51 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Abusos al pringao de turno, chicas que bailan sensualmente sin música, tetas, gimansios, drogas, borrachos, coches a toda mecha, atropellos, carreras, explosiones, accidentes, niños muertos, viejas golpeadas, perros disparados, violaciones, EL MEJOR GORE, superhéroes, escenas de amor de lo más cutre, masturbaciones, alcaldes corruptos que juegan al póker, peleas callejeras, sangre, más sagre y mucha más sangre, humor negro, humor negrísimo, humor malísimo, saludos hitlerianos, prostitutas de 12 años, palabrotas...
Todo esto y mucho más que ahora mismo no recuerdo se condensan en 75 frenéticos minutos, lejos de aquellas películas gore-cómicas del estilo de "Yo compré una moto vampiro" donde a un chiste le suceden 25 minutos de aburrimiento. Aquí, tras una muerte hay otra, y ésta más sangrienta; y tras un chiste, otro, y otro...
Y todo con un fondo donde se premia el civismo y se denuncia el calentamiento global. ¿Qué más puedes pedir?
41 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hay momentos en la vida en los que, a pesar de que suene cursi, te sientes pleno. El cine tiene la capacidad de regalarnos alguno de vez en cuando. Son estos momentos (los del cine) en los que la piel se te pone de gallina, se te forma un nudo en la garganta y sientes ganas de llorar; pero no llorar por la intensidad del drama, o por lo mal que lo pueda pasar algún personaje, sino llorar de emoción por pensar: "Esto del cine... es lo más hermoso".
Hasta ahora, mis momentos eran pocos (como para cualquiera, pues no es fácil conseguir este sentimiento tan a menudo):
1. El final de "Luces de ciudad", de Chaplin.
2. El primer beso entre Redmon Barry y la Señora Lyndon en la terraza, en "Barry Lyndon", de Kubrick.
3. Las escenas interiores en la casa de "El desprecio", de Godard.
4. El voyeurismo de Xavier Lafitte en el café de "En la ciudad de Sylvia", de Guerín.
5. El duelo final de la repetida "Barry Lyndon", del repetido Kubrick
6. El flashback en plano secuencia de "Pierrot, el loco", de Godard (otra vez)
Y, quizá, alguno más que ahora mismo no recuerdo. Pero, sí que recordaré como una de las más grandes, la primera escena de "El eclipse", entre Monica Vitti y Paco Rabal. El silencio, la soledad a pesar de estar ambos entre las mismas paredes...
A partir de esta joya de secuencia, el aburrimiento se apodera del metraje. La soledad y lo absurdo de estar en pareja se hacen visibles. El agotamiento de vivir es el verdadero personaje principal. Y eso es lo que Antonioni nos transmite. ¿Para qué sirve ganar un día en La Bolsa, si al día siguiente puedes perderlo todo? En definitiva, ¿para qué sirve tener pareja si al día siguiente puedes no tenerla?
O como nos muestra Antonioni en sus últimas, pesadas, difíciles, pero magistrales imágenes: ¿para qué sirve vivir, si al final lo que queda es un paisaje?
33 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La sombra del cámara se refleja en los personajes... Da igual
La luz parece colocada por un estudiante de fotografía de primer año, con grandes pelotazos... Bueno, no pasa nada.
Casi nunca hay raccord de sonido y a veces, ni de miradas... ¿Y qué?
A veces los cuadros están desenfocados, y la mayoría de ocasiones, desencuadrados... No importa.
La película de Cassavetes es un milagro. El director, el padre del cine independiente, de ese llamado "cine underground", coge a un cámara y un sonidista y se pone a grabar por ahí, lo primero que se le ocurre. Ahora desde nuestro ordenador con YouTube y Emule y nuestras cámaras DV, nuestros móviles con cámara de vídeo de 3 megapíxeles y nuestros programas para editar regalados por cualquier periódico, podremos decir: "Vaya tontería, eso lo hace cualquiera". Pero en 1959 la industria de Hollywood era absorbente. Nadie podía hacer cine si no entraba dentro de los géneros, si no seguía un proceso industrial más parecido al de una producción en cadena.
Harto de esto, Cassavetes hizo una película de improvisaciones, sin guión, con cuatro dólares y unos actorazos. A Cassavetes le movía el amor a lcine, y eso se nota en cada uno de los fotogramas. Le salió una obra de 32 horas. Esto que vemos hoy no es la película que él quería. 32 horas era demasiado, se la cortaron. Ahora se entienden los cortes en un mismo plano y las reacciones tan teatrales de algunas secuencias, de las que nos perdemos, a lo mejor 3 horas que nos explicarían muchas cosas.
Debo reconocerlo, siento debilidad por el cine hecho con amor y 4 duros. Porque es el amor al cine el que lleva a esta gente a hacer lo que más quiere. Es el mismo amor que le tienen los protagonistas de "Vivir rodando" (el rodaje es una locura estresante, pero sin la cual no podrían vivir), el mismo amor que tenía Robert Rodríguez en sus incios (que no digo que lo haya perdido) o ese amor que tienen esos españoles que hicieron "Billy Freud´s Last Night".
32 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Hablar de las soberbias interpretaciones de las actrices es tontería.
Hablar de la fantástica fotografía de Sven Nykvist es perder el tiempo.
Hablar de la sobresaliente dirección de Bergman no aporta nada nuevo.
Hablar del completísimo guión del mismo Bergman es hablar de algo obvio.
Si algo hace a esta película ser una jodida obra maestra es la pasión, el sentimiento y el amor al cine que el sueco tiene. Y los rencores a la vida que vuelve a mostrar.
No me guta hablar de mí, pero me veo obligado en este momento. Cuando veo una media de 25 películas al mes, muchas veces me pregunto si me gusta el cine. Muchas son meras producciones destinadas al entretenimiento, otras tantas películas que me daría igual no terminar y el resto son un gasto de negativo que no aporta nada al cine. Y de repente "Sonata de otoño". Gracias a películas como esta, vuelvo a recobrar la fe en el cine, vuelvo a querer ser director y vuelvo a estremecerme al saber que he tenido suerte de nacer en este siglo (el pasado), con el cinematógrafo ya inventado, y no en el siglo XV.
134 de 251 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Cuando Borja Cobeaga fue a los Oscar, y Nacho Vigalondo, y Koldo Serra lo petaba, todos creíamos que el cine español iba a dar un vuelco. "Arsénico P.C.": la solución al tan estancado cine de nuestra patria. En cuanto salten al largo... la que se va a armar.
Entonces Koldo Serra hizo una patata como "Bosque de sombras". Nacho Vigalondo una buena película que no encontró público, a pesar de la cantidad de bombo que nos dio. Y ahora Cobeaga nos regala "Pagafantas", la nueva muestra del cine Mahou.
"Pagafantas" es una aportación más a esta tendencia vigente del telefilme. Antes una película rodada en cine y producida por un productor de cine iba a las salas, luego al mercado videográfico y por último las teles se la disputaban. Ahora, con el gran imperio televisivo sólo se hacen telefilmes: películas rodadas en cine, pero financiadas por televisiones que son las que realmente nos tienen agarrados por los huevos. Aunque se hagan en celuloide, con presupuestos de cine y se estrenen en salas, no dejan de ser meros artificios destinados en un futuro nada lejano a rentar en la pequeña pantalla. Y ahí está el fallo, no de "Pagafantas", sino de nuestro cine. Al ser una productora de televisión no paramos de ver caras conocidas de las series punteras del momento y chistes que bien podrían salir en cualquier capítulo de "Los Serrano" o "7 vidas". El cine español es una sitcom.
Aparte, Cobeaga nos intenta mostrar una mala imitación del cine Apatow, y como una especie de "Virgen a los 40" nos narra las desventuras de un pringao, un pagafantas. Si me dicen que es un capítulo piloto de cualquier serie, me lo creo. Y eso no es cine. Y mucho menos la renovación del cine español.
Veamos a Albert Serra, Daniel Villamediana, Jaime Rosales o cualquier producción de Luis Miñarro para hablar, al menos, de cine.