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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
1895 críticas
5
8 de octubre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Conocí a Margarita Rosa de Francisco en el festival de cine de Cartagena en 1986. Por entonces, era ella una preciosa chica de 21 años, y tenía un enorme éxito en Colombia con la telenovela que venía protagonizando… pero yo, como la mayoría de los Críticos que cubríamos los festivales, también repugnaba de los dramatizados que nos tenían hasta el cogote con sus frivolidades y sus lloriqueos. Así es que veíamos a Margarita, apreciábamos de lejos su belleza… y no sé cuantos la entrevistarían “en secreto”, pero en público la ignorábamos. Una de aquellas mañanas, mientras paseaba por la piscina del Hotel Caribe en busca de personajes a los que pudiera entrevistar, vi a Margarita recostada en una de las camillas. Vestía un traje de baño azul claro y sin maquillaje alguno lucía adorable. Me paré muy cerca suyo y me quedé mirándola fascinado… ella simulaba no darse por enterada, pero de pronto me miró a los ojos y me regaló una sonrisa tan tierna que me acarició el alma con la más suave brisa. Sentí deseos de hablarle, de entrevistarla, de decirle cuán bella era, pero no sabía nada de su vida, ni de la telenovela en que actuaba… y entonces me fui, sintiendo muy dentro que a aquella magnífica muchacha hubiera sido capaz de amarla.

Una década después, Margarita aparece como protagonista de “ILONA LLEGA CON LA LLUVIA”, y veo el filme el día del estreno con gran expectativa. Me complació su actuación, seguí viéndola muy bella, pero en casi todas las escenas "terriblemente" maquillada para darle aspecto de mujer mundana… y la realización, ni le hace justicia a Mutis, ni al talento que había demostrado Sergio Cabrera en “La estrategia del Caracol”.

Como película, “ILONA…” resulta pesada y kilométrica, con tres historias en una de las que, sólo la de Larisa, la prostituta de claros criterios, contiene algo interesante. Con los demás personajes, por más que me predispuse a acogerlos, no conseguí sentir ni el menor cariño ni repulsión alguna. Aparecen cuadro a cuadro, pero no consiguen significarme nada, porque la historia es irrelevante, los diálogos a veces elegantes pero sin brillo, y el tempo y la composición de las acciones con una dinámica escasísima.

El notable escritor Álvaro Mutis -como nuestro estimado premio Nobel Gabriel García Márquez-, tampoco parece tener suerte con el cine, pues “La mansión de Araucaima”, filmada por Carlos Mayolo, no le hace la menor justicia a su gótica narración, y esta versión de “ILONA LLEGA CON LA LLUVIA”, tampoco consigue animarnos lo suficiente.

Ni siquiera logré digerir la nostálgica frase que oímos en off en los últimos minutos, pues al contrario, yo creo que la muerte sólo se lleva la presencia física, pero jamás podrá llevarse los recuerdos, pues son estos los que, en tiempos de quietud, nos siguen manteniendo vivos. Y esto lo corrobora el hecho de que todavía conservo intacta aquella dulce sonrisa de Margarita Rosa de Francisco a quien siempre estaré dispuesto a darle una nueva oportunidad.
Luis Guillermo Cardona
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7
6 de octubre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
De entrada, esta película sólo tiene dos cosas en común con aquel atinado estudio de la dipsomanía que hiciera el gran Billy Wilder, titulado “Días sin huella” (1945): La primera, que también fue hecha en los estudios de la Paramount Pictures y la segunda que, el protagonista, es de nuevo Ray Milland quien, en aquel filme, era un consumado alcohólico que pasaba por los afanes, consecuencias y desventuras de la adicción.

Realizada ocho años después de “Días sin huella”, por el también brillante director George Stevens, “UNA RAZÓN PARA VIVIR” podría ser una continuación de aquella, al centrarse en un alcohólico rehabilitado (Milland, ahora llamado Alan Miller) quien, como una forma de redimirse, trabaja para la institución internacional A. A., visitando a los adictos en crisis que telefonean en busca de ayuda.

Por un error inexplicado, Miller -quien es casado y tiene dos hijos-, resulta visitando a una actriz de teatro, Jenny Carey, quien, sin saber manejar un fracaso amoroso, ha comenzado a sentir que el alcohol le sirve de refugio. La atracción entre Jenny y Alan no tarda en producirse y comienza así un serio conflicto que pondrá en vilo el proceso de ambos, y de paso, un hogar que luce bastante sólido, pues, además de tener dos hijos bien formados, Edna, la esposa de Alan, es una mujer madura y con un temperamento muy equilibrado.

Con guión de Dwight Taylor (mejor conocido por las comedias musicales que escribiera para la célebre pareja Astaire-Rogers: “La alegre divorciada”, “Sombrero de copa” y “Sigamos la flota”), este es un drama con un atractivo aire de romanticismo, que además sobresale por el entendimiento que asume con sus personajes y, cuando menos, por un par de logros de imagen muy afortunados. Uno, cuando el barman le entrega el vaso de licor a Miller en el instante en que, éste, está a punto de ceder a un fuerte impulso de beber. Y el segundo, cuando, tras enterarnos de que Jenny prepara su papel para una obra teatral centrada en los egipcios, ella y Alan entran al museo, y la escena se cierra luego con la estatua de la reina egipcia sobreimpresa al rostro de Edna, la joven que siempre espera al amado padre de sus hijos.

Quizás sirva reflexionar que, no es con la huída ni con el embotamiento, como se resuelven los fracasos emocionales, sino dándose otra oportunidad, esforzándose por entender que lo que la vida nos quita, primero no nos pertenecía, y después, es muy seguro que fue pensado para nuestro beneficio aunque, en principio, no lo comprendamos. Se trata de asumir, esforzarse por comprender, enfrentar de manera prudente, y sobre todo, de mantener la mayor sobriedad –mental, emocional y física- posible. Así es como pueden transformarse las cosas que parecen negativas, en encuentros afortunados, en aciertos emocionales y en logros que traerán luz y verdad a nuestras existencias.

Título para Latinoamérica: “ALGO PORQUÉ VIVIR”
Luis Guillermo Cardona
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8
6 de octubre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
De tanto en tanto, cuando en el ser interior de un humano cualquiera se despierta un verdadero deseo de redención, el destino pareciera encargarse de forjar singulares encuentros que nos son dados como oportunidad cumbre para clarificar caminos y llevar la luz donde, hasta ahora, sólo hay oscuridad. Es en momentos como estos, cuando todo aquello que nos vuelve grandes y eternos, tiene ocasión de salir a flote haciéndonos comprender que, lo que hasta entonces vivimos, fue una turbia ilusión que obedecía a la incapacidad de ver y de entender. Resultado de la carencia, no podíamos dar lo que no llevábamos dentro y no podíamos esperar porque no creíamos merecer.

Un especial aprecio me despierta esta cálida e inquietante película, que lleva la firma y el sello del colombiano Ciro Guerra, quien tras trasegar algún tiempo por el terreno del cortometraje, tiene por fin su merecido debut como realizador de un largo, logrando el pulso de una alta sensibilidad y un demarcado compromiso con el hombre –quienquiera que sea- si busca encontrar un poco de su verdadera esencia.

César Badillo consigue recrear, con suma eficacia, al discapacitado víctima de la violencia quien ahora se empeña en sobrevivir en una sociedad intolerante y excluyente. E Ignacio Prieto, es el hombre de la silla quien, ávido de devolver el tiempo a sus comienzos laborales, vuelve a ejercer la labor que realizaba en su tierra en los años mozos, con el deseo imposible de deshacer lo que siguió de ahí en adelante.

“LA SOMBRA DEL CAMINANTE” es un filme posible, coherente, sutil y realista, que consigue recrear a dos grandes seres humanos cuyo fuerte polo sombrío (muy bien mantenido por Guerra con su blanco y negro, y sus tenues claroscuros) no consigue ocultar su estela luminosa cuando ésta se afana por tomar impulso y marcar la diferencia.

El filme rememora, en el asedio de la pandilla al discapacitado, al galardonado filme de Luis Buñuel “Los Olvidados”, pero se preserva original y espléndidamente contado, en su manejo de la amistad y en la manera calculada y profunda como se van entrecruzando las vidas de aquel par de marginados.

Por fin, el cine colombiano va encontrando su camino. Esta es la clase de película que hace imposible permanecer indiferente.
Luis Guillermo Cardona
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7
10 de septiembre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hay nada como un buen cuento para dejar sembrada en el alma una lección inolvidable. El cuento aleccionador y bien contado, transmite imágenes resplandecientes que se visionan al nivel más profundo de nuestro ser; al re-crearse en la mente del que lo escucha, queda guardado al igual que aquello que se ha vivido directamente; y al contener una vivencia que ejemplariza, impacta y conmueve, despierta aprobación y se preserva como un pequeño tesoro que no quisiéramos perder jamás, porque, aunque no lo sepamos o no lo creamos, cada cuento es un regalo mágico del universo.

Hans Christian Andersen (1805-1875), fue un grandioso contador de cuentos. Nacido en un ambiente pobre en Odense, Dinamarca, nunca tuvo otra ambición que la de convertirse en un Digter (escritor de alta estima). Huérfano de padre desde muy niño, vivió muy solo, pasando las horas libres con los juguetes que él mismo se fabricaba. Trabajó en una procesadora de telas, y a los 14 años se trasladó a Copenhague con la esperanza de mejores oportunidades. Pronto se le abrieron algunas puertas y con la ayuda de un tenor italiano tomó lecciones de canto, y con el impulso de su luego mentor, Jonas Collin, a los 17 años ya había publicado su primer relato, a lo que seguirían poemas, obras teatrales, libros de viajes, novelas… y sus más célebres cuentos de hadas: “La sirenita”, “El traje del emperador”, “La reina de las nieves”, “El soldadito de plomo”, “La vendedora de cerillas”, “Las zapatillas rojas”, “El patito feo”…

La película de Charles Vidor, como se aclara al comienzo, no pretende ser la biografía de Andersen, pues, apenas toma, modificados, unos cuantos rasgos de su vida. El resto, es otro cuento de hadas salido de la imaginación de Moss Hart y de Myles Connolly donde, Andersen y algunas de sus narraciones, son los elementos centrales.

“EL FABULOSO ANDERSEN” sobresale por su composición visual donde, los exquisitos escenarios, la cálida iluminación, los magníficos vestuarios y la precisa fotografía, confluyen en transportarnos a un ambiente perfecto de cuento de hadas, lo que hace ideal ver esta película en pantalla gigante. Después, las canciones “El patito feo”, “Pulgarcita”, “Yo soy Hans Christian Andersen” y demás, resultan muy atractivas y muy bien interpretadas por el comediante Danny Kaye, quien caracteriza a Andersen con enorme simpatía. Finalmente, la coreografía del ballet “La Sirenita”, encargada a Roland Petit e interpretada por la co-protagonista y bailarina Jeanmarie, es exquisita como ballet y de un preciosismo visual inobjetable. Al final, sentí que faltó algo más de historia, pero, en su connotado estilo musical, la película me deja, no obstante, muy a gusto.

Título para Latinoamérica: “HANS CHRISTIAN ANDERSEN”
Luis Guillermo Cardona
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7
4 de septiembre de 2011
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sí, es cierto, “el virus del mal no reconoce fronteras”, se expande cada día como una nube imparable que va oscureciendo hasta los sectores más altos y con más compromiso de la sociedad. Y ya a pocos parece importarles esta vergonzosa y terrible situación… es más, ya son muchos los que tienen bien metido en la cabeza que ser honrado es ser tonto, que ser digno es ser imbécil, y que ser tramposo y deshonesto es prueba de coraje y verraquera. Si estás dispuesto a jugar sucio, tienes empleo, un buen salario, “muchos amigos” y ocasión de divertirte por todo lo alto. Pero, si estás al margen de toda corrupción, trabajas con tus propios recursos… o te sumas a los desempleados, a los sin amigos y a los olvidados… no importa el talento que tengas ni lo mucho que podrías servir a la sociedad.

Todavía recuerdo que, a un amigo empleado del gobierno le pedí, hace algunos años, que me ayudara con un empleo. Me ofreció entonces que me metiera a trabajar con su grupo y que, en pocos meses, tendría una buena vinculación laboral para mí y para mi esposa. Le pregunté enseguida, si su jefe político era confiable como persona digna. Mi amigo me miró a los ojos y respondió con una claridad que se le atragantaba en el alma y con la que demostró que me apreciaba: “Sabe qué, Guille, mejor siga en lo suyo, porque por aquí no se consigue gente honrada”.

La película de Sergio Cabrera también apunta en este sentido. Donde se espera que haya justicia, sólo hay paños tibios y castigo para subalternos y cargos menores, pero el “poderoso” protege al “poderoso”, porque el dinero lo compra casi todo y puede poner una luz, aunque fría y mortecina, allí donde las almas sólo cargan veneno y sostienen el peso de haber hecho daño a incontadas personas.

El periodista, Víctor Silampa, decide indagar el caso de un hombre que ha sido asesinado para robarle 400 hectáreas de tierra en la troncal de occidente. Un concejal, un abogado, el dueño del bar Lolita’s, y alguna otra gente, están en el asunto, pero, Silampa, deseando encontrar al hermano de su ocasional amigo Estupiñan, quien está desaparecido, decide ir hasta el fondo del asunto porque su periódico espera resultados y él ya tiene bien metidas las narices hasta con una joven prostituta del acreditado bar, conocida como Quica.

Una correcta puesta en escena, algunas atinadas actuaciones, y una historia bien estructurada donde se precisan los grandes esfuerzos y peligros que afrontan el periodista y sus amigos para acceder a una verdad que, quizás no conozca la luz pública y hasta puede quedar a la espera de la verdadera justicia, hacen de “PERDER ES CUESTIÓN DE MÉTODO” una experiencia cinematográfica realista que, sin duda, consolida la carrera de uno de los más calificados cineastas con que ha contado nuestro país: Sergio Cabrera.
Luis Guillermo Cardona
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