128 de 217 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Dado que la mayor parte de las críticas (y de la crítica) se centran en los aspectos positivos de la película (que es indudable que los tiene), me referiré a aquellos que, a mi entender, la lastran e impiden que sea una película redonda:
-Acusa un cierto maniqueísmo en la construcción de personajes: buenos muy buenos, malos muy malos.
-La caracterización del personaje principal es probablemente la más burda de todas: serio, hierático, insensible, creyente ultraortodoxo en el "socialismo real", rígido, pulcro, inmutable, carente de sentido del humor, de sentimientos... Como encarnación del régimen la caracterización es demasiado gruesa; como ser humano, es simplemente inconsistente.
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spoiler:
-No se nos explica qué tiene de especial este caso para que un funcionario con 20 años de experiencia y ante un caso paradigmático de lo que él se dedica a perseguir con absoluta convicción caiga de la burra y tome partido cambiando de bando. Ni el intelctual es tan brillante, ni la historia de amor tan emocionante como para justificar ese tránsito.
-Al público le gusta tanto ver la lucha del individuo contra el totalitarismo (¿para sentirnos reconfortados en nuestra imperfecta realidad?) como las historias de redención. Pero éstas, por emocionantes que sean, dejan más sabor a complacencia que a verosimilitud. Que no es creíble, vaya.
75 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Complaciente película en la que un grupo de niños ricos reciben clases de literatura y rebeldía de salón a cargo de uno de esos profesores que son estirpe en Hollywood: carismáticos, divertidos, sabios, motivadores... No hay cuestionamiento alguno en la rebeldía del profesor Keating, sino un mero elogio del gesto rebelde y una innecesaria invitación al goce literario, artístico y demás. Innecesaria, digo, porque la adolescencia es precisamente el reino de lo inmediato, del egoísmo y de la búsqueda del placer. ¿Qué necesidad hay, pues, de decirle "Carpe diem" a la chavalada, si no deberían pensar en otra cosa?
Algunos alumnos contemplamos, atacados de vergüenza ajena, cómo toda una generación de profesores se subía a la mesa. Y luego, siguiendo el ejemplo del profesor Keating, se bajaron y dejaron que la vida siguiera exactamente igual.
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El carácter puramente formal de la incorrección del profesor Keating se pone de manifiesto cuando éste se niega a defenderse de las injustas acusaciones de la que es objeto. Ante tal oportunidad no sólo de defender su integridad, sino de cuestionar el ejercicio del poder por parte de la dirección de la escuela, Keating baja los brazos y se deja ir. Lo suyo era pura fachada. No era un rebelde, sino el chivo expiatorio que necesita el sistema para mostrar su poderío.
Los alumnos aprenden la lección y despiden al profe con un gesto nuevamente vacío. Se suben a la mesa, se bajan y se reintegran en el sistema.
34 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Visto que el debate acerca de la película se basa en si es o no tramposa, me centraré en este aspecto (bajo SPOILER). Por lo demás, decir que se trata de una obra que, a falta de su giro final, resulta típica y tópica que ni aporta nada ni parece ser esa su pretensión, sino darnos la consabida ración de sangre propio de este tipo de películas.
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spoiler:
Es cierto que lo que vemos es, como se apunta, la visión subjetiva de la protagonista, pero eso no salva la trampa esencial: la ruptura del pacto entre narrador y espectador. Dado que todo espectador que se presta a ver una película suspende su incredulidad y se presta a creer que lo que ve es real, todo director que emprende una narración de este tipo debe ser lo suficientemente honesto con el espectador como para darle una oportunidad de descifrar el enigma. Normalmente el director juega con las cartas marcadas y el espectador descubre las pistas a posteriori; pero estaban ahí.
En este caso, el director no quiere que nadie demuestre ser tan listo como él. Se reserva todos los tantos y tiene a ciegas al espectador hasta que a él le da la gana de revelar su juego. No respeta al espectador, parece temerle: guardarse toda la información es una manera de sentirse seguro.
26 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La mayor parte de las películas de Chabrol poseen la virtud de hacer preguntas incómodas sin proponer respuestas unilaterales. “La ceremonia” constituye una buena muestra de esta forma de hacer cine.
En ella, el aislamiento a que conduce la falta de oportunidades (una Sandrine Bonnaire condenada a la incomunicación por sus carencias educativas) se suma al resentimiento de clase (una Isabelle Huppert que encuentra en las diferencias sociales la justificación de su fracaso personal) y se arroja contra una familia acomodada cuyas buenas intenciones no la apartan de un cierto paternalismo. Chabrol consigue presentar el desenlace sin reservarse la última palabra ni mantener una equidistancia que sería injusta. La economía de medios empleados (un reducido número de personajes y de localizaciones, un rodaje sobrio incluso en los momentos climáticos) supone una lección más de dirección centrada en los contenidos y alejada de cualquier artificiosidad.
Mención especial merece todo el reparto. A la acostumbrada maestría interpretativa de la Huppert se suma una Sandrine Bonnaire más que convincente en un papel que se presta a excesos. Los secundarios, en perfecta sintonía.
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Una película muy estimable. Desprovista de pomposidad, se permite sin embargo profundizar en aspectos como la necesidad de dar y recibir cariño desde una perspectiva sensible y reflexiva. Equilibrada en los contenidos, bien interpretada, comedidamente rodada. Una modesta joya.