Es difícil hablar de un clásico cuando ya se ha dicho todo. Hacía un montón de tiempo que no la veía y hasta cuesta ser objetivo con una película en donde casi todas sus escenas son famosas.
Creo que detrás de la "ciencia ficción", género que me encanta, de su estética que aún al día de hoy por lo menos para mí sigue funcionando, de tantas imágenes y de una música envolvente que te quedan grabados para siempre, hay una historia muy bien contada. Hay diálogos simples y memorables, que calan hondo porque tocan el terreno de las grandes preguntas que nos podemos hacer.
Llegamos a "sentir" lo que está ocurriendo, el ambiente pesado y oscuro, lo que pasa por la cabeza del protagonista y también de los replicantes, que prácticamente son humanos. El amor imposible que surge en un entorno así.
Llegamos a comprender esos dos polos, el humano y el de las supuestas máquinas, que demuestran más sentimientos que las personas.
Rutger Hauer se luce, Harrison Ford está delicioso como siempre, y el resto súper-creíbles.
Acabo de ver hace poco "Hombre mirando al sudeste" (Subiela, 1986), y a pesar de las obvias similitudes les digo que "K-Pax" no es comparable. Está claro que partieron de allí, pero han pasado 15 años entre los dos trabajos, y se han esmerado por variar mucho las circunstancias para que no se entre en la forzosa comparación (digamos que fueron inteligentes), llevando la historia por otros cauces. No dudo que recaudaron una millonada más que la película argentina.
Obviamente que si me preguntan, les digo que "Hombre mirando al sudeste" es infinitamente superior la analicen por donde la analicen (guión, actuaciones, creatividad, diálogos, dirección, etc.) y que "K-Pax" es un sub-producto realizado para ganar dinero, entretener y no mucho más. No tiene corazón, ni está a la altura.
La película de Iain Softley no deja de ser un mero pasatiempo con un guión que no está mal, pero plagada de las situaciones archi-conocidas y esperadas en relación al cine americano, que no es santo de mi devoción.
La vida tiene ciertas paradojas, ya que para el mismísimo Eliseo Subiela es el mejor cine del mundo (por lo menos varios de sus directores), incluso habiendo denunciado el plagio en su momento.
Casualmente en estos días estaba leyendo cosas de Borges y Macedonio Fernández. Ellos, al igual que Subiela, creen que somos el sueño de alguien, o peor y más terrible aún, que somos un sueño sin sujeto (el sueño transcurre, pero nadie nos sueña).
"Fingimos creer para no darnos cuenta de que todo es apariencia", pero en realidad todo es una ilusión, incluídos el tiempo y la muerte. El tema es apasionante y en esta película se toca con tacto y elegancia.
Abundan elementos surrealistas que no enumeraré, destacando una vez más en una película de este Director la presencia de Cristo.
Me sorprende hasta el momento la búsqueda inteligente y original de Subiela en todas sus obras. Nos propone cine (que lo hace, y muy bien) pero además le interesa trascender, ir más allá. No conozco a ningún otro Director que haya hecho algo similar en la Argentina.
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spoiler:
En un barrio humilde y gris un hombre que vive con su mujer y su bebé piensa o sueña con algún lugar remoto. En ese lugar distante es él mismo quien llega a un hotel en cuya recepción hay cientos de maletas tiradas, como si otras personas en idéntica situación hubiesen llegado también.
El hombre trata de encontrarle el sentido a ese momento junto a una mujer que conoce allí, y se hace las preguntas de rigor (somos el sueño de alguien?, quién nos sueña?, cómo podemos hacer para despertarlo?, moriremos si despierta?).
"Las aventuras de Dios" es el único libro en el anaquel de un mueble ubicado en la recepción del hotel, es el tema central de la película, y es el libro que el protagonista nunca podrá leer.
Lo bueno de Woody Allen es que nos muestra en forma magistral las relaciones de los personajes, con un nivel de detalle exquisito, al punto tal de que no llegan a importar tanto las actuaciones individuales.
Lo que importa aquí es el resultado final y sobre todo (lo mejor) el camino hasta llegar a él. No podemos dejar de seguir ese camino ni siquiera por un segundo, tan bien está tejida la trama.
Veo esta goleada del Director más que nada en la base de un guión excelente, una cámara perfecta, una ambientación hermosa, un hincapié en la historia y la interacción, y en definitiva un criterio y sentido común envidiables.
Cuando termina el film, además de pensar “qué peliculón!”, no me detengo en Jonathan Rhys Meyers ni en Scarlett Johansson (tan bonitos, la pelicula funciona a pesar de ellos), ni en cualquiera de los secundarios, que a decir verdad me han gustado más, sino más bien en la historia y en Woody Allen, en lo bien que me la ha contado.
Es una película de terror rara, con planteamiento moral, que luego de verla nos deja perturbados. Coloca a los niños en el lugar opuesto al que normalmente ocupan, y trata de justificar sus crímenes con los documentales del comienzo, que son durísimos y reales.
Es como si los niños dijeran "nos tomamos revancha por todos los sufrimientos y horrores que nos han ocasionado los adultos, ahora es nuestro turno".
Lo terrible es que juegan y ríen como niños que son. El Director no ha querido que parezcan monstruos 100% eficaces, sino que también los muestra vulnerables físicamente (esto no cambia), y ese recurso es lo que nos descoloca, independientemente de que jueguen con la vida de los adultos.
Vemos a los niños deambular libremente por el pueblo, entrar y salir de casas y sitios públicos, como si todo fuera un gran recreo en el que ellos se mueven a sus anchas.
Lo mejor: lo dicho, mostrarnos una cara de los niños que nos deja fuera de juego, nos choca y nos devuelve nuestro lado más oscuro. La ambientación en un típico pueblito español.
Lo peor: las reacciones inverosímiles del protagonista. Ante los primeros crímenes no se asombra en absoluto, y ni siquiera piensa en huir del pueblo. Luego, el hombre que encuentran asustado por lo que ocurre se va de la mano de su hija, sabiendo todo el mundo lo que eso significará.
La película tiene alguna deuda con la Semilla del Diablo (Polanski, 1968), entre otras. Prunella Ransome tiene cierto parecido con Mia Farrow, además de que lo que lleva en las entrañas es similar.