73 de 109 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Stanley toma un cuchillo y ,con una sensibilidad particular, pela paso a paso una naranja amarga, nihilista, incomible, a pesar de la afición que muchos sentimos por esa fruta deliciosa.
Stanley se arma de paciencia y, cual cirujano con bisturí, extrae los órganos podridos de un sistema perverso. Luego mezcla esos órganos y, con ayuda de un alquimista, los transforma en una naranja que se ofrece en una bandeja de metal, bien moderna.
¡ojo! La naranja no es gratis, te obliga a pensar que digeris a diario comidas mucho peores, como en los fast food, capitalismo mecánico que no te deja pensar.
No te ofrece una naranja, quiere que te des cuenta que vos sos el ofrecido, que la naranja mecánica te va a pelar la conciencia, la libertad de elección. Esa naranja te va a sacar hasta la ultima gota de jugo que podías ofrecer como individuo singular.
El libro lo inventó, ahora Stanley mejora con imágenes ese nuevo lenguaje callejero que intenta explicar lo inexplicable de estos tiempos que corren: lenguaje de la locura, locura como producto de la aberración que vemos a diario, aberración que se torna insoportable para los sentidos, es alienante pensar que la alienación ya te ha alienado, que no hablás por vos sino por alguien que te dicta un modo de ser caduco, y vos te comes esa naranja...
Me dijeron que me trajo la cigueña, me dijeron que salí de un repollo. Luego comprendí que vengo de las entrañas de un ser humano que quiso verme brillar en todo mi potencial. Hice todo lo posible; hacemos, usted también lector, todo lo posible para convertirnos en individuos que razonan lo mejor para sí mismos, que eligen lo mejor para sí mismos.
El problema es que la naranja mecánica te pela, te pela y a vos te duele. Sufrís en silencio, puesto que está prohibido gritar en un mundo de gente cuerda que quiere vivir en paz y armonía.
Stanley Kubrick supo ver esto y con paciencia, te lo transmite. Pelá la naranja...vas a ver que, en el fondo, funciona como un reloj sádico: así de perversa es, así de mecánica.
42 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cadena...o Sueños de libertad es una de esas películas que uno disfruta viéndolas. No se trata de esas grandes obras que podemos saberlas grandes, sino que las SENTIMOS grandes. Quizás por su temática universal, quizás por la labor magnífica de Darabont, quizás por ambas cosas Sueños de libertad se ganó un puesto en mi memoria intelectual y emotiva.
Dos pilares básicos acompañan esta historia: la libertad como concepto que excede al hombre y sus leyes terrenales y, acoplado a ello, la injusticia que puede exacerbar esa sensación de haber perdido algo que nos pertenecía por derecho propio. El Expreso de media noche y El conde de Montecristo manejan las mismas temáticas, pero centrémonos en la obra de Darabont: su pulso narrativo es excelente y me atrevo a decir que es uno de los directores con más sensibilidad espacio temporal para dirigir una historia. Las secuencias duran lo justo; las atmósferas señalan el antes y el después, uno puede intuir lo que sucederá pero no importa porque en ese momento disfrutará del mientras tanto. Freeman desarrolla su mejor papel, un actor secundario que en realidad va a la par de Robbins, ambos cumplen su papel llevando al espectador con ellos en cada acto, en cada sueño que construyen. Y la trama: se van desarrollando historias sobre historias dentro de un guión dinámico que nunca se vuelve tedioso y cuando uno comienza a hartarse la situación cambia, como si la reacción del espectador estuviera estudiada.
De las mejores obras que tuve por fortuna ver, Sueños de libertad te invita a salir a buscar algo que quizás pasa desapercibido, pero que debes tener conciente que te mueves por y para ello. Es tuyo y de nadie más.
39 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Fotografías con fantasmas de fondo; pasillos oscuros; casona vieja; muñecos raros en primer plano; escaleras que rechinan; reloj péndulo con sonidos secos que dan la hora; subidas abruptas del sonido de fondo...mil y un recursos manidos pero Insidious ya armó con ellos su efectivo universo. El terror, el de siempre, no obedece tanto a las ideas como sí a las sensaciones. Las ideas se gastan, las sensaciones no, especialmente esas pasajeras pero intensas.
LO que abruma en Insidious es su poder de síntesis: complementa los elementos claves en cuestión de minutos y te los raciona de una manera como pocas veces se ha visto en las últimas entregas del cine de terror. Por supuesto no hay sangre, esto no es slashers, esto es fantasmagoría pura y dura, con ciertos aires setentosos que le vienen como a la palma de la mano. Están de moda los rituales de espiritismo, la información de lo paranormal como dato duro, como factor netamente descriptivo. En ese aspecto la peli posee su touch modernoso, pero nunca se aleja del espíritu clásico.
Se puede continuar: altilos tenebrosos, canillas que gotean sobre una pileta que genera eco, psicofonías, alguien que relata una historia de fantasmas dentro de la historia y aún así funciona. Salvo por ese final que se retuerce en su propia cola, la piel de gallina está garantizada. Eso es terror, señores y señoras, el aliento en la boca, contenido, la tensión a flor de piel hasta que no dás más y mirás para otro lado menos para la pantalla. Eso es terror señores, el de hoy, el de ayer, el de siempre.
35 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Thriller ni más ni menos, pero poseedor de una manufactura que lo hace resaltar entre otras obras similares, y hay muchas de este estilo. El gran, único, temible asesino resulta tan particular que la peli se rinde sino a sus pies, si a su elaborada y pesimista visión sobre el ser humano. Detrás de este concepto se esconde el éxito de la obra de Fincher: cada caso, cada muerte encierra a la bestia generada en si misma como producto de una civilización decadente.
Pitt esta bien, correcto y justo. Se podría decir que este carilindo nunca supera sus propios límites, pero los disimula bien. Freeman, en cambio, da en la tecla justa de su perfil protagónico, siempre es el personaje, nunca Morgan. La obra es pausada y lleva la meticulosidad que requiere toda investigación detectivesca; suma en sus pausas reflexivas, contemplativas por los largos pasillos de una biblioteca enorme y adornada con música clásica de fondo. Las escenas de acción estan donde deben estar, no saturan jamás y son manejadas con mesura. El suspenso es la base de esta obra, su atmósfera constante, su calma chicha perpetua y necesaria.
En conclusión: peli recomendable, finita pero perfecta, ambiciosa más no pretenciosa. Y un oscar de yapa, porque los negocios fueron bien hechos.
30 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Abundan las críticas que señalan su importancia como película ochentosa. Abundan los comentarios sobre el papel legendario de Gizmo y la labor de Spielberg como titiritero de esta obra única. Asi que intentaré analizar Gremlins desde otra perspectiva, esto es, la bajada de linea política detrás de una historia de engendros adorables.
Son chiquitos, peludos y simpáticos, que digo, ni siquiera son. Es uno solo. Representa el equilibrio, la infancia soñada, el peluche deseado por todos. Pero este peluchito no puede mojarse, porque se reproduce y sus hermanos ya no son dulces cositas, son verdaderos adolescentes: rebeldes sin causa que deben ser aleccionados por la sociedad, demasiado distraída en cantar villancicos y armar el arbolito de navidad. Rayita, lleva una cresta: ¡es un monstruo inadaptado! Representa esa vertiente punk aún vigente a principios de los ochenta.
Ni hablar si estos perversitos peludos comen después de medianoche, cuando ya la sociedad duerme para levantarse al día siguiente en busca del capital: el desequilibrio está garantizado, sobre todo si estas cosas verdes se reproducen, multiplicando las malas costumbres... eso que la sociedad se encarga de reprimir.
Lo sagrado salió de una vieja tienda de antiguedades, vino de quien sabe donde, ya estaba, solo necesitaba ser descubierto. Y dió vueltas las cosas, y se llenó de verdades escatológicas. Solo deben ver la luz del sol, o una luz fuerte: quedarán tan en evidencia que ninguno de ellos podrá soportarlo.