Otra meritoria película de Campanella apoyada en las buenas interpretaciones de Darín y Villamil, un guión bien hilvanado casi siempre y unos diálogos que en ocasiones resplandecen. Su gran hallazgo es que consigue mezclar de manera acertada la historia de amor, el caso detectivesco y sus connotaciones políticas sin grandes desequilibrios.
No obstante fallan demasiadas cosas para merecer la calificación de obra notable. Su ritmo irregular y en general lento, su falta de credibilidad en algunas premisas y desarrollos. Y lo peor de todo, la película en vez de ganar en intensidad tras pasar su ecuador, va cayendo en el sentimentalismo y la previsibilidad, y el final se alarga y se alarga hasta que el espectador algo crítico se siente manejado y manipulado para ver las cosas como normalmente no las aceptaría.
spoiler:
La escena en que Darín y Villamil hacen confesar al asesino es tan mala como para ser absolutamente increíble. Le recomiendo a Campanella cualquier interrogatorio de Brenda Johnson (Kyra Sedgwick) en la serie "The Closer" sobre como hacer estas escenas.
El final es tan confuso que hay mucha gente por los foros que duda si fue el marido el que mató a su mujer por serle infiel con el otro y por eso le tiene encerrado, o lo contrario. La escena de la estantería con los libros de medicina no la capta casi nadie en su momento y es la clave de por qué él vuelve por la noche.
Dos historias de amor eterno, en suspenso durante más de 25 años, en una misma película es más de lo que cualquier persona realista puede aceptar.