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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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2053 críticas
9
19 de enero de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un tiempo futuro se ha vuelto accesible viajar por el espacio exterior, y una pareja de recién casados va rumbo a su luna de miel… cuando en el trayecto avistan una botella flotando en el espacio. La recogen y observan que ésta contiene un pergamino que, al comenzar a leerlo, nos narrará el viaje que, el periodista Ulises Nérou, realizó en el año 2500 a la estrella Betelgeuse, en Orión, donde al caer en su planeta Soror, pudo conocer una avanzada civilización compuesta por chimpancés, orangutanes y gorilas, organizada de manera muy parecida a la sociedad humana.

Como en “1984” de George Orwell, “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury o “Un Mundo feliz” de Aldoux Huxley, la novela “El planeta de los simios” (La planète des singes, 1963) del escritor francés Pierre Boulle (1912-1994) también nos ofrece una sociedad distópica donde los monos tienen el poder y los seres humanos son los que ahora ocupan sus jaulas. Los gorilas constituyen la clase dirigente (políticos, militares,empresarios, aristócratas). Los orangutanes son los conservadores de la cultura imperante (profesores, médicos, jueces…). Y los chimpancés son los progresistas (científicos, artistas, filósofos…).

Michael Wilson había ya adaptado la obra de Boulle, “El puente sobre el río Kwai”, para David Lean, y vuelve ahora con un guión impecable en el que impondrá su personal estilo, modificando el comienzo de la novela que describimos en el primer párrafo (más otras variables), pero preservando el estupendo alegato sobre la manera como el hombre, paso a paso, ha llegado a convertirse en el máximo enemigo de la preservación de la naturaleza, hasta el punto de que ésta se revela contra la humanidad y decide proscribirla de su reino.

El director Franklin J. Schaffner consigue aquí uno de sus mejores momentos cinematográficos, creando un filme de culto sobre el que deberíamos reflexionar muy seriamente, porque, “EL PLANETA DE LOS SIMIOS”, es mucho más que una aventura de ciencia-ficción, ¡es un clamor contra la destrucción de nuestro maravilloso planeta! Y esto es lo mismo que si decidiéramos incendiar la propia casa.

El filme hace acopio de una gran inventiva, se la juega brillantemente en la caracterización de sus diferentes personajes con vestuarios y apariencias que les identifican muy claramente, y la trama va gradualmente descorriendo velo tras velo… hasta que por fin nos lleva a un sorprendente final, que tirará por el piso cualquier prejuicio que quizás nos forjamos en el camino y las interpretaciones ligeras que pudimos llegar a asumir.

Así, “EL PLANETA DE LOS SIMIOS” exige una apreciación plena y concienzuda, de lo contrario, es bien seguro que se puede terminar con juicios apresurados y desventajosos. Siento que estamos ante uno de los filmes pro-planeta más importantes que hayamos tenido en el género de la ciencia-ficción.

¡Cuanto pesa la frase que, en algún momento, dice Taylor!: “En alguna parte del universo debe haber algo mejor que el hombre”.
Luis Guillermo Cardona
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8
2 de enero de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un libro puede ser un instrumento de formación o un arma contundente; puede contener sabiduría o una colección de exabruptos; puede haber sido pensado para hacer un aporte positivo a la humanidad o tan solo para vomitar el odio o la ponzoña contenida. Así mismo es la religión: puede ser un camino hacia Dios o el más vulgar y malsano de los negocios; puede ser una excelente forma de servir a la humanidad orientándola hacia la luz o una farsa para alimentar el miedo y la dependencia… Por tanto, el mal no está en la religión, sino en la forma de ejercicio que con respecto a ella elijan los hombres. Porque religión es re-ligarse y esto significa nada menos que el objetivo supremo: Volver a ser Uno con el Creador. Pero para muchos hombres invidentes… la religión se reduce a una pobre y penosa oportunidad de poner a su alcance los placeres terrenales. ¡Y pobres de aquellos que usan a Dios para abusar de sus hermanos!

“EL FUEGO Y LA PALABRA” es la historia de un hombre apuesto, calculador y fácil de palabra, quien de pronto se está dando cuenta lo fácil que consigue hacer dinero con una biblia en la mano y hablando con pasión acerca de Dios. Entonces se dedica a visitar una carpa donde predica la evangélica Sharon Falconer (Jean Simmons), y al ver el éxito que ella está teniendo, Elmer Gantry -así se llama el aventurero-, se propone hacer parte de su organización y entonces aplicará las triquiñuelas necesarias para poder lograrlo.

Así comienza un concienzudo acercamiento a todo lo que ocurre tras bambalinas en estas organizaciones, que se han convertido en uno de los más potentes y fructíferos negocios desde hace ya bastantes años, como competencia de la iglesia católica que, ya por siglos, bien que sabe de los beneficio$ que esto trae consigo.

El montaje administrativo: toda una empresa con contadores, abogados, asesores, publicistas, vigilancia privada, secretarias… Y con pastores (¡este nombre es preciso!): fáciles de palabra, con el más alto carisma, que reflejen honestidad y ¡ojalá una sincera espiritualidad!, y de ser posible: que hagan la vista gorda ante lo que se maneja tras bastidores. Cada uno a lo suyo: ¡Usted sirve a Dios, los que administramos solo queremos dinero!

Y el pueblo ora, guarda la esperanza de que, en aquella iglesia, por fin Dios se anime a hacer algo para solucionar sus muchos problemas económicos, de salud, interpersonales, etc. Y para poder seguir allí a la espera del milagrito, deberá pagar los diezmos y una que otra donacioncita que va surgiendo con las más diversas excusas.

Reconocido con el premio Oscar, el director Richard Brooks, asumió de nuevo él mismo la adaptación de la novela “Elmer Gantry” (1927) del reconocido Premio Nobel de Literatura, Sinclair Lewis (1885-1951), y con una eficacísima puesta en escena, ha logrado una precisa sátira que impacta con la agudeza de sus diálogos y en la que se preserva, con más vigencia que nunca, un necesario alegato contra un fenómeno de explotación social que cada vez luce más próspero ante la indiferencia de los gobiernos, que todavía tardarán años para ponerle el pecho al delicado problema que esto significa.

Con justos méritos, los premios Oscar hicieron esta vez reconocimiento a la potente actuación de Burt Lancaster, como el hombre que quizás consiga redimirse de su turbio pasado, y a Shirley Jones, por su recreación de la preciosa, calculadora y a la vez sensitiva, Lulú Bains.

Título para Latinoamérica: “NI BENDITO NI MALDITO”
Luis Guillermo Cardona
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9
23 de diciembre de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El éxito que significaran “Quarteto”, “Trio” y “Encore”, deliciosas adaptaciones de cuentos del célebre escritor W. Somerset Maugham, animó, cuatro años más tarde, a otros directores ingleses a realizar algo por el estilo, pero esta vez con cuentos de diferentes autores, siendo solo el tercero (“Lord Mountdrago”) de la autoría de Maugham. Los otros dos son de Roderick Wilkinson (“In the picture”) y de Brett Halliday (“You killed Elizabeth”). Y los tres cuentos fueron reunidos con el título “3 CASOS DE ASESINATO”.

“IN THE PICTURE” fue dirigido por Wendy Toye (1917-2010) una prestigiosa exbailarina considerada niña prodigio y quien hizo cinco películas más, algo para la tv y unos cuantos cortos que me gustaría ver, no solo porque vienen, en parte, muy bien recomendados, sino porque me dejó bastante satisfecho con su participación en este cuento que resulta original por donde se le mire.

Se trata aquí de un cuadro muy particular que se encuentra en un museo, y cuyo cristal cada tanto aparece roto, sin que las autoridades del recinto logren explicar que es lo que sucede, como tampoco han podido saber a donde han ido a parar una serie de cuadros y esculturas que han estado desapareciendo. Lo que sigue, hay que verlo, porque resulta mágico, poético y de una inventiva sorprendente. *********

“YOU KILLED ELIZABETH” del cual se encargó David Eady (1924-2009) alude a un triángulo amoroso en el cual un hombre le quita la novia a su mejor amigo, y con muy buenas interpretaciones de John Gregson, Emrys Jones y Elizabeth Sellars, veremos como éste hombre se las ingeniará para cobrar venganza por lo que su novia y su socio-amigo le han hecho.

El corto sorprende un tanto menos, y quizás es también el de menor solvencia en sus aspectos técnicos, pero el par de socios resultan bastante singulares. *******

“LORD MOUNTDRAGO” (apellido que podría traducirse como dragón del monte y que se pronuncia en inglés maundrego. No dreigo ni draigo) fue dirigido por George More O’Ferrall (1907-1982) y es un magnífico relato de fuerte carga psicológica, sobre la obsesión de un político con un hombre al que, en algún momento, le arruinó su carrera. Con fuertes interpretaciones de Orson Welles y de Alan Badel (a quien veremos en los tres segmentos), la historia está brillantemente contada y deja muy bien ilustrados los especiales poderes de la mente.

Lo hemos dicho ya en otras ocasiones: No hay peor castigo que el que trae cada día una conciencia atormentada… y aquí, esto vuelve a corroborarse. **********
Luis Guillermo Cardona
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10
14 de diciembre de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
He aquí, intacto, en su plenitud y en su sublime esencia romántica, a ese director al cual había empezado a tener en alta estima cuando vi sus filmes: “Breve encuentro”, “Grandes ilusiones” y “Oliver Twist”. David Lean está aquí en lo suyo, proverbial en su manera de recrear a la gente del común con sus contradicciones y falencias, pero capaz de extraer la grandeza y la sensibilidad que se oculta en cada uno. Basta ver esos breves pero eternos momentos, de Michael en el bote cuando ha recuperado, él solo, un montón de armas olvidadas; ese gesto de la tempestuosa Maureen Cassidy cuando recibe el beso del revolucionario que se siente feliz con su compromiso; o ese sacerdote apresurado por la playa en busca del profesor para llevarle su ropa… y ahí resplandece, entre cosas muy simples, la gran valía de nuestra esencia humana. Y Lean demuestra que sabe muy bien de todo esto, porque “LA HIJA DE RYAN” está tan colmada de preciosos detalles, que más que con los ojos, nos reclama verla con el alma plena.

¡Cómo no compenetrarse con los sentimientos de Rose cuando en la playa camina sobre las huellas del profesor! ¡Cómo no dolerse con el zapateo seguro del tonto del pueblo cuando el mayor Doryan se atormenta por su pierna amputada! ¡Cómo no condolerse con el profesor cuando visiona el recorrido de su esposa siguiendo las huellas de la playa! y ¡Cómo no compenetrarse con el sentimiento de Rose cuando ve a su padre atribulado mientras a ella se la acusa de lo que, él sabe, que no hizo!... De esta manera, cada personaje se hace nuestro. Podemos sentirlos y entenderlos, podemos saber lo que los demás no saben, y sentir lo que quienes están con ellos no sienten porque no comprenden.

De esta manera, lo que ha logrado Robert Bolt con su magnífico guión y David Lean con su brillante dirección, es concedernos la oportunidad de sentirnos como si fuéramos Dios, cuando al ver lo que se alberga dentro de cada espíritu, nos damos cuenta que se torna imposible juzgar o condenar a alguien. Nos queda aquí, claramente explicado, porqué es el Creador el único que no ve mal en ninguno de nosotros.

Ese magnífico cura, Hugo Collins, hace lo suyo con una sabiduría y con un compromiso por la causa del pueblo, que nos trae nostalgia por esa institución tan venida a menos. Y esa vigorosa escena del pueblo unido, en medio de la borrasca, para recuperar los recursos que les traerán la libertad, nos demuestra lo fácil que es unir a la gente cuando la causa es justa.

Estupendas, magníficas, adorables, resultaron las actuaciones de Sarah Miles, la joven que ansía experimentar la sensación de vuelo que produce el amor… y que con el profesor no alcanza; Trevor Howard, el sacerdote de alma comprometida; Leo McKern, el padre bueno y generoso, ideológicamente extraviado por los sobornos y las adulaciones; y muy especialmente, John Mills, quien se llevó un Oscar y un Globo de oro más que merecidos, con esa singular caracterización del hazmerreír del pueblo que también tiene su corazoncito. Y es imposible no exaltar las relucientes y pictóricas tomas exteriores, logradas por ese gran artista en que se había convertido el cinematografista Freddie Young.

“LA HIJA DE RYAN” me merece el más alto reconocimiento.
Luis Guillermo Cardona
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6
2 de diciembre de 2013
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Imagina que vas a la librería y te compras la novela de Booth Tarkington “Los magníficos Amberson”. Bien apoltronado en tu casa, has comenzado a leerla y te sientes muy complacido con la magnífica historia sobre la decadencia de la aristocracia que en ella se viene desenvolviendo… pero de pronto, notas que al libro le han arrancado tres capítulos justo cuando la historia se hallaba en un punto álgido, y en las escasas páginas que siguen, hay una descripción mínima de trascendentales hechos, y el final ¡luce modificado y reescrito por alguien extraño y contradictor del autor original!

Con semejante mierdada ¡¿podrías decir que lo que acabas de leer es una obra maestra ¿Una historia memorable?! ¡Por Dios! En tal caso, lo que tienes en tus manos es exactamente lo mismo que se puede decir de la película que Orson Welles quiso hacer con aquel libro: ¡Uno de los mayores e infames atropellos que una productora pudo haber cometido contra un gran artista y con el arte universal! El productor ejecutivo de la RKO, George Schaefer, aún tiene que estar purgando su aberrante decisión de que cortaran tres rollos de la película (45 minutos) los que además (cual pequeño Hitler) ordenó quemar para que a Welles no le fuera posible reversar nada de lo que habían hecho.

Tal y como ha quedado “THE MAGNIFICENT AMBERSONS” es como cuando uno almuerza Róbalo a la vizcaína y de sobremesa le traen agua negra. ¡Imposible calificar el conjunto!

Contra Orson Welles se armó un claro complot: No se podía permitir que dejara mal parada a la aristocracia que había forjado “la cultura” norteamericana. Ya había dejado empañada la imagen del señor William R. Hearst en “El ciudadano Kane”, pero ahora no se saldría con la suya. Por eso, tras la primera preview -en la que Welles no estuvo- se dijo que la acogida había sido atroz. Por eso, Nelson Rockefeller, uno de los jefes máximos de la RKO, decidió enviar a Welles a Brasil -con un nuevo y satisfactorio salario- para que hiciera un documental que nunca se terminaría. Y por eso, la cremación de un tercio de una posible (pero indemostrable) obra de arte. Por todas estas cosas, el único calificativo posible para los 88 minutos de película que hemos podido ver, ya lo hemos dicho: ¡Un intolerable atropello!

¡Cuán conmovido me sentía viendo a la siempre bella Dolores Costello, representando a Isabel, la madre de ese enano arrogante que prefiere verla muerta antes que romper las victorianas reglas de la honra! ¡Cuán fascinado me tenía Lucy Morgan (adorable Anne Baxter) poniendo en ascuas a su necio enamorado y demostrándole que le daba lo mismo que estuviera vivo o que se muriera! ¡Y cuánta consideración me venía despertando Eugene Morgan (Joseph Cotten) el padre emprendedor para quien el amor permanecerá siempre inalcanzable!

Pero todo se viene al piso, la aristocracia surge de las cenizas, los Amberson siguen “muy bien representados”, y la industrialización, con su consiguiente liberalidad y mejor redistribución de los recursos, pareciera tan solo un simple pero superable cambio.

Por eso, al ver lo que había quedado de su película, con rabia e impotencia Orson Welles solo se animó a decir: “Parece cortada por una segadora”.

Me gustaría poder ver “Pampered youth” (1925) de David Smith. Fue la primera adaptación cinematográfica que se hizo de “Los magníficos Amberson” y quizás ahí se encuentre auténticamente descrito lo que al final ocurre con la famosa familia.

Título para Latinoamérica: "SOBERBIA" (¡más que preciso!)
Luis Guillermo Cardona
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