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20 de Julio de 2012
53 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil.
(AVISO: Hay SPOILERS en toda la crítica, así que evitad leedla antes de ver TDKR, la disfrutaréis mucho más ;-) )
Sé que muchas críticas empiezan haciendo un recorrido recopilando información sobre la carrera del director, las anteriores películas de la saga, o simplemente introduciendo una pequeña sinopsis. Pero no nos engañemos, la mayoría de la gente que leerá este comentario serán personas que saben de sobra de qué va el tema, quién es el director, lo que ha hecho anteriormente y cómo han sido las películas sobre Batman y demás superhéroes; además de que Nolan está al margen de todo y todos.
Debido a esto, paso a comentar directamente la película, según me vienen los pensamientos que he tenido al verla hoy, a las 12 de la mañana, en el cine Nervión de Sevilla. Para empezar, hay que decir que se trata, en mi opinión, de la segunda mejor película de la trilogía, por detrás de The Dark Knight y por delante de Batman Begins. Lo que quiero plasmar con esta crítica es esa sensación que se nos queda tras el final de un camino, en este caso cinematográfico, que nos ha acompañado durante los últimos años, dándonos sorpresas y consiguiendo que nos hagamos mil y una preguntas mientras reflexionamos sobre cada segundo de metraje.
Los 164 minutos que dura la película representan un absoluto “crescendo”, empezando con una escena impresionante pero que, como la película en su totalidad, no puede hacer olvidar la gran secuencia introductoria de The Dark Knight. A partir de ahí, se presentan los nuevos personajes a la vez que somos testigos de la situación en la que han quedado los ya habituales en la saga. Hay momentos de gran carga emocional, especialmente cuando el grandísimo Michael Cane aparece en su papel de Alfred. También son destacables aquellos momentos que, acompañados por la magistral banda sonora de Hans Zimmer, ofrecen pequeñas pinceladas de acción, haciendo que nos pongamos nerviosos en la butaca ante un posible estallido de acción sin igual… que no llega a producirse en su totalidad. Y así, una y otra vez en toda la película. Es como si el nivel de suspense, intriga y emoción fuera aumentando y disminuyendo, poniéndonos todo el rato la miel en los labios para luego volver a reducirse. Se trata de una sensación agridulce: agria porque este director con tan pocos defectos hace gala de uno de ellos, y en exceso: los rápidos cambios de escenas que en algunas ocasiones nos descolocan debido al contraste entre un momento y otro. Es decir, la transición de escenas no es del todo la mejor, y si bien funciona perfectamente a la hora de hacer ciertos flashbacks con imágenes de las dos películas anteriores, esos cambios bruscos de escenas que implican a su vez un notable contraste tanto en el tiempo como en la ambientación pueden resultar un tanto desafinados, como si la película tuviera escenas geniales que no están bien conectadas y por lo tanto su maestría se viera mermada debido a este recurso técnico. Cada vez que tengo esta sensación viendo una película, me acuerdo de la adaptación de Alfonso Cuarón del tercer libro de Harry Potter (El Prisionero de Azkabán), en la que se pueden apreciar las más originales y creativas intersecciones escénicas y que he echado tanto de menos en el final de Batman.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler:
Y os estaréis preguntando por qué los vaivenes en el nivel de TDKR resultan satisfactorios y dulces… y la razón la encontraréis en un final que vuelve a ponernos en la misma situación: tras cierta tranquilidad, vuelve a empezar ese “crescendo” de acción en la gran pantalla, provocando los nervios y expectación en las entrañas del espectador. La mayoría de la audiencia pensará que se trata de otro petardo mojado, que no llegará al clímax… y es entonces cuando la película sí lo hace, por fin, tras más de dos horas. Por si fuera poco, el clímax va precedido por un giro argumentativo, una sorpresa en el guión que resultaría predecible si no fuera por ese continúo sube y baja al que nos somete Nolan y que nos hace desconfiar de si la película se mantendrá alguna vez arriba para, en el último momento, sostenerse en un tramo final lleno de la épica de la que nos gustaría que gozara toda la película.
Haciendo un símil musical, es como si las notas estuviera siempre ahí, lo único que hubiera que hacer es encontrar el patrón adecuado para organizarlas todas. Es como si Christopher Nolan hubiera invertido los 120 primeros minutos de películas en la ardua labor de ir probando las notas, para al final, y solo al final, dar con la tecla. Esto hace que el resultado final y general de la experiencia ofrecida por TDKR sea ampliamente satisfactorio, pero no podemos olvidarnos de un hecho que, en cierta manera, eclipsa lo que podría haber llegado a ser este ya de por sí épico desenlace: en la anterior película, The Dark Knight, Nolan necesitó mucho menos tiempo para distribuir las notas de la manera correcta y componer una partitura cinematográfica casi perfecta y que mantenía un nivel increíblemente alto durante dos horas para al final golpearnos con lo que fue un final apoteósico.
En esta entrega final de la trilogía tenemos una trama con partes buenas, otras notables y una última parte épica, todo ello a manos de un villano correctito pero que no duraría ni dos segundos ante las locuras, la anarquía y esa sensación de inquietud extrema a la que nos sometía el Joker interpretado por el difunto Heath Ledger (y menos si la voz en la V.O. es igual que la del doblaje español, cosa que estoy deseando comprobar). Es cierto que tenemos sorpresas que yo, a nivel personal, puedo decir que no me esperaba, y si bien es un cierre increíble para una trilogía de grandísima calidad, la sombra de The Dark Knight, de El Caballero Oscuro, ensombrece la magnitud de esta despedida.
PD: Nolan nos da esperanzas de volver a reencontrarnos, pero si alguna vez ocurre, será en un futuro aún muy lejano. Yo creo que hay un 5% de probabilidades de que vuelva a dirigir una nueva entrega del héroe de DC comics, ¿sabéis porqué? Porque para hacerlo, este director tan exigente tendría que tener en sus manos una trama y un villanos superiores a los de The Dark Knight, la segunda peli de la trilogía.
Lo dicho, un 5% de probabilidades. Puede que menos. ¿Qué más da? Ahora toca disfrutar, y si hay algo que es seguro en el desenlace del hombre murciélago, es que si te has visto las dos anteriores, en esta estarás sumamente expectante y en tensión los 164 minutos que dura la película. Todos y cada uno de ellos.
Desmond  |