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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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2074 críticas
10
13 de marzo de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
He aquí una de las más románticas y hermosas películas que se hayan realizado en la historia del cine. Es en blanco y negro, es muda (aunque existe una versión con una parte sonora), está hecha con un reducido presupuesto y con actores que todavía no habían hecho historia… pero, quienes alguna vez se hayan sentido enamorados, podrán experimentar de nuevo esa sensación de magia, fascinación y envolvimiento absoluto en un halo de fantasía, como solíamos sentirnos en aquellos inolvidables momentos.

Paul Fejos (Pál Fejös en Hungría) hace con “SOLEDAD” su primer filme hollywoodense, y da la plena impresión de que siguiera viviendo los mejores instantes de su juventud, porque ha logrado envolver su filme en un manto de amor y de dulzura, que consigue embelesarnos con cada imagen y con cada escena en la que, Mary y Jim, por fin acceden a los maravillosos encantos de la vida.

No entiendo como un filme así puede permanecer casi relegado en el olvido, cuando se trata de una de las historias más bellas y bien contadas que puedan verse alguna vez. El director nos introduce primero en la agobiante rutina que envuelve a los seres comunes y corrientes: madrugar, salir a coger un transporte donde padecerán empujones, estrecheces y tardanzas, y acceder luego a un puesto de trabajo donde el ser se robotiza por completo en un quehacer idéntico cada día, y la fulgurante esencia humana se apaga definitivamente… hasta que por fin suena el timbre de salida.

Los planos se intercalan de manera brillante y con creativas sobreimpresiones, para mostrar la semejante rutina que padecen Jim como operario de una industria y Mary como empleada de una central telefónica. Un par de lugares que no dan respiro y donde el ser humano lentamente se extingue sin más opción que la simple sobrevivencia. Fejos hace un eficiente uso de la elipsis, y cada plano es preciso y significante como radiografía de la gente del común.

Habiendo sido realizada en el mismo año que “Y el mundo marcha” de King Vidor, “SOLEDAD” guarda una curiosa coincidencia con aquella, pues Jim y Mary tienen su gran momento en un parque de diversiones al igual que John y Mary (hasta sus nombres se asemejan), y las dos parejas pasan por atracciones mecánicas que, en un par de acciones, hasta son las mismas. Y para redondear sus semejanzas, ambas son dos obras maestras absolutas que enaltecen al arte cinematográfico y a sus respectivos directores.

Barbara Kent (la adorable y magnífica actriz canadiense que apenas falleciera el 13 de octubre de 2011 ¡a los 103 años!) resulta arrobadora como la joven que siente que, en ese encuentro con Jim, le va la vida. Y Glenn Tryon (futuro guionista, director y productor) es estupendo como el muchacho ilusionado con aquella premonitoria tarjetica que le arrojó la máquina pesadora, en la que reza “Usted está a punto de encontrar lo que su corazón busca”.

Y el final se torna resplandeciente con una magnífica sorpresa. Paul Fejos hace ya parte de mis afectos.
Luis Guillermo Cardona
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8
7 de marzo de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una sombra lenta pero terrible se cierne sobre Alemania. Transcurre el año 1938 y el nazismo ya está en el poder con sus aires de prepotencia y sus locuras de exterminio. Para la gente del pueblo, la vida comunitaria, el trabajo diario para ganar el pan, y la atención esmerada a los miembros de su familia, es todo lo que les interesa. Hablarles de guerra, de lucha contra otras naciones y de ideales nazis, es algo a lo que se someten, por miedo la mayoría y muy pocos por convicción.

En el hogar de Hans Hubermann, el pintor de brocha gorda y acordeonista, y su esposa Rosa, la planchadora, muy pronto van a ser cuatro. Liesel Meminger, una chica de 12 años les será entregada en adopción cuando su madre, al separarse de su padre, cree que no podrá ver por ella, y Max Vandenburg, el hijo de un viejo y gran amigo judío, buscará refugio con ellos cuando siente que peligra su vida. Para los Hubermann, estos dos chicos son un regalo del cielo y Hans está dispuesto a complacer el ímpetu de conocimiento que tiene la chica, y a proteger con su vida al hijo de su leal amigo. Rosa, en cambio, servirá a sus vecinos planchándoles la ropa para conseguir el dinero que les permita la manutención.

Es una relación donde el respeto, la solidaridad, la entrega incondicional y la lealtad, tiene bases muy sólidas, quedando bien en claro que, es esto y no otra cosa, lo que interesa a los Hubermann para hallar la felicidad. Pero ellos, ni nadie, pueden sustraerse al entorno y a la política del Estado… y pronto, los portadores de la svástica comenzarán a traer miedo, inseguridad e inestabilidad a la calle Himmel.

“LA LADRONA DE LIBROS” es un título que alude al alto aprecio que comienza a tener, para Liesel, cada libro que encuentra en su camino, pues quiere engullir, entender y memorizar cada palabra que en ellos encuentra, hasta convertirse pronto en una chica brillante que defiende el arte y la vida por encima de todas las cosas.

La película es curiosamente narrada por La muerte, la cual discurre con ironía a medida que los hechos avanzan y nos va contando cual es y ha sido su papel entre esta loca humanidad que tiene tanto de encanto como de horribles desafueros. La ambientación resulta muy atractiva en esos tonos cálidos y colores intensos, que transmiten la idea de un cuento de hadas. La banda sonora y las viejas canciones que interpreta Hans en su heredado acordeón, aumentan la placidez de los momentos felices… y el filme transcurre en forma muy satisfactoria, mirando con sutileza el discurrir de la historia, y centrada mucho más en los sentimientos que dan a la vida su verdadero significado.

Los personajes han sido puestos en muy buenas manos, con un Geoffrey Rush dando vida a un papá de los que poco abundan, prodigándose sin reparo alguno entre su familia y con sus amigos. Emily Watson jugando a ser dura, pero con un compromiso por los suyos que quizás todos bendigan. Y Sophie Nélisse (la pequeña que debutara en “Profesor Lazhar”), en un rol desbordante de calidez y de entusiasmo por el conocimiento, que ojalá sirva de ejemplo a los tantísimos jóvenes que hoy ven la vida como si, en ella, todo valiera nada.

Esta es la suerte de filme que debería verse en las escuelas que hoy padecemos.
Luis Guillermo Cardona
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8
4 de marzo de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que necesita una mujer debe decidirlo ella y solamente ella. Nadie más. Puede haber quien la aconseje, quien le haga proposiciones de diferente índole, pero será ella, y solo ella, quien debe tomar la decisión última porque, sencillamente, es su propia vida la que está en juego. El carácter de una mujer –como el de un hombre- se demuestra precisamente en esa capacidad de autodeterminarse, de responder por su propia vida y no permitir que nadie tome por ella las decisiones más relevantes de su existencia.

Beverly, la hasta ahora hogareña esposa del Dr. Gerald Boyer, es una mujer de ese talante. Se queja con razón de que su vida social es bastante escasa… y apoyada ahora en los propios escritos de su esposo que abogan por la independencia femenina (pero sin incluir a su esposa), Beverly aprovecha el interés que ha demostrado en ella el señor Fraleigh, un anciano empresario que anda muy interesado en una buena campaña publicitaria para su jabón Happy.

¿Quién tiene el mando?, ¿Quién decide los cambios que pueden hacerse en casa?, ¿Quién aporta más dinero?… Temas como estos, comenzarán a debatirse y a poner en jaque una relación donde la esposa cree plenamente en el derecho de la mujer a realizarse más allá de las cuatro paredes de su hogar, siendo el marido de aquellos que, mucho tilín tilín pero pocos los helados.

El director canadiense, Norman Jewison, tiene aquí su primer éxito cinematográfico partiendo de una estupenda historia de Carl Reiner y Larry Gelbart, con la que logra una divertida e ingeniosa comedia, en la que no hay personaje de segunda ni (casi ninguna) escena desperdiciada. Desde esa soterrada y punzante crítica a la eterna pobreza televisiva, hasta ese alegato contra la sumisión al hogar por parte de la mujer (tan solo malogrado por ese final donde de seguro hubo intervención de los impotables conservadores de ciertas juntas), “SU PEQUEÑA AVENTURA” (¡Vaya un título en español!) asegura unas buenas carcajadas y está colmada de deliciosas sutilezas que, para quien no se despiste, resultarán reveladoras.

El reparto es de oro: Doris Day (quien se quedó con un rol destinado a la inefable Judy Holliday) demuestra que podía como ella hacer muy digno su papel. James Garner es estupendo como el ginecólogo que teme verse “destronado”. Edward Andrews resulta hilarante como el “madurito” empresario que, tras muchos años de lucha, por fin está a punto de ser padre. La legendaria Zasu Pitts es estupenda como la empleada Olivia… y hasta Kym Karath, la niñita precoz que luego se inmortalizaría en “Sonrisas y Lágrimas”, resulta aquí de una picardía inolvidable. Tuvo que haberse atravesado después algún in$eguro maridito castraideales, para que esta chica no hubiese trascendido con semejante brillo. ¡Ah! ¿Y adivinen dónde aparece Carl Reiner, quien tiene unos cameos la mar de interesantes?

En fin, lo cierto es que, Norman Jewison, se ha consolidado aquí como un eficaz realizador de comedias.

Título para Latinoamérica: “LA SAL DE LA VIDA”
Luis Guillermo Cardona
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7
17 de febrero de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Cuántos hombres han adquirido su poder y su riqueza a costa de arrebatarles sus pertenencias a los demás, dejando en la ruina a familias enteras, asesinando a seres inocentes… y mintiendo aquí y allá constantemente, para poder justificar lo que ahora tienen! ¿Serán acaso ahora más felices? ¿Será que consiguen tener un sueño tranquilo sin pesadillas que atormenten día a día su conciencia? ¿O tendrán que tomar cada tres horas algún tranquilizante y dormir con una radio o un televisor encendidos donde haya voces, para poder espantar los fantasmas que les acechan las 24 horas?

No resulta fácil odiar a esta clase de hombres, ni desearles más castigo del que ellos mismos se labran, a menos que se haya sido una víctima directa de sus improcedentes acciones. A la luz de la holística, los hombres así carecieron de afecto y de un ejemplo digno cuando eran chicos, y muy probablemente, fueron subestimados y maltratados física y psicológicamente por sus progenitores o por las personas que les tuvieron a cargo. Y esto, en vez de aprenderlo y rechazarlo, lo repiten torpemente con sus hijos, y así, de generación en de-generación, se va gestando una casta de verdugos que sembrarán dolor y despojos cada medio siglo.

Joe Sutton es de esta calaña. A punto de que el Estado norteamericano comience a hacer registro de las tierras que les fueron dadas a los colonos que se asentaron en ellas, él quiere asegurarse de que 50 millas de un magnífico valle, le pertenezcan a él solito… y está dispuesto a sacar a quien sea y matar a quien se le atraviese, con tal de salirse con la suya. Ese es su delirio de grandeza.

Pero llega el día en que su hijo Jack y sus pistoleros a sueldo, cometen el error de matar a un colono, dejando vivo a su hermano… porque va a ser Trace Jordan (Tab Hunter) -un joven sin más méritos que su ímpetu de venganza, su invencible perseverancia y su agudeza de ingenio-, aliado con la valiente María Cristina (Natalie Wood), una joven mestiza (madre mexicana y padre yanqui) que también vio morir a su padre a manos de los Sutton, quienes paradójicamente van a poner a peligrar su sueño.

“COLINAS ARDIENTES” es la adaptación cinematográfica (por Irving Wallace) de una de las muchas novelas que escribiera Louis L’Amour (seudónimo de Louis Dearborn LaMoore, 1908-1988), uno de los más exitosos autores western que hayan dado los EEUU de Norteamérica (a 2010, se dice que ha vendido 320 millones de copias de sus obras). A L’Amour también le conocemos por “Hondo”, “Shalako”, “Catlow” y otras tantas historias llevadas ya al cine.

Fue, Stuart Heisler, el encargado de realizar este western ideológicamente correcto, donde las cosas y los personajes lucen bien puestos en su justo lugar; donde no hay héroes inmaculados ni todopoderosos; tampoco indios malísimos, ni pistoleros de los que nunca fallan, sino que veremos a un puñado de seres comunes que, con empeño, pretenden que la justicia llegue por fin a donde hace rato no llega.

El filme consigue atraparte porque es fácil identificarse con sus protagonistas; podemos entender su miedo y su arrojo, porque los vemos muy cercanos a lo que nosotros mismos somos; y algunos, sobre todo los latinoamericanos, podemos sentir que lo que allí sucede, no está muy lejos de cosas que ¡más de un siglo después!, siguen ocurriendo a diario en algunos de nuestros países.

¡Cuando será por fin que, el hombre entienda, que la lucha no es contra los demás sino contra si mismo!

Título para Latinoamérica: “COLINAS DE FUEGO”
Luis Guillermo Cardona
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7
8 de febrero de 2014
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Si ser un buen soldado es No ser capaz de pensar por uno mismo y decir lo que uno piensa, ser aguantador, ciego e insensible a un deber más alto, pueden quedarse con mi uniforme y con lo que él representa. Si tratar de hacer algo por tu país procurando que se corrija una injusticia es ser un mal soldado, entonces me alegro de ser un mal soldado. Más allá de la justicia ciega, pesa la fe de un hombre y su conocimiento de lo que es correcto. Si ser un buen soldado es someterse silenciosamente, pasivamente ante la injusticia… ¡estoy contento de ser un mal soldado!”

Inmortal discurso que, salido de la boca de ex-general William Mitchell, tiene un valor enorme en tanto que hace claridad sobre el deber ser de cualquier soldado del mundo, porque en cualquier caso, el deber sagrado de Todo hombre es servir a la Verdad y a la justicia, y esto está por encima de la patria y de las instituciones de cualquier índole.

Ya con esto queda más que validada esta controvertida película del director Otto Preminger, en la que se exalta la labor de William Lendrum Mitchell (1879-1936) un piloto de la aviación estadounidense que había nacido en Niza, Francia, y que, durante la Primera Guerra Mundial, se convertiría en el máximo comandante de la Fuerza Aérea norteamericana.

Billy Mitchell era un hombre fuerte e inconforme, que se dolía del escaso respaldo que tenía la aviación dentro del Ministerio de defensa y entre los altos mandos militares que, en su contra, abogaban por estrechar más y más este presupuesto. Así, sus hombres volaban a riesgo de sus vidas pues los aviones contaban con muy bajo mantenimiento, y el Estado daba cuenta de una muy pobre visión de futuro, mientras que él vivía tan aventajado, que ya calculaba las altísimas velocidades que un día alcanzarían los aviones y hasta fue capaz de pronosticar el ataque aéreo del que, un día, sería víctima Pearl Harbor.

Cuando en 1925, uno de sus aviones se pierde en una tormenta causando la muerte a tres de sus hombres, Billy Mitchell la emprende contra el Ministerio de defensa y hace pública una declaración que, bien sabe, lo pondría ante un consejo de guerra. Lo que sucedió entonces haría historia… y Billy Mitchell quedaría como valiosísimo ejemplo de la suerte de hombre que eligió la verdad y la justicia contra cualquier tipo de consecuencias. No por nada, en 1948 y de manera póstuma, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos le daría una condecoración especial por sus valiosos servicios.

“EL PROCESO DE BILLY MITCHELL”, la película que sobre este famoso caso realizara Otto Preminger, sufriría algunos reveses. Primero, sus guionistas Michael Wilson, Dalton Trumbo y Ben Hetch, no pudieron aparecer en los títulos de crédito porque habían sido ya puestos en la lista negra durante la oprobiosa Caza de brujas, y entonces, los autores de la historia, Milton Sperling y Emmet Lavery, figuraron como tales. Después, el filme fue prohibido en varios países (España y Argentina entre ellos), y como ñapa, no faltaron los “críticos de cine” que la acusaran de atacar la honorabilidad castrense.

Sin embargo, es indudable que faltó más fuerza en la ejecución de este proceso y que, al contrario de lo que se dijo, se actuó de manera muy laxa con las fuerzas militares. Pero, en cualquier caso, “EL PROCESO DE BILLY MITCHELL” es una película necesaria porque sienta un magnífico precedente.

Titulo para Latinoamérica: “CONSEJO DE GUERRA”
Luis Guillermo Cardona
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