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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
1779 críticas
10
4 de febrero de 2012
9 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es la clase de película que me encanta recomendarle a todo el mundo. Me he sentido enaltecido con ella, me ha reforzado el alto aprecio en que tengo a la especie humana, y me ha fortalecido ese especial cariño que siento por los animales. Está aquí reflejada, con fuerte espíritu y gran maestría, la clase de humanidad que me gustaría descubrir cada día, el tipo de hombres que brillan como estrellas en cada rincón del planeta, y aquellos animales que nos dan ejemplo de compromiso y valentía.

El magnífico guión de “CABALLO DE BATALLA”, está basado en la novela homónima del inglés Michael Morpurgo y en la versión teatral que de ella hizo Nick Stafford. Y lo que se nos cuenta es la historia de un caballo llamado Joey que va a parar a manos de un hombre de fuerte carácter y dignidad llamado Ted Narracott, quien lo deja a cargo de su hijo Albert, comprometido éste a entrenarlo y a capacitarlo para el trabajo.

Las presiones que se presentan luego, harán que el padre venda el caballo a un capitán del ejército, justo cuando ha comenzado la Primera Guerra Mundial e Inglaterra entra en lucha contra Alemania. Por ser menor de edad, el joven Albert queda entonces a la espera de que su caballo regrese algún día y, en adelante, sucederán muchos hechos en la vida del magnífico pura sangre que incluirá un ejemplar romance con una yegua que lo acompaña en muchas vicisitudes.

El filme desborda calidez, sensibilidad, nobleza, dignidad a toda prueba… y hace que veamos la guerra como aquella situación extrema donde también consiguen aflorar los grandes valores que nos preservan como Realmente somos.

Algunos quizás vean todo esto como un cuento de hadas, pero para mi es una historia ejemplar, plausible y absolutamente creíble, porque la grandeza que se genera en el mundo, cada día, es un manantial inagotable aunque no todos consigan verlo.

Peter Mullan como el señor Narracott, Emily Watson en el rol de su esposa, y Niels Arestrup representando al abuelo de la linda Emilie, recrean unos personajes fuertes y ejemplares que dignifican a esa generación que comúnmente envejece de manera tan deplorable. Y los personajes de Albert, Michael, Peter y Collin, Emilie y el joven soldado alemán, nos dan fe del fuerte espíritu que poseen los jóvenes, los cuales sólo necesitan una oportunidad para poder demostrarlo.

Tengo la certeza de que, “CABALLO DE BATALLA”, ingresará al luminoso acervo del cine grande.

Título para Latinoamérica: “CABALLO DE GUERRA”
Luis Guillermo Cardona
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6
30 de junio de 2011
9 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Érase un tipo de aquellos que se meten a hacer películas sin saber nada de cine, pero, a los que les interesan muy claramente dos cosas: hacer dinero por montones y tratar de acostarse con cuanta chica atractiva ingrese a los rodajes. Uno de estos individuos se llamaba Howard Hughes, un industrial forrado en la plata, que hizo las veces de productor y seudo-director, y quien supo aprovechar $us atractivo$ para cortejar a actrices como Ava Gardner, Ginger Rogers, Katharine Hepburn y Jane Russell, entre otras.

Prepotente, pero complaciente con las divas, Hughes buscaba en cada película el máximo lucimiento de sus encantos físicos, sin importarle si con esto irrespetaba al realizador de turno o arruinaba la estructura que éste tenía de la película. Varias fueron sus víctimas, pero, lo que más lamento fue el atropello que llevó a cabo con el brillante director Josef von Sternberg, a quien contrató para dos películas (“Amor a reacción“ y “UNA AVENTURERA EN MACAO” ) interfiriendo en su trabajo con la mayor osadía.

En “MACAO”, todos los honores del productor Hughes apuntaban de nuevo a la “vía láctea” de Jane Russell, y fueron tantas sus peleas con Sternberg que, para salirse con la suya, indistintamente asignó el rodaje de diferentes escenas a directores como Mel Ferrer, Nicholas Ray y Robert Stevenson, al tiempo que el guión era manoseado por cinco o seis escritores cuyo “gran aporte” era recomponerlo para que Miss Russell tuviera más protagonismo. En su amarga autobiografía, “Diversión en una lavandería China”, el director austríaco escribiría: “Al menos, media docena de payasos metieron en ese pastel, no sólo los dedos, sino varias partes de su anatomía”.

Quienes hayan seguido la filmografía de Josef von Sternberg, sentirán enseguida que su estilo narrativo apenas se vislumbra en esta película: una composición aquí y allá, algunos momentos de su creativa iluminación y sus habituales aciertos en los diálogos. El resto, es un filme despersonalizado, con una trama demasiado simplista y predecible, carente del intimismo y de la fuerza dramática que acostumbraba, y con unos personajes que no despiertan ni afecto, ni repulsa alguna. Como pretendía el calentón Hughes, lo que más se recuerda es la exuberante anatomía de Jane Russell, actriz a la que ya había elevado estatua cuando la lanzó en “El forajido”.

Creo que, “UNA AVENTURERA EN MACAO”, sólo sirve como anécdota para recordar los despropósitos que tantos productores han cometido con el arte cinematográfico. Razón tenía el crítico inglés Victor F. Perkins cuando escribía: “La industria cinematográfica está controlada, en gran medida, por hombres que saben menos del proceso de producción que los fabricantes de cualquier otro producto de consumo”.

Título para Latinoamérica: “MACAO”
Luis Guillermo Cardona
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3
20 de mayo de 2011
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡En cuantas ocasiones, la sabiduría de un hombre ha sido asumida como locura!, ¡Con cuán lamentable frecuencia, el ver más allá de lo que ven nuestros limitados ojos, genera repulsa y discriminación!, ¡Y cuántas veces, el afán de un hombre de seguir un fuerte y sagrado impulso que lo lleva por un rumbo mágico y nuevo, es entendido como un acto de soberbia!

Al seguir con firmeza la estrella que te guía, causarás dolor, porque este camino implica desprendimiento; despertarás malestar, porque estás obligado al abandono; y generarás ira y agresiones, porque muchos pensarán que, lo que haces, es un acto de egoísmo y de locura. Pero, cuando tu único objetivo es el Ser, no hay nunca en tu intención el hacer mal y, bien que sabes, que los que quedan atrás tendrán ocasión de resarcirse.

No sé cuanto de verdad y de ficción, sobre la vida del pintor francés Paul Gauguin, haya en la novela “LA LUNA Y SEIS PENIQUES” de William Somerset Maugham, pero el personaje que éste recrea, Charles Strikland -pese a ser un bocazas misógino como el resto de los personajes masculinos, y por supuesto, como el mismo autor, éste de inclinación homosexual-, me llega al alma y me remueve fibras muy recónditas, pues es evidente que está posicionado mucho más allá de los hombres comunes y de los cinco sentidos. Cuando lo leí, hace unos 30 años, y quizás comprendiendo muy poco, me sentí no obstante revolcado, pues presentía que algo grande había en el carácter, el desprendimiento, la definición y la sensibilidad de aquel artista. Desde entonces, conservé el libro como una de mis pequeñas joyas literarias. Por una motivación desconocida, pero luego entendida como necesaria a mi proceso vivencial, acabo de releerlo y siento que es una de las reflexiones más valiosas a las que un hombre pueda acceder en su vida, sobre todo, si consigue penetrar sin prejuicios, las acciones y sentimientos más allá de las palabras. Además, la misoginia verbal se diluirá sutilmente, cuando se vea como, contra los sarcasmos y agresiones verbales de Strickland, éste no consigue vivir sin ellas, y hace que ellas no puedan vivir sin él.

Poco que decir de esta adaptación cinematográfica, hecha por el debutante Albert Lewin, quien no va más allá de ilustrar, muy pobremente, los textos –que no las esenciales emociones- de manera casi literal, añadiendo conductistamente la palabra amor en boca de Strickland, y rotulando el filme con una salvedad al principio (“No es nuestro propósito defenderle) y con una condena, al final, que deja en claro que no entendió para nada al personaje, a la vez que deniega al espectador el derecho a formarse su propio criterio.

Y titular el libro y la película, en España, como “Soberbia” es un desatino de aquí a la Cochinchina.

Título para Latinoamérica: “LA LUNA Y SEIS PENIQUES”
Luis Guillermo Cardona
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9
27 de agosto de 2009
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
No puedo negarlo. Esta película me sensibiliza, me toca el alma, me conmueve las entrañas y logra que unas corrientes de ternura, de admiración y de acercamiento a lo grande de la existencia, circulen por todo mi ser.

Me llega hondamente la manera como ese prodigioso niño, nacido como Evan Taylor y renombrado como August Rush, va descubriendo la música en todo lo que se mueve en el mundo. Me atrae la manera como el oportunista “Mago”, dejando cada tanto de lado su afán explotador, consigue conectarse con su polo edificante, logrando transmitir a su pupilo la interrelación y la armonía que existe en el universo; y me hace sentir enaltecido como ser humano, el ver como fluye la solidaridad y el afecto en tantos y tan disímiles personajes.

Lyla y Louis, la romántica pareja cuyas vidas las separa una fuerza que los conmina a luchar indeclinablemente; Richard Jeffries el asistente social con plena conciencia de su tarea en el mundo; el reverendo James, sensible y comprometido con el talento; Hope la pequeña cantante con vocación de ángel; Arthur X, el cantante callejero que siempre opta por lo que es correcto… y hasta Ronald Guttman, el profesor de la escuela Julliard, brillan como ejemplos enaltecedores de una existencia que estaríamos a un paso de convertir en paradisíaca. Es sólo la decisión individual de ver en cada ser humano una magnífica ocasión para fluir nuestra grandeza.

El melodrama es un género cinematográfico tan válido como cualquier otro o tan insulso según quien lo asuma. Hay obras maestras melodramáticas como "El Suplicio de una Madre" de M. Curtiz o "Imitación de la Vida" de D. Sirk, y tan interesantes como "Un Verano en Louisiana" o como esta "AUGUST RUSH (EL TRIUNFO DE UN SUEÑO)", versión actualizada del inmortal "Oliver Twist" de Charles Dickens, y que ya fuera adaptada al cine con claro acierto por David Lean.

No veo mérito alguno en la insensibilidad y, en lo que a mi respecta, si una película me acelera el corazón y me despierta ternura y emotividad, la apruebo sin restricciones.

A “AUGUST RUSH” la sentí como un manantial de calidez, de humanidad lúcida, de solidaridad y perseverancia... Tiene una música que te circula por toda la piel en más de una ocasión y, en algún momento, te hace brotar un par de sentidas lágrimas que te recuerdan que estás vivo y que quizás estás dando a los demás muy poco de ti mismo.

Siempre aplaudiré una película que reviva la esperanza. A fin de cuentas, la verdadera misión del cine es mostrar a los hombres todo camino que les permita encontrar la Unión. Y esta película da un firme paso adelante.

Bien por la directora Kirsten Sheridan. Me complace que las mujeres vayan ganando terreno en su labor tras las cámaras.
Luis Guillermo Cardona
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10
9 de junio de 2013
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué puede pretender un director, cuando decide hacer un filme de 91 minutos en el que tan solo filma el rostro de varias decenas de mujeres iraníes (110 para ser exactos) sentadas en una sala de cine, viendo un drama que nosotros no vemos y tan solo oímos?

¿A qué suerte de espectadores cree él que puede interesarle un filme en el que “no hay movimiento”, “ni escenarios”, ni… ni nada que se le parezca a un filme convencional?

¿Serán simples deseos de tomarle el pelo a los espectadores?, ¿Será un descarrío de un talento en declive, dedicado ahora a hacer cualquier cosa?, ¿O qué otra cosa puede encontrarse en semejante aventura de un magnífico cineasta como ha demostrado ser Abbas Kiarostami?

La historia que ven los espectadores del filme (porque también hay hombres: amigos, actores y colaboradores del director, solo que estos aparecen siempre difuminados en segundo plano) es el drama “Cosroes y Shirin” de Farrideh Bolbou, inspirado en la obra de Hakim Nezami Ganjavi (1141-1209), en el cual se nos cuenta la historia de Shirin, princesa de Armenia, cuyo amor se disputan Cosroes Parviz, emperador sasánida, el arquitecto Farhad, y otro hombre de inesperada presencia.

Hay aquí, un pleno y dedicado canto a la mujer. Se la honra, se la venera, se la quiere libre... y se convierte ella en el ideal supremo de aquellos hombres, que están dispuestos hasta a morir por ella(s).

Kiarostami hace entonces lo suyo: nos ofrece un magnífico ramillete de femeninos rostros iraníes (con la inclusión, por su admiración, de la actriz francesa Juliette Binoche) y entremezcla las caras juveniles con las de rasgos maduros, madres y abuelas. Cada una, luciendo un discreto (o ningún) maquillaje y con su hiyab en la cabeza cual apreciables vírgenes. Un cierto lapso de tiempo que no sobrepasa los dos minutos, nos permite apreciar cada rostro en su forma, su luz, su expresividad... y nos da la oportunidad –si queremos- de ver, más adentro, lo que cada una es y representa para la humanidad entera.

Se exalta así la singular belleza de la mujer iraní, diciéndonos: ¿Cuál es tu Shirin?, ¿Cuál te enamora?, ¿Por cuál de ellas serías capaz de morir?...

No todos los hombres, por supuesto, están dispuestos o en capacidad de recibir este regalo. La mayoría ha visto muchos rostros, pero jamás ha contemplado ninguno procurando ver su alma.

Esta es tu oportunidad. Kiarostami nos hace el regalo de sustraernos del agite inane del mundo, para invitarnos a ver el significado de la quietud, el movimiento interior, los sets del sentimiento, la música del espíritu…

Y si acaso logras verlos, te darás cuenta enseguida de que, éste, es un gran tesoro.
Luis Guillermo Cardona
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