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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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1990 críticas
7
1 de octubre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
“La muerte no es real. No es sino nacimiento a una nueva vida… e iréis adelante, y adelante, y adelante, a planos de vida superiores y cada vez más altos”. (El Kybalion)

Dentro del plantel en una escuela de Montreal, se ha suicidado la profesora Martine Lachance. En su reemplazo, ha llegado un refugiado argelino de nombre Bashir Lazhar. Para la profesora, su problema parece ser que venía ya de largo, pero todo lo que sabremos es que abrazó a un chico que no acogió con agrado este gesto y la denunció ante sus padres exagerando un tanto lo ocurrido. Sucede esto en tiempos en que, en Canadá, “hay que tratar a los niños como si trataras con residuos radiactivos. No los toques o te quemas”. –Dirá uno de los profesores de la escuela.

Para el profesor Lazhar, la vida tampoco ha sido fácil, pues, por un libro que escribió su esposa en contra de la política de reconciliación nacional con la que se concedió amnistía a numerosos asesinos del Estado, su casa fue incendiada cuando ella se encontraba dentro con sus niños. Por suerte, él había salido antes hacia Montreal con la intención de preparar un lugar para toda la familia.

Ahora, el profesor quiere dar a otros niños un aliento de vida, y frente a la crisis que se cierne en esta institución, tratará de sembrar esperanza y reconciliación en los corazones de sus alumnos. “Es difícil entender por qué alguien quiere suicidarse, pero es imposible comprender porqué lo hizo aquí” -comentará Lazhar sobre el caso de la profesora-. Pero, no es imposible, profesor. Quizás Martine quería denunciar los malos tratos, la intolerancia y los prejuicios que, también y en numerosas ocasiones, reciben los maestros de parte de algunos padres o acudientes. Pues, solemos ver al mayor como victimario del menor, pero parecemos incapaces de ver las comunes ocasiones en que, el mayor es víctima de las mentiras, las exageraciones o los maltratos del menor.

Resulta muy válida y necesaria, esta película basada en la novela “Bashir Lazhar”, escrita por Evelyne de la Cheneliére, ya que muestra el otro lado del conflicto en la educación y se solidariza con aquellos profesores que lo dan todo de sí mismos y no siempre reciben aplausos o congratulaciones… y mucho menos reconocimiento del Estado.

Creo que, el director Philippe Falardeau, ha conseguido con “PROFESOR LAZHAR”, un filme que complementa lo hecho hasta ahora por otros realizadores, y fueron muy merecidos los 6 premios Genie por mejor película, director, actor (Fellag), actriz de reparto [Sophie Nélisse], guión y edición, que recibió en la gala del cine canadiense.

Por supuesto que “la escuela y la violencia no van juntas”. Pero esto será cuando el compromiso de cambio lo asumamos todos, porque, mientras sigamos creyendo que son los demás los que tienen que cambiar, que el mal está en los otros pero nunca en mi, todo va a seguir igual. Y así no debe ser.
Luis Guillermo Cardona
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8
1 de octubre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pionera en los títulos de cine-escuela con niños discapacitados, a la que seguirían títulos como “Ana de los milagros” (1962) o “Ángeles sin paraíso” (1963), “MANDY” es una importante película que refleja con valiosos elementos, el proceso que debe seguirse para ayudar a los niños que nacen con problemas auditivos. Son ya tiempos en que comienzan a invertirse algunos roles, y ahora es el padre el obstinado, frente a la intuición y la fe que tiene la madre de que en la institución elegida (Royal Residential Schools para niños sordos), sacarán adelante a la pequeña Mandy, hasta hacerla apta para vivir en sociedad.

Versión cinematográfica del libro “The day is ours” de la escritora inglesa, Hilda Lewis (1896-1974), fue el brillante Alexander Mackendrick quien le dio rumbo, logrando un particular triángulo amoroso en medio del difícil proceso en el que, la pequeña Mandy de 6 años, lucha para adquirir el lenguaje que la haga plenamente comprensible. De esta manera, el conflicto familiar alcanza una relevancia central, pues, Christine la madre de la niña, se ve abocada a separarse temporalmente de su marido, porque tiene la certeza de que, el escaso, sobreprotector y amargo apoyo que, sus suegros y ellos mismos como padres, vienen ejerciendo con la niña, solo la convertirá en un ser marginado sin posibilidad alguna de socialización.

Es entonces que, la relación entre la atractiva y solitaria Christine, y el profesor Dick Searle, un hombre que a veces juega a ser duro, pero que quiere con sinceridad a los niños y demuestra una profunda vocación, comienza a estrecharse… y despertará celos... y será motivo hasta para un complot por parte de alguien de la institución que ve con malos ojos al eficiente instructor.

Representada con mucha credibilidad por la pequeña Mandy Miller, quien ya había debutado con Mackendrick en “El hombre del traje blanco”, Mandy Garland es un prístino ejemplo de lo que puede alcanzarse cuando se tiene fe, cuando se persevera y cuando se cree firmemente en las posibilidades de desarrollo que residen en cada ser humano.

Estimo que, en promedio en el mundo, uno de cada cien mil niños nace ahora con problemas de hipoacusia. Esta deficiencia genera trastornos emocionales y baja autoestima, limita enormemente la capacidad cognitiva, y con frecuencia, se vive en un gran aislamiento al no conseguir hacerse comprender por los congéneres. Pero, cuando se les trata adecuadamente desde muy temprano y se les cualifica para aprender a hablar o conocer el lenguaje de señas, estos niños se tendrán en mejor aprecio, conseguirán relacionarse con mucha gente, y en algunos casos, hasta podrán ser creadores, artistas o convertirse en seres de alta utilidad para quienes padecen el mismo tipo de problemas. Presten atención al personaje del filme, Jane Ellis, para que vean a una mujer ejemplar.

Al terminar de ver a “MANDY”, siente uno haber estado ante un filme enaltecedor, ejemplo de perseverancia y de fe, en el hombre y en la ciencia. Muy recomendable.

Título para Latinoamérica: “MURALLAS DE SILENCIO”
Luis Guillermo Cardona
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8
19 de septiembre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un monumento a los caídos en combate durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) da cuenta “en una ciudad cualquiera de Europa” (¡París!) de que con la llegada, ahora, del ejército alemán, se repite aquella historia de violencia, atropellos, privaciones, injusticias, detenciones, desapariciones, torturas… y muerte. La libertad es otra vez pisoteada, la cultura arrasada, las instituciones mancilladas y la vida humana convertida en pieza de uso o de desuso.

Durante aquella invasión a París en la Segunda Guerra Mundial, conoceremos a Albert Lory, un temeroso profesor –todavía él mismo no sabe quien es realmente- a quien sus alumnos respetan muy poco y los bombardeos que amenazan su vida (o la de su dominante y temperamental madre) lo llenan de impotencia y de angustia. Lory, está “secretamente” enamorado de una adorable maestra llamada Louise Martin, cuyo hermano, Paul, aparenta amistad con los fascistas, pero luego sabremos que sus ideales son claros.

Este valiente, elocuente y esmerado filme, segundo de Jean Renoir en Hollywood, realizado en pleno conflicto bélico (1943), resultaba un oportuno alegato contra la guerra y las invasiones, una positiva invitación al compromiso ciudadano, y una acérrima defensa de los derechos humanos… pero, curiosamente, no se estrenó en Francia hasta el 10 de julio de 1946, cuando ya la guerra había terminado. En cambio, en EEUU, se estrenó de inmediato, el 7 de mayo de 1943. ¿Razones? Quizás con un poco de malicia indígena usted pueda atinarlas.

Resulta muy encomiable y aleccionadora, la manera como Renoir (basado en un guión del prolífico e irregular Dudley Nichols), va avanzando en el proceso de autoencuentro que vive el profesor Lory (magníficamente representado por Charles Laughton), hasta convertirse en un ser que da, al Valor, su verdadero y profundo significado. Y la secuencia del juicio se convertirá, sin duda, en un segmento cinematográfico perfecto.

Maureen O’Hara vuelve a reencontrarse con Laughton tras “Esmeralda, la zíngara", siendo esta vez, un tanto más generosa con el gordito que en aquella ocasión. De nuevo su rostro hace que resplandezca la pantalla y su rol, aunque inferior al de Laughton, da ejemplo de la solidaridad femenina y de la dignidad que debe imperar en los peores momentos.

Pese a sus pequeñas fallas (alemanes mostrados con demasiada tolerancia, algún anacronismo y dos o tres efectos de sonido muy imprecisos: Durante el desmantelamiento de la imprenta, el fusilamiento…), “ESTA TIERRA ES MÍA” perdurará como una aleccionadora historia de resistencia contra la tiranía y como reafirmación de que, cuando los pueblos se unen y cuando lo que se defiende es la justicia y la dignidad, no hay enemigo que pueda contra esa magna fuerza.
Luis Guillermo Cardona
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8
4 de septiembre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Enfermera y pianista, pero sin experiencia alguna en la educación de niños y menos aún de niños especiales, Jean Hansen se arriesga a solicitar empleo en el instituto Crawthorne… y para su suerte, el Dr. Clark decide contratarla. En silencio, pero con clara inconformidad, la mujer ya madura comienza a darse cuenta de que la base formativa del director-psiquiatra se centra en la norma y en la disciplina, entendida ésta como el ejercicio riguroso de la norma. Por su parte, el Dr. Clark comienza a notar que, entre Jean y un chico recién llegado llamado Reuben, se está dando una relación demasiado estrecha, marcada por el paternalismo y la sobreprotección, claramente diferenciable de su relación con los demás muchachos.

Estas actitudes producirán un necesario choque, pero abrirán un espacio de discusión en los métodos formativos de la institución. ¿Cómo se debe tratar a un niño especial? Es la pregunta que comienza a surgir en la cabeza de los empleados, más, cuando aquel espacio es de los primeros que se ocupan profesionalmente de aquellas insuficiencias por mucho tiempo ignoradas y peor tratadas. Y a esto se suma que el pequeño Reuben, en palabras del Dr. Clark: “Es uno de nuestros más espectaculares fracasos”.

El productor Stanley Kramer, parecía interesado en dirigir él mismo este significativo guión de Abby Mann que, tras su efectivo trabajo juntos en “El juicio de Nuremberg”, el escritor acababa de ofrecerle. Pero, al final optó por entregarlo al director de la renombrada “Sombras“, John Cassavetes, para que tomara el timón. Como era de esperarse por su trayectoria como realizador, Kramer se permitió ciertas injerencias al serle entregada la película e hizo algunos cortes buscando que primara su tesis de que, lo correcto con los niños especiales, es tenerlos en una institución donde se socialicen con sus iguales y la cual se dedique particularmente a sus problemáticas. Mientras que, Cassavetes, defendía la idea de que “los niños deben ser aceptados tal como son, pues su vida tiene un sentido y un significado. La tragedia la creamos nosotros con la manera como interpretamos sus diferencias”. Por lo tanto, se entiende, se trata de acogerlos en sociedad sin aislarlos de manera alguna. Al final, la película logra contener las ideas de ambos, y desde mi punto de vista, creo que las dos proposiciones tienen sus pros y sus contras, y creo que debe ser el niño especial quien determine donde se siente más cómodo.

Como rara vez ocurre en este cine-escuela, se crea en “ÁNGELES SIN PARAÍSO” un punto de equilibrio entre los caracteres del director y la instructora, pues al final, quizás comprenderemos que lo justo es tratar a los niños especiales con ciertas normas, pero con amorosa autoridad.

Nos conmueve la frágil condición conque, después de tantas vicisitudes en su vida privada, Judy Garland asume este rol que nos la devuelve satisfactoriamente en su penúltima película. Su rol, como el de Burt Lancaster, resulta con bastante calidez como para que podamos sentir por ellos un especial afecto.

Título para Latinoamérica: “UN NIÑO ESPERA”
Luis Guillermo Cardona
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8
1 de septiembre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
A la edad de 12 años, el director francés, Louis Malle, era un chiquillo que estudiaba en un colegio católico de Fontainebleau. Por entonces (1944), el ejército alemán se hallaba posicionado en Francia, trayendo cada día, dolor, infamia y tragedia a una aterrorizada Europa que parecía no aguantar más. Sin embargo, en aquella campestre institución educativa nadie imaginaba que, los efectos de la guerra, podrían llegar hasta ese grupo de sacerdotes y niños que no tenían otro objetivo que el de cumplir con los planes formativos de la sociedad… pero llegaron.

Un grato y a la vez doloroso recuerdo, quedó grabado en la mente del pequeño Louis quien, años después, se convertiría en uno de los más representativos realizadores cinematográficos de la Francia libre. Había ya pasado por su mejor período, tanto en Francia como en los EEUU, cuando aquel viejo recuerdo vuelve a salir a flote, y entonces, se convierte en un nuevo filme realizado en su tierra natal con el título, “ADIÓS, MUCHACHOS”, que recibió varios importantes premios y fue muy bien acogido por la crítica especializada.

El lugar de los hechos, es ahora un convento carmelita donde funciona el colegio de niños St. Jean de la Croix y Louis Malle se llama Julien Quentin, un chico al que sabrá mostrarnos en sus aspectos más humanos, pero también en sus salidas en falso, sus impertinencias, y su difícil acomodo en la importante relación que sostiene con su compañero Jean Bonnet, quien, por diversas razones, marcará su vida para siempre.

Al filme lo favorece, sensiblemente, la manera sutil como Louis Malle va introduciendo, con pequeñísimos detalles, el ambiente de guerra en un clima que, en principio, no ofrece más conflicto que los leves roces que suelen darse entre los muchachos. Pero, cuando sabemos que el buen padre Jean es un hombre consecuente y comprometido, dispuesto a salvar la vida de unos cuantos niños, un clima de fuerte tensión comienza a sentirse en aquel espacio de la institución.

A mi manera de ver, el más relevante aporte que hace esta importante película, es que queda perfectamente plasmado el terrible absurdo de condenar, torturar y asesinar a un hombre, y sobre todo ¡a un niño!, por la incidental razón de haber nacido judío (o negro o indio o…). Porque surgen entonces un par de sencillas pero lógicas preguntas: ¿Es así como puede llegar a formarse una raza Superior?, ¿Habrá alguien cuerdo que así lo crea?

Jean Bonnet es un chico amable, un promisorio pianista y un sobresaliente estudiante. Su compromiso es con la vida, con la amistad y con un futuro de paz… pero por sus venas corre sangre judía ¿hay derecho alguno de que alguien piense en hacerle daño por esta “razón”?

En lo que puede lucir como un fuerte drama, Malle logra insertar momentos de alegría y de picardía juvenil, y hasta se toma tiempo para rendir homenaje a Charles Chaplin con una proyección de “El inmigrante”. De esta manera, se logra una historia de variopintas tonalidades, mientras se va tejiendo el sombrío manto que cubrirá el cielo con una de las mayores vergüenzas que se le ha causado a la humanidad.

Título para Latinoamérica:”ADIÓS A LOS NIÑOS”
Luis Guillermo Cardona
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