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7
4 de febrero de 2007
4 de febrero de 2007
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estupenda muestra de cine negro patrio.
Reune todos los deliciosos tópicos del género de manera acertada; boxeadores, policías corruptos, perderdores, amores imposibles y redención. La gente habla mucho, llora y muere, como hacemos todos. Como debe ser. Algún diálogo falla pero los actores los escupen con tanta convicción que no me importó. De ritmo ágil y de cierto tono comercial muy bien llevado, con el suficiente desgarro para empañar los cristales. La dirige un tan Dorronsoro, otro debutante, y es que parece que en España algo está bullendo, esperemos que sea así. El chaval protagonista no lo hace nada mal, y las escenas de cuadrilátero poseen un realismo que para sí quisieran Balboa y sus compinches. Pero la gloria se la llevan Lluís Homar y especiálmente José Coronado, uno de los mejores actores que tenemos en este país y que aquí vuelve a dar sobrada muestra de ello. Las escenas que comparten echan chispas.
De esta película dijeron algo en los Goya?
Qué más da.
De lo mejorcito salido del país de la pandereta en los últimos años junto a la espléndida La Noche De Los Girasoles
Reune todos los deliciosos tópicos del género de manera acertada; boxeadores, policías corruptos, perderdores, amores imposibles y redención. La gente habla mucho, llora y muere, como hacemos todos. Como debe ser. Algún diálogo falla pero los actores los escupen con tanta convicción que no me importó. De ritmo ágil y de cierto tono comercial muy bien llevado, con el suficiente desgarro para empañar los cristales. La dirige un tan Dorronsoro, otro debutante, y es que parece que en España algo está bullendo, esperemos que sea así. El chaval protagonista no lo hace nada mal, y las escenas de cuadrilátero poseen un realismo que para sí quisieran Balboa y sus compinches. Pero la gloria se la llevan Lluís Homar y especiálmente José Coronado, uno de los mejores actores que tenemos en este país y que aquí vuelve a dar sobrada muestra de ello. Las escenas que comparten echan chispas.
De esta película dijeron algo en los Goya?
Qué más da.
De lo mejorcito salido del país de la pandereta en los últimos años junto a la espléndida La Noche De Los Girasoles
9
13 de abril de 2009
13 de abril de 2009
23 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aleluya.
Vais a tener que perdonarme por tanta mancha blanquecina en la pantalla, pero esta sublime y olvidada joya de los 70 ayer me proporcionó uno de los mayores orgasmos cinematográficos que ha sacudido mi retina en los últimos tiempos. Por lo espléndida y por que, sinceramente, no la vi venir. No supe de ella hasta hace unos meses, cuando la encontré dragando la vida y obra de Cassavetes, e incluso entonces no le hice mucho caso; la conseguí y la arrinconé en un DVD. Y ayer, aprovechando el maravilloso ciclo que le estoy dedicando al maestro, me decidí a verla y el impacto fue mayúsculo.
Elaine May, la sorprendente artífice de esta joya, no sólo la dirige con mucha clase, con un estilo que bebe tanto de Cassavetes, en la manera de drenar las emociones, como del primer Scorsese, si no que escribe su memorable guión, plagado de drama, comedia, diálogos impagables y escenas maravillosas. Y luego están Cassavetes y Peter Falk cuajando dos actuaciones para el recuerdo, con una complicidad atronadora que perfora el celuloide, tejida, cómo no, del material con el que se fabrican los sueños. Obra maestra, pero de las pequeñas, de las especiales, de la raza de títulos como El Espantapájaros, Afterhours o Fat City.
De verdad, arranca la película y, tras quince minutos, presentí que estaba ante algo grande, muy grande. Y cuando tras uno de los finales más abrumadores que recuerdo cayó el telón, la sospecha tornó en absoluta certeza y yo me levanté del sofá y aplaudí, y aplaudí. Y cuando ostensiblemente borracho dejé caer la cabeza sobre la almohada, una parte de mí, no diré cual, seguía aplaudiendo. De hecho, ahora mismo escribo este texto con una mano y con la otra sigo aplaudiendo. Seguramente exagero, claro, pero yo aplaudo.
El caso es que mientras ayer esta película me calzaba un directo con la guardia baja, no paraba de repetirme; "pero hay que ver, hay que ver lo grande que es el cine".
Vais a tener que perdonarme por tanta mancha blanquecina en la pantalla, pero esta sublime y olvidada joya de los 70 ayer me proporcionó uno de los mayores orgasmos cinematográficos que ha sacudido mi retina en los últimos tiempos. Por lo espléndida y por que, sinceramente, no la vi venir. No supe de ella hasta hace unos meses, cuando la encontré dragando la vida y obra de Cassavetes, e incluso entonces no le hice mucho caso; la conseguí y la arrinconé en un DVD. Y ayer, aprovechando el maravilloso ciclo que le estoy dedicando al maestro, me decidí a verla y el impacto fue mayúsculo.
Elaine May, la sorprendente artífice de esta joya, no sólo la dirige con mucha clase, con un estilo que bebe tanto de Cassavetes, en la manera de drenar las emociones, como del primer Scorsese, si no que escribe su memorable guión, plagado de drama, comedia, diálogos impagables y escenas maravillosas. Y luego están Cassavetes y Peter Falk cuajando dos actuaciones para el recuerdo, con una complicidad atronadora que perfora el celuloide, tejida, cómo no, del material con el que se fabrican los sueños. Obra maestra, pero de las pequeñas, de las especiales, de la raza de títulos como El Espantapájaros, Afterhours o Fat City.
De verdad, arranca la película y, tras quince minutos, presentí que estaba ante algo grande, muy grande. Y cuando tras uno de los finales más abrumadores que recuerdo cayó el telón, la sospecha tornó en absoluta certeza y yo me levanté del sofá y aplaudí, y aplaudí. Y cuando ostensiblemente borracho dejé caer la cabeza sobre la almohada, una parte de mí, no diré cual, seguía aplaudiendo. De hecho, ahora mismo escribo este texto con una mano y con la otra sigo aplaudiendo. Seguramente exagero, claro, pero yo aplaudo.
El caso es que mientras ayer esta película me calzaba un directo con la guardia baja, no paraba de repetirme; "pero hay que ver, hay que ver lo grande que es el cine".
8 de marzo de 2008
8 de marzo de 2008
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Qué delicia de película.
La vi hace años en Qué Grande Es El Cine (reverencia) y no lo recordaba. Pero ver a Burt Lancaster en la primera escena y acordarme ha sido todo uno. Pese a todo, no he podido resistirme y la he vuelto a ver. Un guión entrañable, un Burt Lancaster pletórico en un papel muy parecido al de la maravillosa Elmer Gantry pero también muy diferente, y una Katherine Hepburn en un papel que no le va mucho pero que hace suyo con una maestría absoluta. Un Oscar, cuando aún tenían cierto valor, lo atestigua.
Muy entrañable.
La vi hace años en Qué Grande Es El Cine (reverencia) y no lo recordaba. Pero ver a Burt Lancaster en la primera escena y acordarme ha sido todo uno. Pese a todo, no he podido resistirme y la he vuelto a ver. Un guión entrañable, un Burt Lancaster pletórico en un papel muy parecido al de la maravillosa Elmer Gantry pero también muy diferente, y una Katherine Hepburn en un papel que no le va mucho pero que hace suyo con una maestría absoluta. Un Oscar, cuando aún tenían cierto valor, lo atestigua.
Muy entrañable.
14 de mayo de 2009
14 de mayo de 2009
17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vaya, memorable navajazo en las sienes que pasó totalmente inadvertido. De hecho, de no ser por la recomendación de caramuro ni me hubiera enterado de su existencia. Película dura donde las haya, de un realismo espeluznante, agobiante y extrema en grado sumo. Los actores están soberbios, especialmente el tipo que da vida al esquizofrénico, hay que verlo para creerlo. Incomprensible las malas puntuaciones que atesora por esos mundos de dios. Y cuando acaba la función, dedicada, al parecer, a la esposa y al hijo del tipo que la escribe y la dirige, se le ponen los pelos a uno de punta ante la idea de que esté basada en la propia experiencia del tipo. Tremebunda.
3 de octubre de 2008
3 de octubre de 2008
17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Notable western en formato de miniserie, dividido en cuatro capítulos de hora y media cada uno donde el primero y, muy especialmente, el último brillan con luz propia rayando a un gran nivel, teniendo en cuenta el medio. Las miniseries, y las series en general, en los 80 todavía no disponían de los medios y la calidad que alcanzarían posteriormente pero ésta tuvo que sobresalir poderosamente en la época. A pesar de todo la realización no es gran cosa y el tiempo no le ha sentado muy bien. Pero cualquiera que ame el género disfrutara de estas seis horas, aunque los capítulos intermedios sean un poco irregulares. Y aquí tenemos a Tommy Lee Jones, a Diane Lane y a Anjelica Huston entre otros. Y al gran Robert Duvall bordando su papel. Duvall da la impresión de haber nacido para interpretar a vaqueros del salvaje oeste, como demostró en la infravalorada Open range y en esa otra gran miniserie reciente; Broken Trail. Qué estilo tiene este tipo y con qué cantidad de matices engalana al personaje. El es lo mejor de la función junto a un puñado de escenas memorables y un aliento épico y, como no, crepuscular.
Un brindis por Duvall.
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