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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1550 críticas (Ver todas por título) Página: 107
Su valoración: Notable
27 de Abril de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mucho se habla de la lealtad como si esta fuera una cualidad. Y de hecho lo es, porque la lealtad es la constancia, la fidelidad y el respeto que les debemos a quienes son buenos, amorosos, protectores y/o generosos con nosotros. Pero la lealtad –como la tolerancia, el respeto… o el amor- tiene sus límites y entre los más importantes están los que imponen: la verdad, el equilibrio y la justicia.

“EL PADRE”, la ejemplar película de Majid Majidi, está bien centrada en este tema y dará fiel cuenta de cuando la lealtad debe tratarse de otra manera. Se trata aquí de un chico llamado Mehrolah quien, tras la muerte de su padre, se ha dedicado a trabajar lejos del hogar para sostener a su madre y a su hermana. Pero un día regresa… y descubre que su mamá está casada con un oficial de policía con quien tiene ya otras dos hijas. Para Mehrolah, este hecho es un acto de traición a la memoria de su padre -cuyo retrato ha conservado celosamente-, y entonces decidirá actuar de manera agresiva contra el nuevo esposo, un hombre del que no tiene la menor queja y la única información que recibe lo muestra, al contrario, como un hombre bueno. Por su corta edad, Mehrolah no capta un primer mensaje que le da la vida cuando, causalmente pierde el retrato de su padre, con lo que se le indica que ya es hora de vivir en el presente, pues, en aquella casa a la que ha llegado, va a tener un nuevo… y quizás, excelente padre.

Con su habitual estilo de austero presupuesto, ambientes populares y personajes humildes, Majid Majidi logra otra emotiva, potente y aleccionadora historia que, como sus demás filmes, debería ser vista por todos los chicos (y adultos) del mundo, porque obtendrán aquí valiosos recursos para comprender mejor a la humanidad.

Majid desborda sensibilidad, cree profundamente en el inmenso potencial que hay guardado en cada chico, le aflora sin dificultad alguna la comprensión humana, y se propone romper con los estigmas generalizadores, a sabiendas de que a cada ser humano hay que valorarlo por sus palabras, sus intenciones y sus acciones, y no simplemente por la institución a que pertenece.

Más que merecidos los diversos premios recibidos en diferentes festivales (incluido el del jurado a Majid Majidi en el festival de San Sebastián), pues, el cine iraní continúa demostrando que pesa mucho más un alma sensible sobre un austero presupuesto, que un presupuesto desmesurado puesto en manos de una inteligencia limitada y/o un corazón apagado.

Y, en “EL PADRE”, quedará plantada una pregunta: ¿Entenderá Mehrolah el mensaje que de nuevo le entrega el destino cuando, otra vez en el agua, arrastra la foto de la nueva familia hasta su propio rostro?

Siento que el cine solo es arte pleno cuando consigue llegarnos al alma.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Muy buena
6 de Abril de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es por simple capricho que el protagonista de este western animado es un camaleón. Estos saurópsidos escamosos, tienen la capacidad de cambiar de color de acuerdo a la situación en que se encuentren, y tienen una lengua alargada y rápida, de gran utilidad para atrapar a sus presas. Aplíquese a la actitud que asume ante la vida nuestro valiente héroe, y estás cualidades pasan de ser físicas para asumirlas, muy especialmente, en su personalidad. ¿Y por qué se llama Rango? La explicación que se da en la historia es muy sencilla: el camaleón proviene de Durango y las dos últimas sílabas de esta ciudad son Rango, pronunciable en inglés Rengo, de fácil asociación con Ringo, otro famoso héroe del oeste americano y de los spaghetti western, con los que este magnífico filme tiene mucho que ver. En español, Rango (en primera acepción: jerarquía), también recuerda a Yango (Django), y así, dos de los personajes más famosos del cine de caballitos, quedan sutilmente rememorados en un tercer nombre.

Desde “Un ratoncito duro de roer” que me resultó muy divertido, no había visto otro filme de Gore Verbinski que me motivara lo más mínimo (incluida su trilogía “Piratas del Caribe). A “RANGO” la veo sin saber siquiera quien era el director y solo interesado en acompañar a mis hijos que deseaban verla. ¡Y vaya sorpresa! Desde “Up” (película con la que “RANGO” presenta una cierta afinidad, especialmente en aquel deseo de hacer algo significativo) no había visto otro filme animado que me impactara tan satisfactoriamente como acaba de hacerlo el filme de Verbinski.

Visualmente, “RANGO” es magistral. El diseño de producción de Mark McCreery y la dirección artística de John Bell y Aaron McBride son arte puro. En conjunto, se ha logrado una gran belleza ambiental, recreando paisajes que rememoran magníficamente los clásicos westerns de John Ford, Sergio Leone, Howard Hawks y otros; acompañando las imágenes con una muy bien seleccionada banda sonora que incluye temas western, canciones muy mexicanas… y hasta grandes clásicos de Schubert, Strauss y Wagner, entre los que logro identificar. Y con un grupo de personajes de singular atractivo, a los que se ha dotado de fuertes personalidades que salen a flote en unos cuantos planos y con quienes es fácil hacer contacto, ya sea para apreciarlos o para mirarlos con repudiable respeto como sucede con la temible serpiente Jake o con la maliciosa tortuga alcalde.

Una factura pues, de primera línea, se pone al servicio de un encantador homenaje al cine western, al tiempo que se lanza una firme respuesta contra las ambiciones desmesuradas, recordando una frase que dijera el cuestionado Henry Kissinger, sobre aquellos que quieren controlar el suministro de alimentos, la energía, el dinero… y, como en este filme, el agua, para someter al mundo. Pero bueno, los locos con afanes de poder, no saben quién es en definitiva, el que tendrá siempre el control. Por otro lado, la superación del miedo, la capacidad de Ser que hay gestada en cada hombre, y la ocasión de ponerse al servicio de una buena causa colectiva, lucen bien servidas en la figura de ese verde camaleón, cuyo nombre de héroe del oeste, Rango, habrá de recordase por muchos, muchos años.
Luis Guillermo Cardona
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3 de Abril de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es nada fácil para una mujer (y tampoco para un hombre) elegir a la persona con la que decidirá casarse o formalizar la relación de pareja. Hay deseos muy íntimos y hay razones de conveniencia; nos debatimos entre nuestros impulsos y entre el deber ser; entre lo que nosotros queremos y lo que nuestros más cercanos nos dicen que sería lo correcto. ¿Qué hacer entonces?

Creo que, Kitty Foyle, es una chica muy bien puesta en su actitud ante la vida, pues al debatirse entre el amor que le profesan dos hombres de diferentes profesiones y estrato social, se guía primero por lo que le indica su propio carácter. Esto la lleva a no aceptar a hombre alguno por lo que pueda darle en términos materiales, sino por la importancia que le concede, por el respeto que le demuestra, y por el amor que le prodiga.

Wyn, el editor de una revista e hijo de una prominente familia, y Mark el médico, son los dos hombres que, sin rivalizar directamente entre ellos –ni siquiera llegan a conocerse-, comparten el afecto de esa muchacha trabajadora, que primero vivirá una cálida y emotiva experiencia con el joven Wynn… hasta que la clase social, los compromisos familiares, y las apariencias formales irrumpen como un escollo difícil de tramitar. Mark, entre tanto, será el hombre que espera, el médico comprometido, y el enamorado que se cuida muy en serio de no dar un solo paso en falso.

En este sentido, la historia se torna predecible, se someterá a esa suerte de convenciones que solo funcionan en el cine buscando complacer a la gran masa, pero procurará dejar ese sabor amargo en la boca, con el que sentimos que va a primar el deber ser, en contra de los irrefrenables ímpetus del alma.

El firme carácter de Kitty y su afán de superación, la ponen muy adelante de la Cenicienta, con la que -decía su padre-, el príncipe seguramente se aburrirá porque tendrá muy poco de que hablar y muy poco que compartir. En este sentido, la chica de la perfumería, no está para nada en desventaja con el hombre que está más guardado en su corazón. Es pues, del lado de éste y de sus actitudes, que se define el poder ser, o no, de su intensa relación.

Creo que la novela de Christopher Morley (1890-1957), como el filme de Sam Wood, resultan de hondo interés para reflexionar sobre los caminos del amor. La adaptación que ha hecho Dalton Trumbo está colmada de lúcidos matices; la dirección de Sam Wood es de gran pulso técnico y una excelente dirección de actores; y en este sentido, Ginger Rogers luce magnífica, contenida y profundamente expresiva, y creo sin duda, que fue una muy digna rival de Bette Davis, Joan Fontaine y Katharine Hepburn, quienes compitieron para el premio Oscar que a ella se le dio, como reconocimiento además a una carrera en la que ya había brillado en numerosas ocasiones. Junto a ella, necesaria mención a Eduardo Ciannelli por su simpatiquísimo rol como el mesero Giono.

“ESPEJISMO DE AMOR” interesará sobre todo a las mujeres que deseen saber más de sí mismas, pero también es importante que la vean los caballeros que sientan que es necesario saber mucho más de ellas.
Luis Guillermo Cardona
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25 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una sociedad racista puede parecerse a cualquier cosa, pero jamás lucirá como una comunidad progresista. Observe objetivamente a una comunidad de este tipo… y notará, muy pronto, el ambiente gris, turbio, maquinador, plagado de dobleces e hipocresía, que le caracteriza. Pues tiene que existir un gran rezago moral e intelectual, para seguir pensando que el color de la piel pueda determinar la dignidad de un hombre.

Entre los primeros puntos a favor de “EN EL CALOR DE LA NOCHE”, está precisamente esa acertada visión del entorno que logra la señora Colbert, cuyo marido ha sido recientemente asesinado, cuando llevada a la comisaría capta los improcedentes manejos que asumen el policía Sam Wood (Warren Oates) y su jefe Bill Gillespie (Rod Steiger). De ahí parte su firme determinación de que sea Virgil Tibbs (Sidney Poitier), el experto en criminología -cuya presencia es inicialmente forzosa tras un torpe procedimiento-, el que asuma individualmente el caso, pues no se adivina otro aire de competencia y transparencia en aquella Sparta (Mississipi), cuyo nombre pareciera recordar la vigencia en los EEUU del siglo XX, de un estilo guerrerista, de alguna manera semejante al que se ejercía en la antigua polis griega.

Otro gran acierto de esta significativa historia, basada en la novela de John Ball y adaptada por Stirling Silliphant, es su capacidad de demostrar que, el racismo se asienta tanto y tan penosamente en una sociedad, que juega a veces en el sentido inverso y también los discriminados asumen actitudes donde condenan prejuiciosamente a aquellos que les discriminan. Y cuando no hay alguien que aflore la sensatez que hace falta, esa sociedad va camino al caos.

En este sentido, la escena del encuentro entre el señor Endicott y el inspector Tibbs (que se ha modificado por sugerencia, y exigencia de Poitier, de que se incluyera en todas las copias de distribución hacia cualquier país), da cuenta de ese fenómeno, haciendo que el policía luzca matizado y debiendo reflexionar sobre aquella actitud en la que, antes que nada, pretendía preservar su dignidad.

Norman Jewison, logra una sensible crítica social, reflejando el primitivismo todavía muy palpable en la sociedad norteamericana de los años 1960… y por deplorable proyección, en otras tantas sociedades. Con Sidney Poitier, como el eficiente investigador, el personaje adquiere una fuerte dignidad que quizás doblegue la acérrima terquedad y la endeble moral del mastica-gomas jefe de policía, al que Rod Steiger representa con absoluta sobriedad.

Lee Grant como la señora Colbert y Quentin Dean como la lolita Delores, serán las mujeres que pondrán su particular cuota, en un enredo social en el que prima el machismo, y donde el atraso ideológico y la obnubilación mental, parecen ser las principales causas de todas las desgracias que por allí suceden.

Empaña un poco el filme, la muy directa y repetida manera como se publicitan las aguas perforavientres, pero creo que, Jewison, nos ha dado un filme maduro y bien importante.

Título para Latinoamérica: “AL CALOR DE LA NOCHE”
Luis Guillermo Cardona
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19 de Febrero de 2013
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Luego de unas sesenta tareas como guionista o colaboradora en filmes que ya nadie recuerda, por fin la novela y la obra teatral que hicieron famosa a la escritora Anita Loos, resultó ser “LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS”, una novela que salió a la luz en 1925 -tras la larga publicación de cortos sketches en la revista Harper’s bazaar-, en la que aludía a las relaciones sexuales con gracia y picardía, pero cuidando de no tocar terrenos de alcoba que pudieran alertar a las ligas puritanas. El personaje de Lorelei Lee, según la misma autora, le fue inspirado por una de las coristas de las Follies de Ziegfeld, Lillian Lorena, quien se hizo famosa por ostentar en todas partes los diamantes que le obsequiaban sus pretendientes. Por su parte, Dorothy Shaw era un modelo (alter ego) del sentir y la visión de la vida que tenía la propia Anita Loos.

“LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS”, título que alude a la gran importancia que se venía dando en sociedad a los cabellos dorados (quizás derivado de la anterior fiebre del oro y que motivó a que muchas actrices tiñeran su cabello. Marilyn entre ellas), había sido primero llevada al cine por Malcolm St. Clair en 1928, y en Broadway se representó en numerosas ocasiones con bastante éxito.

Es Howard Hawks el llamado para dirigir este remake, y el resultado es un musical en cinemascope hecho con tanta eficacia, que lo convierte en uno de los que mejor se conserva con el paso del tiempo. Argumentalmente, es muy interesante la diferencia de intereses que manejan las leales amigas, pues mientras Lorelei, la rubia, vive chiflada con los hombres, jóvenes o viejos, atractivos o feos, gordos o flacos, pero que tengan diamantes, para Dorothy, la morena, la sensatez, el respeto y que se la ame de verdad, es todo lo que busca en el hombre al que dará su corazón…

Tanto la novela como la película, darán a ambas los mejores argumentos… y queda en cada quien, la decisión de elegir lo que prefiera para su vida: grandes lujos y una íntima y profunda sensación de vacío (pues podrá dar solamente el cuerpo), o una vida modesta pero sintiéndose aceptado y valorado como ser humano (pudiendo entregarse en cuerpo, mente y con fortaleza de espíritu).

Maravillosa actuación de Marilyn Monroe, convertida en gran estrella desde “Niágara”, quien, como Lorelei, desborda su natural instinto para la comedia, demuestra que podía hacer un show de primera línea, y que tenía el encanto a flor de piel para fascinar a cualquier hombre… y no precisamente por el color de su cabello. Junto a ella, Jane Russell está mejor que nunca física y actoralmente, logrando jugar a la parodia y a la mujer aterrizada con absoluta propiedad.

¡Ah! Y no esperen encontrar en la película a los tales caballeros que las prefieren rubias… yo no conseguí verlos. Y en realidad, a los hombres pies en tierra, nos da lo mismo de que color sea el cabello, los ojos o la piel de una chica, todo lo que nos interesa es que nos haga sentir que estamos en presencia de una mujer bien puesta, sensual, brillante o dulce.

En 1955, la continuación de la famosa obra, “Los caballeros se casan con las morenas”, también sería llevada al cine, dirigida por Richard Sale. Jane Russell y Jeanne Crain serían sus protagonistas.
Luis Guillermo Cardona
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