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Críticas de: Gort
Gort |
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(Marte, España)
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| 1247 | Películas valoradas |
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| 9 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
4,7
(ver sus estadísticas)
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Teen Wolf (De pelo en pecho) (1985)
Rod Daniel
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| 21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Febrero de 2008 |
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Si bien no me considero un cinéfilo sí puedo decir que conozco a uno con todas las letras. En una de las habitaciones de la casa de mi amigo Diego se encuentra una más que nutrida cinemateca repleta de tesoros ignotos para un neófito como yo, un bastión que soporta con paciencia mis continuos saqueos. La última vez que fui a casa de Diego (es decir, la última vez que fui a abusar de su generosidad) me propuso que eligiera una película para verla juntos, ya que tenía la tarde libre. No sólo pretendía seguir instruyendo mi candidez cinematográfica, sino que, además, dijo sacando una botella del armario, iba a presentarme a su amigo “Bourbon”. Así que mientras inspeccionaba las estanterías y caía en la cuenta de que Diego debía haber vuelto a ordenar su colección, di a parar con la carátula de esta película, ‘Teen Wolf. De pelo en pecho’, entre otras de las que, sólo ahora me doy cuenta, debería haberme fijado mejor.
-Esto que tienes aquí, me dirás que es de algunos de tus ligues, que se la dejó en tu casa…-le dije en tono de guasa.
Diego entró en la habitación sosteniendo dos vasos y sonriendo, tratando de descubrir a qué me refería. Me acercó uno de los vasos y se topó con el pecho de lobo del protagonista. Sostuvo la película mientras daba un trago, y me replicó con un impostado tono académico de reprobación:
-¡Qué dices! ¡Es un clásico! Esta película inaugura el género “encestar dos tiros libres para ganar con el tiempo ya cumplido”. Además, hay una escena de una fiesta brutal a la que, si no fuera porque ya me siento mayor, sin duda me apuntaría.
-Pues entonces la vamos a ver -respondí siguiendo la broma.
La había visto hacía ya mucho tiempo y tenía un recuerdo bastante difuso de ella, simplemente me apetecía aprovechar la oportunidad de resarcirme de tanta instrucción solapada, de tanto parloteo sobre el cine de los 50 y sobre la épica en Kurosawa. Pero no tardé en darme cuenta de que no sería así.
(Sigue en spoiler sin desvelar nada de la película).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Apenas me había dado tiempo a hacer un par de chistes sobre el partido de baloncesto, cuando noté que Diego le prestaba más atención a la pantalla que a mis ocurrencias. Un par de tragos al bourbon en silencio, con la mirada puesta en la pantalla, y vigilando de reojo las reacciones de mi amigo, me hicieron comprender que Diego mantenía algún vínculo especial con aquella película. En algún momento esbozó algún chiste sobre la caracterización del hombre-lobo o sonrió ligeramente en respuesta a algún comentario que hice, pero yo ya tenía claro que debía respetar el ensimismamiento, trago tras trago, en el que se había sumido. Poco antes del final, mientras se jugaba el trascendental y decisivo partido, Diego pareció recuperarse de su trance.
Cuando salí de su casa, con un par de películas de Bergman y Woody Allen bajo el brazo, tenía ya claro que todo tenía que ver con la actriz morena que aparecía en la película interpretando el papel de amiga enamorada del protagonista. Reconozco mi predisposición a la especulación pero para mí era evidente que le recordaba a alguien, no creí a mi amigo tan cursi como para haberse enamorado de una actriz, idolatrándola con esos silencios tan intensos desde este otro lado de la pantalla, obviando la distancia no sólo del océano sino también del tiempo. Traté de imaginar el día en que descubrió por casualidad, tal vez en la televisión, el asombroso parecido de ‘Boof’ con, pongamos, aquel amor de su adolescencia, su espera abstraída durante los anuncios. Y cómo, semanas después, encontraba esta película en algún centro comercial, no dudando en llevársela a casa escondida entre alguna de Lynch o de cine coreano, disimulando ante la aburrida cajera.
En todo caso, todas estas consideraciones me llevaron a pensar sobre la extrañeza de la vida. Una película que fue concebida como un simple entretenimiento para adolescentes de los ochenta logra sumir en la melancolía sin proponérselo. El cine, ese baile de luces y sombras, es capaz de alcanzarnos de la manera más imprevista y hasta la película más floja tiene plausible justificación.
¡Atento, amigo cinéfilo! El tiempo y el creciente tamaño de la Filmoteca no te hacen estar a salvo.
Gort 
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El buscavidas (1961)
Robert Rossen
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| 17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
4 de Marzo de 2008 |
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Fast Eddie apura el vaso en un trago rápido. Se inclina sobre la mesa empuñando el taco. Lo más difícil ya está hecho, ha echado el cebo y con ciega vehemencia han picado. Mucho trabajo para tan pocos dólares. Él, que juega para ser el mejor, está ya cansado de estas estafas de medio pelo. Se concentra un momento antes de golpear, superando fácilmente el aturdimiento del alcohol. Sonríe. Ni tan siquiera vemos el destino de las bolas.
Son casi las ocho y, como todas las noches, Minnesota Fats sube las escaleras que llevan a la sala de billar. Piensa en lo que encontrará en las páginas del periódico vespertino, anticipa el olor del cigarro. Juega de vez en cuando para dar sentido a todas las horas que pasa y ha pasado en ese local, aunque él ya no lo busque. Es el mejor. Por eso le espera una silla y una copa de aguardiente tras esa puerta. Menos esta noche. Tras su primer golpe, el sonido de las bolas al chocar entre sí -la música repetida y amortecida de su vida- hoy le hace bailar.
La silla empieza a torturarle. Son ya muchas las horas que lleva sentado en ella, pero sabe que hay que tener paciencia. Juega porque gana, eso es sólo la consecuencia. Lo suyo es establecer el sentido de esa relación y dejar bien claro que el reverso de la moneda, la fortuna esquiva, no tiene nada que ver con ella. Tantea el ánimo de los jugadores, oye madurar la fruta. No sonríe, pero sus anteojos negros ocultan la satisfacción del ave de rapiña.
La tragedia consiste en que de la confluencia de estos tres hombres el más perjudicado de todos no sea ninguno de ellos.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Me sorprende que casi todas las críticas describan al protagonista como un perdedor cuando el resultado de la partida final es evidente. Es más, a medida que se acerca el final, el espectador no sólo sabe que Eddie volverá a esa sala de billar sino que, además, una vez confirmada su sospecha, ganará.
Sin duda lo que hace que le atribuyamos el aura de perdedor es la muerte de la chica en el hotel de Louisville. Victoria con sabor de derrota nos parece. Y sin embargo pensar de esta manera es hacerlo igual que el pájaro de ‘Bird’ Gordon. “Ganar y perder –nos dice- son dos caras diferentes de la misma moneda”. Lo que esta película nos enseña es a responderle que serán dos caras distintas, pero es siempre la misma e inevitable moneda, el mismo destino.
El jugador de ajedrez que sacrifica su caballo en el enroque enemigo lo hace esperando que la combinación anticipada se cumpla; las fichas lanzadas al centro de la mesa por el jugador de póker son el signo de la fe en su juego. No hay épica en la derrota, sólo una vuelta cabizbaja a casa. No hay épica en la victoria, sólo botellas de ‘champagne’ y felicitaciones de gente desconocida. La épica viene de fuera.
“If you can meet with Triumph and Disaster, and treat those two impostors just the same” (“If”, Rudyard Kipling).
Gort 
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Eyes Wide Shut (1999)
Stanley Kubrick
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| 16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
7 de Septiembre de 2007 |
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Consideremos una partida de póker en cualquiera de sus modalidades. Todos los jugadores poseen las mismas cualidades técnicas (son capaces de reconocer cuándo llevan o no una buena mano) y una cantidad pareja de fichas. En estas circunstancias, en el caso de que alguna entidad pudiera ver las cartas de todos los jugadores, se daría cuenta de que no siempre ganaría la partida aquel que tuviera la mejor mano de la mesa sino que factores ajenos a los naipes determinan la resolución de las manos: el timorato escaldado se arruga ante una fuerte apuesta a pesar de llevar dobles parejas, el que perdió una mano que consideraba suya arriesgará más de la cuenta para exponer al que cree farolero, etc.
Consideremos ahora una partida de póker descubierto en la que los jugadores ven las cartas de los demás. Por supuesto, nadie va contra la apuesta más tímida del que tiene ful de Jotas y cincos. ¡Qué risa cuando Marianito mete todas sus fichas dentro con sólo pareja de sietes! Esta modalidad, aunque esclarecedora y meridiana, es totalmente inviable y sólo se practica entre notarios y otro tipo de ilusos. Diferente es cuando los jugadores se presentan a la partida ataviados con cualquier tipo de máscara, sin ningún tipo de rasgo que nos permita identificarlos: por supuesto que siempre habrá alguien que apostará fuerte con dos cuatros bien visibles sobre la mesa, pero en este caso no podremos identificar al autor de tal apuesta (aunque siempre sospechemos que es Marianito); aún y así, es esta una modalidad igual de inviable que la anterior y no reconocida oficialmente por ninguna federación internacional.
Ahora bien, la modalidad de juego que presenta el Sr. Kubrick en esta película introduce el factor decisivo que permite una total jugabilidad: si el problema es que todos los jugadores saben a qué atender porque ven las cartas sobre la mesa entonces éstos deberán simplemente cerrar los ojos con la fuerza que cada uno de ellos crea conveniente dependiendo de la fe que tengan en sus cartas y en su juego. Sólo de esta manera, y no con el póker encubierto de toda la vida (una simple entelequia), se consigue una normalidad regularizada absoluta, ¡¡y no me vengan con que no saben jugar a los naipes!!
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spoiler: Leí en un artículo de un afamado articulista catalán que el Sr. Kubrick pidió consejo a uno de sus productores a la hora de grabar la escena de la orgía ya que, por lo visto, "nunca había participado en ninguna". Lamentaba el citado articulista que dicha escena había quedado un tanto irreal y lo achacaba a la confesada inexperiencia del Sr. Kubrick y a la deducida del productor consejero. Posiblemente fuera así, pero creo que al Sr. Kubrick se le planteó una posibilidad mucho más tentadora que la de representar dicha escena de una manera más cruda, se le presentó la oportunidad de echar mano de un recurso cinematográfico vetado con la seguridad de que no tendría que arrepentirse o sonrojarse más tarde: desde el momento en que William Harford se pone la máscara hasta que es expulsado del castillo el espectador no deja de percibirlo como el personaje concreto que es pero, a la vez, lo percibe como representación de algo más general: toda la escena de la orgía, central en la película, no es más que una simple alegoría, una figura que la mayoría de los buenos artistas se prohíbe pero que aquí el Sr. Kubrick plantea habilmente.
Y es cierto que la película trata sobre el poder: sobre el poder o no poder.
Gort 
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La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words) (2005)
Isabel Coixet
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| 17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Mayo de 2008 |
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Uno de los tópicos de nuestro tiempo señala la incapacidad del hombre moderno para discernir lo importante de lo meramente trivial, el naufragio en el que chapotea debido a la nivelación a la que somete todos los acontecimientos: el noticiario del mediodía informa de la llegada del Apocalipsis tras la crónica de un concierto de música contemporánea brasileña y antes de una conexión con los laboratorios donde inventaron un nuevo sabor para la pasta dentífrica.
Insistir sobre este escándalo es inocuo por redundante; aún y así siempre hay quien no renuncia en clamar al cielo, sin duda con la mejor de las voluntades. Otra cosa es que se haga a destiempo y sin ningún sentido de la oportunidad, que ya somos mayorcitos para saber cuándo y cómo se dicen según qué cosas.
Todo esto me recuerda a la vez que quedé para salir a cenar con la Srta. Coixet. No es que en un principio me hiciera gran ilusión, pero, bueno, ‘Mi vida sin mí’ no me desagradó, y la verdad es que me cuesta decirle que no a una mujer.
Tal y como me temía fuimos a cenar a uno de esos restaurantes pequeños y modernos del barrio gótico, de iluminación tenue y música intimista pero bien escogida; mi cartera ya tiritaba. Eso sí, en cuanto llegué me negué en redondo a sentarme en la mesa con asientos de columpios (tenía pensado tomar sopa de primero), aunque ella me tranquilizó apuntando que sólo la ponían para crear ambiente. Y qué duda cabe que era un restaurante de atmósfera peculiar: un ganso se paseaba entre las mesas haciéndose el perdido, tratando tal vez de disimular que se había escapado de la cocina, que ésta era su destino, o que era un cliente que no había podido pagar la factura. Además, tanto el ‘maître’ como los camareros no dudaban en pillarte por banda y explicarte alguna historia que no por ser remarcadamente literaria dejaba de ser interesante. Todo esto regado con un vino burlón que entraba fácil pero pegaba duro sin que te dieras cuenta. Cuando el cocinero calvo tocó la campanilla para dar su discurso, me sentía tan embriagado que no pude evitar interrumpirle para darle las gracias. El alborozo fue general.
Ya fuera, los humores del vino no se me habían pasado ni con el fresco. Yo hablaba y hablaba sobre las bondades de la cena mientras ella permanecía callada, seria pero aquiescente. Frente al mar y el rumor de las olas empecé a pensar que sus gafas tampoco le quedaban tan mal y entonces, de repente, acallándome con un dedo sobre mi boca, me propuso sexo anal. Ella a mí.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: -¿Ni tan siquiera por todos los que sufren en este mundo?
-Pffffffffffffff
Gort 
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Fraude (1973)
Orson Welles
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| 14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
17 de Abril de 2008 |
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En una cinta repleta de falsificadores, estafadores, ilusionistas y otro tipo de embaucadores lo más normal es que se engañe al espectador desde el principio, que lo que se presenta como tema principal no sea sino mera excusa. Es lo que sucede con “Fraude”, documental perpetrado para testimoniar la grandeza de esa fuerza artística que fue el individuo llamado Orson Welles.
No hay que dejarse engañar por el tono inicial de la obra, ni tampoco turbar por la confusa estructura de la misma. La tramposa narración acaba presentándonos a un notable falsificador de obras pictóricas como un entrañable hombrecillo, a un farolero y arribista escritor como un audaz bandolero; la mano juguetona de Welles es patente a lo largo de toda la narración, manipulando el sentido de toda afirmación de los protagonistas mediante un montaje burlón y escéptico que le confiere a la cinta un tono festivo y que pretende convencernos, al igual que según se dice en la misma cinta hacen los húngaros, de que “yo soy el mayor embaucador de todos”. Basta con ver esa media sonrisa tan estudiada que se le escapa a Welles tras decir “A ham sandwich” para corroborarlo.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Pero, de repente, una interpretación de unos versos de Kipling, una disertación sobre el destino de los hombres y el sentido de todo su posible quehacer ante una gradualmente espectral catedral de Chartres (“Nuestros cantos cesarán. Pero, ¿qué importa? Seguid cantando”), nos revelan la intención verdadera. Todo queda confirmado en esos últimos 17 minutos en los que, presumiendo sin duda de novia nueva, se recrea el encuentro de Picasso con uno de sus falsificadores (“El arte es una mentira, una mentira que nos hace descubrir la verdad”).
Ególatra y megalómano, sí, probablemente convencido, debido a su insistencia en adaptar grandes obras literarias (Shakespeare, Cervantes, Kafka), de estar a la altura de los grandes, la presencia de Orson Welles, con su sombrero y su largo gabán, debe cifrarse como un desafío a lo real, al cepillo de dientes, a la muerte… y a Howard Hughes. De ahí su pertinaz inquina contra el personaje, contra la industria cinematográfica entera. Si el arte es secundario, una bella mentira si quieren, pero que nos hace descubrir lo verdadero, ¿por qué se encumbra al magnate de la aviación? ¿Quién de los dos hombres era Ciudadano Kane?
Gort 
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