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Críticas de: Aztia
Aztia |
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(VITORIA, España)
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| 19 | Críticas |
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| Media de sus votaciones:
8,1
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Nuevo mundo (2006)
Emanuele Crialese
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| 11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
16 de Junio de 2007 |
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Nos encontramos ante una cinta llena de fuerza visual, de magia, de miradas, de sueños, de olores, donde la acción no es otra que la que mueven los sentimientos. Un tratamiento muy particular nos transmite con gran acierto y profundidad el drama interior de los que se ven abocados a abandonar la tierra que les vio nacer. Una fotografía cuidadísima con perspectivas inusuales nos deja fotogramas para el recuerdo. Con un ritmo pausado, una banda sonora más que notable y una dirección de actores tan meritoria como el propio casting nos llega esta propuesta digna de consideración para todos aquellos que quieran penetrar en el sentir a través de un lenguaje muy personal.
Aztia 
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Saraband (2003)
Ingmar Bergman
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Mayo de 2007 |
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Cuando todo parecía indicar que el genio creador de Ingmar Bergman se extinguía definitivamente allá en la isla de Faro, Sarabanda se nos presenta como el último tren al que parece aferrarse esta figura señera de la cinematografía del siglo pasado, que lo es, guste o no guste.
Tampoco tengo el cuerpo últimamente para muchos excesos intelectuales pero hay cosas que obligan. Y bueno, en todo caso es cuestión de elegir el día bueno y prepararse como aquel que se prepara para una opípara comida, no vaya a ser que se te indigeste. Y digo esto porque el de la butaca de al lado me dio la película roncando como un auténtico bucanero. Así que por favor, aviso a navegantes, ésta no es película fácil, el que no conozca a Bergman por favor infórmese antes, que hay formas mucho más baratas y reconfortantes de disfrutar de un sueño placentero.
Entendiendo la edad de Bergman que a la sazón ronda los 90, el recurso fácil es decir que se trata de un testamento. Lo de menos es que lo sea, lo que es obvio es que Sarabanda recoge todo aquello que Bergman ha venido trabajando durante toda su vida creativa, y no sólo creativa ya que en múltiples aspectos no deja de ser un espejo de su propia vida personal. En definitiva, no sorprende, sigue en su línea, si cabe más crudo, más desnudo. Probablemente, nunca se ha preocupado de lo que el gran público dijera o dejase de decir, pero en esta ocasión más que nunca prescinde de cualquier ornamento para la galería y hace lo que siempre ha hecho. Puede no gustar, pero lo que hace lo hace de manera genial. Sigue indagando en la angustia existencial del ser humano, penetra en lo más profundo de los personajes de forma descarnada pero con una gran humanidad que le permite abordar cualquier tema con tanta crudeza como ternura.
En esta ocasión retomando una historia que ya presentó en Escenas de la vida conyugal, y rescatando a sus actores (Liv Ullman y Erland Josephson) estudia desde diferentes ángulos las múltiples perversiones del amor, en cuyo nombre tantas y tantas veces torturamos, esclavizamos y agredimos.
A un ritmo pausado y templado como el de la Sarabanda y en una estructura capitular, Bergman nos va desgranando los dilemas y las obsesiones que le han perseguido durante toda su existencia, y todo ello con la habitual maestría en el tratamiento de la luz, en la indagación sicológica, con el tratamiento teatral tan a su gusto y recreándose en unos primeros planos magníficos que dan a la obra una contundencia definitiva.
Aztia 
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Nömadak tx (2006)
Raúl de la Fuente
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| 5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Mayo de 2007 |
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Cuando oigo el sonido de este singular idiófono percutido que es la txalaparta, algo atávico parece activarse muy dentro de mí. Esa vibración ancestral que evoca el galope del caballo, ese batir libre de la madera contra la madera, ese diálogo entre lo masculino y lo femenino, entre lo permanente y lo mutable, esa unión entre lo posible y lo imposible en un intercambio de llenos y vacíos, esa alquimia que culmina en el matrimonio de los opuestos como si de un intenso orgasmo se tratara, esos juegos rítimicos primigenios me llevan sin remisión a territorios desconocidos para mi razón.
Y es que en la txalaparta se produce un diálogo de contrarios que se encuentran en el espacio que te da el otro interlocutor, sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, sin límites, pero con el respeto al espacio del otro sin cuya participación nada es posible.
Partiendo pues de la mano de estas premisas que son fundamento de este mágico instrumento asociado tradicionalmente a la fiesta y a la celebración, y reconvertido en los últimos años en un medio de expresión que parece congeniar por su propia naturaleza intrínseca con todo aquello que quiere manifestarse espontáneo y sin condicionamientos ni papeles pautados, los autores de este documento nos trasportan a un viaje de color y sonido. El realizador, Raúl de la Fuente, nos hablaba de una partitura, de una canción, pero es un auténtico relato ilustrado con música e imágenes, un cuento con colorines en el sentido más amplio de la palabra.
En este viaje abierto que nos sugiere la txalaparta como telón de fondo permanente, Arcaitz Martínez e Igor Otxoa nos acompañan en una visita veloz pero profunda a diferentes culturas, donde apenas sirven las palabras porque el espíritu universal del ser humano se manifiesta puro por encima de los idiomas y de las diferencias. Ya se trate de adivasis, samis, mongoles o beréberes, el encuentro es posible porque hay muy poco que nos separa y mucho sin embargo que nos une. Y ahí está la música para poner voz al alma colectiva en una fantástica fusión de sonidos y esperanzas.
En definitiva, un trabajo muy meritorio, máxime en las situaciones de precariedad de medios y condiciones extremas de temperatura en la que se grabaron algunas escenas. La música y la imagen, tratadas de manera muy notable, relegan a la palabra a un segundo plano, y lo de menos son los idiomas que salpican el documental porque lejos de dificultar la comprensión hablan más allá de sus significados concretos.
Los 5 o 7 minutos finales son sencillamente apoteósicos; dan sentido por si solos a toda la cinta. Ponen la guinda al pastel con una espléndida traca final de fuego, luz y color. En definitiva, una propuesta de cine diferente, sugerente, serena, hecha a tempo del batir del corazón vasco, que sin ser una obra maestra de nada, nos ofrece una serie de atractivos nada usuales, entre los que destacaría la autenticidad, la sencillez y la belleza.
Aztia 
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Beyond the Sea (2004)
Kevin Spacey
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| 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
24 de Mayo de 2007 |
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Lamentablemente, el homenaje que Spacey quiere hacer a este reconocido y versátil cantante estadounidense de los años cincuenta se queda a medio camino.
La propia egolatría y celo desmedido de Spacey hacen que este homenaje quede eclipsado por la vanidad del director-actor-guionista-productor. Y es que todo el metraje esté hecho por y para su propio ensalzamiento.
Esto no quita para reconocer que el esmero con que ha cuidado todos los aspectos de la producción sea verdaderamente excepcional. Desde la elección de reparto, pasando por la fotografía, coreografía, producción musical, montaje, todo ha sido cuidado con una exquisitez inusitada, por no mencionar el ímprobo trabajo que el propio Kevin ha desarrollado durante años para poder materializar la aspiración de poner su propia voz al interpretar al gran Bobby Darin. Y todo ello, sin entrar en el calvario que tuvo que pasar para obtener los derechos de las canciones o la financiación.
En cualquier caso el resultado es una cinta ciertamente apetecible, donde se reinterpreta el clasicismo de los musicales al uso, con un ritmo por momentos vertiginoso por momentos pausado en lo dinámico, y con unos secundarios que bordan su interpretación, desde Kate Bosworth, a quien aún recuerdo sobre el Filo de las Olas, pasando por John Goodman , Bob Hoskins, Brenda Blethyn, o Greta Scacchi. Incluso, William Ullrich, joven actor de 11 años que interpreta a Bobby niño, me sorprendió sobremanera en los últimos fotogramas donde baila con un desparpajo impresionante.
No es casual que el propio Dodd Darin, hijo del cantante, e incluso la que fuera su mujer, Sandra Dee, ídolo de adolescentes de los años cincuenta, refugiada tras el divorcio al abrigo del alcohol y víctima de éste como tantas otras, reconocieran estar encantados con la película. Aunque precisamente esta misma circunstancia me haga pensar que haya habido una excesiva indulgencia con los entresijos de la biografía.
Pero bueno, al fin y al cabo se trataba de un homenaje a Bobby y tampoco era cuestión de meter el dedo en detalles escabrosos que quizá tampoco hubieran aportado nada sustancial a la razón de ser de nuestro protagonista, que no fue otra que la de vivir con toda la intensidad posible la que sabía iba a ser una corta vida. Para mejor ocasión quedarán los pormenores sobre su progenitor, su relación matrimonial, la presunta desatención de su hijo, la explotación de Sandra por parte de su madre, o supuestas violaciones en el hogar durante la infancia de ésta.
En definitiva, hubiera preferido la voz original y elegante de Bobby Darin con ese swing del que carece la cinta, hubiera preferido otro actor que encarnara los años más jóvenes, pero Stacey lo quería todo para él, así que conformémonos con su voz más que correcta. Y sabiendo que entre los actores que se barajaron andaban Di Caprio, Johnny Depp, Tom Cruise o Bruce Willis, casi que me quedo con lo puesto.
Aztia 
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Barrio Cuba (2005)
Humberto Solás
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| 3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
30 de Agosto de 2007 |
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Barrio Cuba, segunda entrega de la trilogía del pueblo que el cineasta cubano Humberto Solás comenzara hace seis años con "Miel para Oshún", se trata de una coproducción hispano-cubana hecha con escasos recursos materiales que vienen de sobra compensados por un trabajo cimentado en la honestidad de lo personal, y edificado entorno a un acertado aunque a veces extremo e inconexo guión, cuyo mayor éxito sea quizás su impactante realismo.
Desde un barrio de los arrabales de esa otra ciudad de la Habana que se agazapa celosa de sus intimidades a los ojos del turista ávido de ron, sol y son, los cubanos se debaten en una lucha cuerpo a cuerpo por sobrevivir y medrar en un escenario hostil lleno de mugre y escombros donde la revolución no es más que un telón de fondo de color sepia como parece querer susurrarnos la propia fotografía.
Y así, Humberto Solás, abanderado de lo que el mismo ha venido en llamar "cine pobre" en el marco de un proyecto resuelto gracias a la solidaridad desinteresada de actores y músicos, nos desgrana con gran frescura y soltura el afán de sus personajes por realizarse y progresar hacia un mundo más feliz en lo personal manteniendo en lo alto la antorcha de una esperanza en una situación que sólo invita al desaliento.
Trascendiendo todo el misticismo estereotipado sobre la Cuba colorista, rumbera y promiscua que nos venden los tour-operadores, sin afanes reduccionistas o concluyentes, sin ahondar directamente en cuestiones políticas pero sin rehuirlas, H. Solás nos presenta el día a día trágico del sentir de un pueblo brioso a través de una historia más plural que coral, donde se manifestarán con extrema naturalidad todas las contradicciones de temas tan manidos, actuales o recurrentes como el amor o el desamor, los conflictos generacionales, la delincuencia, la soledad, la muerte, la homosexualidad o la emigración interna y externa hacia un mundo más prospero.
Se trata de una historia de sentimientos y emociones surgida del corazón y hecha hacia adentro que sin embargo peca de cierta pretenciosidad ejemplarizante y representativa en su reivindicación soterrada de los valores patrios o la unidad y solidaridad de la familia.
Igualmente las críticas de diferentes realidades sociales (machismo, racismo,…), lo son siempre sabiamente atemperadas, cuidando en no poner en ningún caso en tela de juicio el propio sistema que siempre le ha protegido y le permite esta mesurada disidencia cómplice. Pero no por ello ni por el recurso más bien fácil hacia cierta sensiblería efectista deja de ser una producción sincera que emociona a intervalos.
En definitiva, una crónica social testimonial sincera pero que no por lo subjetiva deja de ser tan fehaciente como lo pudieran ser muchas otras expuestas en clave diferente. Una pieza más, meritoria e imprescindible, para completar el mosaico de este país tan complejo y profuso en contradicciones, orgulloso pero esclavo de su propia utopía.
Aztia 
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