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Críticas de: Gort

Gort
(Marte, España)
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28Críticas
9Listas
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Críticas: 28 Página: 1
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Teen Wolf (De pelo en pecho) (1985)
Pasable
Rod Daniel
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Regular 12 de Febrero de 2008
Si bien no me considero un cinéfilo sí puedo decir que conozco a uno con todas las letras. En una de las habitaciones de la casa de mi amigo Diego se encuentra una más que nutrida cinemateca repleta de tesoros ignotos para un neófito como yo, un bastión que soporta con paciencia mis continuos saqueos. La última vez que fui a casa de Diego (es decir, la última vez que fui a abusar de su generosidad) me propuso que eligiera una película para verla juntos, ya que tenía la tarde libre. No sólo pretendía seguir instruyendo mi candidez cinematográfica, sino que, además, dijo sacando una botella del armario, iba a presentarme a su amigo “Bourbon”. Así que mientras inspeccionaba las estanterías y caía en la cuenta de que Diego debía haber vuelto a ordenar su colección, di a parar con la carátula de esta película, ‘Teen Wolf. De pelo en pecho’, entre otras de las que, sólo ahora me doy cuenta, debería haberme fijado mejor.

-Esto que tienes aquí, me dirás que es de algunos de tus ligues, que se la dejó en tu casa…-le dije en tono de guasa.

Diego entró en la habitación sosteniendo dos vasos y sonriendo, tratando de descubrir a qué me refería. Me acercó uno de los vasos y se topó con el pecho de lobo del protagonista. Sostuvo la película mientras daba un trago, y me replicó con un impostado tono académico de reprobación:

-¡Qué dices! ¡Es un clásico! Esta película inaugura el género “encestar dos tiros libres para ganar con el tiempo ya cumplido”. Además, hay una escena de una fiesta brutal a la que, si no fuera porque ya me siento mayor, sin duda me apuntaría.
-Pues entonces la vamos a ver -respondí siguiendo la broma.

La había visto hacía ya mucho tiempo y tenía un recuerdo bastante difuso de ella, simplemente me apetecía aprovechar la oportunidad de resarcirme de tanta instrucción solapada, de tanto parloteo sobre el cine de los 50 y sobre la épica en Kurosawa. Pero no tardé en darme cuenta de que no sería así.

(Sigue en spoiler sin desvelar nada de la película).
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Gort
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El buscavidas (1961)
Notable
Robert Rossen
17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Muy buena 4 de Marzo de 2008
Fast Eddie apura el vaso en un trago rápido. Se inclina sobre la mesa empuñando el taco. Lo más difícil ya está hecho, ha echado el cebo y con ciega vehemencia han picado. Mucho trabajo para tan pocos dólares. Él, que juega para ser el mejor, está ya cansado de estas estafas de medio pelo. Se concentra un momento antes de golpear, superando fácilmente el aturdimiento del alcohol. Sonríe. Ni tan siquiera vemos el destino de las bolas.

Son casi las ocho y, como todas las noches, Minnesota Fats sube las escaleras que llevan a la sala de billar. Piensa en lo que encontrará en las páginas del periódico vespertino, anticipa el olor del cigarro. Juega de vez en cuando para dar sentido a todas las horas que pasa y ha pasado en ese local, aunque él ya no lo busque. Es el mejor. Por eso le espera una silla y una copa de aguardiente tras esa puerta. Menos esta noche. Tras su primer golpe, el sonido de las bolas al chocar entre sí -la música repetida y amortecida de su vida- hoy le hace bailar.

La silla empieza a torturarle. Son ya muchas las horas que lleva sentado en ella, pero sabe que hay que tener paciencia. Juega porque gana, eso es sólo la consecuencia. Lo suyo es establecer el sentido de esa relación y dejar bien claro que el reverso de la moneda, la fortuna esquiva, no tiene nada que ver con ella. Tantea el ánimo de los jugadores, oye madurar la fruta. No sonríe, pero sus anteojos negros ocultan la satisfacción del ave de rapiña.

La tragedia consiste en que de la confluencia de estos tres hombres el más perjudicado de todos no sea ninguno de ellos.
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Gort
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Eyes Wide Shut (1999)
Buena
Stanley Kubrick
16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 7 de Septiembre de 2007
Consideremos una partida de póker en cualquiera de sus modalidades. Todos los jugadores poseen las mismas cualidades técnicas (son capaces de reconocer cuándo llevan o no una buena mano) y una cantidad pareja de fichas. En estas circunstancias, en el caso de que alguna entidad pudiera ver las cartas de todos los jugadores, se daría cuenta de que no siempre ganaría la partida aquel que tuviera la mejor mano de la mesa sino que factores ajenos a los naipes determinan la resolución de las manos: el timorato escaldado se arruga ante una fuerte apuesta a pesar de llevar dobles parejas, el que perdió una mano que consideraba suya arriesgará más de la cuenta para exponer al que cree farolero, etc.
Consideremos ahora una partida de póker descubierto en la que los jugadores ven las cartas de los demás. Por supuesto, nadie va contra la apuesta más tímida del que tiene ful de Jotas y cincos. ¡Qué risa cuando Marianito mete todas sus fichas dentro con sólo pareja de sietes! Esta modalidad, aunque esclarecedora y meridiana, es totalmente inviable y sólo se practica entre notarios y otro tipo de ilusos. Diferente es cuando los jugadores se presentan a la partida ataviados con cualquier tipo de máscara, sin ningún tipo de rasgo que nos permita identificarlos: por supuesto que siempre habrá alguien que apostará fuerte con dos cuatros bien visibles sobre la mesa, pero en este caso no podremos identificar al autor de tal apuesta (aunque siempre sospechemos que es Marianito); aún y así, es esta una modalidad igual de inviable que la anterior y no reconocida oficialmente por ninguna federación internacional.
Ahora bien, la modalidad de juego que presenta el Sr. Kubrick en esta película introduce el factor decisivo que permite una total jugabilidad: si el problema es que todos los jugadores saben a qué atender porque ven las cartas sobre la mesa entonces éstos deberán simplemente cerrar los ojos con la fuerza que cada uno de ellos crea conveniente dependiendo de la fe que tengan en sus cartas y en su juego. Sólo de esta manera, y no con el póker encubierto de toda la vida (una simple entelequia), se consigue una normalidad regularizada absoluta, ¡¡y no me vengan con que no saben jugar a los naipes!!
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Gort
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La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words) (2005)
Buena
Isabel Coixet
17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Pasable 15 de Mayo de 2008
Uno de los tópicos de nuestro tiempo señala la incapacidad del hombre moderno para discernir lo importante de lo meramente trivial, el naufragio en el que chapotea debido a la nivelación a la que somete todos los acontecimientos: el noticiario del mediodía informa de la llegada del Apocalipsis tras la crónica de un concierto de música contemporánea brasileña y antes de una conexión con los laboratorios donde inventaron un nuevo sabor para la pasta dentífrica.
Insistir sobre este escándalo es inocuo por redundante; aún y así siempre hay quien no renuncia en clamar al cielo, sin duda con la mejor de las voluntades. Otra cosa es que se haga a destiempo y sin ningún sentido de la oportunidad, que ya somos mayorcitos para saber cuándo y cómo se dicen según qué cosas.

Todo esto me recuerda a la vez que quedé para salir a cenar con la Srta. Coixet. No es que en un principio me hiciera gran ilusión, pero, bueno, ‘Mi vida sin mí’ no me desagradó, y la verdad es que me cuesta decirle que no a una mujer.

Tal y como me temía fuimos a cenar a uno de esos restaurantes pequeños y modernos del barrio gótico, de iluminación tenue y música intimista pero bien escogida; mi cartera ya tiritaba. Eso sí, en cuanto llegué me negué en redondo a sentarme en la mesa con asientos de columpios (tenía pensado tomar sopa de primero), aunque ella me tranquilizó apuntando que sólo la ponían para crear ambiente. Y qué duda cabe que era un restaurante de atmósfera peculiar: un ganso se paseaba entre las mesas haciéndose el perdido, tratando tal vez de disimular que se había escapado de la cocina, que ésta era su destino, o que era un cliente que no había podido pagar la factura. Además, tanto el ‘maître’ como los camareros no dudaban en pillarte por banda y explicarte alguna historia que no por ser remarcadamente literaria dejaba de ser interesante. Todo esto regado con un vino burlón que entraba fácil pero pegaba duro sin que te dieras cuenta. Cuando el cocinero calvo tocó la campanilla para dar su discurso, me sentía tan embriagado que no pude evitar interrumpirle para darle las gracias. El alborozo fue general.

Ya fuera, los humores del vino no se me habían pasado ni con el fresco. Yo hablaba y hablaba sobre las bondades de la cena mientras ella permanecía callada, seria pero aquiescente. Frente al mar y el rumor de las olas empecé a pensar que sus gafas tampoco le quedaban tan mal y entonces, de repente, acallándome con un dedo sobre mi boca, me propuso sexo anal. Ella a mí.
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Gort
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Fraude (1973)
Notable
Orson Welles
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Notable 17 de Abril de 2008
En una cinta repleta de falsificadores, estafadores, ilusionistas y otro tipo de embaucadores lo más normal es que se engañe al espectador desde el principio, que lo que se presenta como tema principal no sea sino mera excusa. Es lo que sucede con “Fraude”, documental perpetrado para testimoniar la grandeza de esa fuerza artística que fue el individuo llamado Orson Welles.

No hay que dejarse engañar por el tono inicial de la obra, ni tampoco turbar por la confusa estructura de la misma. La tramposa narración acaba presentándonos a un notable falsificador de obras pictóricas como un entrañable hombrecillo, a un farolero y arribista escritor como un audaz bandolero; la mano juguetona de Welles es patente a lo largo de toda la narración, manipulando el sentido de toda afirmación de los protagonistas mediante un montaje burlón y escéptico que le confiere a la cinta un tono festivo y que pretende convencernos, al igual que según se dice en la misma cinta hacen los húngaros, de que “yo soy el mayor embaucador de todos”. Basta con ver esa media sonrisa tan estudiada que se le escapa a Welles tras decir “A ham sandwich” para corroborarlo.
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Gort
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