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Críticas de: irian hallstatt
irian hallstatt |
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(Málaga, España)
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| 103 | Películas valoradas |
| 103 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
8,5
(ver sus estadísticas)
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Irma Vep (1996)
Olivier Assayas
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Enero de 2008 |
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* Varios son los reclamos que presenta esta película: dirigida por Olivier Assayas, responsable de films siempre interesante; protagonizado por la divina Maggie Cheung, interpretándose a si misma, Jean-Pierre Léaud, que no podía quedar al margen de otra muestra de portentoso cine galo, y una encantadora Nathalie Richard; es cine reflexionando sobre cine; el remake en cuestión es de la serie de 1915 “Les Vampires”, que me dejó un inmejorable sabor de boca (impresionante de verdad).
* Se echa una mirada a todos los pormenores de lo que supongo será el habitual rodaje y realización de una película, desde los detalles más nimios y a veces enojosos, con una naturalidad y sencillez de franqueza absoluta, o al menos es la sensación que me da, pues de la realidad de ese mundo… ni idea. El caso es que la película se detiene tan detallista en todo el diversificado proceso de preparación y gestación de una película, sobre todo en su primera mitad, que llega a tener tintes de documental. No se cae en la cómica caricatura sobre el obrero del cine, ni en la idealización del oficio de artista; es una mirada realista, aséptica y honrada. Pero ni mucho menos se hace pesada por ello, ahí están unos tremendos actores y un diestro Assayas para impedirlo. Esa mirada a los entresijos y al trabajo más básico y enfadoso, imprescindible cuando se quiere hacer cine es interesantísima, y además nos va introduciendo en la órbita privada de los personajes, y en la historia del film en si, pues también la tiene. ¡Quien se plantearía, cuando está ante una enorme pantalla de cine, el trabajo agotador e irritante que conllevó sacar adelante la dichosa película!
* Poco a poco se nos va alejando del aspecto profesional para introducirnos en el personal. Dejamos de lado al tramoyista abandonado a sus labores para entrar de lleno en como viven la experiencia los miembros del equipo, las relaciones entre ellos, la impresión que cada cual tiene sobre el proyecto que se traen entre manos, sus reacciones ante los resultados que se van anticipando, etc.
Dentro de este aspecto personal, no dejaré de distinguir la relación que se establece entre René Vidal (el director, al que da vida Léaud) y Maggie Cheung (la actriz, que se interpreta a si misma, y ya de paso hará de Musidora). Genial de verdad. Un montón de escenas destacables por uno u otro motivo. Gracias, Assayas.
irian hallstatt 
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El flautista de Hamelin (Krysar) (1985)
Jirí Barta
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
1 de Enero de 2008 |
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Europa del Este lleva desde principios del siglo pasado ofreciendo un cine de animación fabuloso, de una exquisitez a veces solo para paladares adultos.
Una animación cuyo detallismo escapará a la mayoría de los pequeños, aunque puedan disfrutar de muchas de estas películas, y que está más orientada a mentes hechas y derechas. Aunque a decir verdad, tocando ya “Krysar”, bien visto, mejor tener cierto resquicio infantil y una mente algo sinuosa, más que hecha y derecha, para dejarse envolver por este tipo de animación.
* “Krysar” es una impresionante y macabra versión de “El Flautista de Hamelin”, retorcida y despiadada.
Una preciosa música, a la vez irreal e inquietante, nos introduce en el mundo de la visión de Barta: una ciudad aislada, cerrada sobre si misma y sobre la crapulencia de sus habitantes. Corrupta a más no poder. Lo más puro y noble de lo que se relaciona con la ciudad es la noche. Una ciudad intrincada y gris. Escenarios que recuerdan el expresionismo de “El Gabinete del Dr. Caligari”. Sus habitantes: toscas figuras en madera, talladas de forma tan grosera que se refuerza su degradación. Viene a resaltar aun mas su vil deshumanización el hecho de que en los diálogos y la comunicación no se use un lenguaje humano, sino gruñidos y graznidos más cercanos a los de animales de granja y fieras salvajes. Los vicios más ruines campan a sus anchas por esta Sodoma que es Hamelin, la cual hiede a “naufragio”.
En 5 minutos se nos pinta el cuadro más desolador y mezquino, de obscenidad y sordidez increíbles, pero pintado con gran gusto.
El humor es tan negro que cuesta esbozar una sonrisa de vez en cuando. Olvídense del afable oscurantismo del combo Selick-Burton… “oscuridad, tan solo, y nada más”, y además, sin alivio ni salida.
Se retuerce la historia para que esta gima más, para hacerla aún más terrible; no solo se evita edulcorarla, sino que se le aporta más horror. También hay algún apunte romántico y bucólico, pero que se diluye en su insignificancia y en la oscuridad de todo el film. Aunque la historia de la candida muchacha encandilada por el flautista nos deja algún pasaje impresionante, como son todas las secuencias desde que se abre “Krysar”: todo impresionante, tanto visual, como discursiva y emocionalmente.
Suelo ser bastante crítico con las producciones norteamericanas dedicadas a destartalar y mofarse del cuento popular, pero no tengo queja alguna sobre la demoledora visión que supone “Krysar”. No tergiversa ni viola la esencia del cuento. Enfoca lo que le conviene, hace su propia lectura, y trabaja sobre ello. Consigue una obra poderosa, que deja un sabor entre amargo y desconcertante por el afán minucioso y artesanal, volcado en una historia devastadora.
irian hallstatt 
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De latir mi corazón se ha parado (2005)
Jacques Audiard
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
13 de Septiembre de 2007 |
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“De Latir, mi Corazón se ha Parado” es un drama crudo, intenso, a ratos bastante sórdido, sobre un joven que, cerca ya de los 30 años, decide replantearse parte de su vida. Tom es un joven que quedó vivamente marcado por la muerte de su madre, a la que parecía fuertemente apegado. Debido a la falta del anclaje emocional e intelectual que suponía su madre, adopta de su padre cierta visión vital, aunque está claro que sus formas de percibir el mundo y percibirse a si mismos son bien distintas. Tom mantiene su carácter y personalidad, pero en un ambiente que lo corrompe.
A través de su padre se adentra en el mundo inmobiliario, de negocios, donde desarrolla el papel más vil: extorsionador; casi empleado de una mafia donde el dinero domina sobre cualquier otra cosa. Y parece dársele bien el asunto, pese a que por mucha triste y mezquina secuencia con la que el film nos introduzca en ese mundo, también nos muestra a una persona no exenta de cualidades morales, si bien estas no estén en su momento cumbre.
Nuestro protagonista atesora ciertos valores y sentimientos que lo hacen no encajar realmente en el mundo en que se mueve, que esa industria en que se halla no le resulte del todo cómoda. Esa propensión emocional y el chispazo necesario comienzan a alejarlo de esa realidad escabrosa. Se reencuentra con una de sus pasiones de juventud: el piano, la música. Es algo que cree dará un nuevo enfoque a su vida; una oportunidad para el verdadero desarrollo personal y restablecer su autoestima; volcarse en algo ajeno al materialismo que desde hace tanto tiempo lo ha tiranizado, y establecer así también un vínculo con su madre, pianista profesional, y de la que heredó el gusto por la música. Ha visto la luz.
La crudeza de lo que vemos no mengua un ápice en todo el metraje. Pero el empeño que pone en algo creativo y anímico suaviza un poco el sucio mundo que recorremos.
Película con mensaje tenuemente consolador, difícil leer entre tanto caos moral y roña humana. Su ritmo avieso y enérgico la hace además entretenida de ver.
irian hallstatt 
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Flash-back (El apartamento) (1997)
Gilles Mimouni
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
1 de Septiembre de 2007 |
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* El aséptico e inocuo mundo burgués que vemos desfilar en las primeras secuencias se evapora pronto, y en pocas escenas nos encontramos inmersos en un mundo tan enrevesado y caótico que llega a ser oscurísimo y casi desvariante. Planteado en principio de forma muy romántica, pero con unos personajes que llevan al extremo su vehemencia, que idealizan de forma gratuita y desesperada, creándose necesidades y primacías déspotas; y continuamente. Sus idealizaciones se volatilizan siempre al primer envite de cualquier impresión mínimamente intensa. Estos personajes se dejan arrastrar por todo, con una inconsciencia obscena que los arranca enérgicamente de cualquier realidad forjada; y nos llevan consigo. Solo hay que ver al personaje de Max (Vincent Cassel): una voz furtiva capturada a través de una pared es suficiente para raptarlo y lanzarlo al caos; hacerle olvidar todo lo que le rodea; disipar su vida, por muy asentada que pudiera parecernos. En tales situaciones uno llega a asumir que no puede fiase ni de si mismo, y es algo demoledor; pero Max no asume nada de nada. Y no solo esto. Ya entrado en faena, incluso reconociendo sus errores empalma uno tras otro, como convencido de que todo lo que ocurre es solo un sueño, algo tan irreal que todo lo negativo que conlleve también lo será; que si nada bueno trae, siempre queda despertarse. Y el final de la película parece corroborar la visión del protagonista, al menos en lo que a él se refiere: en una vertiginosa espiral salva a algunos y machaca a otros, dejando con ello una sensación muy, muy amarga.
Y el personaje de Max no es el más extraviado, los hay que van aún más a la deriva.
Quienes solemos caer en dinámicas similares, y nada tenemos que “envidiar” de la tozudez con que los protagonistas se lanzan al desastre, podemos llegar a comprenderlos, e incluso simpatizar con ellos, identificarnos, pero es tal la exacerbada insensatez y falta de sentido común de Max, Lisa y compañía, que la mayoría de la gente los verán como criaturas fantásticas a fuerza de disfunción y arrobamiento, falta de reflexión e incapacidad de asimilación. Creo que estos personajes caerán mal, pues pueden parecer demasiado exagerados, amén de dispersos, e inspiran una desconfianza totalmente “justificada”, porque tienen la desfachatez de no aceptar la realidad, de no conformarse y amoldarse a los reveses, de no reconocer nada, tarea en la que se afanan la mayoría de los mortales.
irian hallstatt 
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La mujer de al lado (1981)
François Truffaut
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Mayo de 2007 |
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El tiempo lo cura todo. Así al menos quería pensar también Bernard. Pero el tiempo que hurtamos al destino no es nuestro, y no tiene el poder terapéutico de ese otro, el que dice curar.
Bernard no sabía realmente a que tiempo estaba apelando, pero el tiempo que se ocupaba de él no tenía pretensión curativa ninguna; nada de esa intención sanadora que se le suele atribuir. Tiempo cruel, que tras jugar 8 años con el sosiego de una persona decide que se ha cansado, dar la broma por concluida, y el juego por perdido para todo el mundo.
Buena dosis de amor desesperante y desesperado.
Dicen que el enamoramiento es un estado fisiológico que no dura más allá de los 3 años máxime. Para Truffaut dura mínimo 8. Claro que aquí no tenemos el enamoramiento de la parejita que levita, sino una especie de certeza destructora sobre la singularidad de la otra persona, y un deseo irreductible y fatal a participar plenamente de esa singularidad, o al menos, eso se deduce de la forma en que se perciben los protagonistas mutuamente. Para ese plazo de expiración del amor y la atracción se supone que se requiere el contacto continuo. En esta historia no tenemos eso, pero parece que durante todo ese tiempo los protagonistas no han tenido otra cosa en la cabeza que la vecindad de esa persona de su pasado.
A las primeras de cambio la frase “ni contigo ni sin ti” parece rotular a fuego la pasión que nos pintan. Por fortuna no nos encontramos ante un vaivén insulso y sin sentido, o ante un toma y daca al que no tomamos el pulso por la insipidez del retrato. Cuando vislumbramos un poco de la forma de ser de los personajes, y un poco de su pasado, entonces las sacudidas que sufre la relación, y que le otorgan fatídicos tonos, cobra una significación aplastante; sacudidas fruto del enfrentamiento entre la pasión y la particularidad que nos atrae en el otro con la certeza de las nítidas razones que provocaron la separación. Y repito que al menos yo capto la dimensión de esa fatídica relación sin que explícitamente la película me ponga en situación. Así, supongo que habrá que agradecer esto a unos inmensos Gerard Depardieu y Fanny Ardant, dando vida al inestable y exaltado Bernard y a la romántica y misteriosa Mathilde.
El personaje de Madame Odile, magnífico también, es otro ejemplo de que el tiempo solo cura cuando le viene en gana, que a veces nuestros esfuerzos por olvidar son inútiles, y además, suponen una eterna lucha contra nosotros mismos.
La película tiene un tremendo final, que quizá no se vea venir del todo, pero que llega henchido de horrible lucidez.
irian hallstatt 
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