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Críticas de: LaChicaB
LaChicaB Barcelona - España 
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La ciudad de los fotógrafos (2006)
Sebastián Moreno
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| 14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
3 de Noviembre de 2008 |
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Cuando conoces una historia de una manera más bien general, lineal, desde fuera, como la historia de la dictadura chilena, es refrescante poder entrar por otro vértice y recorrer parte de esa misma historia con otra perspectiva. La ciudad de los fotógrafos es la historia de un colectivo de personas que, con su cámara en mano como bandera de resistencia en los momentos más crueles y álgidos de la dictadura, capturaban imágenes e instantes que dieron a conocer al mundo lo que estaba sucediendo Chile.
Este colectivo era conciente de aquello de lo cual comenzaban a formar parte, de la importancia de su labor. Muchos de ellos se conocieron en el día a día, esperando que una manifestación popular pasara en frente de La Moneda, en el funeral de algún asesinado por la dictadura, en las cientos de protestas y marchas de aquel entonces; siempre desde dentro, codo a codo con la búsqueda de libertad. En ese proceso no sólo construyeron comunidad, sino que, para protegerse, formaron la asociación de fotógrafos independientes (AFI). La ciudad de los fotógrafos rescata esa dimensión política y solidaria que surge en su relación con la realidad de la calle y de la gente perseguida, de los disconformes, de las familias de los reprimidos y detenidos; de todo aquello que no se podía mostrar.
Especial atención merecen los momentos en que algunos fotógrafos contrastan sus fotografías en blanco y negro frente al lente de cine en los mismos lugares donde éstas fueron hechas treinta años atrás. El espectador puede observar con emoción la fuerza de las imágenes de antaño, plagadas de personas en mitad de las calles luchando por su libertad, a diferencia de los espacios actuales, en cierto sentido vacíos por estar carentes de sociabilidad. Asimismo, aquel proceso sublime donde un fotógrafo indaga y rescata fotografías de los detenidos desaparecidos por la dictadura militar, sosteniendo que si no hay imagen que los conserve, además de muertos están doblemente desaparecidos e invisibilizados.
Un hermoso homenaje a la importancia de la fotografía decidida, valiente, reivindicativa, política. Un lenguaje que a veces vale más que mil palabras.
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Los limoneros (2008)
Eran Riklis
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| 12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
20 de Octubre de 2008 |
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Una bella narración acerca de una mujer que se ve enfrentada a la posibilidad real de perder lo único que le da sentido a su vida diaria: los frondosos árboles de limones plantados por su padre hace 50 años en un pequeño terreno de la frontera entre Israel y Cisjordania. La puesta en peligro de la plantación es la excusa que desencadena el enfrentamiento, la posibilidad de un cambio abrupto frente a la esencialidad y pureza que implican los árboles; fuentes de sabiduría y no sólo recursos de supervivencia. La película habla de un proceso de redención femenina -de la protagonista y sus limoneros y, en otro nivel, de su vecina, la sumisa mujer del ministro de defensa-, de sus miedos y de todo aquello por lo que están dispuestas a luchar. Más que la lucha entre dos pueblos, si existiera una dicotomía ésta sería entre la (ir)racionalidad de las instituciones (en este caso del gobierno israelí y el servicio secreto con todos sus dispositivos de vigilancia y control, así como del ministro y su vasto poderío) y la sensibilidad de la naturaleza, tierra, madre, vientre. Al fin y al cabo, un muro inmenso de incomprensión entre el poder a destajo y una buena limonada hecha en casa.
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Cuando pasan las cigüeñas (1957)
Mikhail Kalatozov (AKA Mijaíl Kalatozov)
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| 7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
12 de Marzo de 2009 |
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Cuenta Aleksei Batalsov (Boris) cuarenta años después, que una de las grandes virtudes de esta película fue la novedad en cómo mostrar una realidad familiar multiplicada por miles en aquel entonces en Moscú. No había ninguna familia que no tuviera un pariente en la guerra, sumado a que todos los que vivieron esa época recuerdan con tristeza el momento de migración masiva a Siberia.
Pero la novedad no estaba en ello, sino en que Mikhail Kalatozov tuvo la suerte de tener a Sergei Urusevsky al mando de la cámara y la fotografía, con quien hizo un click de tal virtuosismo que sólo basta con ser un burdo espectador de la belleza de las imágenes. Este derroche visual, con perfectos encuadres en profundidad y juegos de cámara de alta complejidad, otorgan agilidad a las escenas y regalan una sensación de espontaneidad cuando tras bambalinas sólo se observa perfección y detalle.
Y sí, esta película es una buena historia de amor y de espera de una mujer, con muy buenas actuaciones. Pero sólo sería eso sin la novedad de su forma. Del todo recomendable.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: Algunas escenas impresionantes:
1. La imagen de Boris subiendo la escalera del piso de Verónica.
2. La escena (travelling) de despedida de la multitud a sus familiares en la escuela. La búsqueda de Boris que realiza Verónica en medio de la multitud.
3. La escena en que Verónica sale del refugio y corre hacia su piso, en medio del caos de las bombas.
4. El recuerdo de Boris en el frente.
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Tony Manero (2008)
Pablo Larraín
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| 6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
5 de Octubre de 2009 |
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Una película difícil, de eso no hay duda. Difícil, de fotografía seca, de historia cruda. Un contexto político y social de espanto, que definitivamente sólo permea desconfianza y asco en el ser humano si no te tocó vivirlo (y padecerlo) para entender algo de lo que ahí sucedía.
Toque de queda y los milicos por todas partes. El protagonista, obsesionado con su ídolo - el señor Tony Manero de fiebre de sábado por la noche-, está dispuesto a todo. Y a su alrededor un grupo de desquiciados obsesionados con el baile y el protagonista: el Tony Manero chileno, su líder. Una suerte de secta familiar, moralmente ambigua y morbosa, fruto de la más brutal marginalidad. Una especie de reflejo de la anomia infame que te dice que en una situación crítica todo vale -hasta asesinar- y que mejor obsesionarse con bailar que otra cosa. Patéticamente real.
Difícil, lenta, cero comercial, cuasi experimental... inclasificable y un desafío.
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La cinta blanca (2009)
Michael Haneke
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| 9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
15 de Enero de 2010 |
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La Cinta Blanca es una película sobre el poder que se ejerce y circula en una “comunidad” (un pueblo rural de Alemania pre-guerra). Los tres grandes hombres del pueblo aportan las únicas verdades existentes: El Barón, el Pastor y el Médico son los magnas figuras de las relaciones de dominación en el trabajo (o del dinero), la religión y la ciencia. Al mismo tiempo, el poder de los hombres del pueblo al interior de sus extensas familias es magistralmente mostrado. Mujeres y niños son subalternos, cuasi objetos funcionales, sometidos y dominados, carentes de poder alguno de palabra o decisión.
Sin embargo, más allá de lo evidente la Cinta Blanca parece ser una película donde los niños son los protagonistas. Decenas de niños, niñas y adolescentes semi-invisibles que deambulan por los rincones a lo largo la historia. En concreto la Cinta Blanca es el objeto que se ata al cabello o al brazo de los hijos mayores del pastor, para recordar su pureza e ingenuidad infantil y expiar sus malas acciones. Pero mucho más allá, la cinta blanca es la historia de la rabia contenida (y a punto de desbordarse del todo) de una generación que se lleva todo lo malo: es objeto de abusos por parte de la autoridad paterna, pero también es objeto de un sinnúmero de obligaciones de comportamiento y acción, como si de adultos maduros se tratara. Exigencias como adultos, maltratos como niños.
De esta forma, los extraños sucesos narrados estupendamente por Haneke, no son más que los inicios de formas de sublevación frente a años de dominación del patrón y de la iglesia, verdades sedimentadas que no admiten un ápice de diversidad ni diferencia, y que la castigan por sobre todo. Buena parte de los actos de insurrección se hacen por personas anónimas hacia los dueños de estas verdades, pero también hacia los diferentes niños indefensos, los que de algún modo no forman parte de un “nosotros, los de la comunidad de toda la vida”.
Haneke mantiene el enigma y la tensión hasta el final, tal como ocurriría en un pueblo donde todo son rumores. Incluso de manera muy sutil nos propone dudar de la corrección del personaje protagónico, el profesor, un buen hombre que pareciera estar dentro y fuera de la narración. Al invitar a su novia al lago para comer algo y, frente a la negativa de ésta, nos hace manifiesta la pequeña gran incertidumbre y desconfianza que está a la base de las relaciones sociales de la sociedad alemana de inicios del 1900. Una desconfianza que, fuera de campo, crecerá con las guerras y hará ampliar el listado de enemigos posibles, transformando la idea de “comunidad” en una nueva forma de gestión y defensa acérrima de una pureza malentendida que tuvo como efecto años de horror y exterminio.
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