61 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El juicio a Eichmann a inicios de los 60 fue muy sonado. Capturado ilegalmente en Argentina donde vivía en el anonimato, fue trasladado a Israel donde se le sometió a un juicio polémico, sin garantías y parcial. Algo más seriamente habían funcionado las cosas con los juicios de Nuremberg 15 años antes. La película sin embargo no nos habla del juicio en sí mismo, sino de los prolegómenos del mismo, de la vida en prisión y de los interrogatorios llevados a cabo por un oficial israelí cuyo padre asesinado podía ser considerada una victima de Eichmann.
La interpretación de Eichmann parece convincente, sin duda lo mejor del filme, y la ambientación digamos de decorados es buena. Sin embargo, el guión es rematadamente flojo y la ambientación, más etérea, acerca del signo de los tiempos está muy pobremente reflejada: sea la del Israel de los 60 o, todavía peor, la de la situación durante la guerra. Lo peor del filme son los flashbacks a la época nazi, efectistas, que tratan de dar una aire de sofisticada y monstruosa perversión a la ejecutoria de Eichmann.
¿Qué hace que el caso de Eichmann sea interesante? Pues principalmente lo contrario que nos presenta este filme. Hannah Arendt, una periodista que cubrió el juicio para una revista estadounidense y que luego escribió un libro "Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal" nos habla de otro Eichmann, ni sofisticado, ni monstruoso ni perverso. Arendt nos dice que el mal no necesita de patologías extremas; que son personas con psicología normal, preocupadas por hacer bien su trabajo, sus mejores agentes. La burocracia del exterminio no operaba con ritos satánicos a medianoche, sino con funcionarios eficientes que eran padres de familia que leían cuentos a sus hijos para acostarlos. Eichmann no se consideraba antisemita, lo que en el filme se evoca simplemente para caricaturizarlo, y puede parecer obscenamente contradictorio esconde hasta cierto punto una verdad. Eichmann incluso, tal y como Arendt sostiene, tenía conocimientos de cultura hebrea y mantenía ciertas reservas a la llamada solución final, no reflejadas en el filme, por las que pudiera haber preferido otras opciones a las del exterminio (como la deportación a Palestina o Madasgacar). Y sin embargo Eichmann colaboró, como el primero, con el exterminio; ese es el problema. Eichmann tenía bien interiorizada la condición de ser una pieza más del engranaje, lo que le evitaba preguntarse por qué hacia lo que hacía, el sentirse pieza le exculpaba de todo cuestionamiento. Ante sí sólo tenía problemas técnicos, de logística, que trataba de resolver de la mejor forma.
En fin, que poco de la normalidad subyacente bajo la que operaba la burocracia del exterminio se vislumbra en el filme. Y es ello lo que a mi juicio convierte este filme en un producto, otro más, acerca de lo demoníacos que eran los nazis, lo distintos que son de nosotros y lo mucho que hemos evolucionado desde entonces.
98 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil.
A riesgo de ser masacrado por otros usuarios, trataré de indicarlo. Basicamente porque el argumento me ha parecido plano y el guión mínimo, de escaso interés. Porque muchos son los temas evocados: Irlanda, la cobardía, la vida militar, la Guerra de los Siete Años, el destierro, el espionaje, la picaresca, la “dolce vitta” de los aristócratas, o su convencionalismo, o su decadencia, el romance, la familia, la mentira, el odio,... demasiados temas, simplemente anotados que no llevan a ninguna parte; la mayoría de ellos arrancan, aunque luego se abandonan rápidamente; y otros que tan sólo se intuyen, ni siquiera llegan a plantearse.
Porque Barry Lyndon es un personaje pésimamente perfilado, al que se le ve "de lejos", sin caracterizar. Porque otro tanto ocurre con Lady Lyndon, el personaje inquietante que se adivina con más fuerza, pero al que el guión maltrata y del que hubiera podido sacarse un gran partido, aun cuando esa fuerza radicase sólo en su impenetrabilidad, belleza o silencio.
Porque Ryan o'Neal es inexpresivo y de poco peso específico. Su interpretación no deja intuir las cualidades de un personaje curtido en sus andanzas por media Europa, oportunista, brutal y arrogante pero también víctima, frágil y capaz de desplomarse y echar a llorar ante un compatriota desconocido que le trata educadamente.
Porque la voz en off es desafortunada en la medida que avanza los acontecimientos y prepara al espectador sobre lo que ha de ocurrir. ¿Por qué no se ha medido con más cuidado lo que el narrador debía o no desvelar?
Porque la banda sonora tiene un excesivo protagonismo y se hace cargante. Porque se abusa de la “música clásica”, así eclécticamente considerada. La música no emerge desde el silencio, se hace omnipresente a lo largo del metraje, repetitiva, siempre fuerte, ¿compensando la carencia de guión? En su mayor parte, acompañando simplemente la sucesión de bellos encuadres.
Porque aspira al rigor histórico y algunos elementos clave para entender el contexto son pasados por alto, así la situación de Irlanda respecto de Inglaterra o los problemas de clase debidos a su matrimonio. O porque se presenta una carga de infantería bastante suicida que no se corresponde, ni con el sentido común ni con la estrategia militar del momento; o cuando se habla del reino de Bélgica cuando esté todavía tardará unos 50 años en ser inventado; o cuando se realizan en la mansión de los Lyndon unas interpretaciones musicales muy improbables para su época.
Reconozco sin embargo las cualidades: la principal su ambición, su extraordinaria fotografía, la elegancia de la puesta en escena y en el diseño de vestuario. Ya muchos otros usuarios lo han resaltado. Pero creo que no es suficiente como para hacer de esta película algo notable. Sin duda es una gran película… pero fallida.
17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Más allá de una historia de unos padres que se desviven en la lentísima agonía de su hijo, El Aceite de la Vida es también la historia de unos padres que se implican con apasionamiento en el conocimiento de las causas del ALD, la enfermedad desconocida y degenerativa que amenaza a su hijo, y tratan de impulsar la investigación médica. Más allá de una historia "conmovedora" que apela al corazón es, también y sobre todo, una película que apela a la inteligencia del espectador y que se enfrenta a una de las cuestiones clave de los nuevos tiempos: el poder de la "sociedad científica".
El filme nos presenta al establishment médico atrapado en sus protócolos y la "burocracia" de los inevitables trámites investigativos. Llama la atención que el especialista que apoya a los padres lo haga a "título personal", fuera de su ámbito de reconocimiento académico e investigativo.
Se nos muestra también una pequeña Fundación internacional, que reúne a padres con hijos afectados por el ALD, y cómo ésta hace lo posible para que los padres mantengan la dignidad frente a la adversidad, se resistan a las tentaciones mágicas o milagrosas, al engaño y al auto-engaño y den apoyo a la investigación médica. Sin embargo, esta Fundación, a pesar de todo, resulta manipulada y manipuladora, en este caso no desde fines sectarios: "creíamos que la ciencia médica estaba al servicio de nuestro hijo, no que nuestro hijo estaba al servicio de la ciencia médica". Esta ONG actuaba en realidad como una barrera más en apoyo de la ortodoxia investigadora, como un dique que al final no puede contener más la presión de los desconsolados padres y acaba "cediendo".
La película, en fin, nos muestra cómo unos aficionados, en el mundo de las grandes y millonarias investigaciones de laboratorio, tienen el atrevimiento de cuestionar y contradecir la terapia oficial, resistirse a los cantos de sirena del curanderismo, presentar un principio alternativo para una terapia (basado en la inhibición competitiva de los enzimas) y, finalmente, conseguir una terapia médica que, aunque no cura y es experimental, impide que la enfermedad avance y presenta resultados espectaculares. Curiosamente, además, esta terapia se basa en la ingestión de aceites domésticos (de oliva, soja y colza) ¡y es barata!
Muy buenos actores en una película muy bien dirigida que no cae en la sensibleria ni en el testimonio personal. Aunque inspirada en hechos reales, se nos presenta a los distintos personajes en sus múltiples y "demasiado humanas" facetas. Por otro lado, la película, aunque obligada a facilitar al espectador unas claves para entender el mecanismo que causa esta enfermedad, lo hace de forma visual, pedagógica y bien resuelta.
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spoiler:
Sorprendente la entrada en escena del extravagante investigador inglés y su curioso laboratorio que sintetiza finalmente el aceite. Por otro lado, el final, a pesar de su dificultad dado el tema, está bien hallado y se mantiene en sintonía con el "espíritu" del filme.
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Documental de propaganda en favor del bando republicano en el que participan destacados intelectuales norteamericanos de primera fila. Su acción se centra en el frente de Madrid y principalmente en Fuentedueña.
El filme busca enlazar la vida cotidiana de las gentes del campo, presentadas en escenas arcaicas y costumbristas, con su compromiso en la guerra contra un enemigo del que poco se indica: militares profesionales contra el pueblo, apoyados por moros, la Italia de Mussolini y los nazis alemanes. Se trata en cualquier caso de un producto de propaganda bastante atípico, pues no se duda en presentar y recrear la desolación de la guerra y la resignación de sus víctimas, y el narrador apenas transmite mensajes con carga ideológica, más allá de la defensa de la legalidad republicana. Más bien se apela a valores más insondables como la fidelidad a la tierra, la familia o la comunidad.
El protagonista del filme es así esa España mítica y doliente, tan al gusto de los anglosajones, con sus pobladores humildes pero nobles, de carácter adusto y algo recio, e integrados plenamente en ese paisaje ancho, soleado y seco de Castilla.
A pesar, pues, de no ser un filme de propaganda política, se aprecia sin embargo la simpatía de sus realizadores hacia la facción comunista dentro del bando republicano, especialmente a través de las tomas a su emblemático Quinto Regimiento en campaña, bien equipado y eficaz.
La fotografía es notable, sin duda lo más destacable del filme, y por contra los efectos sonoros son bastante cargantes con el ruido de lata repetitivo de cañones y ametralladoras. La música, además, puede parecernos algo incongruente y descuidada, por ser de sardana en su mayor parte; así, sorprende acompañen a las imágenes mesetarias los acordes de La Santa Espina (con su "Som i serem gent catalana") o el himno Els Segadors.
16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Curiosamente esta frase que encabeza esta nota se cita al inicio de la película, y sin embargo le puede ser aplicada.
Creo que nos encontramos ante otra muestra de filme al servicio de una estrategia de Relaciones Públicas, por no decir directamente de propaganda. En este caso el cliente es el Estado de Georgia que busca hacer más simpática su causa frente a Rusia en el conflicto de Osetia.
Es posible que las razones de Georgia tiendan a ser justas, que el ataque ruso fuera una agresión y que los georgianos se sintieran abandonados del mundo, sin el respaldo especialmente de norteamericanos y europeos. De todos modos, poner una película al servicio descarado de un determinado mensaje, instrumentalizar lo que debiera ser un producto de entretenimiento y cultura para apuntalar una y otra vez la tesis de la bondad georgiana, es algo que empobrece el resultado y uno tiene la sensación de estar siendo permanentemente manipulado.