarín de revista, que ni ayudándose de grandes como Milton Berle, Bing Crosby y Gene Kelly, consigue emerger del pozo. Gran sutileza la del director George Cukor y su guionista Norman Krasna, pues es una forma muy inteligente de salirse con la suya, jugando a los caballeros.

Otros grandes actores como Tony Randall, Wilfrid Hyde-White y Dave Burns, se convierten en fuertes pilares de esta estupenda comedia-musical, que luce muy bien dosificada, sirviendo también de reflejo para que veamos como se mueven aquellos –muy tristes seres- que se hacen a la conquista y al éxito mediante el soborno, el alto pago y/o la manipuladora influencia. Al tiempo, una bella lección de mujer adorable por dentro y por fuera, queda plasmada para satisfacción nuestra y para gloria de aquella frágil muchacha rubia, que ya pertenece a la historia del arte y a la eternidad.

Título para Latinoamérica: “LA ADORABLE PECADORA”
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Muy buena
31 de Enero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Alfred Hitchcock le agradaba mucho Sigmund Freud, pues, cuando el director inglés comenzó a hacerse importante en la industria del cine, el médico y escritor austriaco, ya había causado revuelo mundial con su innovador método del psicoanálisis y había publicado sus mayores obras “La interpretación de los sueños”, “Psicología de las masas”, “Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de la neurosis”, entre otras. Esto motiva a que su cine se vea frecuentemente impregnado de fuertes efugios psicológicos y profundos conflictos de personalidad y, precisamente “VÉRTIGO”, es una de sus obras más centradas y más logradas en estos aspectos.

Un policía en retiro, a causa de un grave incidente en el que no pudo controlar la acrofobia que padece, y que lo ha marcado para siempre, es llamado por un amigo para que le haga seguimiento a su esposa Madeleine, pues él cree que, una mujer fallecida hace tiempo, cada tanto toma posesión del cuerpo de su esposa, creando en ella una suerte de trastorno disociativo de la personalidad, que la lleva a hacer muchas cosas que luego no recuerda en absoluto.

Aunque desde su primer diálogo, el detective John “Scottie” Ferguson (James Stewart), deja sentado su escepticismo ante tales fenómenos, atraído por la especial belleza de la extraña Madeleine, termina entrando en el juego y comienza a descubrir una serie de incidentes que lo intrigan sobremanera. Lo curioso es que actúa más como psicoanalista que como detective ante la ambigua y fascinante rubia, pero el cambio sin duda se produjo porque no luciría bien un psiquiatra sufriendo de terror a las alturas.

La trama está muy bien hilvanada, los síntomas que maneja "la paciente” se corresponden efectivamente con este tipo de neurosis, y como le ocurre a Scottie, también los caballeros terminamos enamorados de aquella frágil y fascinante muchacha que pareciera ser víctima de una traviesa jugada del destino.

Hitchcock va dando pequeñas y sutiles puntadas para ojos avisores, y luego… ¡Increíble! Nos transparenta el secreto para ponernos en ventaja con respecto al detective… y así sabremos luego lo agudo que él resulta, cuando con sus propios recursos consigue desentrañar el misterio. La catarsis... bueno, es muy dudable, porque quién sabe porqué circunstancias se hace la “justicia” del ojo por ojo, y no creo que, Scottie ni espectador alguno (bueno, sí creo), consiga quedar conforme viendo malograda a la inolvidable Madeleine… Judy… o mejor Kim Novak.

No cabe duda, con “VÉRTIGO”, Hitchcock nos ha dado un magnífico entretenimiento: Para la vista (cada imagen denota una cuidadísima composición); para el oído (diálogos que obligan a no perderse ni una frase y una alucinante partitura musical de Bernard Herrman); y para la mente, porque nos mete en una brillante trama, que nos obliga a concebir ideas e interpretaciones hasta mucho después de que hemos visto el último plano. Así se hace el cine de perenne aroma.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Notable
16 de Enero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Por qué será que la vida no nos concede a veces las pequeñas cosas que le pedimos?, ¿Por qué habrá personas que se pasan la vida entera anhelando algo en particular y jamás lo consiguen ni por asomo?, ¿Por qué ha de ser que algunos solo aspiren a lo que las vida les deniega y no ven jamás la posibilidad de buscarse otra cosa?... Nada sencilla resulta la comprensión de la existencia, sobre todo cuando se nos enseña que, si no logras lo que tanto ansiabas, solo frustración puede caber en tu alma. Y por esto, tantas cabezas bajas entre los mayores, tantos hombros encogidos y tantos ceños fruncidos.

A nadie, o a casi nadie, se le ocurre enseñarnos que puede tener mejor suerte el que no logra lo que desea que el que siempre obtiene lo que se le antoja, porque no siempre es bueno lo que deseamos y no deseamos siempre lo que sería correcto. Tampoco se nos enseña que no basta con anhelar las cosas, ya que muchos desean con temor, con maleabilidad, con negligencia y hasta con sentimientos de no merecer aquello desean… y a quienes así piden, jamás se les concederá lo que dicen desear. Y también deberían enseñarnos, que a veces la vida nos deniega algunas cosas porque tiene para nosotros otras mucho mejores. De estas, nos dará pistas, pero es deber nuestro estar atentos para conseguir verlas.

En una ciudad (Atlantic city) que está siendo demolida paso a paso para dar lugar a una nueva esperanza, Lou Pascal, ahora viejo, no desea grandes cosas: solo sueña con ser un gánster (como Capone), tener una amante joven (como Sally la vecina de al lado) y ser capaz de defenderla de todo aquel que pretenda maltratarla. Pero, desde hace 40 años, Lou es solo un mantenido, cuidandero y amante esporádico de la enferma mujer de su exjefe... y consiguiendo centavos con pequeñas apuestas en las frías calles de las afueras.

Cuando Buddy, el arruinado marido de Sally, osa aparecerse con la hermana de ésta… embarazada de él, una ocasión de oro se presenta en el destino de Lou, cuando Buddy lo entra en el negocio de vender una droga que recién ha hurtado a unos mafiosos. Quizás, entonces, comience a tomar forma su lejano sueño y sus últimos días den sentido a las eternas mentiras que sobre su propia vida pregonó ante los demás.

Louis Malle, un director que sabía mucho de seres humanos, ya que tuvo sobradas experiencias de las buenas y de las malas, logra bordar unas figuras humanas vibrantes y muy sentidas. Y sirviéndose de solventes intérpretes como Burt Lancaster, Susan Sarandon y Kate Reid, consigue uno de los más redondos filmes de su carrera. “ATLANTIC CITY” desborda nostalgia, mirando con respeto ese turbio pasado que a veces persiste como si perteneciera a lo eterno.

Tanto Lou como Sally -quien por su parte ansía convertirse en la primera mujer croupier del casino de Montecarlo-, sienten los tropiezos, pero ellos insistirán en sus anhelos porque no han tenido ocasión de comprender otra cosa. No pueden verse como seres ejemplares, pero lograremos comprenderlos y aceptarlos en su pequeñez existencial y en esa sensación de soledad que les ha deparado la vida.
Luis Guillermo Cardona
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15 de Enero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo tuve a un profesor al que le decíamos el bacteriólogo… porque a todos los estudiantes nos veía como unas mier... El profesor de la Harvard High School, Charles W. Kinsgsfield, es de este tipo de profesores. Erudito y cotizado como el mejor y más caro abogado del país, el hombre se dirige a sus alumnos desde su palco de “sabiduría” y con su rigor, su temple y su rostro grave, hace temblar a más de uno… y hasta dicen las malas lenguas, que ha vuelto locos a un montón de abogados desde que empezó a dar clases hace ¡40 años!

Viendo este filme no será difícil creerlo, y se comprende entonces porqué su alumno, Hart, tras darse cuenta de que su novia Susan, es precisamente… quien jamás esperaba que fuera, termina empeñado en ganarle la batalla a su profesor y está dispuesto a conseguir los recursos de respuesta a como dé lugar.

Muy interesante este filme sobre el gigante y el enano, el pez grande y el pez chico, donde la lucha férrea, perseverante y acuciosa siempre da sus resultados. Solo que vuelve a probarse que es mejor el camino que la meta, porque cuando ésta se alcanza, el interés desaparece por completo.

El director, James Bridges, realiza su propio guión basado en la calificada historia que, John Jay Osborn Jr., cuenta en su libro “The paper chase” y logra transmitir con gran fuerza el sentir y los padecimientos que se tienen ante un profesor de cuello largo como el señor Kingsfield, quien, haciendo honor a su apellido (traducible como Campo de reyes), se siente y actúa como si fuera un perfecto monarca… y, para recordar que sigue siendo humano, de vez en cuando es capaz de un verdadero acto de benevolencia.

John Houseman domina el filme con su altiva presencia física, y su perfecta y calculadora elocuencia, convierte al derecho en un reto tan complicado como el de aquellos gladiadores que veíamos en los coliseos romanos… y de hecho, su aula es bien semejante a un espacio como aquellos. Con justeza le dieron el premio Oscar, y sería éste, el filme que lo lanzaría como actor de primera línea. Timothy Bottoms (“La última película”) y Lindsay Wagner (“La mujer biónica”) luchan por sostener su efusiva relación, jugando a las escondidas y a la espera de que la chica resuelva un tropiezo del pasado. Entre tanto, el grupo de estudio del que hace parte Hart, se enfrenta a una pugna interna que hará para ellos las cosas más difíciles cada día, al punto de ponerlos al borde de una tragedia.

Solo encuentro objetable la excesiva reiteración de espacios y el uso de tantos argumentos jurídicos a los que, los legos como yo, difícilmente conseguimos acceder. De resto, creo que “VIDA DE UN ESTUDIANTE” es un filme bastante plausible y fiel reflejo de ciertos empeños a los que con frecuencia nos vemos abocados en nuestros proyectos de vida.

Título para Latinoamérica: “LA VIDA ÍNTIMA DE UN ESTUDIANTE”
Luis Guillermo Cardona
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