Somnoliento por costumbre y siempre a la expectativa por revisar propuestas diferentes, da uno con el mando del televisor y a buscar se ha dicho; escasamente en televisión abierta pasada la mitad de la década de 90's uno podía encontrar esa originalidad de la que por lo regular carece la televisión, por lo menos a la mexicana refiero. Y no es para menos, con una empresa como monopolio, pues existía esa imposición de los formatos estándar (moralistas, repetidos, irrisorios, etc.) con los que acostumbraron a la audiencia por décadas. No obstante la competencia llegaba con el mismo formato, pero con más audacia, con algunas producciones realizadas aquí mismo y otras importadas de Sudamérica, cargadas con mucho erotismo e intriga –fundamentada–, en la que se veían de alguna forma culebrones dando mordidas (por lo menos en el argumento) a su competencia y al mismo televidente.
Aquí la cenicienta es arquitecto y es sometida a apuestas bastante bajas, donde el mundo rosa se tiñe negro con la aparición de dos personalidades que la apuestan, ambas en relación directa con la labor de ella y de su madre; pero el asunto toma revuelo al tratarse de una pareja de primos que juegan a ser amantes, se burlan abiertamente de todos los que conforman su entorno y le dan rienda suelta a los placeres, a las apuestas y por supuesto a la defensa de lo suyo.
El melodrama se salía en todo aspecto del ridículo cuento de príncipes, y adentrarnos al a la trama con un título nada convencional; una historia que centraba al incesto y la disfuncionalidad familiar como parte integral de la historia y de la psicología de algunos personajes; una protagonista que desata la furia de una tercera, no será el punto central; antagonistas muy fieras en el terreno de lo sexual, mordiéndose hasta entre ellas mismas; pugnas por un predio entre sus habitantes y una constructora que planea la construcción de un centro comercial (aunque he de admitir que indudablemente remite a La estrategia del Caracol, también de origen colombiano y filmada con algunos años de anticipación); y sobre todo que se complementaba con la música hecha para las escenas así como la incidental.
El resultado es una prueba de que este formato puede ofrecer mucho más, siempre y cuando se estructuren con mucha coherencia, no pesen más de lo debido los intereses económicos y guardar fidelidad a la propuesta original. Tengo entendido fue un boom para la audiencia colombiana, fue positivo para la productora e incluso en la proyección internacional de varias personalidades colombianas.
Aunque es un trabajo que decae en muchos momentos por lo repetitivo del asunto, consideraría que es de lo más notable que se ha importado de Colombia en muchos años y que aún de transcurridos se contemple para un remake mexicano; la televisora de Azcarraga continúa con lo que le funciona –los cuentos rosas– y lo que se le pudo considerar su competencia brilla por su ausencia.
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spoiler:
Lo siento, se puede sucumbir ante cosas que uno no piensa se puede ver expuesto.
Me he quedado como la vieja Rosa… esperando a que me contaran algo más que una descripción detallada de dos habitantes de un edificio, con un padecimiento cada vez más frecuente: soledad. El argumento con un trabajo minucioso podría ser más que el resultado a cuadro, pero se queda enfrascado en contemplación fría, impregnado de apatía, sin alma, sin clímax que despabile al espectador y diga esta película la recomiendo, la vuelvo a ver, la compro.
Sí, es un joven y una vieja, vecinos en un edificio que lo único que les toca compartir de primera instancia es el ascensor, pero que las circunstancias les orillarán a conocerse en un plano de compañeros de piso. Rosa es una mujer fría, de carencias afectivas inminentes, conformista de la situación, apática, amante de los melodramas y celosa de su intimidad. Él también es introspectivo, tímido, callado, incapaz de zafarse del lazo familiar, limitado en espacio, libertades y gustos, llevado al limite por su condición económica a pagar estancia de una manera muy particular.
Si a estos dos personajes les inyectamos intensidad, un cambio inesperado en actitudes, la intervención de terceros en sus vidas, no cabe duda que el director le hubiera impreso interés. De intimista y costumbrista podría tener absolutamente todo, a mi simplemente me queda a deber un detonante que nos dirija hacia hechos que salten del simple calificativo anecdótico.
Dentro de la misma historia se aborda la soledad, en efecto, un mucho de lo que es la adaptación a lugares y personas, y por ahí algo que denota el rechazo a los viejos, por qué son intolerantes, y como los círculos sociales se pueden ir cerrando, por diferentes razones.
Cine del llamado contemplativo y sin mucho que exponer. Yo soy el joven frente a la pantalla que pide más, que no puede dormir sin algo que ver, o bien me quedo como la vieja Rosa… hablar de lo que el filme no logró.
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spoiler:
La discusión de ambos es una escena corta, bien realizada y de lo más rescatable, que revela intolerancia oculta.
Domingo 22 de febrero, 2:20 pm. Cinemex Tenayuca. Después de filmar la caotica trilogía de infractores juveniles, Marisa Sistach retorna con esta noble comedia sobre las mujeres y los constantes cambios físicos que sufren en determinadas etapas de la vida, enfocandose de lleno en los senos y la discreta trascendencia concedida en especial por la sociedad de aquellos años. Este nuevo proyecto de la pareja Sistach – Buil funciona en pro de campañas contra el cáncer mamario, que hoy en día representa una de las enfermedades con alto índice de mortalidad en México, debido a la negativa de pruebas para la detección temprana de este padecimiento.
“El brassiere de Emma” es una película entretenida y cumple con la misión informativa antes mencionada, pero desde otro punto de vista el guión es pobre y sin mucha complicación, la estructura narrativa por momentos puede volverse monotona; el género de comedia se desarrolla poco y se ve ensombrecido por el drama vivido por la protagonista madura; el colorido exagerado en escenografía y caracterización podría ser más apropiado para el teatro, en el cine producen incredulidad.
No cabe duda que la comedia es un género díficil de realizar por la subjetividad, a mi me pareció insuficiente, pero tampoco estoy de acuerdo en la basada en palabrerías y chistes soézes. Hay que ser muy hábil para el humor con inteligencia. La pareja Sistach – Buil le ha faltado dotar de más frescura su propuesta; a varios años y fuera de la comicidad, su mayor película: Perfume de Violetas.
El brassiere de Emma es una película de los años 60 color rosa.
Lo mejor:
El empalme de imágenes reales de Marilyn Monroe al filme.
Las escenas en exteriores con autos de aquella época.
Lo peor:
La escena del mambo desangelado, ni al caso haberla hecho.
Seguimos con el mismo reparto de las tres películas anteriores, con excepción de Víctor Hugo Martin, Silvia Carusillo, Marco Treviño y Luisa Pardo a cuadro, para protagonistas hay más talento mexicano.
10 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Ni joya, ni única, ni grandiosa, ni nada. Tuve la desfortuna de perder mi tiempo con está guerra de sexos ochentera hace algún tiempo; realmente patética, no sé por que tanta alharaca a algo tan indiferente, en la cual se debate, no se actúa; diálogos extensos y aburridos. ¡Con que poca agua nos ahogamos!
10 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Definitivamente el cine es subjetivo, pero estos calificativos se encuentran fuera de lugar; la película no es excelente, pero si es un acercamiento a la experiencia de encontrarse cerca del terror y tan lejos de la paz. Como comentan el tema principal es el Vudú y sus alcances aun si la víctima es escéptica; buscas explicaciones lógicas, te hace dudar, te pone la piel china y lo mejor es que realmente le crees al negro antagonista que práctica el vudú.
Me impresionó mucho. No recomendable para escépticos.