143 de 162 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Resulta de lo más complicado encontrar trilogías en las que las tres películas sean de altísima calidad. Indiana Jones es, en mi humilde opinión, el mejor exponente (hasta que se convirtió en tetralogía, claro). Después me vienen a la cabeza producciones como El padrino o Star Wars (los episodios cuarto, quinto y sexto, evidentemente) y, aunque son películas que me fascinan, en ambos casos el film que cerraba la trilogía era inferior (que no malo) en relación a las otras dos. Por no hablar de Supermán 3, Spiderman 3 o Alien 3, películas de una calidad tan baja que llegaron a considerarse insultantes por algunos de sus seguidores.
En el mundo de la animación, en sagas como Shrek o Ice Age hemos visto terceras partes que no hacían justicia a sus predecesoras. Y cómo no, tenían que ser los chicos de Pixar los que volvieran a dar el do de pecho en una de sus producciones, completando la que posiblemente sea mejor trilogía de animación de todos los tiempos: Toy Story.
En la primera parte vimos la presentación de unos personajes maravillosos, que corrían una gran aventura por culpa de los celos. En la segunda, acción, humor y profundidad de guión aumentaron, de forma que muchos la consideramos incluso superior a la original. Y en esta tercera, se ha conseguido el más difícil todavía, con un peliculón que difícilmente podremos olvidar.
La sesión comienza con el clásico corto de Pixar, que en esta ocasión juega maravillosamente con el 3D confrontando el día con la noche (seguro que más de uno ha sonreído al recordar la última película de Tom Cruise). Desafortunadamente (por poner algún "pero" a esta producción) las tres dimensiones apenas si se notan en el resto del metraje, de forma que parecen una mera excusa para que el espectador pague dos euros de más.
Entrando ya de lleno en el cierre de esta maravillosa trilogía, en el primer tramo, al igual que en Toy Story 2, vemos una fascinante aventura inicial a modo de prólogo, que demuestra que la imaginación de un niño es muy superior a cualquier video-juego, por potente y moderno que éste sea. Después llega el relato propiamente dicho, en el que observaremos una clara evolución de todos los personajes hacia la madurez: el niño Andy ya es un universitario y recordará con nostalgia y ternura su infancia; algo parecido sucederá con todos los juguetes, cada vez mejor definidos, capaces de aceptar su destino de una manera encomiable, propia de seres maravillosos y eternos.
La parte central de la trama es un inteligente homenaje a La gran evasión. Los protagonistas deberán escapar de una guardería que parece una prisión de guerra, para lo cual deberán elaborar un plan que tiene ciertas reminiscencias con la película en cuestión. Hay más guiños cinematográficos (Indiana Jones y Star Wars parecen ser los favoritos de los responsables de esta saga) con los que el cinéfilo irá disfrutando a lo largo de toda la película.
(Sigo en spoiler por falta de espacio)
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spoiler:
Quizá os parezca exagerado, pero creo que Toy Story 3 es un cierre tan redondo, tan magistral de esta trilogía, que me parece la mejor película de las tres. Esa evolución antes comentada la podemos ver en todo el conjunto: la parte tipo buddy-movie entre Buzz y Woody, las cada vez más elaboradas secuencias de acción con las que todo el mundo vibrará, emociones de gran calado que tienen su paralelismo con la vida real, tan conseguidas que lograrán hacerte un nudo en la garganta...
Será una película de animación, pero esto, señoras y señores, es cine en estado puro. Una película tan didáctica (sin torpes e impropias moralinas) como divertida y emocionante, una auténtica referencia para niños y adultos que, sin lugar a dudas, completa la mejor trilogía jamás vista en el entrañable mundo de los dibujos animados.
Pixar ha puesto el listón tan alto que en la próxima ceremonia de los Oscar debería competir como una película más y no solamente en los apartados técnico y de animación. La lección que John Lasseter en las primeras dos películas y Lee Unkrich en esta tercera han dado al cada vez más dañado mundo de Hollywood, debería obtener su recompensa.
74 de 91 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Nueve años llevaban los hermanos Hughes sin dirigir una película. En aquella ocasión estrenaron Desde el infierno, un film que, personalmente, me parece bastante mejorable. Ahora nos ofrecen El libro de Eli, manteniendo ciertas similitudes, a saber: elenco destacable, desarrollo entretenido, fallos de guión y cierta falta de originalidad.
Pero centrémonos en la película que hoy nos ocupa. Actualmente los espectadores nos contentamos con muy poco en el cine. Llegamos a darnos con un canto en los dientes si no nos aburrimos durante una sesión. Claro, todo depende del punto de comparación, ya que esta película habría sido considerada como telefilm en la gran época del cine de acción (entre los años 80 y 90). Sin embargo, teniendo en cuenta que su principal competidora (por aquello del argumento similar) es la insufrible The road, evidentemente El libro de Eli gana muchísimos enteros.
Decía al principio que su desarrollo es entretenido y me reafirmo: dos horas de metraje en las que sólo miras el reloj en el tramo final, no es moco de pavo hoy en día (a eso hemos llegado). Un magnífico Denzel Washington (de lejos lo mejor de toda la producción) nos hará disfrutar con sus aventuras, recorriendo Estados Unidos de este a oeste, a pie, tras un cataclismo nuclear. Washington es un héroe de acción en un mundo post-apocalíptico a lo Mad Max, con muchas reminiscencias al cine del oeste y algún que otro toque de Matrix. Deberá enfrentarse a Gary Oldman, un cacique local (y volvemos al western) que controla la principal fuente de recursos de un poblado: el agua.
La lucha entre ambos sirve para ofrecer un pequeño estudio sobre las religiones y su poder. Toda religión bien entendida se fundamenta en mejorar a la humanidad. Pero mal entendida supone un peligro, un medio para controlar a la población que puede terminar en la extinción humana.
Otros actores conocidos son Mila Kunis (Max Payne), la mítica protagonista de Flashdance Jennifer Beals, el veterano Michael Gambon (Sleepy Hollow, Harry Potter, La profecía...) y el célebre Titus Pullo de la excelente serie de televisión Roma, Ray Stevenson.
Lamentablemente lo peor del film es el final, tan pretencioso como incoherente. Trata de ser algo que sorprenda al espectador, pero sólo consigue que empecemos a pensar en los errores que el guión comete durante todo el metraje (lo explico en spoiler para no desvelar nada).
Es una mala época para los guionistas de cine en general (muy superados por los escritores de libretos televisivos en la década de 2000) y para el género de la acción en particular. Habrá que esperar mejores tiempos.
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La gran revelación final de la película es que el personaje de Denzell Washington es ciego, algo totalmente absurdo ya que le hemos visto, entre otras cosas, hacer gala de su gran puntería a distancia. Todo un despropósito.
Además hay algunos fallos de guión, como por ejemplo el hecho de que una niña que jamás ha visto una televisión, por aquello de haber nacido tras la guerra, sepa pilotar con gran soltura un vehículo de ciertas dimensiones. Tampoco se explica la huída de dicha niña de un manantial en el que había sido encerrada por Washington, por el bien de ella. Se supone que es una puerta que sólo se abre desde fuera. La chica aparece sin explicación alguna caminando por el desierto minutos después de su encierro. Y de ninguna manera es entendible que Oldman pase un día entero conduciendo un coche y no consiga atrapar a Washington, que circulaba a pie.
Los errores de guión serían perdonables con un final airoso. Por desgracia, no es el caso.
60 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil.
¿Alguien podría imaginar al implacable Edward Fox en "Chacal" dudar un solo segundo porque una desconocida le receta un antiséptico? Absurdo, ¿verdad? Pues no es otra cosa que un resumen de "Bangkok Dangerous", un lamentable remake de un film tailandés de 1999 (Muerte en Bangkok) que acabó en una trilogía. Oxide Pang Chun y Danny Pang son los autores del original y del remake, mejor dicho, de esta especie de autoparodia (en la película del 99 el asesino se llamaba Kong y era sordomudo mientras que aquí la minusvalía se la queda una farmacéutica y el apellido del gran simio va para un ladronzuelo de poca monta).
Seguro que muchos pensáis que comparar cualquier película de asesinos a sueldo con "Chacal" es excesivo por aquello de que podría acarrear injusticias dada la calidad de dicho film. Vale, rebajemos el nivel: al lado de Tom Cruise en "Collateral", Nicolas Cage parece Mr. Potato (que me disculpe el señor patata ya que seguro que él posee más registros interpretativos). ¿Que Tom Cruise es un gran actor y el listón todavía está muy alto? De acuerdo, cojamos a Sylvester Stallone en la justita película de Richard Donner, "Asesinos". Incluso Sly consigue otorgar ciertos matices a un profesional que empieza a cuestionarse su vida (no creo que nadie piense que Rambo es un actor de método) algo de lo que Cage se muestra incapaz. ¿Qué ha sido de aquel intérprete que obtuvo un Oscar por "Leaving las Vegas"? Mejor para Cage que aparezca pronto ya que sus últimos trabajos ("La búsqueda 2", "Next" o "The wicker man") no son nada halagüeños para su carrera.
Pero claro, ¡Qué torpe soy! Es que es una película de acción, no un thriller de asesinos (con su desmesurada previsibilidad y su nula preparación para cada encargo, seguro que no es un relato de suspense) o al menos así nos la vendieron en los trailers... Entonces, ¿dónde están las secuencias de acción? Porque una mini persecución por un riachuelo y cuatro tiros mal pegados y peor coreografiados no es lo que entiendo por acción a raudales.
¡Ah!, bueno, que es un truco publicitario para enganchar a la gente, porque al final se trata de una historia de interés humano. Dejadme pensar... Sí, podría ser: un tipo malvado que trata de redimirse. Ahora bien, es la historia sobre la humanización de alguien que lleva toda la vida asesinando a sangre fría más patética, ñoña y cursi de los últimos años.
Podría seguir hablando de que hay que colgar al encargado de efectuar las localizaciones (Tailandia es un hermoso país que aquí parece el vertedero del mundo) o explicar que ciertos films necesitan una buena dosis de efectos especiales para paliar la ausencia de guión, pero creo que no vale la pena explayarme más. Consejo de amigo: no la veáis.
43 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil.
La semana pasada se emitió, en Estados Unidos, el último capítulo de la mejor serie de televisión de todos los tiempos: 24. Esa misma semana, también terminó otra serie, Perdidos y he de decir que, como a otros muchos seguidores, su última temporada (no sólo los últimos dos capítulos) me ha defraudado y de qué forma.
En Perdidos ha sido mucho mejor el camino que el desenlace. La forma de definir los personajes era peculiar, utilizando flash-backs de su vida cotidiana similares a ciertos acontecimientos que debían superar en la isla. En muchos casos este método resultaba efectivo, aunque también había capítulos que resultaban de lo más aburridos (eso jamás ha sucedido en 24).
Pero si por algo estoy tan decepcionado como defraudado es por la alegría con la que Abrams y compañía han cambiado las reglas del juego, justamente cuando no tenían ni idea de cómo explicar todos los enigmas planteados. Y, por favor, no me vengáis con el rollo fanático de "eso es porque no lo has entendido" ya que no es el caso. He seguido Perdidos con bastante interés desde el primer día y he visto los capítulos como debe hacerse: uno por semana, para tener tiempo de valorar cada historia. Así que poseo elementos de juicio para decir que la última temporada me ha parecido una soberana tomadura de pelo.
La primera temporada se caracteriza por un accidente de avión, en el que hay supervivientes. Éstos deben enfrentarse a una serie de peligros, mientras tratan de resolver los misterios de una isla misteriosa. En esta temporada se produce la presentación de personajes, sus interrelaciones y el comienzo de las incógnitas y los puzzles.
En la segunda diría que los grandes protagonistas son los números, principal tomadura de pelo de esta serie. ¿Por qué? Por la explicación ofrecida en la última temporada. Varios años después no tienen una explicación satisfactoria para los números. ¿Es o no una tomadura de pelo?
El resto en spoiler, porque es imposible valorar ciertas cosas sin hablar de los contenidos.
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Los números son el resto de una lista de posibles sucesores de Jacob. Entonces, ¿por qué es ésa la secuencia numérica que estabiliza la máquina que controla el magnetismo de la isla? ¿por qué son los números que hicieron ganar a Hugo la lotería? ¿por qué fueron el rumbo que siguieron la francesa loca y sus amigos científicos para llegar a la isla? Pero sólo es una lista de pacotilla, porque en el tramo final de la serie Jacob dice a Kate que da igual que su nombre estuviera tachado, ya que sólo es una raya de tiza en una pared. Si ella quiere ser la sucesora, adelante. ¿Y para eso tanto tiempo hablando sobre la importancia de los números? El enigma numérico estaba muy bien creado, el problema es que no sabían dar una respuesta convincente, acorde con las expectativas generadas.
Cada vez aparecen más personajes (los otros, Widmore y compañía) que sólo sirven para recrear más flashbacks, muchos de ellos de auténtico relleno y para que haya más interrogantes y caminos irresolubles. Los protagonistas logran huir de la isla pero, vaya usted a saber por qué, no son felices y vuelven con otro accidente de avión pero atrás en el tiempo. Colocan una bomba en una estación Dharma para evitar el futuro accidente del 815 de Oceanic. Y por si hubiera dudas, Juliet afirma, poco antes de morir, que ha funcionado.
Entroncan ese final con una sexta temporada en la que vemos el vuelo en cuestión y cómo todos llegan sanos y salvos a su destino. ¿No dice Juliet que ha funcionado? Pues no, otra trampa más. Resulta que en la realidad alternativa que nos están contando, todos están muertos. Es el tránsito de esta vida al más allá, o lo que es lo mismo: un capítulo de Entre fantasmas. Conforme mueren llegan allí, pero no todos. ¿Alguien sabe por qué?
Luego está el asunto de Jacob y el anti-Jacob. Dos hermanos raptados de bebés en la isla. Jacob termina siendo el siguiente guardián y su hermano se convierte en el humo negro por meterse de lleno en la fuente de la isla (otra de esas cosas incomprensibles, ya que tanto Desmond como Jack pasan por allí y no les sucede nada raro). El caso es que si Jacob no conoce otra cosa que la isla, ¿cómo narices viaja en modo realidad virtual a Estados Unidos y va buscando sucesores? Pero bueno, sería como intentar resolver la cuestión de la resurrección de Sayid u otros problemas de índole menor, como saber qué vio aquel vidente que no quería que Claire tuviera su hijo en la primera temporada, de los que nunca sabremos nada.
¿Qué habría sido de Perdidos sin internet? Abrams muy hábilmente crea una serie de enigmas con posibles soluciones muy atractivas. Y han sido los bloggeros, los foreros y los internautas en general, quienes han dado rienda suelta a su imaginación con múltiples teorías. Sin embargo, al final, los que no han tenido talento para dar respuestas a la altura de los enigmas han sido Abrams y sus coleguitas de guión.
42 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Se han hecho muchas y muy buenas películas sobre la grave depresión norteamericana de los años 30 y sobre el mundo del boxeo. Los dos últimos grandes exponentes son la magnífica "Seabiscuit" y la obra maestra "Million dollar baby" por lo que llevar a cabo un proyecto que englobase ambos géneros suponía todo un reto. Por fortuna ha sido el gran Ron Howard el encargado de dirigir esta producción, probablemente su mejor trabajo, logrando una historia que a la vez emociona, entristece, genera tensión y divierte mediante un sobrio guión que mantiene firme el pulso narrativo, consiguiendo que el film no decaiga en ningún momento del metraje. Russell Crowe realiza, quizá, su mejor actuación hasta la fecha, con una interpretación extraordinaria con la que se mete al público en el bolsillo, de forma que el espectador sufre sus penas y celebra sus alegrías como si fueran propias. Lo mismo sucede en la película, con un pueblo desesperado por el hambre y la falta de trabajo, que necesita un héroe para poder olvidar su miseria aunque sea durante un breve instante. Por otra parte, el mundo del boxeo está fielmente retratado, cruel y despiadado, donde la memoria alcanza únicamente hasta el último combate celebrado, ya que sólo importa el dinero. Howard enlaza ambos mundos en el decisivo combate final que debe poseer toda película de boxeo que se precie. Éste resulta espectacular, primero por la perfecta filmación del mismo, secuencia por secuencia y segundo porque evita un error muy común en este tipo de films: el protagonista recibiendo golpes durante toda la pelea y al final, milagrosamente, cobra fuerza y acaba victorioso. Aquí la lucha es sin cuartel y está reñida de principio a fin, por lo que para saber quién gana tendréis que ver la película. Sólo dos lunares a esta maravilla: Renée Zellweger, con una mediocre actuación que nunca resulta creíble y el hecho de que Russell Crowe no reservase las palizas en exclusiva para el cine, ya que su pequeño "affaire" con un recepcionista de hotel va a malograr un Oscar que de otro modo hubiese sido incontestable. Aún así, "Cinderella man" tiene todas las papeletas para convertirse en la película del año.