Interesante documental de un interesante tema que crispa a buena parte de la flora y la fauna de este país, esa vieja y noble piel de toro. Es de justicia que un tema que hace que se levanten 5000 taxistas de mala hostia cada mañana se haya llevado a la gran pantalla (al menos en Cataluña).
En esta relación de fuerzas la mano autora probablemente tire más hacia el lado centrífugo, lo cual no es de extrañar, ya que por mucho que sea un documental, está hecho por personas y las personas solemos tener una opinión sobre las cosas. En cambio no se puede decir que sea arbitrariamente maniqueo, pues se escuchan opiniones de toda índole, lo que sí podemos decir es que se ha centrado más en desmentir ciertos tópicos falsos que pesan sobre las personas que habitan la mencionada Comunidad Autónoma (término que detesto). Y desmentir tópicos falsos es justo. Arroja un poco de luz sobre este eterno conflicto y eso ya es bastante.
15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Se conoce que a quien la escribió le quedaba buen sabor de boca de algún viaje por Europa y aprovechó para ilustrarnos con esta historia de perdedores de clase media/alta. El problema es que yo no he pagado 6 euros para que este tío me cuente su Erasmus, sino para ver una peli. El argumento no tiene ningún interés y no se sabe por donde te va a salir, incluídos varios interminables paseos en BMW sin rumbo ni sentido. Los giros de guión aparecen cuando no les toca y los diálogos son cursis. La puesta en escena no tiene ritmo y es bastante tramposa. Las interpretaciones son flojillas y para colmo acaba de estropearlas un lamentable doblaje en castellano, con juegos de palabras que no saben como traducir y que nos los perdemos por completo (aunque tal vez sea mejor así). Resultado: una ñoñez que intenta imitar a la estupenda "Deliciosa Martha".
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spoiler:
La única cosa buena es que entre la pareja protagonista al final no suceda nada, pues, el happy end acabaría destrozando la película.
15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Sé que me ganaré unos cuantos enemigos pero debo decirlo, como sea: Odio esta película. La odio porque es sumamente pedante y en lo que cuenta y en cómo lo cuenta, en sus pedantes planos zenitales cortados de Jared Leto y Jennifer Connelly, además tiene una musiquilla estridente que te acompaña todo el rato, una fotografía que tira a tonos fríos rosados empalagosos y usa grandes angulares que deforman constantemente los primeros planos para dar una sensación de fealdad a todo. Todo lo que muestra es feo y desagradable, a veces curiosamente feo y épico y nos da a entender algo que no hay por donde coger. De hecho recuerdo a un compañero de residencia universitaria hace años hablándome de la belleza de la escena en que la cámara recorre el brazo del protagonista acompañando la dosis del chute (¿qué puede tener de bello meterse un chute????). Para colmo encuentra refugio a su endeble guión en la exageración y en lo escabroso dejándose de sutilezas. Una película horrible y encima pretenciosa, de lo peor que he visto en mi vida, y lo que más rabia me da es que le guste a todo el mundo, ¿pero todo el mundo se ha vuelto loco o qué?. Menos mal que Aranofsky ha ido mejorando con los años.
Como cinéfilo y adicto terminal al facebook, y tras el éxito del libro, con adaptación de Aaron Sorkin, me lancé a la sala de cine de turno cual trampolinero a su piscina con el objeto de dejarme seducir, como las críticas decían, ante tamaño espectáculo. Cierto es que hago demasiado caso de las críticas. La única cosa negativa era el director, el sobrevalorado videoclipero David Fincher en una suerte de biopic informático. Eso no acababa de convencerme.
La primera mitad de la peli he estado a punto de levantarme e irme a casa y poner TELE 5, pues pretende contar con imágenes el universo semiótico del facebook y, posiblemente el dominio del lenguaje narrativo del que dispone el séptimo arte a este punto no es el suficiente para describir de ese modo los inescrutables senderos del "caralibro", por lo tanto fracasa estrepitosamente en su misión. Por otro lado ayuda a ponerme más de los nervios la obsesión que la sociedad americana tiene con los jóvenes triunfadores, que son guapos, ricos, inteligentes, cultos, viajados e irresistiblemente seductores. Un ejemplo es que a un friki del calibre del protagonista, que además de ser brillante, le vaya bien con las chicas y encima tenga contestaciones ingeniosas con que callar las viperinas lenguas de los más locuaces picapleitos (osea, naufragar en los lugares comunes más repetitivos del cine hollywoodiense). Además, y como pasaba en "Al salir de clase", los personajes tenían un montón de pasta pero no tenían padres. De todo menos gente normal.
Menos mal que en la segunda parte toma partido por el conflicto que surge entre los personajes, apartándose así de la nefasta primera parte en que presenta a los dioses en el Olimpo, para centrarse aquí en las envidias, celos, traiciones y demás comportamientos propios de la condición humana y así salvar los muebles. Eso lo hace francamente bien y acaba humanizando a un Zuckerberg que nos acaba por caer incluso simpático a pesar de intentar pintarlo en un principio como el repelente niño Vicente.
El título inicial con el fondo azul del facebook es cutre y el arranque de la película es de telefilm.
La ví hace menos de una semana por primera vez y he tenido la suerte de disfrutarla en pantalla grande, para más inri en un cine al aire libre, con birra y pitillo en mano. La única película que había visto antes del prestigioso Michael Powell y de su colega húngaro Emerich Pressburger es "El fotógrafo del pánico". Por cierto no sé por qué nunca se habla de Pressburger, lo poco que sabía (y ahora tampoco sé mucho más) de su obra era mera hagiografía de crítico desnortado. Pero salvando defectos puntuales del guión, que le imprimen cierta lentitud y desigual interés según el momento. Lo que no se le puede negar es un dominio de la técnica e iluminación absolutamente magistral. Ciertos primeros planos de Anton Walbrook quedan para la historia, la escena central del ballet es la mejor que he visto en mi vida (cuando el film en rigor no es un musical) y el manejo del suspense a base de plano-detalle es propio del mismísimo Hitchcock; quien, por cierto no haría sus obras maestras (quitando "Encadenados" ) hasta unos años después. No sólo se le adelantó en eso al maestro, pues rodar con tal technicolor la Costa Azul francesa 7 años antes de que Hitch se pasara por allí para hacer "Atrapa a un ladrón" tampoco está mal.
Por otro lado los actores no están mal; a veces tienen un poco cara de palo y un innegable aspecto inglés, lo que a mi me ha recordado a la antes mencionada "El fotógrafo del pánico"; tal vez sea por eso por lo que también me parecen misteriosos los personajes.
En definitiva, me ha parecido una gran película, hecha con genio y mucho cariño; mucho cariño sobre todo por el mundo del ballet, que deslumbra en la belleza y fuerza de las imágenes.
Imprescindible.
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spoiler:
El final y todo esa reflexión sobre el destino y las zapatillas rojas es fantástico, de hecho en un libro llamado "Lo que Sócrates diría a Woody Allen" el autor le dedica un capítulo entero.