Críticas de: Luis Guillermo Cardona

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Luis Guillermo Cardona Medellín - Colombia

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1405 críticas (Ver todas por título) Página: 107
Su valoración: Interesante
1 de Julio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
No obstante haber logrado una significativa película con “El embrujo de Shanghai” (1941), los gloriosos tiempos del director Josef von Sternberg, hacían ya parte del pasado. Desde “El diablo es una mujer”, el público le había vuelto la espalda y no obstante que ésta, como “Crímen y castigo”, eran películas bastante apreciables, los resultados económicos no dejaron satisfechos a los Estudios, y desde entonces, para Sternberg fue difícil encontrar nuevos compromisos. Pasaron nueve años donde apenas hizo algún corto y tapó huecos en películas que tenían problemas de rodaje… pero nada más.

Entonces, llegado el año 1950, es llamado por la RKO, en cabeza del productor Howard Hughes, quien, consciente de las maravillas que Sternberg había hecho con su musa Marlene Dietrich, le entrega el timón (con opción de quitárselo cuando le venga en gana) de sendos proyectos que tiene en manos para dos de sus pretendidas divas: Janet Leigh y Jane Russell. Los títulos originales “Jet pilot” y “Macao”.

“AMOR A REACCIÓN” (Jet pilot) parte de una historia que te hace olvidar enseguida que fue escrita por el mismo autor de “Los muelles de Nueva York”, “La venus rubia” y “El expreso de Shanghai”: Jules Furthman. Y menos se le ocurre a uno pensar que la está dirigiendo el responsable como director de aquellas tres películas: Josef von Sternberg.

¿Por qué? Pues porque aquí no hay nada que no haga parte de la trillada cadena de las refugiadas rusas (¡siempre mujeres!) que llegan al “paraíso estadounidense” a escuchar toda suerte de pullas sobre su patria y a darse cuenta que los hombres, los filetes, los sostenes, los tabacos, los licores y la tolerancia americanas, son “cosas maravillosas” que no existen (¿?) en la fría Rusia y son lo que hace de la tierra del Duke un verdadero paraíso (¡!).

Los diálogos nadan, a punto de ahogarse, entre la puerilidad y la pedantería, y la historia de amor que se borda entre el abuelo John Wayne y la empinada rubiecita Janet Leigh, resulta tan desencajado que sólo se salva por la gracia y la coquetería que emana la linda y próxima esposa del también actor Tony Curtis. Si se mira bien, lo más atractivo del filme son las acrobacias aéreas que realiza –sin crédito alguno para que los creyentes piensen que las realiza Wayne- ese comando de pilotos encabezados por Chuck Yeager, el hombre a quien se atribuye el haber sido el primero en romper la barrera del sonido. En esto hay gracia, los aviones lucen más enamorados, juguetones y comprometidos que los dos actores, y el filme se hace llevadero en ese exceso de salidas desentonadas.

Sólo recomendable para quienes se hayan sentido encantados con “Ninotchka”, “Camarada X” o “Faldas de Acero”.

Título para Latinoamérica: “RIVALES DEL RAYO”
Luis Guillermo Cardona
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22 de Junio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
FRANCES FARMER era una mujer maravillosa. Sabía que, con su extraordinaria belleza, no sólo iluminaba cualquier espacio donde se encontrara sino que podía abrir cualquier puerta que le pareciese de su gusto para alcanzar el éxito. Pero, queriendo ser una mujer integral, ella decidió formarse. Estudió drama en la universidad de Washington y se inscribió en varios concursos literarios. En uno de estos, se participaba con un ensayo donde se demostrara la no existencia de Dios, y ella lo ganó por su fluidez literaria y sus emotivos sentimientos. Era apenas una adolescente y era común que, en los años verdes, muchos renegáramos del temible creador de que nos hablaban en la iglesia. Luego, Frances se ganó un pasaje para viajar a Rusia. Ella quería ir porque anhelaba recorrer el mundo y además tendría ocasión de conocer el suntuoso Teatro de Arte de Moscú. Pero, la gente más obtusa y conservadora de Seattle, asumió todo esto como un horrible ideario y la niña fue motivo de numerosos escándalos al ser tildada, a su regreso, de roja y atea… Por enésima vez, la descompuesta estatua de la libertad tuvo que bajar la cabeza. El homo hipocrytus seguía demostrando que tenía cerebro de chorlito.

Pocos años después, Frances logró su sueño de subir a las tablas, trabajando en obras importantes como “El bosque petrificado” y “El muchacho de oro”, y pronto, Hollywood se deslumbró con su belleza. Obtiene un contrato con la Paramount por un período de siete años, pero de entrada se niega a ser usada como una muñeca, impide que le cambien el nombre, y reclama poder trabajar con otros Estudios cuando lo considere conveniente. Así se pasea por la MGM, la Fox y la RKO, hasta que pronto se harta del mundo frívolo, hipócrita y manipulador que ha venido sufriendo.

El estrés de esta situación la tiene ya imbuída en el alcohol, y las presiones de los medios, sumadas a las de su madre para que jamás deje de ser una estrella -no obstante que ella anhela con ansia una sencilla vida en el campo, rodeada de flores y animales-, la van convirtiendo en un ser hostil contra todo lo que se llame Hollywood, contra la prensa ávida de una nueva víctima, contra las autoridades, los médicos… y contra el mundo entero.

Así, todos, incluidos los que tanto la admiramos y la reclamamos en nuevas películas, vamos convirtiéndonos en aniquiladores de un ser divino que se empeñó, con el mayor derecho, a vivir con un principio: “Hacer lo que tú crees que está bien, significa que se fastidien los demás”. Pero, para poder Ser, hay que seguir adelante… aunque se caiga el mundo entero.

“FRANCES” es un filme bien importante. Fiel reflejo de tan cruel infamia que un día la actriz se preguntaba: “¿Habrá realmente un mañana?”. Jessica Lange, además de tener un notable parecido físico con su personaje, ha hecho su rol con verdadero profesionalismo.

¡Siempre te recordaremos, Frances Farmer!
Luis Guillermo Cardona
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21 de Junio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Una corista ha sido siempre respetable cuando canta óperas o zarzuelas en salas destinadas a conciertos. Pero, cuando se es corista de espectáculos musicales, donde se canta y se baila exhibiendo en coreografías parte de la anatomía, ha sido visto como algo de dudosa moral y lo rechaza de plano aquella gente que se considera de muy buenas costumbres. Las chicas que hacen parte de estos espectáculos, que tanto éxito tienen en EEUU, en Francia y otros países, son repudiadas por muchas personas de la alta sociedad que, indiscriminadamente, las echan a todas en el mismo costal. Pero, como suele suceder, generalizar es no saber ver.

Hay muchos escritores y directores de cine que han tratado a algunas de estas chicas personalmente y, convencidos de la, con frecuencia, inmerecida discriminación que la sociedad ha sostenido con ellas, han hecho numerosas películas donde las reivindican y muestran las apreciables personalidades que pueden encontrarse en algunos casos. Títulos como “La trampa amorosa”, “Las chicas del coro”… o “ARDID FEMENINO”, ven con ojos limpios a estas muchachas y escudriñan (o trazan) historias que las reflejan como verdaderas heroínas o, cuando menos, como chicas dignas de quererlas para siempre.

Francey Brent, también canta y baila en una sala de espectáculos y allí conoce al profesor Peter Morgan Jr., el hijo del rector de una universidad y aspirante a heredero del cargo. El flechazo es instantáneo y, ¡sí señor! al día siguiente ya están casados… olvidándose Peter de que ya estaba comprometido con otra atractiva chica llamada Helen. ¿Cómo volver a casa para contárselo a papá?, ¿Cómo asumirán que un profesor universitario se haya casado con una corista de las que levantan las piernas?, ¿Qué sentirá Helen al saberse traicionada?

George Stevens logra una jocosa comedia con algunos momentos para carcajadas (la pelea entre Francey y Helen, el baile con la suegra…y sobre todo la escena con el camarero del tren). Otros para sentirse tocado por el romanticismo (el primer beso entre Francey y Peter) y en general, un ambiente amable y con contradicciones debidamente resueltas, hacen que pasemos un buen rato al lado de la pícara Ginger Rogers, el enamoradísimo James Stewart, y los simpáticos suegros Charles Coburn y Beulah Bondi. Pero, las mayores palmas se las concedo, en esta ocasión, al veteranísimo Willie Best, por esa estupenda escena donde atiende con rigor a Francey y a su suegra.

Título para Latinoamérica: “QUE NO LO SEPA PAPÁ”
Luis Guillermo Cardona
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17 de Junio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Una pareja perfecta no es aquella que está de acuerdo en todo, y cuando él habla, ella siempre aplaude. Una pareja es perfecta cuando ambos miembros son complementarios y cada uno sirve al otro como punto de apoyo para descubrirse, para crecer y multiplicarse. La pareja perfecta, hace visible tu lado de sombra y te anima a iluminarlo con tácticas de reflejo, de replanteamiento y de alternativa. En tal sentido, Felix y Oscar son la pareja más pareja. El uno con el otro van a conseguir lo que no pudieron al lado de sus esposas porque, de seguro, Francis y Blanche, se limitaron a objetar, a insultar, y a culpar a sus maridos de todas sus desgracias.

Felix y Oscar, sólo necesitan dos semanas para hallar el nuevo sendero que se mantuvo oculto tras muchos años de matrimonio. ¿Cuál es el método? Hélo en esta maravillosa película planteado con lógica, con gracia, con encanto… y con un exquisito humor que te hará soltar unas sonoras carcajadas.

Jack Lemmon y Walter Matthau, dos de lo más perfectos comediantes que haya podido dar el cine hollywoodense, vuelven a reunirse tras su memorable aparición en la película de Billy Wilder “En bandeja de plata”. Y dejan bien en claro que, aquella, no fue una aíslada estrella de inspiración. Aquí vuelven a lo suyo sin actuar, sino siendo el personaje; sin afanes de superarse el uno al otro, y siempre complementándose para lograr lo mejor de cada escena. Si hubiesen sido gays, darían el ejemplo cabal de convivencia homo, pero ellos se enriquecen compartiendo su blanco y su gris, hasta el momento de reencontrarse consigo mismos y estar listos para prodigarse de nuevo, y con otro rostro, en sus particulares familias.

Gene Saks hace pareja, también por segunda vez, con el notable escritor Neil Simon y tras su célebre, “Descalzos por el parque”, logran alcanzar la cima con esta imprescindible obra que ratifica a plenitud que, el humor no está en contra de lo serio, sólo se opone a lo ceremonioso y aburrido. Pues con gracia, hasta las punzadas se sienten como caricias.

Intentos de suicidio, afanes de aventura, sólida amistad entre viejos amigos; aburridas partidas de póker animadas por la adversidad que se anuncia en camino; la grata y divertida presencia de las hermanitas Pichoncitas (Cecily y Gwendolyn Pigeon); y el choque frontal entre los neuróticos y extremos, Felix Ungar y Oscar Madison, que involucra liviandades humanas como el orden obsesivo, el afán controlador, la manía culinaria y otras bagatelas, se conjugan en una comedia digna de ver unas cuantas veces, para alegrar la vida con una buenas risas y para aliviar de pronto el alma conduciendo nuestros actos hacia el punto de equilibrio.

Título para Latinoamérica: “LA PAREJA DISPAREJA”
Luis Guillermo Cardona
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14 de Junio de 2011
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Definitivamente, el cine de William Wyler es un placer que nadie debería perderse. El suyo es Arte con mayúsculas, pues lo que nos brinda –en su gran mayoría- son historias cuidadosamente elegidas, a veces adaptaciones de magníficas novelas y otras escritas por guionistas altamente calificados. Wyler fue un solvente director de actores y supo elegir, con sumo cuidado, a los que se identificaban mejor con cada uno de sus personajes, sin descuidar ni al menos representativo de cada historia. Wyler era exigente, y como solía nadar en la abundancia, podía darse el gusto de rodar cada escena todas las veces que considerase necesario, hasta quedar plenamente satisfecho. No importa si son mudas, en blanco y negro o en technicolor, las películas de William Wyler son sólidas en su esencia interna. Están colmadas de espíritu, de vigor humano, de calidez… y algunas incluso hacen eco de trascendental sabiduría. Algún día conseguirás entenderlo: más importante que el cine de ahora es el cine de siempre, y es más sensato buscar lo depurado que dejarse arrastrar por la moda.

“LA TRAMPA AMOROSA” es en blanco y negro, tiene 46 minutos de cine mudo y 23 de cine sonoro… pero resulta encantadora. Tiene gracia, sentido del humor depurado, da cuenta fiel del mejor carácter femenino, sus intertítulos y diálogos son muy precisos, y se asemeja a la vida con sus afrentas, pero también, como lo hace siempre la vida, poniendo las cosas en su lugar cuando llega el momento justo.

Laura La Plante interpreta con sumo encanto a Evelyn Todd una corista que, en un sólo día, pierde su empleo y es votada del apartamento que habita. Una puerta se abre entonces para resolver el momento, pero las circunstancias la harán víctima de un ser de aquellos que creen que con dinero pueden comprarlo todo. Lo que parece un mal, Evelyn lo asume como escuela… y pronto, lo que ha aprendido de la vida dura, le servirá para resarcirse de la comidilla que busca arruinar su matrimonio.

Además de ser una muy atractiva historia, el director demuestra su enorme visión para contarla. Encuadres precisos, una sobria iluminación, ambientes concordantes con los hechos… y un puñado de buenos actores, solidifican otra película con la que William Wyler ascendía, peldaño a peldaño, hasta convertirse en un maestro del cine.

¿Cuándo llegará el día en que los seres humanos no sean juzgados por el color de su piel, por su apellido, su profesión, su religión o por el dinero que puedan ostentar?, ¿Cuándo entenderemos, por fin, que nada de esto determina el valor real de una persona? La dignidad, el compromiso con la vida, los grandes valores (fe, respeto, espíritu de servicio…), y la ternura que pueden caber en un hombre o una mujer, no dependen ¡para nada! de cosas tan nimias como aquellas.
Luis Guillermo Cardona
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