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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1668 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
7
25 de octubre de 2009
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La palabra Lucifer viene del latín lucis: luz, y de ferre: llevar, portar. Es decir: Portador de luz. El que ilumina. La tentación, es así, la magnífica (o terrible, según quiera verse) oportunidad que nos ofrece la vida de enfrentar nuestros puntos débiles, aquellos que aún no logramos dominar, perfeccionar o iluminar. Y la tentación persistirá hasta que lo logremos… o hasta que decidamos perdernos. La elección es nuestra… y las consecuencias también.

Sin las tentaciones no podríamos avanzar en nuestro sendero de luz porque, es mediante ellas que se prueba el carácter, la honestidad, la fortaleza. Vencerlas es un gran triunfo. Caer en ellas una nueva derrota. Al dominarlas se avanza y se progresa; al ser doblegados por ellas, se retrocede y se empobrece nuestro espíritu.

Lucifer es tan sólo un instrumento del universo con el que participamos en el juego de la vida. Él nos pone las cáscaras, los Guías Espirituales nos dan pistas para que no las pisemos. Esta energía luciférica (o diablo si se prefiere) es la que anima al político para que robe los dineros del pueblo, es la que motiva al alumno para que trampee en los exámenes… y al esposo para que se deje seducir por la joven y hermosa chica que acaba de ponerse en su camino.

El tentador no es malo como se afirma, sólo se aparece de tanto en tanto, como un auditor que viene para decirnos cosas como éstas: “Muéstrame a ver como se halla tu moral. A ver que tan fuerte se encuentra tu honestidad”. ¿Se han preguntado cuánta gente es “honesta” sólo por los controles que le impone el medio en que se desenvuelve? Si se pudiera actuar impunemente, muy, pero muy pocos, se conservarían dignos. En este sentido, Susana fue un instrumento que permitió probar que, la vida en la hacienda de don Guadalupe, sólo era digna en apariencia pues, su sensual y provocadora presencia, muy pronto sacó a flote la capacidad de chantaje y de violación del caporal Jesús, afloró la saña y la intolerancia de Felisa, sacó a flote la represada agresividad de doña Carmen y afloró los deseos reprimidos del joven Alberto y del hipócrita don Guadalupe.

Luis Buñuel, logra una película que toca la fibra a muchos, quizás demasiados seres humanos, que a diario se tiran sus principios en el delicioso (y peligroso) juego sexual del que nos participa Luci, quien, bien que sabe, lo poderosa que es la carne para jodernos la vida. Pero, lamento tener que decir que, el director español, se ha equivocado rotundamente en la manera como resuelve esta historia. La redención nunca será el premio cuando la tentación ha logrado su propósito. Y aquí, quienes quedan como triunfadores, se lo deben a un mal juicio del árbitro.

Rosita Quintana me merece un fuerte beso por su interpretación de Susana… Me da la impresión de que, pese a la resolución que le dio al filme, a Luis Buñuel lo puso a caminar por las nubes… y hasta yo me estaba sintiendo tentado.

Una muy buena historia que se merecería un remake donde se haga justicia.
Luis Guillermo Cardona
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8
21 de septiembre de 2009
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La oscuridad es ausencia, la luz es presencia. Donde no hay luz, hay confusión, tropiezo, ansiedad. Cuando la luz regresa, renace la paz, la seguridad y la certeza. Hasta que Dios hizo la luz, no fue visible la grandiosidad del mundo, pues, en la oscuridad, el más bello de los bosques resulta lúgubre y tenebroso. La luz es la vida y el primer viaje de la muerte es hacia un oscuro sarcófago. En la oscuridad se gesta la existencia: el hijo en la oscuridad del vientre materno y la semilla en la oscuridad de la tierra. Pero, la vida se hace manifiesta sólo cuando se sale a la luz. Si no se da este paso relevante, simplemente, no naciste.

La luz revela diferentes aspectos y rasgos de cada ser humano. No es igual ver a alguien entre sombras, que verle semi-iluminado o a plena luz del día. Cada objeto y cada ser humano adquieren, con ciertos tonos de luz, un mayor encanto o un menor atractivo, un mayor realce o una menor preponderancia. El descubrimiento de esto es el papel del artista y es así como logra que sus personajes sean vistos conforme él desea que los vean los espectadores.

Josef von Sternberg es un artista de la luz. Pocos cineastas – por desafortuna - han actuado con tanta conciencia de la iluminación y con tanta sensibilidad para usarla en toda su magnificencia, como lo hizo este gran realizador austríaco. Sus películas contienen una perfecta correlación entre lo que se cuenta y el ambiente que lo rodea, logrando así una íntegra compenetración entre lo externo y lo interno, entre lo físico y lo emocional.

“EL EXPRESO DE SHANGHAI” conserva este virtuosismo que cataloga, con honores, a Josef von Sternberg como un artista de primera línea. Y queda reconocer la labor de su cinematografista Lee Garmes, quien confluía con él en un acervo de ideas que enriquecían cada plano.

Pero, no se reduce a lo técnico el talento de este realizador. Su entendimiento del amor, franco, maduro y en libertad, lo refleja con fuerza en cada una de sus obras, y en este filme, vuelve a enaltecer a las damas con actitudes que trascienden el yo y la felicidad personal, para conservar intacta la existencia del ser al que se ama. Y todo se hace en secreto, porque por nada del mundo se desea un amor comprado u obligado por el agradecimiento.

Marlene Dietrich, como Shanghai Lily, consigue el carácter de la mujer con mayúsculas y nos hace amarla por su lealtad a toda prueba. Clive Brook cumple con su papel, pero sentimos que ha sido el menos carismático de sus partenaires en las obras de Sternberg. Y son, Eugene Pallete como Sam Salt el apostador y Louise Closser Hale como Mrs Haggerty, la dama del perrito, los personajes que imponen la cuota divertida, en un filme que resulta realmente atractivo y cuyo rigor técnico (merecidamente compensado con el Oscar), nos deja plenamente satisfechos.
Luis Guillermo Cardona
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8
15 de septiembre de 2009
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es miembro activo del movimiento abolicionista de la pena de muerte Death Watch, es un intelectual graduado en Harvard, profesor de filosofía y autor de dos libros. Un académico serio y liberal que cree en el respeto a la vida, sobre todo porque sabe que los latinos y las minorías raciales llevan casi siempre las de perder.

Increíblemente, sobre este hombre llamado David Gale, pesa ahora una condena a muerte acusado de la violación y posterior asesinato de su compañera y amiga en Death Watch, Constance Harraway.

Convencido y sereno frente a la cercanía de la muerte, a la que no ve como un mal sino como un obsequio, y con la esperanza de que su pequeño hijo sepa la verdad, Gale decide contarle su vida a la periodista Bitsey Bloom quien, en compañía de un lúcido y cínico colega llamado Zack Stemmons, decide indagar y verificar algunas de las informaciones que le transmite el condenado. Quedan sólo cuatro días para desarrollar este proceso y las horas pasan velozmente.

Alan Parker, un realizador de connotado talento y de gran pulso narrativo, nos introduce en una historia que impacta, sorprende y se consolida como un solvente y eficaz contrapunto para los propagadores de la pena de muerte. Basada en hechos reales, la historia de David Gale es el perfecto retrato de una de aquellas infamias que son avaladas por la mal llamada justicia y también, desde otro punto de vista, da cuenta de las increíbles maneras como a veces se obtiene el triunfo de un ideal.

Kevin Spacey nos recrea, muy eficazmente, a un David Gale lúcido y extraviado, sereno y sorprendido y, Kate Winslet, vuelve a estar en plena forma como la aguerrida reportera cuyo escepticismo termina transformándose en un propósito indeclinable.

En los diálogos abundan las punzadas, sobre todo cuando salen de la boca de Zack, pero, aunque motivan una sonrisa de inevitable acuerdo, son más estigmatizadoras que constructivas. Por lo demás, los personajes protagónicos tienen vida propia y se conectan con nosotros sin reproche ni dificultad alguna.

“LA VIDA DE DAVID GALE”, puede tener uno o dos despistes, pero finaliza con clara satisfacción por nuestra parte. Nos sentimos ante un filme adulto, sólido e indispensable... y es, con mucho, la clase de cine que me gusta.
Luis Guillermo Cardona
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10
9 de marzo de 2009
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres pesos pesados son los responsables de esta obra maestra del cine negro: James M. Cain autor de la novela “Doble Indemnización”, el especialista en tramas policíacas Raymond Chandler y el genial director austríaco Billy Wilder. Y lo que tenemos es una telaraña, tan fina y cuidadosamente construída, como la mejor red que pueda tejer una viuda negra.

Walter Neff es un exitoso vendedor de seguros quien, buscando renovar unas pólizas de autos, conoce a Phillys Dietrichson, la esposa de uno de sus clientes. Su tobillo lo deja fascinado (bueno, pudo ser cualquier otra parte de su cuerpo, pero en aquella época había que acudir a cualquier sutileza para eludir a la absurda censura) y el hombre pronto cae en la trampa que le tiende la señora, valiéndose de su tobillo y de otros rubios encantos.

Juntos, se disponen entonces a deshacerse del, según ella, descuidado, maltratador y borrachín marido, y el amigo Neff planea una estrategia donde calcula de tal manera cada paso que ha de seguirse, que todo hace presumir que de aquí resultará el crimen perfecto.

Los hilos del destino intervendrán previamente con el ánimo de sacarlo de aquel oscuro sendero que ha tomado, y Barton Keyes, técnico de reclamaciones de la compañía, quien siente por Neff un especial aprecio, le ofrece un puesto de oficina que Walter ni siquiera analiza y lo rechaza de inmediato.

Wilder, con su particular maestría narrativa, nos da cuenta luego de la indefectible crisis de nervios que produce el transgredir la conciencia, el delirio de persecución que pone a sudar ante cada persona que llega y la sensación, poco creíble pero absolutamente cierta, de que nada se encuentra oculto bajo el cielo.

Pronto, los hilos de la fina telaraña comienzan a ceder y el cardona Heyes hace acopio de toda la sagacidad, la pericia y la malica indígena que le proporciona el enanito que lleva por dentro y nos sorprende a cada instante con nuevas argmentaciones que lo ponen cada vez más cerca de la meta.

Billy Wilder nos brinda un entramado con diálogos elegantes, sutiles y precisos en cada una de las frases que brota de sus protagonistas, y la puesta en escena no descuida detalle alguno para generar suspenso, lecturas de segunda vista y un clima de intriga que nos mantiene pegados a cada plano que se va sucediendo.

Este es el cine que permanece, que recordaremos siempre y que no nos cansaremos de recomendar, porque cultiva una buena formación, nos permite acceder al entendimiento de la existencia y nos produce un disfrute incomparable al aguzar la inteligencia.

Billy Wilder es otro de los grandes… síguele la huella.

Título para Latinoamérica: “PACTO DE SANGRE”.
Luis Guillermo Cardona
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9
9 de febrero de 2009
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estableciendo una triste analogía con imágenes de elefantes, asistimos al parto que está teniendo la señora Merrick, tras el cual nacerá John (Joseph en la vida real), un joven que trazará un doloroso, pero significativo sendero, en la Inglaterra de finales del siglo XIX. Plena era victoriana en la que la hipocresía y las represiones se dieron en grandes bandejas.

Las imágenes dan la sensación de pesadilla y todo porque nace un niño con el cuerpo deforme que se hará merecedor del escarnio y los malos tratos que puede aflorar el sector más atrasado de la sociedad. Cuando Bytes, su verdugo, nos lo presenta, es un adolescente al que ha convertido en fenómeno de circo para curiosidad y asombro de los espectadores.

Entonces, un cirujano del hospital de Londres, el Dr. Frederick Treves, entrará en la vida de Merrick, y nace así para el joven, una oportunidad invaluable de dar un significado a su maltratada existencia.

Pese a sus enormes malformaciones, Merrick conserva sus genitales intactos, y piensa y siente como un hombre normal. Lo que lo hace objeto de burlas y de aislamiento, es la visión obtusa de ciertas personas y la experiencia que él, como ser humano, tiene requerida para poder trascender en su proceso existencial.

La deformidad y las vejaciones que a veces alcanzan a ciertas personas, pueden ser vistas como un castigo o una aberración de la naturaleza, pero no son más que opciones distintas para buscar la trascendencia. Para algunos es más difícil que para otros, pero en ningún caso es injusticia de la creación.

A veces, cuando ya nuestra cabeza está a punto de ser tragada por la arena movediza, es cuando logramos apoyar los pies en una base “hidráulica” y de fortaleza moral que nos impulsa vertiginosamente hacia la cima más luminosa de la existencia. Sólo entonces, es cuando logramos comprender que, la pesadilla de antes, era absolutamente necesaria.

Lynch muestra el contraste entre la ciudad industrializada (chimeneas humeantes, obreros laborando en condiciones infrahumanas…) y la pesadilla que vive John Merrick sirviendo de hombre elefante. Y así nos devela que el hombre no ha conseguido apostarle a una verdadera civilización y que, mucho de lo que se llama progreso, no es más que abuso, autodestrucción e insignificancia.

Anthony Hopkins como el Dr. Treves y John Hurt como John Merrick, consiguen realzar una historia que nos avergüenza en lo más hondo, y que nos enfrenta con otra perspectiva de la realidad. Surgen entonces grandes y necesarias preguntas: ¿Dónde se encuentra el verdadero mal, en las malformaciones del cuerpo o en las perversidades de la mente? Porque no poseo las formas más comunes, ¿soy malformado o soy solamente distinto? Si se es deforme, pero dotado de nobleza, y si se es hermoso, pero de accionar malvado, ¿quién hace más bien al universo?

“EL HOMBRE ELEFANTE” nos remueve muy adentro y nos invita a ver distinto lo de afuera.
Luis Guillermo Cardona
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