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Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1595 críticas (Ver todas por título) Página: 107
Su valoración: Muy buena
6 de junio de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando el padre de John Merrick, dice a su hijo muy reciamente y sin reparo alguno: “Debes respetar mi opinión y yo debo protegerte”, deja bien plantado su autoritarismo porque, para él, respetar es obedecer y protegerte significa “solo yo sé lo que es correcto para ti”… ¡Y quién sabe cuántas cosas tendrán que ocurrir antes de que el hijo tenga la adecuada respuesta a tan impositivas palabras!

Por la falta de valor que los mismos padres dominantes les han arrebatado, muchos hijos terminan vulnerados casi a diario, y sus mayores sueños, deseos y sentimientos, terminan aniquilados ante la imperiosa intromisión de sus padres en unas vidas que no les corresponden. Porque el 'darte la vida' no significa que tu vida es mía; ni el darte la manutención, cuidarte y ofrecerte un techo, me autoriza en modo alguno para forzar tu derecho a elegir, pues solo se puede Ser en libertad y solo podré ser feliz cuando elija guiado por mis propios sentimientos, razones y necesidades.

Remake de “La intrusa” (aunque debería ser El intruso, ya que es el padre quien resulta entrometido en la decisiones de su hijo), película que, con notable éxito, escribiera y realizara Edmund Goulding en 1929, “CENIZAS DEL AYER” es un edificante drama que se plantea, en primer término, como un firme cuestionamiento contra la manipulación paterna. Pero lo más atractivo de esta historia –y que quizás deje honda huella en los corazones sensibles-, es el profundo sentido de justicia y desprendimiento que manifiestan los personajes femeninos, y muy especialmente el que interpreta la grandiosa Bette Davis, haciendo de Mary Donnell otra de esas mujeres que se guardan por siempre entre los más bellos recuerdos.

Mary tiene tanto y tan auténtico amor por sí misma, por Jack, por su hijo… y siente tanta valoración por todos aquellos seres que la existencia ha puesto en su proceso, que va a dejar una lección de justicia y de desprendimiento, de aquella que es capaz de trascender el ego, incluidos los sentimientos y necesidades más íntimos y personales, para cumplir con la conciencia que es esa esencia del ser que, en definitiva, asegura la verdad y transparenta el alma. En estos aspectos “CENIZAS DEL AYER” es un filme con certeza relevante y bien, pero que bien necesario para la comprensión humana.

Fue este el primer encuentro del director Edmund Goulding con esa magnífica actriz con quien luego volvería a triunfar en “Amarga Victoria” y sobre todo en “La solterona”, y esa capacidad que tenía el director inglés para extraer de sus actrices profundas y variadas expresiones sin siquiera cambiar de gesto, queda aquí perfectamente expresado con una Bette Davis de fascinante mirada, que a borbotones irradia encanto, coquetería y una sensatez a toda prueba.

Y necesario es hacer mención de Ian Hunter, magnífico como Lloyd Rogers, el abogado de corazón tan grande como el de su secretaria. Muy sobrio Donald Crisp, el padre que se erige en un ser sobreprotector presumiendo de "saber" siempre lo que necesita su hijo. Y muy bien Anita Louise (Flip), dispuesta a dar lo que solo un corazón grande consigue hacer.

Es esta la clase de película que enaltece a la especie humana, dejándonos ver esa grandeza que, solo el hombre y la mujer, las criaturas más bien dotadas de la tierra, consiguen alcanzar.
Luis Guillermo Cardona
i
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Su valoración: Muy buena
26 de mayo de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
No obstante el éxito de crítica obtenido con su primera película, “Aplauso”, la regular acogida que le diera el público llevó a que, el director Rouben Mamoulian, tuviera que aguardar un año entero antes de poder hacer un nuevo filme. Se hallaba de nuevo en los escenarios teatrales, cuando la Paramount le llamó para ofrecerle un contrato por cinco años. En busca de una buena historia para empezar, por fin Mamoulian se encontró con su amigo, el escritor Dashiell Hammett, y este le enseñó una historia de gánsteres de corte romántico que, al leerla, el director sintió enseguida que podría convertirla en una película bastante original. Se le ocurrieron símbolos que luego veríamos plasmados: El tanque de cerveza que se agita, asociado a un sombrero con las iniciales R. Z. -ya visto antes- flotando en el agua para sugerir un negocio turbio; el uso de una sombra gigantesca -como presencia del mal- en otro caso de asesinato; dos gatos de porcelana -negro y blanco- como metáfora de un particular diálogo…).

También sintió, Mamoulian, que su película podía hacerla con un toque familiar, quizás para alertar a los jóvenes acerca de los peligros del gansterismo, y por eso todas las muertes ocurrirán fuera de campo, dejando una historia limpia donde lo relevante son las relaciones interpersonales a las que nutre con una sensata psicología y una fuerte emocionalidad, además de lo harto significativa que resulta la manera como la pareja protagonista lucha para preservar sus vidas.

Gary Cooper es simplemente Kid, un joven muy habilidoso en el tiro al blanco que trabaja dentro de una feria y quien parece tener muy claro que no le interesan para nada los trabajos sucios. Sylvia Sidney es Nan Cooley -la hijastra de un inescrupuloso miembro del clan de traficantes de cerveza-, quien quiere que Kid utilice lo que sabe hacer al servicio de sus amigotes, para que salga de pobre y así puedan casarse.

Mamoulian consigue una edición muy fluida; la música es hábilmente empleada según el tono de cada escena; la cámara se muestra recursiva consiguiendo experimentar con sonidos de orden subjetivo; la iluminación se vale muy bien de algunos recursos expresionistas, y en general, el filme luce con el pulso preciso de un director de ideas muy claras e innovadoras, que suele apuntarle a esa magnífica cima que llaman arte.

“LAS CALLES DE LA CIUDAD”, pone también en alto ese valor inmenso llamado dignidad. Permite que quien la tenga la extravíe… que quien la extravió consiga recuperarla y deja bien sentado que, quien vive mal se augura un triste final. Pero, para el ser humano que tiene el valor de volver a la luz, quizás el gran premio sea la invaluable libertad.

¡Pobres de aquellos que pueden regalar una pulsera, ropa fina, un auto… y toda suerte de cosas materiales, pero cuando se espera que den de su ser, carecen de respeto, integridad, amor sincero y fidelidad. Y así, nunca, nunca jamás podrán ser felices!
Luis Guillermo Cardona
i
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Su valoración: Notable
14 de mayo de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Formado en el teatro del arte de Moscú, bajo la dirección de Yevgeny Vakhtangov, un discípulo de Stanislavsky, Rouben Mamoulian (nacido en Thilisi, Georgia, Rusia) ya había formado su propio estudio teatral en su ciudad natal, y había viajado con sus obras a Inglaterra donde aprovecharía para especializarse en Drama, cuando por fin, a sus 25 años, le llegó la oportunidad de marchar hacia los Estados Unidos de Norteamérica, donde pasaría tres años dirigiendo óperas y operetas en el teatro George Eastman de New York. Y cuando ya su nombre sonaba alto en la escena de Broadway, la productora Paramount le llamó para que llevara la batuta de su nuevo melodrama “APLAUSO”… y así comenzaría la carrera cinematográfica de un valiosísimo director, cuyo legado, lleno de arrojo, de inventiva y de muy apreciables cualidades artísticas, no ha alcanzado aún el reconocimiento que se merecería.

La historia partía de un modesto guión escrito por Garrett Fort, basado éste en una historia de Beth Brown que sin duda bebió de la archifamosa “Stella Dallas”, que ya había sido llevada al cine en 1925, en una época en que las madres abnegadas eran regalos de la vida real y de paso un gran negocio para el cine.

Como para Mamoulian, estar tras las bambalinas de los teatros era ya experiencia ampliamente vivida, no le fue difícil recrear la atmósfera turbia y con aroma a sexo promiscuo que suele respirarse en los teatros de burlesque. Y de igual manera, le fue fácil comprender la compleja vida que llevan ciertas mujeres que, vendiendo su cuerpo por el apremio de la sobrevivencia, aún conservan un hálito de dignidad que las lleva a proteger a sus seres queridos de que, por nada del mundo, repitan su historia.

Por esto, cuando la popular estrella, Kitty Darling, tiene a su hija April, en lo primero que piensa es en asegurarle una educación que haga de ella una mujer digna de la sociedad y entonces la ingresa para que estudie en un convento, cuando estos eran creíbles (¡¿?!), mientras ella sigue complaciendo el morbo de los espectadores para poder pagar el estudio de su hija. Lo que sigue, es una historia de compromiso, de explotación, de hombres oportunistas y sin escrúpulos… y de una chica que anhela ser digna, leal y enamorada… pero que quizás está dispuesta a corresponder a los favores que su madre ha hecho por asegurarle una vida distinta.

Contra todos los pronósticos y dispuesto a lograr los mayores alcances con este filme que nacía en los albores del cine sonoro, el director Mamoulian conseguiría separar el sonido de la cámara (que hasta entonces resultaba harto aparatoso) y lograría unas escenas nunca antes logradas por otros directores, consiguiendo grabar voces simultáneas en una misma escena, al tiempo que daba un movimiento más suelto a la cámara. Este carácter innovador, satisfaría plenamente a los productores, le haría ganar un amplio contrato, y haría posible que se dijera lo que solo logran muy escasos directores: “A él concédanle lo que pida”.

“APLAUSO”, significó un valiosísimo debut en la actuación de la famosa y trágica cantante Helen Morgan (Michael Curtiz haría un biopic sobre su vida, “The Helen Morgan Story”) la cual logra una conmovedora recreación de esa madre que quiere vivir en su hija la suerte de vida que a ella misma le hubiera gustado vivir. Junto a ella, Joan Peers como April, logra un cálido personaje que, cuando menos, emana ternura y una apreciable dosis de sensibilidad.

Falta algo en otras actuaciones, pero con sus logros técnicos (incluido un buen uso de sombras, una cuidada composición de los escenarios, una que otra toma de connotado buen gusto…) y sus apreciables recursos narrativos, “APLAUSO” se hace merecedora de un buen lugar en la historia del arte cinematográfico.

Ha nacido otro director digno del más alto reconocimiento.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Buena
30 de abril de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dicen que los escritores rusos del siglo XIX, Gorki, Dostoyevski, Tolstoi… fueron los iniciadores de la novela psicológica, esa que desentraña el alma humana y nos la pone en bandeja de plata para ayudarnos a comprender el sufrimiento y la felicidad, la maldad y la nobleza, el afán de acumular y el impulso de compartir que unos y otros llevamos dentro. Me acojo a esta afirmación, porque siempre que leo a alguno de aquellos magníficos escritores, o a Chejov, a Pushkin, a Andreev… siento que el ser humano adquiere una grandeza tal, que sobrepasa casi siempre lo que solemos percibir en la vida cotidiana.

Basta conocer esa fortaleza inexpugnable, esa entrega plena e irrestricta, y esa capacidad de amar pensando más en el bien del otro que en el suyo propio, de un personaje como Anna Karenina, para llegar a sentir de manera absoluta y contundente, que no hay otra criatura en la tierra con tantos maravillosos potenciales como los seres humanos. De aquí, que tiene que haber una profunda carencia, o una pérdida total, de razonamiento lógico, para que una persona pueda asumir, a sangre fría, la intención de hacerle daño a otra.

León Tolstoi escribió “Anna Karenina” en 1876, en un tiempo en que ya el zar, los militares y la aristocracia rusa, lo visionaban como a un enemigo de sus intereses. Quizás esto explique la descripción punzante, directa y a veces sutil, como el escritor alude a su hipocresía, su prepotencia y mezquindad… siendo Anna una gran víctima de todos estos desajustes.

Algo de esto, se verá reflejado en la adaptación cinematográfica que, el productor Irving Thalberg, decidió realizar en el año 1927. Como en otras ocasiones -dada la obseso-compulsiva manera como el joven Thalberg hacía las películas- fue esta una compleja realización que tuvo como inicial director a John Gilbert, reemplazado pronto por Dimitri Buchowetzki. El protagonista inicial, Ricardo Cortez, fue suplantado por Norman Kerry, y finalmente, éste debió ceder el paso a Gilbert… hasta que, un día cualquiera, a Thalberg lo agarró la chiripiorca, tiró todo lo hecho a la basura, y contratando al talentoso director inglés, Edmund Goulding, le pidió empezar de cero con Garbo y Gilbert como protagonistas definitivos.

Finalizando el rodaje, Thalberg determinó con bases estadísticas, que en EEUU llegaban más los finales felices que los trágicos, y entonces hizo que esta parte se rodara de las dos maneras… y lo que nosotros vimos, hace muchos años, fue el happy end que –en contra del director- tiraba por la borda la esencia tolstoiana haciendo que, el muy pendejo capitán Vronsky, terminara abruptamente con derecho a una familia feliz.

El título de “ANNA KARENINA“, usado durante el rodaje, se cambió luego a “LOVE”, cuando viendo que sus protagonistas lucían fuera de escena bastante enamorados, a Thalberg se le ocurrió que podría usarse un sugestivo cartel que dijera: Garbo and Gilbert in “LOVE” (asociable a in-love: enamorados).

Magnífica fotografía de William Daniels, con una iluminación ejemplar. Greta Garbo, dulce y encantadora, jugando de muy linda manera a ser la mamá que nunca “quiso” ser. Y estupendo, George Fawcett como el gran duque, todo un papá con ese capitán que se convierte en su dolor de cabeza.

Anna Karenina es un nombre que siempre sonará a mujer que ama demasiado sin amarse lo suficiente a si misma.
Luis Guillermo Cardona
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Su valoración: Buena
28 de abril de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el castillo Beaulieu, donde habita la marquesa de Langrune en compañía tan solo de su sirviente Firmin, se ha reunido ella con un grupo de amigos encabezados por Lord Beltham, un corredor de autos profesional quien ha venido a entregarle un millón de francos; Lady Beltham, una rubia de pocas palabras; un anciano sacerdote; una princesa de nombre Sonia Danidoff; el joven Charles Rambert; y el magistrado Jean-Marie Bonnet, quien presiente que la tenencia de aquel dinero en el castillo, atraerá la presencia del temible ladrón y asesino conocido como Fantomas.

El temor cunde… y siguiendo la vieja regla que asegura que “atraes aquello que mucho temes”, pronto el enmascarado y oscuro delincuente entrará en escena, iniciando así un interesante thriller que conllevará asesinatos, un buen número de sospechosos… y una intriga que llevará al inspector Paul Juve -archienemigo de Fantomas-, a querer de nuevo meterlo entre las rejas.

La película está basada en la primera novela “Fantomas” (1911), que sobre este famoso personaje escribieran los franceses Marcel Allain y Pierre Souvestre, convirtiéndolo de inmediato en uno de los más acogidos por los lectores de novelas criminales. Fueron 32 volúmenes escritos entre ambos, más otros once que escribió en solitario Allain tras la muerte de Souvestre, en 1914.

A su regreso a Europa en 1931 -hastiado de los sinsabores que habían comenzado a causarle los productores hollywoodenses, los cuales le retiraron de sus dos últimos trabajos cinematográficos (“Captain of the guard” y “King of jazz”)-, Pál Fejös no tardó en ser buscado por el productor Paul Brenberger -quien le admiraba profundamente ya que había visto sus filmes mudos-, y éste le propuso realizar en Francia esta versión de “FANTOMAS” que, ávido de trabajar, Fejös aceptó enseguida. Además, ya entendía algo de este género, pues años atrás había realizado “La última aventura de Arsenio Lupin” (1921) historia de otro ladrón de parecida fama en la literatura francesa.

Fue esta la primera versión sonora de “FANTOMAS”, con una intriga realmente bien manejada, una ambientación que no deja nada que desear en un filme de esta época, y superando sin duda en su dinámica los filmes que, sobre este enigmático personaje, se habían hecho hasta entonces.

El reparto incluye a Tania Fedor como la discreta y enigmática Lady Beltham; Thomy Bourdelle como el sagaz inspector Juve; Georges Rigaud representando a Rambert; y Gaston Modot (el recordado protagonista de “La edad de oro” de Luis Buñuel) como el intimidante Firmin. Y como Fantomas… al final del filme nos dirán quien es el actor que lo interpreta.

Surgen en el desarrollo de la trama, dos o tres preguntas para las que no pareciera haber una respuesta satisfactoria, pero con un tris de tolerancia podemos dejarlas de lado, y el filme entonces resulta muy simpático y se pasa un rato realmente entretenido.

¡Que tengan un feliz misterio!
Luis Guillermo Cardona
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