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Críticas de: fifole
fifole Madrid - España 
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Ciudad en sombras (1950)
William Dieterle
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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Julio de 2008 |
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Muy interesante película dirigida por William Dieterle, un realizador especializado y (re)conocido por los biopics que dirigió en los años treinta (Pasteur, Zola, Juárez, Dr. Erlich), comunmente encuadrada en el género negro (del que participa en algunos aspectos: garitos, la figura del ex-combatiente, la Policía, los night-clubs, las luces y sombras...), pero que, a mí particularmente, me parece más escorada hacia el cine de suspense, sobre todo, en su segunda mitad.
Y ésa es su característica más relevante, el ser un atípico film negro, cuyo comienzo, curiosamente, parece un antecedente del western de Henry Hathaway El póker de la muerte, a su vez un atípico western con más de cine negro que cine del oeste, y su desarrollo tiene más que ver con el moderno cine de psycho-killers que con la temática noir, y a todo ello puede agregarse un poco de melodrama, con la figura de la redención como telón de fondo en el dibujo del personaje del atormentado ex-combatiente, perfectamente interpretado por un primerizo Charlton Heston.
Todo ello puede ser debido a la personalidad de Dieterle, un poco ajena al cine negro, a pesar de haber dirigido antes (The accused, Soga de arena, Amargo desquite) o después (Un hombre acusa) películas más o menos encuadrables en el género negro (yo pienso que menos, ya que Amargo desquite, por ejemplo, es un melodrama en toda ley, eso sí, con algún elemento del género).
También, creo, influye en ese resultado híbrido, el que la Productora, la Paramount, no se haya especializado en el género negro (a bote pronto recordamos las películas interpretadas por Alan Ladd, pero son más bien productos realizados en honor de la superestrella del estudio en la época, por ejemplo, El cuervo, La llave de cristal, La dalia azul, Fuera de la ley, y en relación con esta última, hay que reconocer que el cine negro de Paramount es el menos difundido, hoy en día, de entre todas las Majors).
En suma esta ciudad oscura es una buena película de suspense, con un buen trabajo de Dieterle, buenos diálogos, unos actores excelentes (empezando, como he dicho, por un sorprendentemente bueno Heston y terminando con un buen plantel de eternos secundarios, eso sí, hagamos salvedad de Lizabeth Scott), una fotografía que juega admirablemente con las luces y sombras, potenciando asímismo ese suspense, convirtiendo cada esquina, cada estancia, e incluso, amplios espacios iluminados en lugares dónde el peligro acecha en cada momento, nadie está seguro.
Asímismo, el suspense viene potenciado por saber quien es el asesino pero no conocer su rostro, un suspense magistralmente desarrollado en la segunda mitad de la película.
No es una película que ha entrado en la mítica, pero es mejor que muchas de ellas.
fifole 
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Interludio de amor (1957)
Douglas Sirk
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| 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
4 de Julio de 2008 |
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Remake de When tomorrow comes (Huracán, 1939), dirigida por John M. Stahl, una más de las revisiones que hizo Douglas Sirk de los melos de Stahl realizados en los años treinta (Imitación de la vida, Sublime obsesión).
Es el patito feo en la filmografía de Sirk, porque perteneciendo al fasto período de la segunda mitad de los cincuenta, nadie le ha prestado la menor atención, y ni siquiera aparece citada en el listado de los films de Stahl revisionados por Sirk, citados de generación en generación (en el caso de Sirk, Obsesión e Imitacion a la vida).
El caso es que haciendo abstracción de la cargante pareja protagonista (los imposibles June Allyson y Rossano Brazzi, que, todo hay que decirlo, en este caso están bien dirigidos), era difícil que Sirk no hiciese un buen trabajo, recordémoslo, realizado en su mejor momento profesional.
La película, argumentalmente, es una acumulación sonrojante de tópicos, léase americanos en Europa, tal como solía acontecer en el cine americano de la época, aderezado con gotitas de gran cultura y paseos por, en este caso Munich, realzados por el technicolor y cinemascope, típica trama de tantas y tantas producciones de los cincuenta, en las que se recurría a la fotogenia lugareña para aprovechar la pantalla ancha y el color, a modo de documento turístico (recordemos con horror, por ejemplo, Creemos en el amor de Jean Negulesco).
Ahora bien, esta es una de esas películas en que la forma, el estilo, de un determinado realizador (y, a su vez, de la Productora Universal), puede imponerse a toda adversidad, lo que da unidad, coherencia, a materiales que en manos de otro director serían catastróficos, y que aquí, incluso en ciertos momentos, se alcanza la emoción, una emoción que no se encuentra en la trama o en los personajes, sino en ese estilo, esa forma de filmar, hoy algo tan olvidado, un estilo que puede resumirse en la forma de componer los encuadres y en la distribución de los actores dentro de aquéllos, en la elección de tal o cual color o en las inserciones musicales en la banda sonora, en la utilización de objetos dentro de esos encuadres, por ejemplo, los famosos espejos sirkianos... lo cual no es muy distinto de lo llevado a cabo por Sirk en sus otros remakes de films de Stahl, más bendecidos por la crítica o mitificados por la cinefilia.
Pequeña muestra del genio de Sirk, pero, como en todas las obras menores de los grandes, gran ejemplo del estilo de un determinado cineasta, más definitorio, en estado más bruto, de las cualidades que hicieron posible una filmografía irrepetible.
fifole 
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Viaje de ida (1932)
Tay Garnett
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| 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
6 de Octubre de 2008 |
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Curiosamente dos de los máximos exponentes del cine romático de los años treinta, este "Viaje de ida" y "Sueño de amor eterno", fueron dirigidas por dos directores considerados artesanos e identificados con el cine de acción más recio, esto es, Tay Garnett y Henry Hathaway. Y no me resisto a emparejar estos dos títulos señeros, que provocaron el delirio de los cinéfilos surrealistas, porque ambos comparten ese sentido del amor fou, que prevalece por encima del tiempo y el espacio, y del que se pueden encontrar ecos en títulos tan alejados en, asímismo, el espacio y el tiempo, como en la película japonesa "La emperatriz Yang-Kwei-Fei" del maestro Mizoguchi.
Ahora bien, una vez dicho ésto, y apreciando el resultado, uno se pregunta qué película tendríamos si, en vez de haberla dirigido Garnett, la hubiera realizado, pongamos por caso, Leo McCarey, especialista del melodrama con barco al fondo.
Lo primero que llama la atención es su parca duración, lo cual no supondría obstáculo alguno en otras ocasiones, pero, en este caso, sí: es una película excesivamente seca y circunspecta, concisa, pero quizás, excesivamente concisa, y uno se pregunta, asimismo, si Garnett tenía conciencia, al rodarla, del maravilloso material que tenía entre manos.
Y digo ésto, porque en esa corta duración, hay muchas escenas con el secundario Frank McHugh, que podrían pertenecer a cualquier otra película rápida de la Warner, y si éso puede no ser algo negativo en una trama densa y prolija, sí lo es en una trama tan, en principio, condensada, y, supuestamente, emotiva, emotividad a la que no se llega más que en momentos muy contados, entre ellos, por supuesto, en el maravilloso final, éste sí, digno de ser incluído en cualquier antología del cine romántico.
Dicho ésto, es una interesante película, que merece la pena ser vista, con una estupenda progresión dramática, y una buena pareja de actores, con mención especial a la encantadora Kay Francis, en el papel de su vida.
fifole 
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La sombra de los acusados (1941)
W.S. van Dyke
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| 2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
30 de Julio de 2008 |
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Cuarta entrega de la serie "el hombre delgado" con base, en su origen, en el relato de Dashiell Hammett, y cuarta película de Van Dyke, de un total de seis (las otras dos serían dirigidas por Richard Thorpe y Edward Buzzell).
Esta entrega, dirija quien dirija, es similar al resto de la serie: una sucesión de escenas de comedia (protagonizadas por la pareja integrada por William Powell y Mirna Loy, dando vida a Nick y Nora, matrimonio Charles, en el que él, detective, y ella, solícita esposa, dedican igual tiempo a las pesquisas detectivescas, como a pequeños enredos de pareja, en las que el alcohol, en forma de martinis, forma parte de sus quehaceres cotidianos) y escenas detectivescas, en las que importa más el quién que el cómo, presentándonos una serie de personajes sospechosos de un crimen, que más bien importa poco, para, al final, reunirlos en una habitación, para que el inteligente detective, identifique al asesino, generalmente, el menos esperado.
Esta estructura limita considerablemente el alcance del film, y ese conglomerado de sospechosos, no hace más que embrollar la trama, y uno termino desentendiéndose del hilo argumental (es una especie de "El sueño eterno", pero sin estilo), así como de la retahíla de personajillos: no nos importa quién lo hizo, porque no entendemos qué es lo que hizo.
Van Dyke sirve el cóctel con su proverbial rapidez, intentando disimular el vacío, pero aun y todo, no evita la sensación de pérdida de tiempo que nos provoca el divertimento. Cine en apariencia clásico, pero que no ha soportado el paso del tiempo. Las gracias del matrimonio Charles no nos producen más que sopor.
fifole 
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