9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Nada nuevo voy a contar de esta película, la de mejor puntuación a día de hoy en esta página, casi ná. 'Una historia atractiva', 'unos personajes inolvidables', 'la fotografía exquisita', 'la ambientación inmejorable', son tan sólo algunos de los piropos con los que el aficionado al cine de cualquier los rincón adularía a este gigante. Pero una obra maestra no vive exclusivamente de estos aspectos técnicos y argumentales de orden más amplio; las diferencias en muchas ocasiones las marcan los pequeños detalles, fugaces en una escena, y que, en apenas unos segundos, revelan hechos, ideas y sentimientos que requerirían de muchas letras que ser plenamente desarrollados. Ese es el lenguaje del cine, y en ‘el padrino’ estos susurros bullen a fuego lento para gestar, escena a escena, una obra digna por sí misma de encumbrar al cine a la categoría del ‘séptimo arte’.
En el 'spoiler', un ejemplo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
El coche se aproxima, despacio, hacia la entrada del hospital. Quieren asegurarse de que todo marcha según los planes, el trabajo debe ser rápido, limpio y, ante todo, silencioso, pero a medida que se acercan a su destino la silueta de dos hombres se hace patente frente al portal. Algo va mal, deceleran aun la velocidad hasta casi detenerse frente a ellos. Entones el hombre a su izquierda mueve ligeramente un brazo con la intención de mostrarles su arma. No alcanzaron a verla, era noche cerrada, pero la argucia funcionó y el coche, acelerando, desapare de nuevo en la noche.
En la huída, Michael les siguió con la mirada. El hijo del pastelero, a su izquierda, trataba de retomar el aliento. Echó mano a su paquete de cigarrillos, pero éstos se escurrían entre sus temblorosos dedos. Su improvisado compañero de guardia le ayudó en la tarea al tiempo que le agradecía la ayuda prestada. Cuando prendió el mechero, Michael fue consciente de ello: su pulso se mantenía inalterado; su corazón helado destempló de una punzada todo su ser. En ese instante certero lo supo. Él, que renegaba, era el más apto de la familia.
Un día cayó en mis manos el libro de 2001. Miré para arriba y como no cayó otra cosa, me encogí de hombros, di gracias al cielo, y me dediqué a la lectura sencilla y pocas veces agradecida de un best-seller. Pronto sus páginas se consumieron entre mis dedos, leí la palabra FIN, y lo apilé debidamente en el baúl del olvido. O eso pensaba yo entonces, pues la casualidad quiso que un sábado no muy lejano ‘la noche temática’ se rindiera al maestro Kubrick. Tras un documental dedicado a su persona dio comienzo la película. No parpadeé durante los siguientes 138 minutos, no hasta que el director resolviera en una imagen un desenlace que a C. Clarke le costó varias páginas; entonces mis párpados se abrieron y cerraron atónitos, incrédulos al hecho de que también Kubrick se hallara bajo el influjo del misterioso monolito.
En mis oídos retumbaban los imponentes compases de “Así habló Zarathustra" de Richard Strauss, mientras Stanley Kubrick sonreía tras los títulos de crédito: a él le sobraron las palabras.
De ‘Reservoir Dogs’ a ‘Inglourious Bastards’ pasaron muchos años y un buen puñado de películas con un único hilo conductor en común: la violencia. Tarantino fue franco desde un principio, nunca pretendió introducir en sus películas idea alguna; de la primera a la última, todas fueron huecas por igual. Si por algo este heterodoxo director saltó a la palestra fue por el elaborado y atractivo envoltorio con el que adornó sus obras, para nada un talento menor a juzgar por el resultado de sus primeros trabajos. En ‘Reservoir Dogs’ (por la que siento especial debilidad) logra por momentos embellecer el acto puramente violento y vil a un nivel pocas veces igualado en el cine. La danza macabra a la que se abandona el argumento repele igual que atrae, y ese es sin duda uno de sus secretos. Aunque mucha más diluida y edulcorada, la esencia de esta particular lírica está también presente en ese producto genuinamente pop que es ‘Pulp Fiction’, consumida posteriormente hasta la última gota (y con menor éxito) en ‘Jackie Brown’. Pero que nadie se lleve a engaño, detrás de este aparente ejercicio de descerebrada banalizad hay mucho trabajo, e ‘Inglourious Bastards’ es la más rotunda y contundente prueba de ello; es, digamos, nuestro control negativo.
Tras un prometedor comienzo, Tarantino se dejó llevar por la inercia de su merecido reconocimiento (ayudado en buena parte por un indolente fenómeno ‘fan’ que lo defiende a ultranza). De ese modo, la saga ‘Kill Bill’, por ejemplo, fue acogida por el gran público como si de obras mayores de trataran pese a que en ellas nada quede de esa chispa que distinguía a sus predecesoras. En resumidas cuentas, era una historia de sobra conocida: sus películas pasaron de buenas a malas.
Lo de ‘Inglourious Bastards’ es mucho más preocupante. Tarantino siente (parece ser) la necesidad de compartir sus más bajos instintos con el resto del planeta, pero agotada la fórmula que lo encumbró resulta más complicado pasar por encima de toda ética, y la solución la encuentra en los siempre bastardos nazis. Da lo mismo si eres un sádico redomado, un padre de familia o un simple mandado que pasaba por allí, si llevas el uniforme alemán mereces morir y que te corten la cabellera. Además, el público no sólo lo va a perdonar sino que aplaudirá entusiasmado al igual que Adolf Hitler en la platea viendo morir a soldados aliados.
(conclusiones finales en el 'spoiler')
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)Ver todo
spoiler:
Sin embargo, algunos pensamos que no sólo se pasó de la raya, sino que se meó y se cagó más allá de esa frontera, sin pudor alguno y en pose grotesca. Ni tan siquiera las exquisitas apariciones del coronel Hans Landa (que nos viene a servir como control positivo en el que referenciar la basura que le rodea) ni alguna que otra escena aislada (siempre mal rematadas) salvan al conjunto del más rotundo de los fracasos. Diría más, se trata de una obra dañina, no sólo por tratarse de un ejercicio de anarquía violenta, no sólo por plantarnos a estereotipos sacados del medio oeste en el corazón de la Europa sometida a Hitler, ni por la ausencia de argumento, ni por esos diálogos anodinos, ni tan siquiera por ser más larga que un día sin pan para nada, o por ser simplemente aburrida, o por un sinfín más de razones que por simple pereza me niego a describir; esta película es culpable, sí, y lo es sobre todo por ser simple y llanamente FEA, un delito en auge y consentido en exceso.
A ti y a tu prolija especie, yo os maldigo: ¡malditos bastados!
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Dicen que George A. Romero quiso retratar la sociedad contemporánea en su noche de los muertos vivientes. Nunca di crédito a esa teoría, de ser así también habremos de convencernos de que Jay Roach logra con esta película que se tambalee la mismísima esperanza en la raza humana. Sea como fuese, es evidente que ésta deja mucho peor cuerpo, ¡dónde va a parar! Pase que no corran buenos tiempos para la lírica, como cantaba aquel, pero de ahí a que una supuesta comedia se mueva entre planos grises de atmósfera enfermiza por los que deambulan personajes huecos que se debaten entre lo depresivo y lo paranoico, pues no hace puta gracia, para qué nos vamos a engañar. Esta película no sólo ultrajó a la original, es que luego la descuartizó y la tiene pudriéndose en algún rincón fuera de plano. El hedor, sin duda, es patente.
No soy fan de este tipo de películas pero con ésta tenía una especie de corazonada. No esperaba una comedia hilarante ni bien trenzada, ni rica en golpes de humor sutiles ni giros en el argumento inesperados, era consciente de que sería una ‘americanada’ propia de la misma ciudad de Las Vegas, con ‘niños bien’ como protagonistas y final feliz con redenciones y castigos repartidos con justicia dentro de un marco político aceptable.
Para cuando aparecieron en pantalla esos supuestos desternillantes títulos de crédito ya hacía mucho que mi sexto sentido había perdido todo el respeto; el mundillo de la crítica asalariada también.
La película no es un plomazo sin más, tan sólo es un producto prefabricado del montón, con un guión y unos personajes cargados de tópicos y con un argumento que necesita de constantes trampas para salir de un enredo burdamente engrosado a los pocos minutos de comenzar esta artificial peripecia en la cuidad del pecado.
Cabe reseñar el doble discurso al que se abandona la película. Las supuestas gamberradas de los protagonistas no son al final más que simples niñerías tan fuera de toda realidad que no escandalizarían ni al más radical de los partidarios republicanos del Tea Party. Por el contario, escenas que parecen añadidas para hacer bulto denotan una profunda inmoralidad que no parece incomodar a nadie. Somos testigos del chantaje a diferentes empleados públicos, presenciamos como un grupo de niños electrocutan bajo tutela policial a nuestros infelices amigos (aplaudiendo incluso que elijan como blanco de la diana sus partes nobles o la cabeza), y hasta se bromea con el hecho de dejar a un neonato metido en un coche sólo… ¡en Las Vegas!... total, si tampoco dimos parte alguno tras encontrárnoslo abandonado, bastará con bajarle un poco la ventanilla… ¿?
En fin, pasarán más de mil años, muchos más, hasta que vuelvan a pillarme en una de éstas.