Críticas De: Gort

Ordenadas por:
32 críticas (Ver todas por título) Página: 1
1 2 3 4 7 >>
Su valoración: Excelente
7 de Septiembre de 2007
44 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Consideremos una partida de póker en cualquiera de sus modalidades. Todos los jugadores poseen las mismas cualidades técnicas (son capaces de reconocer cuándo llevan o no una buena mano) y una cantidad pareja de fichas. En estas circunstancias, en el caso de que alguna entidad pudiera ver las cartas de todos los jugadores, se daría cuenta de que no siempre ganaría la partida aquel que tuviera la mejor mano de la mesa sino que factores ajenos a los naipes determinan la resolución de las manos: el timorato escaldado se arruga ante una fuerte apuesta a pesar de llevar dobles parejas, el que perdió una mano que consideraba suya arriesgará más de la cuenta para exponer al que cree farolero, etc.
Consideremos ahora una partida de póker descubierto en la que los jugadores ven las cartas de los demás. Por supuesto, nadie va contra la apuesta más tímida del que tiene ful de Jotas y cincos. ¡Qué risa cuando Marianito mete todas sus fichas dentro con sólo pareja de sietes! Esta modalidad, aunque esclarecedora y meridiana, es totalmente inviable y sólo se practica entre notarios y otro tipo de ilusos. Diferente es cuando los jugadores se presentan a la partida ataviados con cualquier tipo de máscara, sin ningún tipo de rasgo que nos permita identificarlos: por supuesto que siempre habrá alguien que apostará fuerte con dos cuatros bien visibles sobre la mesa, pero en este caso no podremos identificar al autor de tal apuesta (aunque siempre sospechemos que es Marianito); aún y así, es esta una modalidad igual de inviable que la anterior y no reconocida oficialmente por ninguna federación internacional.
Ahora bien, la modalidad de juego que presenta el Sr. Kubrick en esta película introduce el factor decisivo que permite una total jugabilidad: si el problema es que todos los jugadores saben a qué atender porque ven las cartas sobre la mesa entonces éstos deberán simplemente cerrar los ojos con la fuerza que cada uno de ellos crea conveniente dependiendo de la fe que tengan en sus cartas y en su juego. Sólo de esta manera, y no con el póker encubierto de toda la vida (una simple entelequia), se consigue una normalidad regularizada absoluta, ¡¡y no me vengan con que no saben jugar a los naipes!!
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Gort
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Muy buena
4 de Marzo de 2008
40 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Fast Eddie apura el vaso en un trago rápido. Se inclina sobre la mesa empuñando el taco. Lo más difícil ya está hecho, ha echado el cebo y con ciega vehemencia han picado. Mucho trabajo para tan pocos dólares. Él, que juega para ser el mejor, está ya cansado de estas estafas de medio pelo. Se concentra un momento antes de golpear, superando fácilmente el aturdimiento del alcohol. Sonríe. Ni tan siquiera vemos el destino de las bolas.

Son casi las ocho y, como todas las noches, Minnesota Fats sube las escaleras que llevan a la sala de billar. Piensa en lo que encontrará en las páginas del periódico vespertino, anticipa el olor del cigarro. Juega de vez en cuando para dar sentido a todas las horas que pasa y ha pasado en ese local, aunque él ya no lo busque. Es el mejor. Por eso le espera una silla y una copa de aguardiente tras esa puerta. Menos esta noche. Tras su primer golpe, el sonido de las bolas al chocar entre sí -la música repetida y amortecida de su vida- hoy le hace bailar.

La silla empieza a torturarle. Son ya muchas las horas que lleva sentado en ella, pero sabe que hay que tener paciencia. Juega porque gana, eso es sólo la consecuencia. Lo suyo es establecer el sentido de esa relación y dejar bien claro que el reverso de la moneda, la fortuna esquiva, no tiene nada que ver con ella. Tantea el ánimo de los jugadores, oye madurar la fruta. No sonríe, pero sus anteojos negros ocultan la satisfacción del ave de rapiña.

La tragedia consiste en que de la confluencia de estos tres hombres el más perjudicado de todos no sea ninguno de ellos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Gort
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Regular
12 de Febrero de 2008
43 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Si bien no me considero un cinéfilo sí puedo decir que conozco a uno con todas las letras. En una de las habitaciones de la casa de mi amigo Diego se encuentra una más que nutrida cinemateca repleta de tesoros ignotos para un neófito como yo, un bastión que soporta con paciencia mis continuos saqueos. La última vez que fui a casa de Diego (es decir, la última vez que fui a abusar de su generosidad) me propuso que eligiera una película para verla juntos, ya que tenía la tarde libre. No sólo pretendía seguir instruyendo mi candidez cinematográfica, sino que, además, dijo sacando una botella del armario, iba a presentarme a su amigo “Bourbon”. Así que mientras inspeccionaba las estanterías y caía en la cuenta de que Diego debía haber vuelto a ordenar su colección, di a parar con la carátula de esta película, ‘Teen Wolf. De pelo en pecho’, entre otras de las que, sólo ahora me doy cuenta, debería haberme fijado mejor.

-Esto que tienes aquí, me dirás que es de algunos de tus ligues, que se la dejó en tu casa…-le dije en tono de guasa.

Diego entró en la habitación sosteniendo dos vasos y sonriendo, tratando de descubrir a qué me refería. Me acercó uno de los vasos y se topó con el pecho de lobo del protagonista. Sostuvo la película mientras daba un trago, y me replicó con un impostado tono académico de reprobación:

-¡Qué dices! ¡Es un clásico! Esta película inaugura el género “encestar dos tiros libres para ganar con el tiempo ya cumplido”. Además, hay una escena de una fiesta brutal a la que, si no fuera porque ya me siento mayor, sin duda me apuntaría.
-Pues entonces la vamos a ver -respondí siguiendo la broma.

La había visto hacía ya mucho tiempo y tenía un recuerdo bastante difuso de ella, simplemente me apetecía aprovechar la oportunidad de resarcirme de tanta instrucción solapada, de tanto parloteo sobre el cine de los 50 y sobre la épica en Kurosawa. Pero no tardé en darme cuenta de que no sería así.

(Sigue en spoiler sin desvelar nada de la película).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Gort
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Muy buena
3 de Julio de 2008
30 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Remito a las líneas escritas por Lupo sobre esta misma película a todos aquellos que deseen saber qué esperar o cómo afrontarla, sin duda orientativas. Porque es tal su hermetismo que puede acabar impacientando a más de un espectador, atónito ante lo que puede considerar un sinsentido. Esta consideración, sin embargo, fuerza sus imágenes, refractarias a toda explicación externa.

Cosas que parecen explicar (y no explicar) “El año pasado en Marienbad”:

-Un hombre que siempre gana en uno de los juegos.
-“Laissez-moi”, una negativa articulada invariablemente con esas palabras.
-Una habitación de puertas siempre abiertas, exceptuando una sola noche, en la que es imposible abrirlas.
-Personajes que aparecen en la misma escena en lugares distintos.
-Los momentos en que la palabra y la acción se suspenden, demorándose en un ínterin atemporal.

Sumidos en la reiterativa persuasión amorosa, y de la mano de un montaje malicioso, nos confundimos: no es a nosotros a quien el galán debe convencernos de la veracidad de sus palabras, de la invocación a un amor remoto que sin embargo parece vislumbrarse, como la improbable luz del amanecer a la medianoche, sino que es ella quien debe creerle o no.
El espectador, espía impertinente –porque no pertenece a ellas- de sus vicisitudes, es un fantasma invisible cuyas reacciones corresponden a otro orden: su padecimiento, en realidad, es ajeno a ese mundo.

Quienes padecen son los dos enamorados: él, perseverante en su esfuerzo por exorcizar el momento del que habla –el año pasado, en Marienbad- y presentárselo a su amada; ella, dubitativa, a veces recelosa, otras, a punto de convencerse; ambos, para siempre condenados –si es que para ellos supone una pena- a ese trance al que asistimos cada vez tras pulsar el botón.
De la misma manera, una estatua, una fotografía, perpetúan –de manera sin duda tosca y grosera- un instante; la alegría o la pena que reflejan, aunque confinada a sus límites, pervive en ellas.

Inspiradas –muy libremente, lo que siempre es meritorio- en esa otra obra de intrusión amorosa nombrada al final de estas líneas, las imágenes de estos dos amantes laten a la espera de sus espectros vigilantes. Quién sabe, tal vez al igual que nuestras vidas, cuando creamos que ya están acabadas.

“¿No debe llamarse vida lo que puede estar latente en un disco, lo que se revela si funciona la máquina del fonógrafo, si yo muevo una llave? ¿Insistiré en que todas las vidas, como los mandarines chinos, dependen de botones que seres desconocidos pueden apretar? Y ustedes mismos, cuántas veces habrán interrogado el destino de los hombres, habrán movido las viejas preguntas: ¿A dónde vamos? ¿En dónde yacemos, como en un disco músicas inauditas, hasta que Dios nos manda nacer? ¿No perciben un paralelismo entre los destinos de los hombres y de las imágenes?”

La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares
Gort
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
Su valoración: Interesante
7 de Septiembre de 2008
30 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El epitafio del poeta antiguo Meleagro de Gádara, compuesto por él mismo, reza como sigue: “La única patria, extranjero, es el mundo en el que vivimos; un único caos produjo a todos los mortales”.
La inscripción de su lápida deroga la vigencia de todas las patrias y banderas y nos advierte del origen común de todos los hombres, un origen nada hospitalario que queda más allá del entendimiento humano.

Son las palabras que un muerto le dice a un vivo.

-------

Si toda muerte es una caída en el olvido, el punto de inicio de un proceso que niega nuestra existencia, la de Melquíades Estrada, lejos de la tierra que lo vio nacer, se presenta como más concluyente y definitiva.

El primer entierro es el encubrimiento de un homicidio en un paraje remoto. De un plumazo se le niega no sólo la existencia sino incluso la propia muerte.

El segundo entierro es el registro burocrático de un deceso. Su túmulo, trazado con escuadra y cartabón y únicamente reconocible por la inscripción ‘Melquíades-Mexican’, pasa a engrosar los volúmenes funerarios: un óbolo indiscernible en la bolsa de Caronte.

El tercer entierro es el cumplimiento de una promesa hecha por el viejo Pete Perkins. Sus afanes restituyen un orden que éste siente como necesario: honrar la memoria del amigo muerto.

-------

De la invocación que el poeta muerto, Meleagro, lanza sobre el vivo llama la atención la designación de este último como “extranjero”. Una vez que el poeta ha muerto, que ha regresado al caos originario y absurdo –el polvo-, parece sentirse legitimado para revelar el carácter errante e incierto de todo vivir humano.

Entre el segundo y tercer entierro son muchos los trabajos que deben llevar a cabo para dar sentido a la muerte de Melquíades, para cumplir su voluntad. En realidad a Melquíades, asediado por las hormigas, le da ya igual. Si pudiera hablar liberaría a Pete de su promesa: era la voluntad del Melquíades vivo, los muertos no quieren nada.

Todas las tribulaciones de Pete en su expedición funeraria –cuyo origen es la fidelidad a la palabra dada- se deben a su condición de extranjero.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Gort
¿Le ha resultado interesante y/o útil esta crítica?:
SI
NO
  (información)
 
1 2 3 4 7 >>
FA en Facebook | FA en Twitter | Preguntas más frecuentes | Politica de privacidad | Ir a Versión Móvil
© 2002-2013 Filmaffinity - Movieaffinity   Todos los derechos reservados.