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Críticas de: zoquete
zoquete |
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(Barcelona, España)
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| 434 | Películas valoradas |
| 26 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
7,8
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La parada de los monstruos (1932)
Tod Browning
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| 40 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2005 |
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La película va de un enano que se enamora de la trapecista, guapa ella, ambiciosa ella. Así, la bella planea envenenarlo junto al forzudo, su amante y cómplice.
¿Puede existir gente horrible con nuestros mismos sentimientos, o el infortunio les prepara para soportarse? ¿Cómo se puede sobrevivir sin ser agradable a los demás?
- ¿Me querrías si fuera deforme? - Le pregunté a mi amor una vez.
No me contesta. Pensará en un partido de fútbol, en su absorbente ¿trabajo? o en la estúpida revisión de la moto. Le insisto.
- Claro que sí, cariño – escupe. Suena como cuando le pregunto si quiere más ensalada, si prefiere que me compre la blusa malva o beige. Para mí que jamás se ha imaginado con una mujer horrible, tuerta o algo así... quizás con Maribel Verdú en “La Buena Estrella”, ¡pero es Maribel Verdú!
- ¿Y si tuviera un accidente y me volviera más torpe? - Recuerdo las inquietantes imágenes de atroces seres persiguiendo a la bella trapecista. Cuerpos mutilados andantes, desfigurados sonrientes, entusiasmados fantoches. ¿Qué farsa es ésta? ¿no son conscientes de la repulsión que producen?
- ¿Me querrías entonces, por lo que realmente soy, cielo?
Me suicidaría si yo fuera tan grimosa como la mujer barbuda, o calva, o jorobada. ¿Amor ciego? ¿Quién podría quererme así? ¿Quién puede quererse así? ¿Tendría que conformarme con un hombre elefante de esos? Me odio encontrándome horrible y, desde luego, en ningún momento de mi vida lo he estado tanto como el más agraciado de esos monstruos.
No me extraña que esta asquerosa película fuera censurada en su época, o prohibida totalmente como en Nueva York o en Gran Bretaña. “Su producción ha requerido una mente débil, y su contemplación requiere un estómago fuerte” decía el Atlanta Journal en febrero de 1932.
Salí de la sala mareada y deseando maquillarme. Afortunadamente era en blanco y negro, vieja y algo borrosa. Creo que no hubiera soportado ver en color y con toda nitidez a esas muchachas de diminutas cabezas cónicas y sonrisa perversa, además de esos otros individuos de cuerpos mutilados, sin brazos o piernas... y para dos que son normales, el forzudo y la trapecista, resultan ser los criminales.
Dicen que la película nos despierta sentimientos contradictorios, ¿preferimos identificarnos con bellos míseros, o con engendros honestos? ¿Sentimos más aversión por una joroba o por una villanía? ¡Pensadlo vosotros, pero sin prisas!
...
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¡Con los engendros! ¿Seguro? Hipocritillas... ¡Hasta el propio director se escapaba a vomitar cuando comía junto a los actores, con deformidades reales! A mí, no me liéis, que tengo mis propias dudas por resolver...
- Amor, ¿me quieres por lo que realmente soy?
-¿Por lo que “realmente” eres? ¿Qué es “realmente”? Porque si te vuelves lela, te extirpan las tetas y te fracturan las caderas, ¿cómo te reconocería? ¿por qué te iba a querer? ¿por tu número de DNI?”
“La hermosura ha nacido para triunfar hasta de la estupidez” - Sarmiento
zoquete 
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La pianista (2001)
Michael Haneke
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| 27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2005 |
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Erase una vez una princesita que vivía dulcemente arropada por su reina madre, que no madrastra, y que dedicaba los días a ilustrar al pobre vulgo sobre el elevado arte de la música. La bella joven enseñaba la riqueza de emociones que desprenden todas y cada una de las notas que un piano puede verter, como si de un mágico lenguaje se tratara, reservado exclusivamente a quienes le dedican todo su cuerpo y alma. Al anochecer, la ejemplar joven sentía su soledad como un pesado lastre y, a la espera del príncipe azul que le librara de las cadenas de su clausura, calmaba su ansioso corazón educándose para el amor, observando curiosa la pasión de otros amantes y preparando todo su ser para su querido. Hete aquí que el galante caballero hace su aparición y el esperado fulgor de efusiones une en delicada armonía a la deslumbrante pareja, que se reconocen creados el uno para el otro y el otro para el uno...
- ¡Oiga! ¿Me está tomando el pelo? Permítame corregirle (suerte que estoy yo aquí, amigos, o este payaso les confunde). Esa joven princesita es una seca, hosca y arisca cuarentona que malvive con su madre, con la que no es raro que tenga tensos episodios de violencia verbal e incluso física. Esa profesora de piano recrea sus noches contemplando espectáculos porno, espiando las aventuras sexuales de sorprendidos chavales en cines al aire libre e incluso lastimándose con hojillas de afeitar en busca de no sé qué dolores placenteros. Lo único que no me atrevo a rebatir es su virtuosismo y amor por el piano... Ah, y en cuanto al príncipe azul, no es sino un fogoso atrevido con el que intercambia una malsana y cruel relación sometimiento-dominación. Ahora, siga, por favor.
Michael Haneke, director con cintas como ´Funny Games´ y ´Código desconocido´ en su haber, también fue estudioso de filosofía y psicología, y así lo viene dejando patente en sus trabajos. Con ´La pianista´ parece usarnos como conejillos de indias, como cobayas para tantear nuestras indignadas quejas o enfebrecidos aplausos por un cine provocador y embarazoso. Discúlpenme si he pretendido experimentar yo también con mi opinión.
¿Desean asistir a las enfermizas actitudes de una sombría y confusa solitaria? Más que nunca, sólo apto para cinéfilos recalcitrantes y curiosos con sólido estómago.
Tengan especial cuidado de la bomba de relojería tras estas grises secuencias. Mañana mismo tal vez, o quizás dentro de un mes, pueden despertarse en medio de la noche recordando el sutil tic en el ojo de la protagonista, su cruel agresión a su más voluntariosa alumna o el juego de humillación y orgullo con su alumno. Algo les estremecerá. Ése es el gran logro de Haneke: mostrar un personaje enfermo (o socialmente inaceptado), acompañarlo de uno aparentemente sano y plantear la relación entre ambos y su intercambio de papeles, la transmisión de una transgresión, de un violento grito a medio camino entre la pasión y el soez atropello. Rotas las reglas una vez, ¿pueden volver a imponerse?
zoquete 
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La habitación del hijo (2001)
Nanni Moretti
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| 21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
19 de Julio de 2005 |
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No es ficción. No es crítica. No es parodia. Es, ni más ni menos, un trozo de desgracia que te podría haber pasado a ti, que puede pasar a ti, que probablemente te pase a ti, aunque lleve otro nombre y apellidos, aunque no se trate de tu hijo o hermano, aunque el accidente no lo sea en Ancône, ni siquiera en Italia.
Una familia que se muestra bien avenida, donde el día a día no pesa más que una malentendida broma que se confunde con robo, donde la ocupación del padre como psicoanalista sirve para dibujar los tics más incómodos de la sociedad moderna: suicidas, perfeccionistas, obsesos, maníacos... eso sí, desde la distancia de un diván. Una familia llena de complicidades y sonrisas que incluso por momentos puede llegar a resultar excesivamente unida, casi empalagosa.
Pero tampoco hay demasiado tiempo para indigestarnos. Un accidente y el chico fallece. Dolor. Mazazo. Estupefacción. Lágrimas y una banda sonora que súbitamente calla extendiendo su silencio durante minutos. Más llanto. Y el padre que primero se colapsa, después se culpabiliza, cede al cinismo e incluso descuida a los suyos. Múltiples reacciones diferentes ante una única certeza: el dolor que no descansa, el sufrimiento sin tregua y una sensación de desahucio ante una habitación vacía.
La historia es conducida suavemente, con algunos momentos de crispación, de atormentada tensión, pero en absoluto efectista, con una sutilidad que impactará tanto más a quienes hayan padecido experiencias parecidas.
Película de una estrella para quien busca sangre e hígados, de tres para quien desea tiros y acción, de cinco si tenemos interés en evadirnos, de ocho si tenemos el día para reflexionar. Película de diez estrellas, definitivamente, como terapia para convencernos de que el dolor es implícito a la existencia, que nadie tiene el monopolio del sufrimiento, que no hay antídotos contra la desgracia y, sobretodo, como indica el propio protagonista a sus pacientes, que deberíamos aprender a ´holgazanear´ más, aceptar el inesperado devenir y renunciar al control para cada secuencia de nuestra existencia.
El padre, epicentro y omnipresentes ojos que buscan expresar lo inexpresable, se encuentra interpretado por Nanni Moretti, el también director de la cinta y bastante criticado por su excesivo protagonismo en la cinta. Aún así, el papel de Laura Morante, como madre y esposa, no pasa desapercibido, especialmente desde el momento en que las ojeras hacen su aparición, en el que se hace latente su frialdad con el marido e hija, esa tensión contenida de quien pierde parte de sus entrañas.
No es ficción. No es una película para pasar el rato... no para dejarnos caer por azar.
zoquete 
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Hedwig and the Angry Inch (2001)
John Cameron Mitchell
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| 19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Enero de 2007 |
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Existe un mito bien antiguo que habla de la antigua existencia de seres de cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras. Seres que se mostraban tan completos que acabaron irritando a sus creadores, pues más que poseerlo todo, nada les faltaba. La ira divina se torna masacre y los seres son abiertos en canal, bañados en sangre. Pero la omnipotencia celestial también sabe de compasión, y cada trozo es reparado, cosido y sanado, dando lugar a mujeres y hombres, sin más vestigio que un ombligo en recuerdo de tan siniestro episodio. Pero, ¡ay, pobres criaturas! Su nueva condición despierta la ansiedad, el vacío y el deseo de recuperar su originaria mitad. Es el origen del amor…
Ahora ponedle música, por favor. Estaría bien algo de Lou Red o David Bowie, mejor David, definitivamente Bowie. Así lo querría Hedwig, fallido transexual, fallida estrella de rock, fallida vida amorosa y protagonista de este musical. (“¡Oh, no, un musical!”) Sí, un musical con dibujos animados y la típica provocación drag. (“Puf, esa ya me la sé”) Vale, repito:
* La música excelente, incluso en temas deliberadamente sórdidos, o acompañado de inútiles comparsas que destrozan bellas composiciones. Las letras, o se siguen o se escoge otra película.
* Los dibujos animados en las antípodas de las últimas virguerías: trazos simples, frescos y absolutamente imprescindibles, donde las ensoñaciones místicas de Hedwig mantienen toda fuerza sin perder un ápice de realismo.
* Rostros desconocidos: John Cameron Mitchell se come la cámara, delante y detrás (monopoliza dirección, guión y protagonismo). Stephen Trask representa al líder del grupo de rock, aparentemente ensombrecido por el primero si no fuera porque carga con la música y letras.
* La típica provocación bla bla: ¿insistimos en que hablamos de algo más? Si no te gusta, no vayas pero, con todos los respetos, o te has tragado pobres referentes o ricos prejuicios.
¿Más avales?¿seguiremos hablando de etiquetas hasta el final?
Preferiría volver al mito... Hedwig busca su mitad, se dice -´¿tendrá lo bueno del originario ser o seré yo quien lo posea?´-, se pregunta si será ´él´ o ´ella´, si será su complementario o su igual, si sabrá admitirle o le rechazará.
Al separarse en dos, algunos seres quedaron simétricamente divididos: un par de ojos y brazos con un corazón e hígado. La mayoría, sin embargo, se llevaron algo de la bilis del otro, quizás aire de sus pulmones o, simplemente, parte de sus latidos. Cada día que amanece, con la misma intensidad con que nos preguntamos si realmente hemos encontrado nuestra mitad, intentamos ocultar nuestras diferencias, sellar esas huellas, incluso el ombligo que nos recuerda que sólo somos medio algo, además medio imperfecto. ¿Qué perdimos al ser cercenados por los dioses? Algunos saben reconciliarse con su asimetría, con ese ojo de distinto color, con esa pulgada rabiosa, con esa pulgada dispareja, y sobretodo reformular la pregunta ¿qué le extirpamos a nuestra mitad?
zoquete 
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El método (El Método Gronhölm) (2005)
Marcelo Piñeyro
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| 13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Enero de 2007 |
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En un gran rascacielos en el Paseo de la Castellana de Madrid son convocados siete aspirantes para un proceso de selección de personal para un cargo supuestamente de gran responsabilidad.
Apenas se presenta a los candidatos al puesto, ya se vislumbra esa gran etiqueta en la frente que muestra sus variopintas personalidades: el bravucón, el seductor, el flemático, la suspicaz, el escéptico, el pacato, la conciliadora… también está la cínica, el violento, el triunfador, la imperturbable, el impetuoso, el sereno, el insolente, el… ¿son sólo siete? Oops, perdón, será que las etiquetas no están tan claras.
"El método" se basa en encerrar en una misma sala a profesionales de alto nivel, de aquellos responsables de dirigir grandes departamentos o empresas, con el objetivo "sólo puede quedar uno" que motiva, alimenta y justifica una lucha previsiblemente sin cuartel, aunque sea de cuello blanco.
Resulta cuando menos curioso el gran conjunto de alabanzas que ha recibido esta obra, calificándola de "real como la vida misma".
Todos los personajes se muestran muy convincentes en sus respectivos cometidos, y los actores no son menos. Estamos hablando de una nómina que incluye a Carmelo Gómez, Eduardo Noriega, Eduard Fernández, Natalia Verbeke, Najwa Nimri, Ernesto Alterio, Adriana Ozores y un Pablo Echarri que desconocía, pero que en absoluto desmerece al resto. Ritmo muy bien trabajado, en continuo ascenso hacia un desenlace que imaginamos explosivo. Ambiente opresivo, aséptico, casi dolorosamente frío. Diálogos fantásticos, coreografía grandiosa y no poco meditada alternancia de protagonismo entre los personajes.
Sin embargo, la película no muestra, no desarrolla, no se recrea: concluye. Contrariando a tantos que la definen como película inteligente, me parece antes una obra que, más que ofrecer elementos de reflexión al espectador, nos trae directamente el mensaje masticadito.
Por favor, a quienes vean en la película cierto atisbo del frío capitalismo, que me lo indiquen. Eso sí, antes permitidme invitaros a observar la cola de la carnicería cuando se les ha estropeado el suministrador de números para la tanda; o a disfrutar plácidamente de los risueños rostros de los viajeros del metro en hora punta; o a visitar una guardería, con madres y padres codos en alto para ser los primeros en entrar a por sus hijos; o, digámoslo ya, preguntar a vuestras conocidas por posibles proposiciones sexuales que hayan recibido (sólo supuestas, por favor, y a una amiga de una amiga, que eso sólo pasa en el cine); a vuestros conocidos por comisiones, por costes de "representación"; seguid riéndoos de la frase " los negocios se cierran en los bares y restaurantes"… ¿Nada? ¿de verdad os sigue impresionando "el Metodo"?¿es que de repente han desaparecido todos los clientes, proveedores, jefes de este país?
Las elipsis son un buen recurso, pero si abusamos demasiado de ellas… ¿queda algo más que el decorado?
zoquete 
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