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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2188 críticas
7
15 de diciembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 1959, y cuando estaba convencido de que, el prepotente e inescrupuloso Dr. Mabuse, podía ya descansar en su tumba, Fritz Lang es tentado de nuevo por otro productor, dispuesto a revivirlo para “complacer al público” de la generación 1950, que quizás jamás conoció a este personaje que siempre sorprendía con sus maquiavélicos planes. No obstante que la novela original había sido escrita por su ex-exposa Thea von Harbou, Lang –co-autor de los guiones-, seguía teniendo los derechos del personaje y esto hizo posible reescribir por completo otra historia, pero conservando los caracteres y el modus operandi del siniestro asesino.

Para el director alemán, la nueva historia le permitía mostrar un nuevo fusil de aire comprimido que venía probando el ejército norteamericano el cual disparaba agujas, no hacía ruido y no dejaba huella alguna de cortes o quemaduras. También sabía Lang, de un proyecto que tuvieron los nazis de contruir varios hoteles en los que alojarían a los representantes de los países invadidos, pero con suficientes micrófonos como para estar al tanto de cada palabra. Con mejores recursos técnicos en los últimos años, el director pone además cámaras en cada cuarto, espejos de observación oculta… y así, el nuevo Dr. Mabuse, mantiene el control de todo lo que se mueva dentro del Hotel Luxor.

Como es habitual, habrá un complot planeado hasta donde el destino lo permite; pasarán por escena personajes bastante ambiguos, caballeros de profesión doble y una dama bastante sensual (Dawn Addams) que, gracias al amor, aguarda la ocasión de redimirse. Y nuestro director sabrá crear un ambiente de misterio bastante enmarañado, con el que logra mantenernos atentos hasta el último minuto.

Pequeños baches en alguna escena de autos con backprojection, algún despiste en los efectos de sonido, la típica situación de “les daré tiempo de que se salven”, y un protagonista multimillonario incapaz de convencernos de que se trata de un americano, apenas empañan un filme que resulta bastante entretenido y con el que Fritz Lang se despide del cine de manera satisfactoria.

Con posterioridad, nuevos proyectos le serían ofrecidos a este inmenso director al que los productores querían financiar hasta su muerte, pero ya Lang estaba cansado y no se sentía demasiado a gusto con el cine alemán de la posguerra. Lo único que lamento es que no haya podido realizar una historia que escribió, en colaboración con Heinz Oscar Wuttig, titulada “…und morgen: Mord!”, argumento que tuve ocasión de leer y me pareció estupendo.

Título para Latinoamérica: “EL DIABÓLICO DR. MABUSE”
Luis Guillermo Cardona
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6
14 de diciembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Harald Berger y su enamorada Seetha, intentan huir de la venganza del Maharajá Chandra, pero sus hombres los atrapan cuando ellos desfallecen en el desierto. Entre tanto, Ramigani, quien ha comenzado a sentir deseos de ser él quien esté sentado en el trono de su hermano, se alía con Padhu y con los decontentos del reino, para usurpar el trono de Chandra. Seetha, a quien le han dado el palacio por cárcel, mientras su enamorado Berger se pudre en una mazmorra, será usada para los intereses de Ramigani, mientras que Irene, la hermana del arquitecto y su esposo el sr. Rhode, intentan como pueden hacer algo para salvar al prisionero.

En todo este lío se desenvuelve “LA TUMBA INDIA”, continuación de “El tigre de Esnapur”, en la cual Fritz Lang consigue elevar de alguna manera el bajo nivel que traía la primera parte. Sirviéndose libremente de la interesante historia del Taj Mahal (un proyecto que había acariciado, en 1956, al lado de Alexander Korda, pero que no consiguió salir avante) y valiéndose incluso del significativo cuento oriental “La telaraña en la cueva”, el director va nutriendo esta historia que sigue demostrando que el amor no es para nada un asunto material sino tan sólo una causa del espíritu.

Debra Paget carga esta vez –y por fortuna- con el mayor peso del filme y consigue lucirse en su sensual danza ante Shiva con una cobra al lado que todo el tiempo está pensando lo mismo que nosotros. Pero, fatal error ha cometido Lang al representar a uno de los más grandes dioses de la india como una mujer fea y desnuda cuando, para los hindúes, Shiva es símbolo de la belleza andrógina (como creador de todo cuanto existe y como ser destructor que regenera siempre en un plano superior).

Tampoco fue muy afortunado en las escenas de acción, las cuales deslucen con sus improvisados actores secundarios y con unos ataques que dejan mucho que desear. Pero, el filme tiene su encanto visual al poder contar con atractivas locaciones de la India. Y aunque la iluminación resulta bastante artificiosa, y fallida en algún momento (el final de Ramigani), la fotografía cumple en general con el preciosismo del filme y la historia se deja ver como un simpático entretenimiento.

Resulta bastante curioso que, en su regreso a Alemania y terminando su carrera, la luz de Thea von Harbou vuelva a iluminar el sendero de nuestro estimado Fritz Lang, y los restantes filmes que pudo realizar, llevan su nombre como un sello indeleble... como si el destino hubiera hecho de ellos una pareja para la eternidad.
Luis Guillermo Cardona
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8
9 de diciembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
En cada ser humano existe indefectiblemente un lado de luz y un lado de sombra. El amor y el odio, la serenidad y la ira, el perdón y el resentimiento… están en cada uno de nosotros dispuestos a aflorar ante determinadas situaciones o conductas. Tan fácil podemos hacer un favor, como podemos dañar a otro. De la misma manera que estamos en capacidad de engendrar una vida, podemos quitarla en un sólo momento de debilidad.

Norah Larkin tiene un buen motivo para sentirse triste. El enamorado al que tanto esperaba, le ha enviado una carta el mismo día de su cumpleaños, para decirle que se ha enamorado de otra chica que ha conocido en el oriente. Entonces, Norah busca donde asirse para no caer en la depresión y en la angustia… y el bastón lo encuentra muy pronto en Harry Prebble, un corpulento dibujante de chicas y portadas quien, con las mejores argucias, termina emborrachándola y llevándola a su apartamento. En ese momento, ocurre un imprevisto cuando la chica procura defender su honor, y al día siguiente, Norah se entera de que está siendo buscada por asesinato.

Un bar llamado “La gardenia azul”… Una flor de esta clase que le ha regalado su fugaz pretendiente… Una canción con este nombre interpretada en persona por Nat King Cole… El disco en el equipo… Y la misma Norah llamada así por el periodista del Chronicle que se ha propuesto encontrar a la asesina, son elementos con los que se construye esta atractiva historia que Fritz Lang sostiene con firmeza y que, Anne Baxter, protagoniza regalándonos otra de sus brillantes actuaciones.

Queda, una vez más, plasmada la torpeza masculina que, con tantísima frecuencia, consigue arruinar la vida de magníficas mujeres, y queda también reflejada de nuevo la vitalidad de las damas para sobreponerse a los peores tropiezos. Y como es común en su filmografía, Lang nos convida a no condenar, pues es bastante fácil que podamos equivocarnos.

Nota superior para la música de Raoul Kraushaar, quien consigue ascender con gran eficacia, el tono emocional de las mejores situaciones. “LA GARDENIA AZUL” reafirma otro buen momento en la filmografía de Fritz Lang.
Luis Guillermo Cardona
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9
29 de noviembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Christopher Cross es, desde hace años, un respetado cajero en una empresa donde se siente muy estimado por el jefe y por sus compañeros de labores. Vive en relativa paz con su esposa y sus dos hijos, aunque presiente que ella sigue añorando a su primer esposo -un hombre que desapareció en un río y cuyo cadáver nunca fue encontrado- pues aún conserva su retrato colgado en una pared de la casa. Ante sus amigos, Cross se enorgullece de no necesitar aventuras que puedan perturbar el sosiego que ahora tiene… pero, muy pronto, tendrá en su mano la oportunidad de portarse como un caballero y el destino aprovechará para probar su firmeza, haciendo que se entrecruce (criss-cross) con una atractiva y noctámbula chica que se hace llamar Kitty, cuyo novio (un vividor, oportunista y explotador) la convence para que desplume al nuevo pretendiente.

Además de cajero, Cross es un pintor con gran sentido de la perspectiva y con una técnica que evoca a Henri Rousseau, sólo que él mismo no tiene mucha fe en su obra. Pero, habrá quien sí la tenga… y entonces se avendrá una triste suplantación de personalidades y un triángulo amoroso que tendrá lamentables consecuencias.

Con un guión de Dudley Nichols, libremente basado en la novela “La perra” de Georges de la Fouchardière, que ya había sido adaptada al cine por Jean Renoir, la película consigue algunos significados bien dignos de tomar en cuenta y que complementan lo que ya sucedía en “La mujer del cuadro”, filme con el que tiene algunas similitudes: De manera soterrada, es un alegato contra la pena de muerte, al mostrar como se cometen errores judiciales y se condena a inocentes sin mayores tropiezos (esto le costaría la prohibición en algunos estados norteamericanos y los siempre apresurados reproches del vergonzoso Will H. Hays). Y moralmente, deja bien expuesto un hecho inaceptado por la sociedad, pero demostrado de sobra por la psicología: Una conciencia marcada por un crímen cometido, suele sentirse asediada por un tormento mayor, cuando no recibe el castigo social que considera merecido. La cárcel, en numerosos casos, resulta tranquilizadora porque la persona siente que ya está purgando su pena. Pero, el que pasa “impune”, verá repetirse en su mente, hoy, mañana y cada noche, aquella escena abominable del delito que cometió en un momento de ira, de ligereza o desespero. Y es ésta, la prueba contundente de que la impunidad no existe, pues la conciencia es para todos, la peor cárcel del mundo. Y en un gran número de casos, el alcholismo y la drogadicción, como el tener que dormir con un radio o un televisor encendido, son maneras desesperadas de huir de los reclamos de la conciencia.

Esta es la clase de filme que no deja indiferente a nadie. Lang es un gran maestro.

Título para Latinoamérica: “MALA MUJER”
Luis Guillermo Cardona
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7
10 de noviembre de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fue, Georges Meliés, el primer realizador cinematográfico que imaginó su propia aventura con dirección al satélite de la tierra cuando, en 1902, realizó “El viaje a la luna”, una encantadora fantasía, desbordante de imaginación. De seguro, Meliés, como luego Fritz Lang, sabían del libro de Jules Verne “De la tierra a la luna”, porque todos ellos, como muchos entre nosotros, alguna vez sentimos en lo más profundo del corazón, el deseo de viajar a aquella luminosa esfera que tan fascinante resulta cuando nos sentimos embriagados de romanticismo.

Y creo que es esto lo que, finalmente, interesa a Fritz Lang en esta historia que comienza como un complot donde, un grupo de poderoso$ malandrines, con el único afán de apoderarse de la supuesta riqueza aurífera existente en la luna, está dispuesto a expropiar, amenazar y matar, con tal de hacer parte del proyectado viaje que tienen entre manos el científico Georg Manfeldt y el profesor Wolf Helius.

Con estos, terminarán en la nave, una pareja de astrónomos comprometidos en matrimonio (Friede Velten y Hans Windegger), y junto a ellos, Walter Turner, el representante de los ambiciosos… y un polizón inesperado que aparecerá luego.

Infortunadamente, Lang dedica mucho tiempo en la exposición de la incipiente técnica astronáutica, a la que él mismo junto a su esposa y guionista Thea von Harbou, dedicó largas horas indagando cuanto había… pero no era todavía lo suficiente. Esto lleva a que la película, en sus aspectos científicos, luzca hoy un tanto primitiva y hasta risible para particulares espectadores, cuando bastaría asumir un pequeño esfuerzo de ubicación en la época, y sobre todo, una cierta capacidad de trascender la parafernalia, para poder disfrutar de una historia que nos ofrece personajes de gran solidez moral, de notable calidez humana, y con diáfanos propósitos en beneficio de la ciencia.

La suerte de triángulo amoroso que se da entre Wolf, Friede y Hans, es manejado con gran holgura moral, dejando ejemplarizado un esquema de comportamiento que luego repetirían otros notables realizadores. El sentimiento y el comportamiento asumido contra el agresor, develan una apreciable fortaleza espiritual; y la lealtad a la amistad se asume con gran entereza por todos los protagonistas.

Queda reconocer que algunas composiciones escénicas están muy bellamente logradas. Hay espacio para, al menos, un par de entretenidas notas humorísticas. El efecto visual de la transformación de Turner está muy bien logrado, y queda ese gusto a toque humano que, en mi caso, supera casi cualquier fallo técnico.

Si entiendes que más allá de lo físico hay cosas mucho más relevantes, estoy seguro que disfrutarás viendo “LA MUJER EN LA LUNA”.
Luis Guillermo Cardona
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