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Independientemente del mayor o menor interés de la trama, bastante previsible desde el principio, aun para quien no conozca la obra original de Chéjov, la brillantez de esta película se sostiene en las excelentes interpretaciones de absolutamente todos los actores, que muestran su maestría teatral, sin que por ello la construcción de los personajes parezca excesiva o resulte sobreactuada, teniendo en cuenta que asistimos a ella a través de la gran pantalla y no directamente sobre el escenario.
Se echa quizá en falta una mayor presencia de la banda sonora, de Joshua Redman, cuyo protagonismo al arrancar la película hace pensar que tendrá más importancia de la que al final tiene.
monicaca 
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