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Críticas de Luis Guillermo Cardona
1727 críticas (Ver todas por título)
Ordenadas por:
10
17 de febrero de 2009
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un ser sin voluntad es como una silla: se desplazará para donde le muevan, pero no sabrá hacerlo por sí solo. Se guiará, comúnmente, por lo que otros deseen, y desprovisto de sentimientos, actuará como un robot. En el negocio de la pornografía los hallaréis profusamente, y es muy deplorable que, en su mayoría, son encantadoras chicas, empujadas por la ambición, la soledad y el desafecto, a sacrificar su pundonor y su dignidad, en busca de un sucio dinero que jamás las hará felices.

Muchos líderes religiosos, militares, empresarios y políticos, también sueñan con humanos robots, con naranjas mecánicas como las ha llamado Anthony Burgess, en la relevante novela que dió lugar a la película de Stanley Kubrick. Así podrían perpetuar su poder sin cuestionamientos, sin confrontaciones, y sin objeciones de ninguna índole. Quieren ser ellos los únicos que piensen… pero jamás se darán cuenta, que son precisamente ellos, los que menos piensan.

¡Cómo explicarles, que todo aquello que quieren arrancar de raíz, es de lo que no puede prescindirse si se aspira a una vida con sentido y consentida!, ¡Cómo hacerles ver que toda visión obtusa va con rumbo hacia el abismo!, ¡Cómo decirles que, por ley indefectible, encuentra siempre el camino de regreso, todo lo que emana de cada hombre!

Kubrick, afirmaba un día, que el objeto de las artes no es promover la elevación moral y que no existe la religión de la belleza. ¡Vanas palabras que contradice la acción! Precisamente, la grandeza del cine de Kubrick está, más allá de su maestría técnica, en la búsqueda exhaustiva, de tinte espiritual, de la mayor belleza plástica con la que siempre termina exultando al universo, y de paso, se proyecta en planteamientos sociales que apologizan la existencia humana y se oponen a toda degradación o abuso de los derechos de cada uno. Contra sí mismo, Kubrick poseyó una gran moral, y ésta luce plasmada en obras como “Senderos de Gloria”, “Espartaco”, “Full Metal Jacket”… o en “LA NARANJA MECÁNICA” donde, su inconformidad con la mecanización del hombre, es un grito desesperado.

Alex es ejemplo de la proyección que se logra con los malos tratos. Golpea como alguna vez fue golpeado; saca de sí, contra otros, todas las palizas que le dieron y que llenaron de odio su alma y, con su pandilla, se cobra contra la sociedad, las carencias emocionales que amargan su existencia.

El Koroba Milkbar, sede de los violentos muchachos, tiene una estatuilla femenina de cuyo seno se extrae licor. ¿No será este un reclamo inconsciente del afecto materno del que quizá carecieron?

La dominación experimental que se pretende luego, dará cuenta de una aspiración absurda que conduce al totalitarismo.

Un virtuoso uso de la música clásica, dotada para el caso, con elocuentes simbologías; una violencia promovida en su buen uso, para demandar la violencia; y unos personajes con fuerza para recrear el caos, hacen de éste, un filme que bien se merece el calificativo de Arte.
Luis Guillermo Cardona
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9
21 de octubre de 2014
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el proceso de auto-descubrimiento del cuerpo, el ser humano pasa por diferentes etapas durante su infancia. Entre la etapa oral, que se inicia en la vida intrauterina y va más o menos hasta los 18 meses, y la etapa fálica, que se presenta entre los tres y siete años aproximadamente, se da la que, Sigmund Freud, calificó como la etapa anal y que suele presentarse entre los 18 y 36 meses de edad. Tales etapas, pueden presentar fijaciones profundas en particulares individuos y extenderse alguna de ellas muchos más años de los estimados regularmente.

En algunos directores de cine, pareciera presentarse, en alguna ocasión, un regreso a edades muy tempranas y entonces asumen las alusiones escatológicas como parte del cuento temático o del divertimento que buscan incluir en alguna de sus películas. Y la mierda tiene su gracia… pues no es por nada que hace parte bastante frecuente del lenguaje cotidiano de muchísimas personas: Para decir que alguien es muy egoísta se dice que “ese es muy mierda”; para hablar de lejanía se menciona que “queda en la mierda”; para desprestigiar lo que alguien argumenta se sostiene que “no sabe ni mierda”; cuando se echa a alguien que molesta, se le grita: “¡váyase a la mierda!”; para explicar que algo quedó muy dañado, se dice que “quedó vuelto mierda”…

Al creador de series animadas de televisión (entre ellas la muy popular “Padre de familia”), Seth MacFarlane, quien ahora se ha pasado a la dirección de comedias cinematográficas, también le atrajo la excremental image como parte de una historia que tiene, entre sus propósitos, dejar al desnudo la verdadera imagen del wild wild west norteamericano, que tan discreto y bien hablado nos mostró, por tantísimos años, el cine hollywoodense. Y queda decir que no es -aquel de las heces-, un ordinario elemento aplicado por falta de talento, sino que bien ha comprendido MacFarlane que, entre el común de especímenes que habitaban el oeste norteamericano, lo burdo, lo obsceno y lo explosivo, tenían asiento de primera fila.

La parodia es perfecta – de seguro inspirada por la cínica y muy negra serie de televisión “Mil maneras de morir”-, y es bien probable que, a los espectadores sin aspavientos, les motivará como a nosotros, estruendosas carcajadas que les harán pasar un rato delicioso. Aunque es cierto que veremos unos cuantos gags un tanto flojos y algún otro de pésimo gusto, la mayoría de estos resultan deliciosos y muy bien logrados, sobre todo cuando contienen efectos especiales, porque en tales casos fluyen como impactantes elementos sorpresa que nos dejan atónitos y desencajados. La fotografía resulta esplendorosa imitando el colorido de los filmes animados; la banda sonora (a la Bernstein) es estupenda pretendiendo darle majestuosidad a lo que por otra parte se burla de ello; y las actuaciones de MacFarlane (quien además escribió el guión y compuso la letra de un par de muy frescas canciones), de la siempre divina Charlize Theron y de Liam Neeson, resultan muy gratas, sin mencionar que otros connotados actores tienen cameos como gratos homenajes.

“MIL MANERAS DE MORDER EL POLVO”, es de esa clase de películas que están hechas para divertir… con muy altas posibilidades de lograrlo.

Se me viene a la mente una frase que se decía en otro filme que veía hace poco y que aquí también aplica: “Los pistoleros son individuos cuyas inclinaciones al bien o al mal, les conducen al final que cada uno merece”.

Título para Latinoamérica: “PUEBLO CHICO, PISTOLA GRANDE”
Luis Guillermo Cardona
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10
20 de julio de 2014
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Imagino que, en alguna fresca noche de comienzos del año 1930, en la sala de lectura de su casa en París, el escritor Maurice Rostand -quien entonces se hallaba cerca de cumplir 39 años de edad-, se dispuso a continuar la lectura de “Sin novedad en el frente”, un bestseller que había adquirido pocos días antes. Rostand es hijo de poetas (Edmond Rostand y Rosemonde Gérard) y a su ser lo circunda un sentir pacifista que lo hace creer con cada célula de su cuerpo, que toda guerra es un mal que repugna a la esencia humana.

Maurice se siente, en aquel momento, plenamente absorbido por la historia que el libro ofrece… y se compenetra con el sentir del soldado alemán, Paul, de tal manera, que casi consigue verse a sí mismo haciendo parte del cruento escenario que, con maestría, describe el escritor Erich Maria Remarque. Y la escena en la que Paul, en forma instintiva apuñala al soldado francés Gérald Duval, llegando a sensibilizarse profundamente en su agonía, a Rostand lo marca para siempre… y al irse a la cama, estas imágenes dan vueltas y vueltas en su cabeza, impidiéndole conciliar el sueño.

Es fácil creer que, los días que siguieron a la lectura del libro, tuvieron al escritor francés con la historia de Remarque dando vueltas en su cabeza… hasta que cae en cuenta de que, el libro (como el filme de Lewis Milestone que se estrenaría en Diciembre de ese mismo año, en París), deja abierta una puerta que da paso a una posible continuación de la historia, partiendo de dos hechos particulares: De un lado, la manera como los adultos (padres y profesores), henchidos de rancio patriotismo, envían a sus hijos a la guerra como carne de cañón para defender intereses oscuros de los que nunca se enteran. Y por otra parte, la promesa (no cumplida) del alemán Paul, de ayudar a la familia del soldado Duval, que podía proyectarse de manera muy interesante, invirtiendo incluso los papeles. Como reconocimiento a la influencia de Remarque, también Rostand llamaría Paul a su personaje central.

De esta imaginada manera, siento que pudo haber sido la génesis del libro “L’homme que j’ai tué” (El hombre que yo maté) que Maurice Rostand publicaría en ese mismo año 1930 y que, paradójicamente, en breve tiempo llamaría la atención de un director alemán, Ernst Lubitsch, quien –como Milestone- también lograría con esta historia, uno de los más valiosos y humanos filmes de su carrera.

Dos personajes de muy breve pero imborrable presencia -el francés Gérald Duval y el alemán Walter Holderlin-, sirven de perfecto contrapunto cinematográfico, para demostrar de manera acrisolada e incuestionable, que es mucho más cruento e interminable el sufrimiento de aquel que mata sin razonables motivaciones, que el que puede percibir aquel que muere a causa del infortunio. Y en la guerra se suman los muertos, pero nadie suma los corazones que quedan destrozados para siempre.

“REMORDIMIENTO” nos habla, con total acierto, del impetuoso deseo de redención que muchos hombres preservan en su alma, siendo que, del alcance de ella, depende absolutamente el reencuentro con la paz Nos habla también, de las extrañas pero magníficas formas que la vida nos ofrece para reconciliarnos. Y nos habla del necesario perdón, cuando comprendemos que muchas veces se hace daño sin intención de hacerlo.

Memorables diálogos en otro brillante guión de Samson Raphaelson y Ernest Vajda, e interpretaciones llenas de gracia y de inmenso fulgor, las que han logrado Lionel Barrymore, Nancy Carroll, Zasu Pitts y Phillips Holmes.

"REMORDIMIENTO", es uno de los filmes más sentidos que nos haya podido regalar Ernst Lubitsch.
Luis Guillermo Cardona
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10
5 de enero de 2013
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me quito el sombrero ante Peter Glenville… y mi más profunda manifestación de aprecio a Geraldine Page, pues su talento y profesionalismo, son los que han puesto el gran sello de la trascendencia a la amarga pero realista obra del inmortal Tennessee Williams, “VERANO Y HUMO”. Ya la Page se había ganado el Drama Award de la crítica newyorkina por su representación en las tablas de la valiente pero solitaria Alma, y al momento de emprender el proyecto fílmico, Glenville supo que no podía ser otra diferente a ella, quien dejara para la posteridad esta soberbia representación.

El director inglés (¡cómo fue posible que tan solo hiciera siete películas!) consigue captar a plenitud la honda inconformidad de Williams frente a la sociedad que padeció, y se consagra al personaje de Alma como ejemplo palpitante de la mujer de espíritu, brillante y sensitiva, para la que pareciera no haber lugar en este mundo signado por el materialismo. Y para ilustrar al hombre superficial y físico, toma como preclaro ejemplo al médico al que la misma universidad solo ha preparado para captar la materia contenida en el cuerpo, sin conseguir trascender de ella ni siquiera un ápice.

Alma es culta, indaga, se cuestiona, y cree primero en la fuerza del espíritu y en la trascendencia del amor, antes de dar el paso hacia la corporalidad del mismo. Pero aquella Glorious Hill (Colina de la Gloria) donde habita, es un mundo donde prima la carne y el instinto, y donde saber vivir consiste en jugar, beber y tener sexo. Por esto, su intenso amor por John Buchanan quizás sea una eterna decepción, pues el médico está bien adaptado a la “cultura” de su tierra, y sus escasos interrogantes y reflexiones, los supera enseguida que una mórbida carne o una pelea de gallos se interponen en su camino.

Una puesta en escena meticulosamente cuidada, recrea la magia de la tierra con sus días cálidos y sus románticas noches, sutilmente contrastada con el barullo y la lobreguez de aquellos espacios donde se desvanecen los valores. Una emotiva música acentuada por los violines, refuerza los más dramáticos momentos con efectiva precisión. Unos diálogos rigurosamente escogidos para decir, con altura, lo preciso y lo oportuno, y para sacar a flote el más hondo sentir de sus contrastados personajes, elevan grandemente el relieve de la historia. Y el resto, es nada menos que esa potente presencia actoral, donde Geraldine Page se lleva todas las palmas, pues su personaje reclama un fuerte autocontrol y una capacidad de decir más con lo que siente que con lo que habla, que solo una actriz de su talante podía lograr tal proeza. El Globo de oro y la nominación a los Oscar, fueron solo un mínimo reconocimiento a su esplendorosa labor.

Citando a Oscar Wilde, la maestra de canto le dice a su obtuso enamorado: “Todos estamos en el arroyo, pero algunos miramos hacia las estrellas”. Alma lo tiene claro y así ha vivido hasta ahora. Pero queda esperar que, la incomprensión y la fatuidad masculina, no la forcen a ella –ni a las pocas Almas que quedan en el mundo- a hundir el rostro en el arroyo para poder encontrar ese efluvio de felicidad que, pocos como ellas, se merecen.
Luis Guillermo Cardona
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10
22 de diciembre de 2012
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me atrevo a suponer que dos hechos sirvieron de inspiración para la película “EL YANG-TSÉ EN LLAMAS” (en inglés “The sand pebbles” término que aparece en las cartas de navegación para identificar guijarros de arena en el fondo de las aguas): El primero, el incidente ocurrido durante La Guerra Fría (20-04-1949), cuando la fragata HMS Amethyst -que venía en camino por el río Yang-Tsé dispuesto a servir de guardia de los intereses ingleses en reemplazo de otra fragata- fue recibida a cañonazos por miembros del Ejército de Liberación Popular de China. Y el segundo, la Guerra contra el Vietnam que se había iniciado en 1964, y en la que de nuevo EEUU jugaba un papel agresor contra el oriente asiático.

La pretensión del filme es pacifista, antiimperialista e integracionista, y todo esto luce muy bellamente representado en el sentir de personajes como Frenchie (Richard Attenborough), el marino americano dispuesto a sacrificar su vida para salvar el honor de la china Maily, la joven cuya virginidad sacará a flote la falta de escrúpulos de los habituales marinos; también el misionero Jameson, dejará en claro, desde el principio, su oposición a la invasión y a la opresión que vienen realizando las grandes potencias contra el pueblo chino, y como consecuencia de esto, se declarará apátrida y enemigo de las banderas; la adorable Shirley Eckert (Candice Bergen), la joven que se dolerá con la crueldad que descubre entre los hombres, al tiempo que percibirá la grandeza de corazón que posee el también marino Jake Holman, el hombre que dará origen a buena parte del conflicto, pero quien nos dejará entrever su gran valía como ser humano.

Robert Wise logra un filme magníficamente ambientado, mejor fotografiado, con una rutilante banda sonora y unas interpretaciones precisas en las que se bordan personajes de enorme sensibilidad. Steve McQueen, inmejorable como el marino del control de máquinas quien, al permitirse ahondar en el sentir de seres como Maily o como Po-han, y al ver caer a aquel joven marino que defendía con su vida la libertad de su patria, descubre que está en el lugar equivocado y que no puede haber nada más injusto que aquella guerra de la que está haciendo parte. Cuando él mismo dice: “Ya estaba en casa… ¿Qué pasó?, ¡¿Qué demonios pasó?!” Estaba pidiendo una justa respuesta... ¿Querrías tú dársela?

Junto a McQueen, los mayores aplausos los merecen, Mako como el sacrificado Po-Han; Marayat Andriane (internacionalmente reconocida luego como la controvertida pero brillante escritora, Emmanuelle Arsan, autora de obras como “Emmanuelle” y “La hipótesis de eros”), en su rol de la abusada Maily. Y Simon Oakland quien, como Stawski, se confirma como uno de los mejores tipos duros que nos haya dado el cine.

Título para Latinoamérica: “EL CAÑONERO DEL YANG-TSÉ”
Luis Guillermo Cardona
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