48 de 70 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Siendo objetivos, la brutalidad emocional y la furia contenida del original de Wes Craven (abiertamente basado en "El manantial de la doncella" de Bergman) son sacrificados en esta versión, pero es comprensible suponiendo que el contexto actual es diferente (quizás no tanto en estos tiempos de crisis financiera y agitación política). Una de las claves para no arruinar este proyecto ha sido la elección del griego Dennis Iiliadis como director. Ya demostró estar capacitado para dirigir historias ásperas y tangibles con "Hardcore". Así, Iliadis plantea un discurso donde yuxtapone la oscura naturaleza del ser humano con la ¿justificación? del ojo por ojo. ¿Los espectadores aprueban la sangrienta venganza de los padres? Llegados a este punto el director deja que cada uno lo cuestione haciendo uso de la ética personal.
Su lanzamiento en Hollywood muestra una plasticidad impresionante, es de una fisicidad enfermiza y un realismo atroz en lo tocante a la violencia. Véase sino, la secuencia de la violación en el bosque, absolutamente repulsiva y psicologicamente dañina (tanto o más que las que padecimos en "Deliverance", "Irreversible" o "Dogville"). No es demasiado explícita, pero su manera de presentación en pantalla es demoledora (recordemos "Funny Games", con la violencia irrumpiendo casi con normalidad) y arriesgada dentro de los parámetros del cine actual USA. Provoca un malestar y una impotencia que se prolonga durante el resto del metraje. Aparte de la factura competente y la dirección, el apartado interpretativo es otro de los puntos fuertes; desde Sara Paxton, que está fantástica en un cambio de registro considerable hasta Monica Potter y un plausible Garret Dillahunt (mucho más amenazador y sádico que el David Hess del original). Uno de los remakes supremos junto a "La matanza de Texas", "Las colinas tienen ojos", "Halloween", "Amanecer de los muertos" y "The Ring". De oblidada visión.
35 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hablar sobre la última película de Rob Zombie no es moco de pavo. No gustará a todo el mundo como viene siendo habitual en el género, pero merece la pena escribir una primera impresión. Desmonta (algunos) tópicos, supera las limitaciones propias de un "slasher" y presta atención a sus personajes, destacando dos en particular, ambos muy bien dibujados, Laurie Strode (Scout Taylor-Compton) y la sorpresa de la función, el Sheriff Brackett (óptimo Brad Dourif). El uso del formato en 16mm resulta una decisión acertada, así la película adquiere una factura más austera, apagada y granulada, sacando el máximo partido a ese punto de realidad que Zombie siempre busca en sus películas. Acercarse a los modos de "Los renegados del diablo" parece ser la causa que mueve al director; incluyendo grandes canciones como "Nights in White Satin", los esperados cameos del género (Caroline Williams, Margot Kidder, Howard Hesseman, Duane Withaker) y esa resolución paroxística de antología. Algo más truculenta y menos complaciente que su anterior film, sin coartadas y sin el condicionante de la película de Carpenter. Una vez más sorprende su determinación cuando aborda el género, sin recortes ni fisuras, inabarcable en la belleza casi surreal de sus escenas oníricas, inagotable en su perfección técnica (excelente empleo del stop-motion, el montaje paralelo, el travelling lateral o el flash-back intercalado), desmedido en su lenguaje zafio e increíblemente sórdida y maligna en la representación de sus personajes (véase los cambios de sus principales protagonistas respecto a la primera entrega). De toda la película destaca una escena en particular, donde Laurie tiene un descubrimiento macabro en la casa de los Brackett, ello sumado al clímax final, hacen de Rob Zombie un creador que conoce muy bien su forma de exponer el género y sus limitaciones. Y ahí es donde voy, siendo honestos, todavía tiene problemas para conseguir guiones con una estructura sólida, cierta profundidad en sus personajes (quizás contando con menos actores) y mayor consistencia en la narración. Pero estoy seguro que superará este "handicap" viendo su incipiente talento y su estimable trayectoria hasta la fecha.
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Los que esperen algo semejante a "Martyrs" que se olviden. Me refiero a la violencia gráfica, ya que se podría emparentar con aquella si atendemos a su comentario social. Aquí se subvierte el supuesto elemento sobrenatural a lo Shyamalan para ofrecer una historia más elaborada dramáticamente. Si prestamos atención de sus primeros minutos recordaremos films como "Señales" o "El bosque", pero en su segunda mitad Laugier lleva el material por otros derroteros, con un trasfondo que fácilmente recuerda a "Martyrs". Una vez más tratan de vender un film de terror, que en realidad no lo es, al menos en el sentido estricto del término. No es el producto convencional que todos esperan y eso le hace ganar enteros (yo la calificaría como un thriller psicológico). La dirección del director francés es fluida y elaborada (con un plano-secuencia ejemplar en la escena del hospital abandonado), y lejos de la estética telefilme que muchos han señalado (su manera de planificar no es precisamente obra de un aprendiz). Una dirección sobria no es sinónimo de televisiva y plana. Jessica Biel está muy creíble, te olvidas de su cara bonita y es capaz de llevar todo el peso del relato. Realmente consigue estar a la altura. Los secundarios también hacen un trabajo estimable, entre ellos Stephen McHattie (divertidísimo en la inédita "Pontypool"), William B. Davies (un actor mítico para los fans del fantástico) y Jodelle Ferland (vista en un buen número de films de género entre ellas el sleeper "The Cabin in the Woods").
Se verá en el festival de Sitges y después en el cine a partir de diciembre. No espereis un film de terror con giro sobrenatural, sino algo más realista, dramático y reflexivo. Avisados estais.
Inmaculada obra fílmica de Ken Russell, un director que, desgraciadamente, sería víctima de sus excesos a lo largo de su prolífica carrera. Pero aquí, adaptando a D.H. Lawrence (no sería la última vez) logró una impresionante reflexión sobre el amor, la filosofía de vida y la condición humana, con impagables monólogos y unas formas revolucionarias para su tiempo. Imborrable la lucha cuerpo a cuerpo de Alan Bates y Oliver Reed, totalmente desnudos (de piel y alma) bajo a luz del fuego. Una escena ciertamente controvertida por su homoerotismo, como lo fue la película en general por su ambigüedad y fatalidad. Los actores están soberbios, y desprenden un magnetismo impactante (Glenda Jackson ganó el Oscar). Cuestiona tantas cosas y llega tan lejos, que resulta inabarcable en su profundidad (atentos a la escena del espejo que visualiza el desdoblamiento emocional de los personajes masculinos). Afortunadamente, hoy sigue siendo igual de cautivadora y provocativa.
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Vibrante acercamiento a la puritana América de los años 50 de la mano de Joshua Logan, un director que se prodigó poco en el cine pero que firmó películas rescatables como "Camelot" o "La leyenda de la ciudad sin nombre". Con un irresistible William Holden, de playboy perdedor y descamisado, que tiene a todas la mujeres del entorno al borde del éxtasis sexual (y también a algún caballero como Cliff Robertson). La película, pícara y efervescente, supo colar mensajes entre líneas para lidiar con la censura y por eso se mantiene tan sugerente. Antológica la escena en la que Rosalind Russell, despechada y reprimida, desgarra la camisa del (anti)héroe. Guapo él, y guapa ella, Kim Novak, aquí menos magnética que en "Vértigo" pero más cándida.