Magnífica es poco para definirla. Actores espléndidos, dirección de calidad, efectos especiales perfectos... Y, sobre todo, un guión maravillosamente enrevesado.
¿Fallos? Pocos o ninguno. Una serie que te atrapa irremisiblemente por la calidad de sus intérpretes y la riqueza de sus personajes: una agente dedicada y decidida, un científico genial y estrafalario, y un verdadero hombre de acción a la vez que inteligentísimo.
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spoiler:
Partimos de una resolución de casos paranormales que nos llevan gradualmente a más y mejor, todo ello interconectado de manera magistral hasta un desenlace apoteósico. Increíble y de gran mérito es la facultad de los escritores para darle la vuelta a la tortilla en cada nueva temporada sin perder la esencia del argumento.
Los casos son muy originales, todos explicados con una sólida base científica, a la par que espeluznantes. Destacar de nuevo cómo los acontecimientos del pasado afectan a los del futuro, cómo los protagonistas van revelando cada vez más su importancia y su implicación en todo lo que va acaeciendo y cómo, en fin, la historia se pliega sobre sí misma admirablemente.
Gore sin igual, que compila todos los ingredientes del género de modo magistral: terror, comedia, efectos especiales asquerosos y surrealismo. Peter Jackson, aún desconocido prácticamente, demuestra bien cómo se realiza una película de horror desternillante, mejor incluso que muchísimas de sus hermanas más serias. Sólo apta para estómagos resistentes, varias de sus escenas son memorables para los amantes de este estilo. La cinta respira tensión a través de sus planos subjetivos y de sus litros y litros de sangre ficticia. Una sorpresa muy agradable, esta vez, la presencia de la actriz española Diana Peñalver.
Fritz Lang nos enseña de nuevo magistralmente el buen uso de la puesta en escena, el encuadre, la perspectiva rompedora, etc. Sin embargo en este caso adolece de un final demasiado explicativo, con un exceso de diálogos que rompen un tanto el ritmo del resto de la cinta.
En cuanto a Peter Lorre, genial, como siempre. Su fisonomía y su buen hacer interpretativo dan perfecta cuenta de la desesperación, la crueldad y la obsesión del personaje protagonista, hasta el punto de llegar a detestarlo o a compadecerte de él según el momento de la película.
Obra maestra sin duda del expresionismo alemán, y una gran lección de cómo realizar un magnífico filme con escasos medios, pero con una enorme historia y unos actores y un director fuera de serie.
Genial, como siempre. Allen escribe una comedia sencillamente perfecta en cuanto a los diálogos de sus personajes. Trata la dicotomía amor-odio desde una perspectiva fantástica. Sus actores, magníficos. Su contribución a la historia del cine, imprescindible.
Obra maestra del maestro de la comedia. Dos actores protagonistas sencillamente geniales. Una nueva crítica social mordaz, que nos hace pensar muy mucho sobre la hipocresía del sistema judicial, del periodismo sensacionalista, de la política..., en fin, de la sociedad en general.
Sólo las personas íntegras se salvan, si bien los demás no les permiten desenvolverse justamente. Con un par de decorados, un desborde de muy buenos actores y unos diálogos geniales (como siempre en Wilder), resulta una película simplemente perfecta. Para Lemmon y Matthau: chapeau.